The Project Gutenberg EBook of Los Caudillos de 1830, by Po Baroja

This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
whatsoever.  You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
www.gutenberg.org.  If you are not located in the United States, you'll have
to check the laws of the country where you are located before using this ebook.

Title: Los Caudillos de 1830
       Memorias de un hombre de accin, tomo 9

Author: Po Baroja

Release Date: November 13, 2016 [EBook #53517]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 ***




Produced by Carlos Coln, University of Toronto and the
Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
(This file was produced from images generously made
available by The Internet Archive)









  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




                           OBRAS PUBLICADAS


                              PO BAROJA

PARADOX, REY, 3,00 ptas. LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LA BUSCA,
3,50. NUEVO TABLADO DE ARLEQUN, 3,00. JUVENTUD, EGOLATRA, 3,50. EL
RBOL DE LA CIENCIA, 3,50. LA VELETA DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS
DE 1830, 4,00.


                             JULIO VALLS

EL NIO (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.


                           ENRIQUE BARBUSSE

EL FUEGO EN LAS TRINCHERAS, 4,00 ptas.


                             CARLOS RIVET

EL LTIMO ROMANOF (historia del Tsar de Rusia y su corte), 3,50 ptas.


                         JUAN GUALBERTO NESSI

AVENTURAS DEL SUBMARINO ALEMN U..., 2,00 ptas.


                             JULIN SOREL

LOS HOMBRES DEL 98. UNAMUNO, 2,00 ptas.


                       LORENZO GALLEGO CARRANZA

LECCIONES DE TOPOGRAFA. Obra adaptada al nuevo programa de esta
asignatura en la Academia de Infantera y aprobada como texto
definitivo para la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00
pesetas. Contiene 32 lminas en colores.




                          OBRAS DE PO BAROJA

VIDAS SOMBRAS (agotada). IDILIOS VASCOS (agotada). EL TABLADO DE
ARLEQUN, 1,00 pta. NUEVO TABLADO DE ARLEQUN, 3,00. JUVENTUD,
EGOLATRA, 3,50.


                             LAS TRILOGAS


                             TIERRA VASCA

LA CASA DE AIZGORRI, 1,00 pta. EL MAYORAZGO DE LABRAZ, 3,00. ZALACAIN
EL AVENTURERO, 1,00.


                          LA VIDA FANTSTICA

CAMINO DE PERFECCIN, 1,00. INVENTOS, AVENTURAS Y MIXTIFICACIONES DE
SILVESTRE PARADOX, 1,00. PARADOX, REY, 3,00.


                                LA RAZA

LA DAMA ERRANTE, 3,00. LA CIUDAD DE LA NIEBLA, 3,00. EL RBOL DE LA
CIENCIA, 3,50.


                         LA LUCHA POR LA VIDA

LA BUSCA, 3,50. MALA HIERBA, 3,50. AURORA ROJA, 3,50.


                               EL PASADO

LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LOS LTIMOS ROMNTICOS, 3,00. LAS
TRAGEDIAS GROTESCAS, 3,00.


                             LAS CIUDADES

CSAR O NADA, 4,00. EL MUNDO ES ANSI, 3,50.


                                EL MAR

LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDA, 3,50.


                    MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN

EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR, 3,50. EL ESCUADRN DEL BRIGANTE, 3,50.
LOS CAMINOS DEL MUNDO, 3,50. CON LA PLUMA Y CON EL SABLE, 3,50. LOS
RECURSOS DE LA ASTUCIA, 3,50. LA RUTA DEL AVENTURERO, 3,50. LA VELETA
DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS DE 1830, 4,00.




                              PO BAROJA

                         LOS CAUDILLOS DE 1830




  _Copyright by Rafael Caro Raggio-1918.
  Es propiedad.
  Prohibida la reproduccin._

Imp. de ALREDEDOR DEL MUNDO, Martn de los Heros, 65.




                              PO BAROJA


                                  LOS
                               CAUDILLOS
                                DE 1830

                                NOVELA


                             [Ilustracin]


                      RAFAEL CARO RAGGIO: EDITOR
                    Calle de Ventura Rodrguez, 18
                                 1918




                             LIBRO PRIMERO

                         EL ETERNO CONSPIRADOR




I.

DON EUGENIO


UN da, al anochecer, apareci en la fonda de Iturri un hombre que
llam la atencin de Lacy y de Ochoa. Era un tipo seco, amojamado, con
la cara y las manos curtidas por el sol. Tena el aire de cansancio de
los que vienen de pases tropicales.

Vesta redingot negro, pantaln con trabillas, sombrero de copa de alas
grandes y corbata de varias vueltas.

--Quin es este hombre?--preguntaron Lacy y Ochoa a Iturri.

--Es un vascongado que viene de la Habana. Ah est su nombre.

Los dos jvenes leyeron el nombre: Eugenio de Aviraneta.

--Es de los nuestros?--pregunt Ochoa.

--Yo le he conocido aqu en 1824--dijo Iturri--creo que es liberal.

El recin llegado escribi unas cuantas cartas y se meti en la cama.

Al da siguiente preguntaron por l dos o tres personas, entre ellas el
auditor de guerra y amigo ntimo de Mina, don Canuto Aguado.

Por lo que dijo Iturri, Aviraneta traa pasaporte del capitn general
de la isla de Cuba, para Madrid, por la va de Francia, pero como no se
haba presentado al cnsul espaol de Burdeos, no poda pasar a Espaa.

A la hora de almorzar Iturri sent a la misma mesa donde coma su
sobrino y Lacy al recin llegado y ste al saber que Eusebio era hijo
del general Lacy estuvo muy amable con l y habl largamente con
los dos jvenes. Aviraneta les hizo alguna impresin. Tena marcada
tendencia por la frase amarga y el epigrama, lo que haca creer que era
tipo desengaado y sarcstico.

--Ha tenido usted larga conferencia con Aguado?--le pregunt Ochoa.

--S.

--Qu dice?

--Poca cosa.

--No est contento de la marcha de los acontecimientos?

--Eso parece.

--Y el general Mina no tiene confianza?

--Muy poca. Por lo que he podido traslucir no est contento de la
organizacin de la empresa. Se me figura que va arrastrado por la
fogosidad y la imprudencia de todos.

--Es que el general est viejo, enfermo y naturalmente es desconfiado.
Ya ver usted como todo sale bien--dijo Ochoa.

--Mejor, mejor; ojal!

Aviraneta cont sus viajes, y estaba hablando de sobremesa cuando se
present Iturri con el italiano de la subprefectura que haba dado los
informes de las dos damas del Chalet de las Hiedras.

El italiano era un hombrecito calvo, de unos cuarenta aos, la nariz
arqueada y roja, el pelo rubio y la mirada viva a travs de los lentes.
Vesta un traje rado y sin brillo y llevaba los pantalones con
rodilleras.

El seor Pagani, as se llamaba, era al parecer, insustituble en su
oficina; saba cuatro o cinco idiomas a la perfeccin, trabajaba
constantemente y ganaba poco.

--Me ha explicado mi amigo Iturri su situacin--dijo hablando el
castellano perfectamente.--Qu documentos tiene usted?

--Tengo el pasaporte del capitn general de la Habana para dirigirme a
Madrid--dijo Aviraneta.

--Quiere usted ensermelo?

--Ahora vengo con l.

Aviraneta entr en su cuarto y volvi poco despus con unos papeles.

--He salido de la Habana con mi pasaporte pensando ir a Madrid, pero
como me he encontrado con esta agitacin revolucionaria, inesperada, no
me he atrevido a entrar en mi pas.

--Usted ha tenido que ver algo en poltica?--pregunt el italiano
mirndole por encima de sus lentes.

--S, en parte--murmur Aviraneta--yo fu miliciano como otros
muchos... obligado... y tuve que emigrar en 1823, pero no me he
mezclado nunca activamente en poltica.

El italiano contempl con desconfianza a su interlocutor, despus
tomando el pasaporte comenz a leerlo despacio.

--Est bien... en regla--fu diciendo mientras lea--visado por el
cnsul general francs del puerto de la Habana... falta la presentacin
al consulado de Espaa en Burdeos.

--S, ha sido un olvido--dijo Aviraneta.

--Esta falta--repuso el italiano--le imposibilita a usted para entrar
en Espaa porque se le considerar a usted como sospechoso y en el acto
se le reducir a prisin.

--Entonces no, no quiero entrar en Espaa.

--Dgame usted. Cul es el plan de usted? Qu es lo que usted desea?

--Yo, la verdad, soy un hombre pacfico--afirm Aviraneta--si hay esos
peligros de que usted habla, prefiero quedarme aqu. En vez de visitar
a mis parientes de Irn y San Sebastin, a quienes no he visto hace
aos, les pedir que vengan a verme. Mi plan se reduce a estar en
Bayona un par de meses.

--Lo bastante para hacer la expedicin que proyectan los liberales
espaoles--dijo el italiano con irona.

Lacy y Ochoa sonrieron.

--No, no--exclam Aviraneta--eso la gente moza, yo ya soy viejo para
esos trotes.

--Hum! Quizs yo me engae, pero no me parece usted menos peligroso
que estos jvenes; en tal caso ms.

--Es usted muy amable, seor Pagani. No. Estoy cansado de verdad. Y
cmo arreglaremos el asunto para que yo me pueda quedar en Bayona?

--Yo lo arreglar, y si quiere usted que no le molesten no concurra
usted a los cafs, porque estn muy vigilados por los agentes de los
dos gobiernos y por los espas que tiene el seor de Calomarde entre
los mismos liberales.

--No tenga usted cuidado. No ir a los cafs.

--Su pasaporte de usted con los de los dems espaoles residentes aqu
los colocar en la subprefectura en carpeta separada de los emigrados
polticos y maana por la maana traer a usted la carta de seguridad
con cuyo salvoconducto no le molestar la polica.

El seor Pagani se despidi de todos y al da siguiente por la maana
volvi trayendo la carta de seguridad. Aviraneta le di un luis que al
italiano debi parecer por los aspavientos que hizo al recibirlo un
verdadero capital.

Recomend de nuevo a Aviraneta que tuviese cuidado con quien hablaba y
aadi que si alguna dificultad se le ofreca no tena ms que avisarle
a la subprefectura por mediacin de Iturri.




II.

ENTREVISTA CON MINA


UNA de las condiciones caractersticas de Aviraneta era el enterarse
y darse cuenta rpidamente de una situacin. Al tercer da de su
estancia en Bayona don Eugenio haba hablado con los ms conspicuos
constitucionales, saba sus opiniones, lo que pensaban acerca de la
expedicin que se estaba preparando, las simpatas y las antipatas que
tenan.

Con su prudencia habitual de zorro encanecido en la intriga, Aviraneta
no se present en ningn sitio bullanguero ni pase por las calles en
grupo con otros espaoles.

La tarde del tercer da de su estancia en Bayona, don Canuto Aguado
le avis para que acudiese a las nueve de la noche a su casa. Aguado
viva en un tercer piso de la calle de Santa Catalina en el barrio de
Saint Esprit, en un cuartucho barato, srdido y sombro.

Aviraneta al anochecer, cen, se emboz en la capa y se march por el
puente de barcas a Saint Esprit.

Al llegar a la calle de Santa Catalina busc el nmero hasta dar con
l. Aguado se encontraba esperndole en el portal.

--Aqu est Mina--le dijo.--Le he avisado para que hable con usted.

Aviraneta y Aguado subieron la estrecha escalera de la casa,
iluminndose con un cabo de vela, y entraron en un cuarto diminuto, con
un armario lleno de papeles. Sentado a la mesa, a la luz melanclica de
un pequeo quinqu de petrleo estaba el general don Francisco Espoz y
Mina.

El general se levant con trabajo y estrech la mano de Aviraneta.
Aguado cerr la puerta del cuarto y los tres hombres se sentaron.
Estaba el caudillo de la guerra de la Independencia avejentado y con
aspecto de enfermo; tena el pelo y las patillas blancas y las mejillas
hundidas; llevaba una chaqueta de tela gruesa, un pauelo de lana en el
cuello y un capote sobre los hombros.

--Yo recuerdo haberle visto a usted...--dijo Mina dirigindose a
Aviraneta con un hablar inseguro y algo vacilante--si... recuerdo, har
ya quince aos... cuando la conspiracin de Renovales creo que era
no?... s cuando la conspiracin de Renovales. Entonces deba usted
ser muy joven.

--Tena veintitrs aos.

--Y qu ha hecho usted desde esa poca?

--Oh, tantas cosas! que ya no me acuerdo.

Aviraneta cont rpidamente cmo haba sido ayudante del Empecinado, su
viaje a Egipto y a Grecia, y despus su estancia en Mjico.

--Ultimamente he hecho la expedicin a Tampico con el brigadier
Barradas--termin diciendo--y por la defensa de este pueblo el general
Vives ha pedido al Gobierno la confirmacin del empleo de Comisario
ordenador de Guerra. En este momento, cuando iba a tomar posesin del
cargo, lleg a la Habana la noticia de la Revolucin de Julio de Pars,
y a m me avisaron por la Venta Carbonaria lo que se intentaba. Esto me
movi a presentarme al capitn general y a manifestarle francamente mis
deseos. Vives, que es amigo mo, intent disuadirme, pero viendo que
era imposible me di el pasaporte para Espaa.

Aviraneta lo mostr a Mina, quien lo ley despacio y despus dijo:

--Y ahora qu piensa usted hacer?

--Me unir a ustedes.

--El caso es--murmur Mina--que yo no voy a poder darle a usted cargo
alguno en esta expedicin... es tarde... cada cargo es una nueva fuente
de rias y de rivalidades... s; es verdad...; no hablo por hablar,
no... no sabe usted cmo estn los mos, los que llaman _ministas_, con
los valdesistas y los gurreistas... yo quisiera... pero no puedo...
cada jefe quiere tener su partido y as no vamos a ninguna parte.

--Si no tengo cargo oficial trabajar independientemente.

--Usted puede entrar en Espaa, Aviraneta?

--Estoy pregonado por el corregidor de Roa en la causa del Empecinado,
pero supongo que ese proceso estar ya sobresedo.

--Tiene usted parientes en Espaa?

--S.

--En dnde?

--Aqu en el Norte, en San Sebastin y en Irn.

--Pues entonces podr usted pasar. Si usted quiere, yo har que le
firmen el pasaporte.

--No; de ir, ir sin pasaporte. Conozco el pas y tengo amistades en
la frontera. Diga usted, mi general, sus intenciones y sus planes; yo,
conocindolos, ver qu es lo que puedo hacer.

--Est bien. Habla usted con franqueza..., y a pesar de que yo tengo
fama de zorro le hablar a usted con la misma claridad. No tengo
inters en engaarle.

--Ni yo tampoco a usted, general.

--Lo comprendo. Bien, no le diga usted esto a nadie... esto que le voy
a decir... La gente lo sospecha... pero yo no quiero confesarlo...:
voy arrastrado a una expedicin en la que no creo... que me parece
imposible pueda tener xito...; usted me dir por qu he entrado en
ella?... Por los amigos...; me decan que yo, como ms viejo..., con
ms representacin... quizs pudiera ordenar el movimiento... No se ha
podido hacer nada...; mis informes me hacen creer que hay traidores en
nuestro campo, que el Gobierno est advertido... y que vamos al fracaso.

--Y no se puede aplazar esto?--pregunt Aviraneta.

--No. Ya me echan la culpa a m de las dilaciones...; el general Gerard
me recomend que esperase...; cre que hara algo por nosotros, y
nada... ahora si no marcho todo el mundo dir que yo he entorpecido
la expedicin... que soy un traidor..., y voy a marchar... Si usted
hubiese venido... antes... cuando organizbamos nuestras tropas... le
hubiera nombrado jefe de una de ellas, pero esto est constitudo...
mal constitudo... pero qu se va a hacer?

-Ah. Nada. De eso no hay que hablar.

--Si usted hubiese venido antes, Aviraneta, yo le hubiese encomendado
un trabajo comprometido... y peligroso.

--Cul?

Mina se detuvo, palideci y murmur llevndose la mano al costado.

--Estos das de otoo... las heridas... me duelen...; dgale usted,
Aguado, cul era nuestro proyecto.

--La idea del general--dijo Aguado--era no emprender esta expedicin
sin tener un apoyo en la pennsula. Hubisemos querido contar con San
Sebastin y con Santoa antes de comenzar el movimiento en la frontera.
Las dos plazas son fuertes e importantes. Con San Sebastin y Pasajes
tendramos la defensa de la costa y el paso abierto a la frontera;
con Santoa podamos defender la parte de Santander, tener abierto
el camino de Burgos hacia Madrid y marchando mal defendernos de las
tropas que vinieran de Vizcaya en el portillo de Gibaja y en la barca
de Treto, y de los que llegasen de Burgos o de Asturias en la lnea de
Torrelavega.

--Y por qu no han intentado ustedes eso?

--Amigo Aviraneta--dijo Mina, ya un tanto aliviado del dolor,--nadie ha
estudiado con calma nuestros proyectos... Todo el mundo cree que basta
presentarse en la frontera... echar un discurso... para que el pueblo
venga con nosotros...

--Y no dieron ustedes, mi general, algunos pasos?--pregunt Aviraneta.

--S; yo haba escrito a algunos amigos de San Sebastin... dicindoles
que esperaran rdenes.

--Tiene usted all amigos de confianza?

--S. Legarda, Amilibia, Baroja... y sobre todo Lorenzo Alzate.

--Alzate es primo mo. Y cree usted, mi general, que ya no se puede
hacer tentativa alguna en ese sentido?

--Eso creo.

--Yo volver de nuevo a estudiar la cuestin y hablar con usted.

--Ah, bien... muy bien!... Qu, nos vamos?

--S--dijo Aguado.--Encienda usted la vela, Aviraneta.

Den Eugenio encendi una pajuela y luego el cabo de vela, y Aguado
apag el quinqu.

Aviraneta tom el candelero, y Mina, apoyado del brazo de Aguado,
baj las escaleras y mont en un cochecito que haba en la calle
esperndole. Aguado y Aviraneta marcharon a Bayona por el puente.




III.

CONVERSACIN CON AGUADO


ESTABA lloviendo; ni Aguado ni Aviraneta tenan ganas de entrar en sus
casas, y se metieron en los soportales del Puente Nuevo.

--Qu le ha parecido a usted, Mina?--le pregunt Aguado.

--Sencillo, atento. Me lo figuraba as--dijo Aviraneta.--La opinin
ntima acerca de la expedicin que se proyecta es la que ha expuesto?

--S.

--No hay alguna cosa que nos haya callado?

--No. Es decir, no ha insistido en las diferencias que hay entre
nosotros.

--Y cmo no se ha zafado de esta empresa, en la que tiene tan poca
confianza?

--Esta pregunta me demuestra que lleva usted lejos de nosotros mucho
tiempo--dijo Aguado.--Usted le ha conocido a Mina cuando era un general
liberal, uno de tantos; hoy es el mayor prestigio del liberalismo
activo y no se puede zafar de una empresa as como en tiempo de
Renovales. Mina viene arrastrado. A raz de la Revolucin de 1830,
Mina se encontraba en los baos de Bath. Se le escribi contndole
con detalles las jornadas de Julio. Los emigrados que haban acudido
a Pars crean que aquella era la ocasin propicia para emprender un
movimiento favorable, con la ayuda de los liberales franceses y del
Gobierno de Luis Felipe.

--Y lo era, sin duda.

--Mina--sigui diciendo Aguado--se traslad a Pars, conferenci con
los emigrados espaoles y qued de acuerdo con ellos en hacer una
intentona en la frontera, con ciertas condiciones. Decidido esto, Mina
tuvo una conferencia secreta con el ministro de la Guerra, general
Gerard.

--Y Gerard qu dijo?

--Gerard recibi muy bien al guerrillero espaol, y le dijo que
preparase su expedicin a la chita callando. Mina fu tambin en
compaa de Toreno a visitar al general Lafayette, pero no le pudo
ver. Mina quera formar una falanje con los prestigios del liberalismo
internacional y lanzarla sobre la frontera espaola.

--Era una magnfica idea.

--Y era lo que haban prometido todos. Ya que los franceses haban
acabado con la libertad en Espaa en 1823, justo era que intentaran
restablecerla cuando pudieran. Sin embargo, no han hecho nada.

--No me choca. El francs siempre ha sido egosta y rooso para los
dems.

--Mina quera el mando nico, y tena razn, porque lo que se intenta
no es una revolucin, sino un movimiento militar. La revolucin, en
tal caso vendr despus. Al mismo tiempo que Mina haca sus trabajos,
un grupo de impacientes que queran obrar con independencia se puso
de acuerdo con Calvo y con Ardouin el banquero, que tenan hechos
emprstitos a Espaa desde la primera poca constitucional, y los
banqueros ofrecieron su concurso. Llamaron a Mendizbal y le dieron
fondos para los primeros trabajos, y decidieron entre todos nombrar la
Junta sin consultar con Mina.

--Siempre la divergencia y los celos--murmur Aviraneta.

--El Directorio provisional del levantamiento de Espaa contra la
tirana se form en Pars y se traslad en seguida a Bayona. Desde aqu
escribi a Mina preguntndole si se podra contar con l. Era en el
fondo una impertinencia. Mina, un poco molesto, contest que s y en la
segunda semana del mes de Septiembre se present en Bayona. El 22 de
este mes se verific la primera Junta del Directorio provisional, y al
da siguiente Mina, violentndose un poco, manifest pblicamente su
adhesin a ella. Desde el primer momento comenzaron las rencillas y las
diferencias.

--Por qu?

--Los partidarios de Torrijos y los militares independientes vean
que all donde estuviera Mina naturalmente tena que ser la figura
principal, cosa que no les agradaba.

--Pero hay algn motivo nuevo de odio?

--Ninguno. Las causas de esto son muchas y antiguas; pero la ms
principal no es ideolgica, sino de temperamento. Mina es un vasco como
usted, maquiavlico, de palabra confusa y enmaraada, pero por dentro,
claro, lucido y calculador. Sus enemigos Torrijos, Valds, Alcal
Galiano, San Miguel, Lpez Baos y otros muchos son castellanos,
andaluces, asturianos, ms fciles de palabra, ms conceptuosos, ms
retricos...

--Por una cosa o por otra, los espaoles siempre estamos as--dijo
Aviraneta con amargura.--Empiezo a sentir el haber venido. All, al
menos, en Cuba tena asegurada mi existencia.

--S, ser verdad; pero no se puede vivir ms que en el propio pas; lo
dems es vegetar, llevar una vida msera y disminuda.

--En eso tiene usted razn. Lo que yo no comprendo bien es por qu si
Mina no tiene defectos no se le unen los dems.

--Es que los tiene. Uno de los defectos del general, que a veces es un
medio de defensa, es la desconfianza excesiva; otro es su tendencia
burocrtica y reglamentaria. Mina, que ha conspirado desde la primera
emigracin, est siempre en guardia con cualquiera que se le acerque;
en cambio, Torrijos y Valds son ms efusivos y, al parecer, ms
francos. Mina trata a sus enemigos por el silencio, no habla de ellos;
cosa que irrita; en cambio sus enemigos le intentan desacreditar. Se
ha llegado a decir que Mina tiene miedo. Los partidarios de Valds y
de los otros echaron a volar esta especie, y un seor Chevallon, un
francs majadero que vena con unos miles de francos de la Junta de
Pars, ha llegado a decrselo cara a cara a Mina.

--Y Mina no le contest con un puntapi?

--No, porque el general es hombre que se lo guarda todo. Los enemigos
han inventado otra porcin de calumnias estpidas.

--Y esto influye algo en la opinin?

--Nada. En Espaa no se cree ms que en el general.

--Y cmo no mandan ustedes agentes a Espaa para saber qu hacen all?

--Los mandamos. Ahora tenemos algunos italianos carbonarios esparcidos
aqu por el Norte, gente activa; tenemos a Jos Monti, napolitano,
comerciante que vive en Vitoria y va a veces a Pamplona; a Pedro
Galloti en San Sebastin, que se sirve para sus informes de los
quincalleros paisanos suyos; a un tal Arrigoni, que ha ido a Santander,
y a un D. Juan Rumi en Gibraltar. Estbamos comenzando la organizacin.
Este movimiento quizs eche a abajo lo que habamos preparado y
tengamos que comenzar de nuevo.

--De todo esto se deduce que hay muy pocas probabilidades de
xito--dijo Aviraneta.

--S; tal creo yo tambin.

--A pesar de esto--repuso Aviraneta--yo le voy a hablar a Campillo. Si
l quiere intentar algo en Santander, donde debe tener amigos, yo ir a
San Sebastin.

--Bueno--dijo Aguado;--tnganos usted al corriente de lo que haya.

--Descuide usted--contest D. Eugenio.

Y los dos hombres, despus de darse la mano, salieron de los arcos y se
separaron.




IV.

LA TINTA SIMPTICA


AL da siguiente por la maana Aviraneta cont a Eusebio de Lacy y
a Ochoa lo que haba hablado con Mina y con el intendente Aguado;
expuso a los dos jvenes su plan, que lo aceptaron con entusiasmo, y
decidieron mandar un aviso a Campillo para hablar con l.

Le citaron para despus de comer en el caf del Comercio. Estuvieron
Lacy, Aviraneta, Campillo, en mesas separadas como si no se conocieran,
luego se levantaron uno tras otro, recorrieron el puente de Saint
Esprit, cruzaron el barrio de los judos y fueron al campo por la
carretera de Burdeos.

Se sentaron en un ribazo al pie de un olmo, y Aviraneta cont su
conversacin con Mina y explic su idea de tantear San Sebastin y
Santoa, y las ventajas que tendra de poder realizarse su proyecto.

Campillo no era de los enemigos declarados de Mina, pero desconfiaba.

--Y cul es el plan de usted?--pregunt Campillo.

--Mi plan sera contar con San Sebastin y con Santoa antes de
la expedicin. Teniendo estas ciudades y asegurado el paso de San
Sebastin por la frontera, se podra hacer mucho.

--Ah, claro. Y contaba usted conmigo para trabajar en Santoa?

--S.

--Pues, hombre, no puede ser. Yo soy demasiado conocido en mi tierra
y me prenderan inmediatamente al llegar. Usted piensa entrar en San
Sebastin?

--Es posible; pero no diga usted a nadie nada.

--Descuide usted, nadie lo sabr. Usted cree que se podr hacer algo?

--No s; pero creo que vale la pena de verlo... hablar con los
oficiales y soldados, ver lo que piensan.

--Usted est convencido de que en esta ocasin Mina obra de buena fe?

--Qu duda cabe!

Campillo qued visiblemente preocupado. Dijo que el espritu pblico no
era del todo hostil a los liberales en Santander, donde la mayora del
comercio era liberal y de mucha influencia sobre la masa del pueblo;
pero, segn l, fuera de la ciudad, en la parte rural, el vecindario
estaba sobrecogido por los voluntarios realistas fanatizados por el
clero y dominados por los caciques.

--No hay por los pueblos gente de la nuestra?--pregunt Aviraneta.

--Cerca de Santander--contest Campillo--vive un hermano mo, capitn
ilimitado, relacionado con otros oficiales que estn en la misma
situacin y cuentan con algunos soldados que sirvieron conmigo en la
guerra de la Independencia y en 1823; mas esto no basta. Cmo quiere
Mina ganar la guarnicin de Santoa?

--Si se llegara a este caso--contest Aviraneta--se necesitara dinero
para sobornar a los sargentos y a la tropa.

--No s si con los jefes y oficiales que hay en Santoa se podr
contar--dijo Campillo,--porque el batalln que ha reemplazado al que
haba es nuevo en el pas. Los jefes y oficiales de los Cuerpos
facultativos son tambin nuevos y no conozco a ninguno.

--Para sondear los nimos de la guarnicin de la plaza no
encontraramos algn agente sagaz que fuera de los nuestros?--pregunt
Aviraneta.

--Mejor que nadie, mi hermano. No est significado por
liberal--contest Campillo.--Pero cmo entendernos con l, habiendo,
como hay, tan gran vigilancia en los correos?

Aviraneta dijo que haba tintas simpticas; pero era indispensable que
el corresponsal supiese emplearlas.

Despus de hablar largo rato y de hacer cbalas acerca de lo que poda
pasar, volvieron al pueblo los tres separados. Aviraneta escribi a su
primo Lorenzo de Alzate dicindole que estaba en Bayona, e hizo pasar
la carta con una cascarota de Ciburu. Citaba a su primo para la semana
prxima.

Los das siguientes Aviraneta fu con Lacy y Ochoa a casa de su
antiguo amigo Juan Olavarra, donde acudan de tertulia Mancha, Peman,
el coronel Nez Arenas y algunos otros militares en su mayora
partidarios de Valds.

Uno de los contertulios amigo de Mina era Ramn Corres. Corres pareca
un hombre pacfico y grave aunque en realidad no lo fuese tanto.

Corres haba tomado parte en la guerra de la Independencia y en las
luchas del 20 al 23 en las que se bati con denuedo a las rdenes de
Labisbal. Despus emigr, fu a la isla de Jersey y all se estableci
de chocolatero, oficio que tena en Maran antes de la guerra de la
Independencia. Corres estaba dispuesto a seguir a Mina. En la tertulia
de Olavarra se celebraba su candidez y su simplicidad.

Una de estas noches al salir de casa de Olavarra se encontraron
Aviraneta y Lacy con Campillo. Como llova a chaparrn fueron a pasear
a los arcos de la Galuperie, que en aquel momento estaban desiertos.

Campillo dijo que acababa de entrar en el Adour un quechemarin de
Santoa; que el patrn, un convecino suyo, era un hombre honrado y de
toda su confianza, y que haba pasado la tarde y parte de la noche en
su compaa.

--Le he esperado a usted para decirle que se presenta una buena ocasin
para escribir a mi hermano; y como yo no s poner las cosas en claro,
quisiera que lo hiciera usted.

--Muy bien--dijo Aviraneta.--Cunto tiempo va a estar aqu el
quechemarin?

--Estar un par de das.

--Entonces hay que escribir en seguida.

--S.

--Bueno; ahora me pondr yo a redactar las instrucciones, maana las
consultar con usted y con Mina, y si estn ustedes conformes las
escribir con tinta simptica y le ensear al patrn del barco la
manera de emplear el reactivo para que l, a su vez, se la ensee a su
hermano de usted y aparezca lo escrito.

--Muy bien.

Salieron de los arcos de la Galuperie y fueron a casa. Aviraneta y
Lacy se encerraron en un cuarto de la fonda de Iturri y estuvieron
escribiendo disposiciones durante toda la noche, buscando el modo de
sintetizar y de poner las cosas claras.

Durmieron un poco por la madrugada, y a media maana Aviraneta busc a
Aguado y en su compaa fu a leer su plan a Mina. El general estaba en
la cama. Oy atentamente lo escrito por Aviraneta, y dijo:

--Est bien, muy bien. Es usted un maestro.

Despus le leyeron las clausulas a Campillo, que tambin di su
aprobacin.

Aviraneta escribi entonces con tinta simptica y con letra muy
apretada sus indicaciones. Encima redact, de manera corriente, una
carta de comercio.

Lleg el patrn del quechemarin, se le ense la carta y se le dijo
la manera de descubrir lo escrito con tinta simptica empleando el
frasquito del reactivo.

Al anochecer, Lacy, Campillo y Aviraneta vieron cmo el quechemarin
sala hacia la boca del Adour remolcado por una lancha.




V.

PREPARATIVOS


SE aproximaba el momento de la accin, y por ninguna parte apareca la
unidad del plan necesario para una empresa de aquella ndole. A las
divergencias de los espaoles iban aadiendo las suyas los franceses,
los italianos y los polacos que se mezclaban entre ellos.

Los entusiastas haban conseguido que el general Mina se reconciliase
oficialmente con sus enemigos Valds y Chapalangarra. La reconciliacin
era falsa, sobre todo por parte de Valds.

Cada caudillo comenz a ocupar su punto estratgico.

Don Gaspar de Juregui, que tena su bandern de enganche en Bayona,
haba formado una compaa de oficiales vascongados de la guerra de la
Independencia.

Chapalangarra reuna sus tropas en Camb, Mndez Vigo en Maulen.

En San Juan de Pie de Puerto se iban alistando algunos voluntarios bajo
la direccin del coronel de la antigua Divisin de Navarra del tiempo
de la guerra de la Independencia, D. Pedro Antonio de Barrena y de D.
Flix Sarasa, que estaba con su hijo llamado Cholin.

Por la parte de Oloron haba tambin sus voluntarios navarros y
aragoneses, que se iban reuniendo a las rdenes de D. Patricio
Domnguez, del jefe de batalln Moncasi y del cannigo don Lorenzo
Barber. Mina envi a Oloron al coronel D. Alejandro O'Donnell en
calidad de jefe de la plana mayor, para resolver las dificultades
tcnicas.

Gurrea haba recorrido el Alto Aragn con el nombre de Antonio Gabara,
y haba hablado a sus amigos. Despus se estableci en Bagneres de
Luchon, donde se le fueron reuniendo sus partidarios. Se deca que uno
de los que le seguiran sera el antiguo cabecilla absolutista Seperes,
alias Caragol.

A pesar de que los entusiastas e impacientes no hablaban ms que
de xitos y aseguraban que presentarse en la frontera y marchar
triunfantes y sin obstculo a Madrid sera todo uno, no se advertan
ms que dificultades y sntomas de discordia y de descomposicin.

Cada grupo llevaba una poltica contraria.

La Junta masnica de Bayona hablaba en sus comunicaciones solapadamente
contra Mina; los carbonarios hacan la guerra a los masones y mandaban
proclamas confusas precedidas de estas iniciales:

                                U y L.

que quera decir Unin y Libertad, y terminaban con este grito:

                        Vivan los h. de S. T.!

lo que para los iniciados significaba: Vivan los hijos de San Teobaldo!

Los partidarios de Valds afirmaban en todas partes que Mina era un
traidor vendido a Calomarde; los de Mndez Vigo decan que Valds era
tan reaccionario y tan pastelero como Mina.

La discusin iba en aumento; los ministas los valdesistas, los
gurreistas, los masones, los comuneros, los carbonarios, los franceses,
los italianos y los polacos no hacan ms que intrigar y echarse en
cara unos a otros la culpa de lo que ocurra.

En primeros de Octubre, Valds, Chapalangarra y Mndez Vigo volvieron a
reir con Mina y dijeron que desconfiaban de sus dilaciones.

El Gobierno de Calomarde mientras tanto estaba sobre aviso. No se
permita la entrada en Espaa de ningn papel de carcter liberal. Se
haba establecido en la frontera una polica militar y el espionaje
era perfecto. Se supo que entraron en Espaa varios nmeros del
_Representante del Pueblo_, que se publicaba en Londres en francs,
y del _Precursor_, que se imprima en castellano en Pars, y se
llegaron a coger, nmero por nmero, todos. Cierto que se abra la
correspondencia con una perfecta impunidad.

Las precauciones del Gobierno eran tales y su presteza y actividad tan
extremadas, que hacan imposible que una accin tan desperdigada, tan
anrquica y tan mal dirigida como la de los emigrados pudiera tener
xito.




VI.

LAS IDEAS DE TILLY


AL da siguiente de enviar la carta a Santoa con el patrn del
quechemarin se present Jorge Tilly en la fonda de Iturri.

Vena de San Sebastin, en compaa de un joven ingls alto, moreno, de
cabeza pequea y enrgica. Haban estado los dos en Madrid, en Sevilla
y en Barcelona. Tilly traa mucho que contar; haba tenido una serie de
aventuras y de amores muy extraos.

Lacy present su amigo Tilly a Aviraneta, quien le hizo una porcin de
preguntas relativas a la situacin poltica; todo pareca confirmar que
el Gobierno espaol estaba admirablemente preparado.

--Enseaste mi carta?--dijo Tilly a Lacy.

--S.

--Y qu dijeron?

--Muchos creyeron que era una fantasa. Respecto del comandante Oro se
duda...

--Cmo que se duda? Si ya est en Espaa trabajando por Calomarde!

--De verdad?

--S, l, el francs Husson de Jour y un espaol, D. Manuel Ruiz,
estaban en Vitoria cuando yo he pasado por all.

Tilly vena con un gran caudal de impresiones nuevas de la pennsula;
su punto de vista general era creer que Espaa era un pas aparte de
los otros.

En los das siguientes se estableci entre Tilly y Aviraneta una
relacin corts y de suspicacia ambos se hablaban como para estudiarse;
pareca que se haban adivinado los dos como intrigantes, y estaban en
guardia.

--He conocido a un Tilly hace unos aos--le dijo Aviraneta.--Vena de
Jersey.

--S, probablemente algn pariente mo.

--No lo sabe usted?

--No; somos tantos los Tillys, que no hay manera de saberlo. Los hay
franceses, los hay alemanes, los hay espaoles...; unos son liberales,
otros reaccionarios.

--El que yo conoca creo que era conde.

--Quizs; haba un conde, to de mi padre. No s ms. Como le digo a
usted, no conozco la historia de estos Tillys. Respecto a m, slo s
que mi padre desapareci de casa hace aos y que probablemente muri;
mis hermanos estn ahora con unos tos, excepto una hermana que se
encuentra en San Sebastin.

--Y t pensars sacar adelante a tu familia?--dijo Lacy.

--Yo pienso ver cmo salgo adelante yo. Cada cual que se las arregle
como pueda.

Lacy no vea con agrado tan tranquilo egosmo y afe este sentimiento
de su camarada; pero Tilly se ri; l crea que el ser egosta era una
condicin necesaria para la vida.

--Y tu hermana?--le pregunt Lacy.

--Est en San Sebastin con unas seoras amigas, pero no quiere
quedarse con ellas; me ha dicho que el mejor da se escapar.

--Sigue tan voluntariosa como antes?

--Igual; no ha variado nada.

A Tilly no le gustaba mucho hablar de la familia, y sigui exponiendo
sus ideas. Era un producto de corrupcin, de inmoralidad, y vea todo
lo que fuera intriga con gran simpata.

Aviraneta, a quien chocaba las ideas del joven, le pregunt:

--Dnde ha estudiado usted?

--En un colegio de frailes, en Rennes, donde, la verdad, creo que no
aprend nada de provecho. Lacy fu mi condiscpulo.

--Entonces era un tanto mstico--dijo Lacy riendo.

--Luego he ido aprendiendo un poco--aadi Lacy--a fuerza de curiosidad
y de algn ingenio. He ledo en historias y en memorias la vida de
Napolen, de Fouch y de Talleyrand.

--Buena enseanza!--exclam Lacy.--Creo que hubiera sido mejor que
hubieses ledo Las Vidas Paralelas de Plutarco.

--Yo no lo creo as. De conocer, conozcamos la vida actual. Aprendamos
un poco lo que es en una historia no falsificada y que puede
comprobarse.

--Creo que en esos libros que has ledo no se aprende ms que a mentir.

--El que lucha para elevarse tiene que mentir--replic Tilly,--por
mucha suerte y por muy bien que le vayan las cosas tendr que mentir.
Ah est el caso de Napolen.

--Tipo repugnante este Napolen!--exclam Lacy.--Yo antes tena
entusiasmo por l. Ahora que conozco su historia, no. Es de una
falta de nobleza y de simpata, de un egosmo tan bajo que repugna.
Su epopeya es en gran parte una novela, una historia falsa amaada,
Avanza de una manera tan vil! Se casa con una vieja intrigante que es
la querida de su protector Barras y que ha sido una cortesana, y va
avanzando con ella hasta que le da un puntapi. Las alocuciones no las
escribe l, las batallas no las gana siempre l, pero l se aprovecha
siempre de todo.

--Esa es la poltica--dijo Tilly.

--Yo veo en Napolen la falta absoluta de gracia y de humanidad--sigui
diciendo Lacy.--Carlos V, el gran Federico, Gustavo Adolfo, tienen
gracia, son a veces humanos; Napolen es la quintaesencia de la
bestialidad y del egosmo. Si yo hubiera nacido en su tiempo y hubiera
sido francs, hubiera sido partidario de Babeuf.

--Yo tambin--dijo Aviraneta;--pero eso no importa. Yo estoy conforme
con usted en que Napolen no era simptico; pero aun as era una
fuerza, y qu fuerza!

--Una fuerza de egosmo.

--Todos obramos por egosmo--afirm Tilly--y todos empleamos la
mentira.

--Todos, no.

--Yo s. Yo me siento el eje del universo. Respecto a la mentira,
muchas veces cuando necesito un dato para completar un plan lo invento.

--Eso es absurdo.

--El seor Tilly nos va a dejar muy atrs a los discpulos de
Maquiavelo--dijo Aviraneta con irona;--le tendremos que decir como
Talleyrand a Fouch, cuando ste hizo una de sus hbiles maniobras ante
Luis XVIII: _Je vous salue mon mitre_.

--Usted, seor Aviraneta, nunca ser discpulo mo, sino mi
maestro--replic Tilly con su impasibilidad habitual.--Si entre los
liberales espaoles hubiera muchos hombres como usted, de otro modo
iran los asuntos.

--As que para ti los liberales espaoles lo hacen mal?--pregunt Lacy.

--Muy mal.

--Por qu?

--No obran con rapidez y con energa. Su historia es una historia de
vacilaciones. Cuando tuvieron al rey en sus manos, en 1823, debieron
haber acabado con l.

--Hubiera quedado el hermano.

--Matar a toda la familia.

--T lo hubieras hecho?

--Yo, s.

--Obrando de una manera violenta se hubieran precipitado los
acontecimientos--dijo Aviraneta, que era de la misma manera de pensar.

Despus de hablar de poltica, Lacy le pregunt a Tilly por su amiga
lady Russell.

--La voy a dejar--dijo Tilly.

--Pues por qu?

--Me estorba.

--La vas a dar un disgusto.

--Bah. Ya se consolar. Esa clase de mujeres necesitan hombres jvenes.
Cuando yo le deje le tomar otro.

--Esa clase de mujeres!--exclam Lacy--ciertamente no demuestras con
esa frase ni ser muy agradecido ni muy amable.

--Hablo de ella por lo que es--contest Tilly, sencillez;--no tomo en
cuenta sus beneficios como no tomara sus perjuicios si me los hubiera
hecho.

Tilly pas algn tiempo en Bayona, haciendo nuevas conquistas y dando
nuevos escndalos.

--El amigo de usted es un perdido--dijo Aviraneta a Lacy.

--S; es un muchacho que va alimentando la parte mala de su alma
con la sustancia de la buena; cada vez ms cnico y ms atrevido, va
asesinando al buen muchacho que haba en l y va a terminar siendo un
canalla.




VII.

VIAJE A SAN SEBASTIN


UNOS das despus de esta conversacin apareci en Bayona el primo de
Aviraneta, don Lorenzo de Alzate, con el pretexto de encargar a un
grabador de metales unos sellos para el Ayuntamiento de San Sebastin y
comprar los tiles necesarios para hacer encuadernaciones, pues pensaba
dedicarse a este trabajo por gusto.

Alzate se hosped en la fonda de Iturri, habl largamente con D.
Eugenio y visit a Mina.

Era D. Lorenzo de Alzate hombre de mediana estatura, de ojos garzos y
vivos y de expresin amable.

Aviraneta le pregunt a su pariente si era muy difcil entrar en
Espaa. Alzate dijo que s, que la frontera estaba muy vigilada y que
la polica militar tena orden de examinar detenidamente los pasaportes
de los que entraban en Espaa y de prender a los sospechosos.

Aviraneta se enter bien de otros extremos y acompa a su primo hasta
el coche. Antes de salir pregunt al cochero:

--T conoces a Ganisch, a uno que tiene una taberna en Behobia?

--S.

--Dile al pasar que maana su amigo Eugenio, que ha venido de Mjico,
le esperar a las doce del da en el puente, del lado de Francia.

--Bueno; ya se lo dir.

Se march D. Lorenzo de Alzate, y por la noche dijo D. Eugenio en la
fonda que iba a ir a San Sebastin.

Ochoa y Lacy pretendieron acompaarle.

--En tal caso prefiero que venga Ochoa.

--Por qu lo prefiere usted?--pregunt Lacy, picado.

--Porque usted no sabe vascuence y l s.

--Ah, vamos.

Se decidi que fuera Ochoa. Este por la maana pas por casa de su
paisano Beunza, que tena un pequeo establecimiento de coches en la
misma calle de los Vascos, y le mand aparejar un tlburi.

Montaron Aviraneta y Ochoa y vieron antes de partir a Tilly.

--Quiere usted algo para su hermana?--le pregunt Ochoa.

--Va usted a verla?

--S, probablemente.

--Vive en la calle Mayor, nmero seis u ocho.

--La saludar de su parte.

Aviraneta haba torcido el gesto al oir la conversacin.

--Amigo Ochoa--murmur;--cuando se toma una misin difcil hay que
pensar solamente en ella y no ser imprudente.

--Por qu lo dice usted?

--Porque esta conversacin, que probablemente no la habr odo nadie,
ha podido ser oda por alguien y sernos fatal.

--Tiene usted razn--murmur Ochoa, compungido;--tendr ms precaucin
otra vez.

Al medio da llegaron a Behobia y esperaron a Ganisch. Estaban comiendo
en una posada, cuando apareci el antiguo amigo de Aviraneta.

--_Arrayua!_--dijo Ganisch al ver a D. Eugenio. De dnde vienes?

--De Mjico.

--De Mjico! Qu! Te has hecho rico?

--Poca cosa. Y t?

--Pse! Voy viviendo. Qu querais? Entrar en Espaa?

--S.

--Adnde vais a ir?

--A San Sebastin.

--Bueno. Tendris que ir de boyerizos y llevar cada uno un carro de
carbn. As no os preguntar nadie nada.

--Iremos con los carros de carbn. T nos dirs las instrucciones,
dnde hay que dejarlos y dems.

--S; todo se os dir.

--Cundo pasamos a la otra orilla?

--Por la noche. Yo saldr enfrente de Azquen Portu con una lancha y
silbar como en nuestros tiempos.

--Muy bien.

Comieron Aviraneta y Ochoa, pasaron la tarde en una taberna de Behobia
de Francia, y al anochecer, despus de cenar, fueron marchando por la
orilla del Bidasoa hasta llegar frente a las casas de Azquen Portu.

Apareci al poco rato Ganisch en su barca, silb de la manara
convenida, saltaron los dos y pasaron a la otra orilla y desembarcaron
cerca de un casero que se llamaba Chapartiena.

--Podis dormir aqu hasta la una--dijo Ganisch.--A esa hora os
despertar.

Durmieron en Chapartiena y a media noche les despert Ganisch, le di
a cada uno una ropa vieja y una elstica azul y les ayud a uncir los
bueyes. Luego les dijo lo que tenan que contestar a los guardias y
centinelas del camino.

Uno delante de otro, Aviraneta y Ochoa comenzaron a marchar camino de
Irn y despus de San Sebastin. Mientras fu de noche no hubo miedo; a
las preguntas de los guardias contestaban en vascuence, como les haba
dicho Ganisch.

Al hacerse de da tuvieron que tomar ciertas precauciones.

--Qu tal estoy yo?--pregunt Aviraneta.

--Muy bien. Todava creo que se puede usted ensuciar la cara un poco
ms con carbn. Y yo, estoy bien?

--Admirablemente. Parece que no ha hecho usted otra cosa en su vida.

Y los dos, dando de cuando en cuando con el aguijn en los cuernos de
los bueyes y diciendo: Aid! Aid!, avanzaron hacia San Sebastin.

No les ocurri ningn percance en el camino. Entraron en la ciudad por
la puerta de Tierra y llevaron los carros, siguiendo las instrucciones
de Ganisch, a la parte de la muralla que llamaban la Brecha, cerca del
Cubo de Amezqueta, donde los descargaron. Comieron en una taberna, y al
anochecer Aviraneta se present en casa de Alzate, quien al verle en
aquellas trazas se qued asombrado.

--Por qu no has venido conmigo?

--No quera comprometerte.

--Qu es lo que pretendes?

Aviraneta expuso su plan de trabajar la guarnicin de San Sebastin
para que secundase el movimiento de los liberales.

--Por qu no me has dicho esto en Bayona?--pregunt Alzate.

--Porque me hubieras intentado disuadir del proyecto.

--Es verdad. Puesto que t crees en la posibilidad de ese plan, haremos
juntos las gestiones, aunque de antemano te dir que la cosa me parece
imposible. Lvate, ponte una ropa limpia y vamos.

Alzate y Aviraneta salieron de casa y fueron a la platera de D.
Vicente Legarda.

--No est el principal--dijo el dependiente;--quizs est en la
imprenta de Baroja.

Fueron a la Plaza de la Constitucin y entraron en los arcos. Alzate
llam con los nudillos en una puerta prxima al Ayuntamiento, y pasaron
adentro. El olor acre de la tinta de los rodillos y del papel mojado
denunciaba la imprenta. Pasaron la tienda y entraron en un taller bajo
de techo. A la luz de dos lmparas colgadas de un alambre, colocado
horizontalmente a cierta altura, se vean las cajas, las prensas, los
tinteros y las resmas de papel. En el techo haba hileras de cuerdas de
las que colgaban papeles impresos.

Haba varias personas en la imprenta. Al principio al entrar en ella
no se las vea. Uno estaba como en una hamaca sostenido en las cuerdas
del secadero de papeles, otro encaramado sobre las cajas y un tercero
encima de un montn de papel.

Alzate present a Aviraneta al impresor y a su hermano y el impresor
despus present a don Eugenio a los que estaban all que eran Legarda,
Zuaznavar, Orbegozo y Arrillaga. Todos ellos liberales se reunan a
comentar los sucesos del da en la imprenta de Baroja.

En esta imprenta se tiraba por entonces _La Estafeta_, peridico
realista de don Sebastin Miano que haba sucedido a la _Gaceta de
Bayona_ despus de la Revolucin de Julio.

La proteccin de Miano haca que aquella imprenta fuera un lugar
seguro para los liberales. Aviraneta despus de ser presentado habl
de las entrevistas que haba celebrado con Mina y de la necesidad que
tenan de contar con una base de operaciones en San Sebastin. Cuando
acab de explicarse Aviraneta, tom la palabra uno de aquellos seores,
el que estaba sentado en las cuerdas del secadero, don Vicente Legarda.

Dijo que estaba bien pensado lo dicho por Aviraneta lo cual no era
obstculo para que la realizacin del proyecto fuera muy difcil o
imposible. Respecto al espritu pblico de San Sebastin en la mayora
del pueblo era liberal, pero no se poda contar ni con la guarnicin
ni con el elemento civil. El paisanaje no tena contacto alguno con
los soldados y a stos les estaba prohibido expresamente hablar con la
gente de la ciudad.

--Y qu se podra hacer para ganar a los oficiales?--pregunt
Aviraneta.

--No s--contest Legarda.--Me parece una gran temeridad emprender la
seduccin de los oficiales no contando con mucho dinero.

--No hay liberales en el ejrcito?

--S, pero estamos actualmente dominados por los realistas. El capitn
general D. Blas de Fourns es un francs realista, el segundo cabo
don Juan de la Porte-Despierres tambin; el jefe poltico Gironella
es indefinido, y el gobernador del Castillo de la Mota es como la
mayora de los jefes acrrimo realista. Entre las autoridades de Marina
ocurre lo propio; D. Pedro Hurtado y D. Francisco Echezarreta son los
dos absolutistas. Como usted ve el momento no es muy propicio. Sin
embargo, si se cuenta con dinero intentaremos ganar a los cabos y a
los sargentos, principalmente a los del Castillo de la Mota que es
la llave de la ciudad. Ganados el castillo y la plaza se presentara
una nueva dificultad de mucho bulto--aadi Legarda;--el proveer la
ciudad de vveres necesarios para sostener el sitio que nos pondran
por mar y tierra. El resultado inevitable sera sucumbir a los pocos
das atrayendo un sin fin de desgracias a la poblacin y a los que se
comprometieran en la defensa. Por estas razones que me parecen de peso,
creo que el plan limitado al alzamiento nico de San Sebastin no es
prctico. Si los emigrados contaran, como ha dicho Aviraneta, con la
plaza de Santoa y con elementos en el interior de Espaa entonces s
se podra esperar el triunfo, y trabajaramos con entusiasmo, pero
repito que aun as no se puede hacer nada ms que a fuerza de mucho
dinero.

Las palabras de Legarda eran sensatas, lgicas y los que estaban en la
imprenta las suscribieron. Alzate y Aviraneta se despidieron de todos y
salieron a la plaza.

Alzate llev a dormir a su primo a una casa de su confianza.

Al da siguiente Aviraneta quiso hacer nuevos intentos; por la maana
Ochoa y l salieron con sus carros de carbn y los llevaron a una
venta del camino de Astigarraga. Al anochecer entraron de nuevo en San
Sebastin, y Aviraneta fu a visitar solo al barn de Carondelet y a
dos oficiales liberales. Despus de su visita qued convencido de que
no se poda hacer nada.

Al otro da al abrirse la puerta de Tierra sali don Eugenio camino de
Astigarraga. Una muchacha alta march casi al mismo tiempo que l y se
detuvo en la misma casa, a cuya puerta estaba Ochoa.

--Qu? vamos?--pregunt Aviraneta.

--S, ya estn uncidos los bueyes. Esta seorita viene con nosotros.

--Esta seorita?

--S. Es la hermana de Tilly.

--Y qu extravagancia es esa de querer venir en un carro?

--As si me buscan no me encontrarn--replic ella.

Margarita Tilly guard la mantilla y se at un pauelo a la cabeza a
estilo de casera. Llevaba corpio, delantal y alpargatas.

--Vamos--dijo y tom una cesta al brazo, y comenz a marchar.

Margarita Tilly era una muchacha de cara larga y expresiva, tena los
ojos azules, brillantes y oscuros, llenos de audacia, el mentn algo
pronunciado y el pelo rubio. Haba cierta asimetra en su rostro,
aunque no tanta como en el de su hermano, asimetra que le daba gracia.

--No s si le tomarn a usted por una aldeana--dijo Aviraneta--me
parece usted demasiado bonita.

--Muchas gracias, don Eugenio--exclam ella riendo.

--No es galantera. Es precaucin. Si a usted la cogen la llevarn
de nuevo a casa de sus parientes de San Sebastin, a nosotros por de
pronto nos metern en la crcel.

--Bah, don Eugenio. Usted no tiene miedo a eso.

--Parece que me conoce usted.

--S, Ochoa me ha hablado de usted.

--Cuando pasemos por los pueblos aprtese usted de nosotros y tome
usted el aire ms estpido posible que pueda usted tomar--recomend
Aviraneta.

--Bueno, as lo har.

Varias veces Margarita subi al carro que diriga Aviraneta. Ochoa que
iba detrs se le acercaba a echarla flores.

--Eh! Eh!--deca Aviraneta.--_Atzera! Atzera!_ (Atrs! Atrs!)

No ocurri nada en el camino, pero al acercarse a media tarde a Irn,
Aviraneta se encontr con un viajero elegante que iba en un cabriol y
que se par al verle.

--Eugenio!--exclam.

Aviraneta estuvo a punto de soltar el palo y echar a correr.

El joven baj del coche y exclam:

--No me conoces?

--No.

--Joaqun Errazu, tu primo.

--Ah! Es verdad. Hace ya tanto tiempo que no te he visto.

--Qu es esto? Qu pasa? Por qu vas as vestido?

Aviraneta explic a Errazu lo que haban hecho.

--Esta seorita es una amiga nuestra que va a reunirse con su hermano.
Es la seorita de Tilly. T no la podras pasar a Behobia en tu coche?

--S, con mucho gusto. Si quiere le daremos de merendar en mi casa y
luego la llevaremos a Behobia.

--Bueno. Ya sabe usted, Margarita.

Margarita se puso de nuevo la mantilla y mont en el cabriol.

Aviraneta y Ochoa llegaron a Azquen Portu, se lavaron y cambiaron de
ropa y poco despus pasaron en lancha a la otra orilla del Bidasoa.

En Behobia estaba Margarita en compaa de Errazu, que se mostraba muy
galante con ella. Montaron Margarita, Aviraneta y Ochoa en el cochecito
de Beunza y se dirigieron hacia Bayona.

--Est usted contenta del viaje?--pregunt Aviraneta a Margarita.

--Contentsima.

--Le han tratado a usted bien mis parientes de Irn?

--Como a una reina. Me han sentado a la mesa, al lado del to de usted,
el cura, a tomar chocolate, y me han contado de usted una porcin de
diabluras que hizo usted cuando era chico.

--El primo joven de don Eugenio creo que le galanteaba a usted un
poco--dijo Ochoa.

--Bah! De eso no hago caso.

Charlando los tres llegaron ya muy entrada la noche a Bayona, y fueron
a parar a la fonda de Iturri.




VIII.

FRACASA EL PROYECTO


AL da siguiente el general Mina, enterado de la vuelta de Aviraneta,
le invit a comer a su casa. Don Eugenio fu obsequiado, tanto por
el general como por su seora doa Juana Vega, a quien los ntimos
llamaban doa Juanita.

--Qu impresiones trae usted de San Sebastin?--pregunt Mina.

--Malas.

Y Aviraneta cont con detalles lo que le haban dicho los militares y
paisanos con quienes haba hablado.

--As no es posible que ellos hagan algo?

--Por ahora, nada. Si se pudiera retrasar el movimiento, quin sabe?

--No, no, ya no puede ser. Ya sabe usted lo que es la gente... Ha
habido quien se ha acercado a m a decirme que no me fe de usted... Si
propongo el aplazamiento, van a creer que soy un traidor.

--Qu haremos?--pregunt Aviraneta.

--Esperaremos a ver si le contestan a Campillo... Avseme usted en
seguida que haya contestacin... Usted qu cree que se necesitara
para sobornar una guarnicin como la de San Sebastin?

--Yo me figuro que para empezar se necesitaran unos cuarenta o
cincuenta mil duros... quizs ms.

--Es mucho dinero...; pero, en fin..., quin sabe?... Mendizbal es un
hombre listo... comprender los motivos...

--Y si no tiene usted medios, qu va usted a hacer, general?

--Ya no tengo ms remedio que lanzarme. Salga lo que saliere.

Aviraneta dej la casa del general y se reuni con Lacy y con Ochoa, a
quienes cont su entrevista.

Dos das despus, por la maana muy temprano se present Campillo en la
fonda de Iturri.

--Coja usted el frasquito del reactivo--le dijo a Aviraneta;--creo que
hay carta. Vamos a dar un paseo.

Campillo, Aviraneta y Lacy se dirigieron a Saint Pierre de Irube y se
metieron en una venta muy solitaria que se llamaba Bidegaeche (la casa
en lo alto del camino). Pidieron a la duea de la venta un cuartito
y que les diera de almorzar. La duea los subi al primer piso de
la casa, que tena una gran ventana al campo. Cerraron la puerta, y
Campillo dijo que el patrn del quechemarin de Santoa haba trado un
pliego en blanco, doblado, como si fuera papel para hacer cigarrillos y
que supona estuviera escrito con tinta simptica.

Sac don Eugenio la botellita del reactivo, desdobl el pliego y lo
unt con un pincel por sus cuatro caras. Campillo y Lacy miraban con
atencin por si aparecan las letras. Al secarse el papel se destacaron
claramente.

La carta era del hermano de Lpez Campillo; deca que despus de
haberse enterado de las instrucciones, haba comenzado sus trabajos y
comunicado sus planes a un comerciante amigo suyo, quien le dijo que
hablara a los militares y le dara una respuesta en el plazo de tres
das.

Al cabo de este tiempo el amigo le haba dicho que despus de hablar
con varias personas, entre ellas con el comandante de artillera de
la plaza y con algunos oficiales de la misma Arma, estaba convencido
de que todos se hallaban dispuestos a entrar en el movimiento siempre
que se contase con los jefes que ocupaban altos cargos. Estos eran
el gobernador de la plaza, brigadier Fleires; el teniente del rey,
coronel D. Diego Rodrguez, y el sargento, capitn don Juan Bautista
Viola. Respecto al gobernador militar de la provincia, D. Vicente
Gonzlez Moreno, se le tena por realista acrrimo y afiliado al ngel
Exterminador.

Los oficiales subalternos estaban dispuestos a tomar parte en el
alzamiento con ciertas condiciones. Estas eran: primera, que Mina
asumiese la responsabilidad de lo que se hiciera; segunda, que el mismo
general respondiera de que en el interior de la nacin secundaran el
pronunciamiento, y tercera, que se les enviara fondos para ganar a los
sargentos y a los soldados.

Campillo qued un poco extraado de que en su pas como en el resto de
Espaa no hubiese ms prestigio entre los liberales que el de Mina. Se
decidi leer la carta al auditor Aguado, y Lacy, Campillo y Aviraneta
salieron de Bidegaeche y volvieron hacia Bayona a buscar al auditor
en su casa de Saint Esprit.

Aviraneta subi al piso, y dijo al auditor que sera conveniente
marchase a ver al general y le preguntase cundo podan leerle una
carta importante.

Aguado tom un coche de los que llamaban _citadinas_, invit a subir a
Campillo, a Lacy y a Aviraneta, y fueron los cuatro a casa del general.
Este se hallaba en la cama.

Doa Juanita, la seora del guerrillero, pas a los visitantes a la
alcoba.

Mina estaba macilento, demacrado; tena un montn de papeles sobre la
cama. Oy leer la carta del hermano de Campillo con atencin; estuvo
largo rato pensativo, y dijo:

--Voy a reunir a los jefes y a Mendizbal y a exponerles el asunto.
Quisiera que comprendieran su importancia... Usted, Aguado, podra ir a
visitar mientras tanto al banquero Silva y explicarle el caso.

--Bien. Iremos Aviraneta y yo.

--Para la noche tendrn ustedes la contestacin.

Fueron Aviraneta y Aguado a la casa de Silva, un banquero judo de
Saint Esprit.

La casa era una casa pequea y estaba en una callejuela oscura y
triste. Tena un escaparate reforzado por dentro con una alambrera.

Entraron en la oficina, que era un cuarto donde escriban dos
empleados. Se vea en ella una caja de caudales grande, empotrada en la
pared y una porcin de legajos y de papeles.

Aguado dijo lo que quera y el empleado llam en una puerta, que se
abri chirriando y se volvi a cerrar.

El banquero era un hombre plido de perfil judo, muy fino, muy atento.

Escuch sonriendo lo que le decan, y dijo que hablara a Mendizbal y
que intentara influir y hacer todo lo que estuviera de su parte.

Al salir a la calle Aviraneta y Aguado oyeron risas en un balcn,
volvieron la cabeza y vieron dos muchachas de perfil aguileo y de ojos
negros, las dos muy bonitas, las hijas del banquero.

Salieron de casa de Silva. Aguado se qued en Saint Esprit, y dijo que
por la noche al terminar la reunin de los caudillos en casa de Mina
ira a decirles el resultado a la fonda de Iturri...

Despus de cenar se reunieron en el cuarto de Aviraneta, Lacy, Ochoa y
Campillo. La impaciencia hizo a Lacy abrir la ventana, y para que no se
viese la luz en la calle se apag el quinqu. A las once de la noche
lleg Aguado. Ochoa fu a abrirle la puerta; Lacy cerr la ventana y
encendi la luz.

--Qu hay?--preguntaron con ansiedad al auditor.

--El proyecto est rechazado. Los dems jefes, a quien ha expuesto
Mina los propsitos de ustedes, han dicho que son intiles. Estn tan
obcecados, que creen que les ha de bastar presentarse en la frontera
para que toda Espaa se les una.

--Qu idiotismo! Qu imbecilidad!--exclam Aviraneta.--Y tener que
formar partido con esta gente! Es triste.

--Y no han dicho ms?--pregunt Ochoa con sorna.

--Algunos han asegurado que hay agentes de Calomarde que quieren
desviar el movimiento.

--Puesto que los liberales espaoles son tan bestias--murmur Aviraneta
con irona,--qu le vamos a hacer!

--Respecto a usted, amigo Aviraneta--sigui diciendo Aguado,--se afirma
que quiere usted recoger el fruto sin haber trabajado como los dems.

--Qu asco de gente!

--Al salir de la reunin--termin diciendo el auditor--he visto a
Juregui, que me ha indicado que le diga a usted, Aviraneta, que hay
siempre un puesto para usted en la Compaa Sagrada que ha formado con
antiguos oficiales.

--Bueno. Dele usted las gracias si le ve.

Se march Aguado y despus Campillo; Lacy y Ochoa se fueron a su
cuarto.




IX.

AVIRANETA, DESPECHADO


AL da siguiente, a la hora del almuerzo, se reunieron en la fonda de
Iturri, Campillo, Lacy, Ochoa y Aviraneta.

--No le parece usted, don Eugenio--pregunt Lacy,--que sera
conveniente que todos siguiramos el mismo camino y marchramos con el
mismo jefe. Nosotros vamos con Valds.

--Yo estoy comprometido con l hace tiempo--dijo Campillo.

--Yo no pienso ir con nadie--repuso Aviraneta.--No quiero ir dirigido
por imbciles.

--Pero don Eugenio!

--No, no. Ir con gente as, que no tiene medios, ni un golpe de vista
genial para marchar al fin, es ir a un fracaso, y a un fracaso
ridculo. No, no, no voy. S cmo son estos militares espaoles, de
una inutilidad, de una suficiencia y de una majadera imponderables.
Cuando hayan conducido la empresa al desastre se refugiarn en las
chinchorreras, en los detalles... No, no.

Campillo se encogi de hombros y no dijo nada. Lacy quiso convencer a
Aviraneta.

--Pero de verdad no va usted a ir, don Eugenio?--le pregunt.

--De verdad. Conozco la guerra. Es la cosa ms estpida, ms
desordenada y sin objeto que pueda hacerse. Todo lo que no se realice
en poltica por la inteligencia y por el clculo, es perfectamente
intil. La guerra! Unos hombres que van, otros que vienen, la mayora
sin saber porqu; aqu que se corre, all que se persigue, en este otro
lado que se fusila... plan, ninguno...; la casualidad...; no, no; me
parece demasiado imbcil.

--Pero va usted a negar hasta la tctica, el arte?

--No creo en tal arte. Me parece una mixtificacin de los militares.
Yo no he visto en la guerra ms que desorden, brutalidad y estupidez.
Casualidad, casualidad y casualidad.

--Pero hay una ciencia por encima de la casualidad y de la
barbarie--exclam Lacy.

--Yo lo dudo mucho. Todo esto que hacen los militares no se diferencia
gran cosa de las pedreas de chicos.

--No, don Eugenio, no.

--Yo creo que s. Nunca ver usted que un patn pueda sustituir a un
mecnico o a un matemtico; en cambio, a un general lo sustituye un
cura, un campesino, cualquiera, y lo hace tan bien como l y a veces
mejor. Parece que cuando se ponen frente a frente dos bandos tiene que
haber un vencedor y un vencido. Pero lo hay siempre? Y cuando lo hay
depende de la ciencia? Esto es muy dudoso. No creo que se pueda hacer
mucho caso de las afirmaciones de estos pedantes de uniforme, porque en
ellos la petulancia es moneda corriente. En fin, querido Lacy, si usted
toma parte en la intentona lo ver.

--As que usted est decidido a no ir?

--Completamente decidido.

--Y qu va usted a hacer?

--Me quedar aqu, o quizs vaya a Ustariz con Tilly. Aqu, en Bayona,
parece que va a haber una vigilancia molesta.

Por ms que Lacy intent nuevamente convencerle, Aviraneta se aferr a
decir que no iba.

Ochoa y Lacy marcharan los dos con Valds; pocos das ms tarde se
present Malpica a tomar el mando de su gente. Vena en compaa del
to Juan el guardabosque, y de Al, el asistente de Vctor Darracq.




X.

ORDEN DE MARCHA


EL 9 de Octubre, despus de largas diligencias, los jefes liberales
firmaron un acuerdo de acatar las rdenes de Mina. Unicamente no
quisieron aceptar su jefatura Valds, Mndez Vigo y Chapalangarra.

Estaba ya dispuesto el plan general de la invasin.

Por Vera entrara Mina con todo su Estado Mayor, formado por los
generales Butrn, Lpez Baos, Juregui, Iriarte, etc.

Por Urdax, a tomar el camino de Elizondo y apoderarse del valle del
Baztn, pasara el coronel Valds, nombrado por la Junta revolucionaria
mariscal de campo.

Por Valcarlos, a seguir el camino de Pamplona, ira Chapalangarra con
un ciento de voluntarios parisienses y algunos aventureros espaoles,
entre ellos el poeta Espronceda.

Por los Alduides cruzara el general Espinosa, que se encargara del
mando de Navarra. Parte de sus tropas, al mando de Barrena, Sarasa y
Len Iriarte, avanzaran al oeste en direccin del Baztn.

Con esto, las tropas destacadas hacia la parte occidental de los
Pirineos por el Gobierno de Fernando tendran que dividirse. Algunas
de ellas, comprometidas, se esperaba que hicieran causa comn con los
liberales.

Mientras Sarasa y Barrena levantaban el Baztn, Espinosa, marchando
al Este, provocara el alzamiento de los valles ms liberales de las
Aezcoas y del Roncal, que se daran luego la mano con los valles del
Pirineo aragons en donde operara el general Plasencia.

Mina, dejando partidas que recorrieran los puntos desde Urdax hasta
Irn para conservar las comunicaciones con Francia, y obrando en
combinacin con las fuerzas de la columna de Espinosa deba llamar
sobre s la atencin del grueso del ejrcito espaol.

El general Plasencia se correra por Oloron, llevando a sus rdenes al
coronel Domnguez, al cannigo Barber y algunos otros conocedores del
pas.

Mndez Vigo, con sus doscientos hombres, la mayora carbonarios
italianos y polacos, le secundara avanzando hacia el Roncal. Se le
reunira despus Vzquez Rosell que se encontraba en Orthez.

Gurrea, que estaba en Bagneres de Bigorre, operara en el Alto Aragn.

En Catalua, la mayora de los militares que pensaban tomar parte en
la empresa era poco adicta a Mina, pero casi todos ellos se haban
comprometido a cooperar en el movimiento.

Don Evaristo San Miguel, nada afecto al caudillo navarro, haba
recibido un mando de la Junta de Bayona, que llamaban minista, y fu
a Perpin a reunirse con el ex diputado D. Jos Grases, amigo de
Torrijos, para preparar la entrada en Catalua.

Una de las columnas la mandara Milans del Bosch llevando a Baiges como
segundo; otra Miranda, y pasaran ambas por la Junquera. La tercera
columna, al mando de San Miguel, entrara por Andorra.

En combinacin con los movimientos en la frontera francesa, se esperaba
la salida de Torrijos, Manzanares y Palarea, que partiran de Gibraltar
y marcharan por la carretera hacia Madrid. La tropa de Marina y la
guarnicin de Cdiz estaba, segn se deca, ganada por los liberales.




XI.

LOS REALISTAS


EL Gobierno de Calomarde no se dorma mientras tanto. Se dieron rdenes
rigurossimas para vigilar la frontera, y se pusieron a precio las
cabezas de Mina, Juregui y otros jefes.

Calomarde excit el celo y prometi recompensas a los militares. Toda
la plana mayor del realismo se prepar con entusiasmo para rechazar la
anunciada invasin de los constitucionales.

El general D. Manuel Llauder, virrey de Navarra, con el segundo cabo de
la plaza de Pamplona, D. Santos Ladrn, comenz a pasar revista a sus
fuerzas; el capitn general de Guipzcoa, don Blas de Fourns, prepar
las suyas.

Al mismo tiempo los tercios realistas, mandados por Verstegui, Eraso,
Juanito el de la Rochapea (Juan Villanueva), Uranga y Sinz de Pedro,
se acercaron a la frontera.

El tercer batalln del regimiento del Prncipe se traslad de Zaragoza
a Jaca y de aqu al valle del Baztn avanzando hacia el Bidasoa.
Se acercaron a Vera dos batallones de Cazadores y el regimiento de
Mallorca. El primer batalln de la Guardia de Honor de Bilbao se
estableci en Hernani.

Las instrucciones que haba recibido Llauder eran terribles. Por los
decretos del 16 de Septiembre y de 1. de Octubre, todos cuantos
cayeran en sus manos deban ser inmediatamente pasados por las armas.

El 11 de Octubre se le previno a Llauder para que no diera cuartel.

Llauder era un cuco, que no crea que el absolutismo fuera eterno, y
mand a su ayudante a Madrid para que se presentara a Fernando VII y le
intentara convencer de que una severidad excesiva sera perjudicial.
En el momento de la lucha, Llauder dej escapar algunos grupos de
liberales que hubiera apresado con facilidad de proponrselo.

Los tercios realistas, de los cuales tenan que salir cuatro aos
despus los partidarios de don Carlos, se movieron con entusiasmo
fantico. A ellos no haba necesidad de recomendarles que no dieran
cuartel. Estaban dispuestos a matar con una fe digna de buenos
cristianos.

De estos tercios, Alava di un gran contingente. De Vitoria salieron
cuarenta compaas formando tres columnas. Una la mandaba D. Valentn
de Verstegui; fu a Tolosa y de aqu se acerc a Oyarzun y a la pea
de Aya; otra sali a las rdenes del coronel D. Jos Uranga y se
dirigi por Salvatierra a Cegama y a Segura y de aqu a la frontera; la
tercera, mandada por D. Casimiro Sinz de Pedro, avanz por Santa Cruz
de Campezu a tomar el camino de Estella y despus el de la alta Navarra.

Guipzcoa tena ya de antemano algunas compaas de voluntarios
realistas en Irn; ms tarde, a instancias del general realista
Villalobos, la Diputacin envi dos batallones completos de refuerzo,
quedando los seis restantes en San Sebastin dispuestos para acudir al
primer aviso al sitio indicado.

En Navarra, D. Juan Villanueva (Juanito) con el teniente D. Miguel
de Sagastibelza se acerc al valle del Baztn, y D. Francisco Benito
Eraso se present en la frontera por el lado de Burguete a vigilar sus
inmediaciones.




                             LIBRO SEGUNDO

                              EN USTARIZ




I.

AVIRANETA Y TILLY


AVIRANETA y Tilly se pusieron de acuerdo para ir a pasar unos das a
Ustariz, y alquilaron cuartos en la Veleta. A Tilly le acompa su
hermana Margarita.

Aviraneta llevaba la idea de matar el tiempo leyendo. La primera semana
estuvo encerrado en su cuarto; sala nicamente los das buenos a tomar
el sol por las tardes.

Don Eugenio se haba suscrito a un gabinete de lectura de Bayona,
y se llev los quince volmenes de la obra de Jomini, la Historia
crtica y militar de las campaas de la Revolucin de 1792 a 1801, y
las Historias de la Revolucin francesa, de Mignet y de Thiers, que
acababan de salir por entonces. Alternaba estas lecturas con novelas
de Paul de Kock y de Pigault-Lebrun.

Aviraneta no era un refinado en literatura. Lea a Jomini con gran
atencin, siguiendo las operaciones en el mapa, queriendo explicarse
con claridad aquellas famosas batallas de tanta resonancia universal.
Despus ley los "Principios de la estrategia", del mismo Jomini.

Le haca simpatizar con el autor la idea de que l tambin era un
rechazado.

Jomini, a pesar de su talento no pudo llegar a mandar fuerzas, a
dirigir batallas, lo que tanto imbcil pudo hacer.

Aviraneta senta la tristeza del tctico, de verse desperdiciado, sin
empleo.

Se senta l tambin una rueda de un reloj de otra clase o de otro
tamao, rueda intil y que, sin embargo, era perfecta en su gnero.

La rabia de pensar que slo en una esfera alta de actividad hubiese
podido desarrollar sus condiciones, y que la suerte y el ambiente le
impedan escalar este puesto, empujndole automticamente hacia abajo,
a un medio para el cual no tena condicin alguna, le irritaba y le
conduca a una profunda desesperacin.

Mientras Aviraneta lea y se desesperaba, Tilly frecuentaba la
sociedad de Ustariz; visitaba a la familia de Aristy, a quien se haba
presentado con una carta de Lacy; iba al Bazar de Pars a hablar con
las dos hermanas, Martina y Delfina; se haba hecho amigo de Choribide
y de su sobrino Rontignon, y visitaba a las damas del Chalet de las
Hiedras.

Margarita los primeros das de Ustariz hizo algunas extravagancias y
tom fama de loca en el pueblo. Alquil un caballo y pas varias veces
al galope por la carretera, vestida de amazona y con un ltigo en la
mano y una boina roja en la cabeza; otro da anduvo en lancha e hizo
despus varias inocentes travesuras.

Al tercer da de estancia en la aldea conoci a Dolores, la hija del
coronel Malpica, y se hizo amiga ntima de ella.

Al cabo de poco tiempo de conocerla, Dolores era para Margarita la
criatura ms sabia y ms perfecta de la tierra.

Aviraneta leyendo en su rincn, Tilly dedicado a la vida social y
Margarita en Chimista; as pasaron el tiempo en el pueblo mientras Lacy
y los suyos se batan en Espaa.




II.

MALOS VIENTOS


CORRAN malos vientos, al decir de los inteligentes, por los
alrededores de Ustariz. La veleta de Gastizar pareca alarmada, y
andaba nerviosa de la derecha a la izquierda con marcada intranquilidad.

En Gastizar se senta cierta desazn. Haba tenido la familia varios
disgustos, y todos, excepto Miguel que conservaba su calma, estaban
alarmados. El primer acontecimiento desagradable de la serie haba sido
la noticia de quines eran las dos damas del Chalet de las Hiedras.
Madama Aristy haba recomendado a Miguel que no dijera nada ni hablara
a nadie de esta cuestin.

El segundo golpe haba sido la llegada de Len, el pintor, el marido de
Dolores Malpica.

Len dijo a su madre que volva dejando en Pars una deuda de quince
mil francos.

Madama de Aristy habl con Miguel y quedaron de acuerdo en que pagaran
la deuda. Como compensacin exigieron a Len que se quedara a vivir en
Ustariz constantemente.

Otro disgusto que vino despus de este, fu que madama Luxe dej de
aparecer por Gastizar sin dar ninguna explicacin.

Por ltimo, una maana en que madama de Aristy pasaba por la galera
del piso principal son un tiro y cayeron los cristales rotos a sus
pies. Madama de Aristy di un grito y acudieron las criadas. Miguel
y Darracq bajaron a ver lo que pasaba, y al enterarse de lo ocurrido
corrieron a la huerta, pero no encontraron a nadie.

Con todo esto, la familia estaba amedrentada.

Madama Aristy y Miguel suponan que tan repetidos golpes procedan de
las damas del Chalet de las Hiedras.

--Cundo se van esas mujeres?--preguntaba Miguel.

--Ya dentro de poco--deca su madre.--Esperemos sin escndalo.

En Chimista tampoco se senta gran contento.

A Dolores se le haba marchado su padre y le haba vuelto el marido.
Muchas veces Margarita la vea llorando.

Len al llegar a su casa pareci satisfecho y entusiasmado, pero pronto
comenz a aburrirse.

Len era un hombre petulante, tipo de vanidoso y de descontento. Tena
los tpicos de la poca y barajaba siempre en su conversacin el Arte,
la Naturaleza, Shakespeare, Caldern, las pasiones, la unin de lo
maravilloso y lo grotesco... Hablaba mal de todos los artistas, que
crea que le estaban usurpando la gloria. Se resista a encontrar bien
las obras de los contemporneos y hasta las de los antiguos maestros.

Al oirle se sospechaba si se tratara de un hombre de genio. Al ver su
obra se comprenda que no era ms que un descontento sencillo.

Margarita sinti por Len al conocerle un profundo odio. El verle tan
fro, tan egosta, tan indiferente a todo lo que no fuera su vanidad le
exasperaba, y muchas veces estaba a punto de insultarle.

Haba otras casas en Ustariz que se hallaban en un estado de
intranquilidad semejante; madama Luxe desde haca tiempo no quera
recibir a nadie, y en el Chalet de las Hiedras todas eran idas y
venidas y misteriosas conferencias.




III.

LAS MANIOBRAS DE CHORIBIDE


DESDE haca algn tiempo Choribide en complicidad con las damas del
Chalet de las Hiedras intrigaba en el pueblo. Sus maniobras principales
tendan unas a enriquecer el legajo que las dos mujeres de la polica
hacan para Calomarde, las otras a acercar su sobrino Rontignon a
madama Luxe.

Madama Luxe tena varios galanteadores en Ustariz. Uno de ellos era
un tal Iragaray, hombre caballeresco, aunque un poco perturbado.
Iragaray haba pasado por una porcin de chifladuras que le duraban
una temporada ms o menos larga. La ltima era la preocupacin por las
botas. En esta poca, todo el calzado que compraba o le hacan le
vena mal, lo que a Iragaray le entristeca profundamente.

Esta preocupacin la comparta con el amor de madama Luxe, amor tmido
y respetuoso que guardaba en el fondo de su alma. El comprenda
que slo madama Luxe le hubiese podido curar de esta cavilacin
transcendental del calzado.

Iragaray, cuando vea a una persona que estaba a gusto sobre sus
zapatos la envidiaba y le tena por un ser superior.

Si llegaba a ganarse su confianza, la primera pregunta que le haca era
sta:

--Perdone usted, caballero; quiere usted hacerme el gran favor de
decirme dnde se ha hecho usted esos zapatos?

El preguntado, que no comprenda que contestar a esta pregunta fuera
ningn gran favor, deca en qu pueblo y en qu zapatera se haca las
botas. Iragaray se preparaba para hacer un viaje, se encargaba un par
de zapatos y volva radiante; pero a los cuatro o cinco das se le vea
haciendo muecas de descontento, y tena que coger los zapatos nuevos y
llevarlos a un rincn, spoliarium de sus ilusiones.

Durante algn tiempo Iragaray vea todo negro, como si el mundo entero
estuviera recubierto de betn, hasta que encontraba una persona
con unos zapatos, que le llegaban al alma. Si esta persona le era
desconocida, Iragaray sufra hasta poder hacerla la pregunta de dnde
se haca los zapatos.

Iragaray se haba enamorado de madama Luxe, y abandonaba la zapatera
por el amor. Le haba contado sus cuitas a Miguel, quien le haba
recomendado mucha prudencia.

--Todo esto va a acabar con unos cuantos zapatos ms en el guardarropa
de Iragaray--deca madama de Aristy.

--Lo malo es que para el pobre hombre cada par de botas es un
desengao--aada Miguel.

Choribide, que saba muy bien las chifladuras de Iragaray, no lo tema
como rival de su sobrino, sino todo lo contrario; hubiera querido que
el pobre chiflado fuera el nico de los rivales de Rontignon.

Choribide, al mismo tiempo, trabajaba para las mujeres del Chalet de
las Hiedras.

Los documentos que l facilitaba a madama Carolina, aparecan
oficialmente como procedentes de Rontignon. Se haba escrito a Espaa y
Calomarde se manifestaba dispuesto a dar una gran cruz o a aceptar al
ex teniente en el ejrcito espaol.

Respecto a la cuestin amorosa, Choribide la dirigi con gran cuidado.
Choribide hizo que su sobrino se hiciera un traje a la moda en la mejor
sastrera de Bayona, alquilara un caballo y pasara todos los das
cuatro o cinco veces por delante de casa de madama Luxe.

Al cabo de una semana escribi una carta, la pens mucho, comprendiendo
que el estilo de 1830 no era el de su poca; y despus de varios
ensayos crey encontrar lo que deseaba. El teniente Rontignon copi
la carta y la di, con una moneda de cinco francos, a la criada de
madama Luxe. La carta no tuvo contestacin. A los pocos das, Choribide
escribi otra muy respetuosa y romntica y madame Luxe contest. Deca
que no pensaba casarse, que estaba dedicada a la educacin de su hija,
y aunque agradeca los homenajes del teniente Rontignon, le suplicaba
que cesase en hacerle la corte.

Choribide estudi la carta detenidamente y decidi primero hacer que la
hija de madama Luxe, Fernanda, tuviera un novio, despus se le ocurri
indisponer a madama Luxe con la gente de Gastizar.

Como novio de Fernanda, ninguno mejor que el joven Larralde Maulen.
Larralde haba cortejado sin gran xito a Alicia de Belsunce, y luego
para consolarse se dedicaba a galantear a una de las seoritas del
Bazar de Pars, a la menor, Delfina, creyendo, y con razn, que le
llegara su turno.

De las dos seoritas de La Bastide, la mayor, Martina, se le supona
enredada con el ingeniero de Montes; la pequea, Delfina, era una
histrica. Esta muchacha haba andado con todos los hombres del pueblo.
Siempre haba tenido un amante o dos al mismo tiempo.

Era una mujer lasciva. Le haban cantado varias veces una copla
popular, que deca:

      Dama orrec emenditu
    Bederatzi noviyo
    Apenas joan dan ari
    Bayetz esandiyo.

(Esa dama tiene lo menos nueve novios, y a cualquiera que se acerca a
ella le dice que s.)

En toda la familia de las muchachas del Bazar haba la misma herencia
ertica. Por entonces, la Delfina estaba enredada con un mozo, a quien
llamaban Marcos el del molino o Marcos el gascn.

Marcos era un hombre de una osamenta fuerte, corpulento, la cara ancha,
los pmulos salientes, la mandbula acusada y los ojos claros. Tena
la frente pequea y arrugada, el pelo rubio, crespo y duro que le
entraba como un pico en el entrecejo, las manos velludas y los brazos
largos. Era mozo petulante, vesta grandes y anchos pantalones, faja
encarnada y boina azul.

El bello Marcos sacaba el dinero a Delfina, la pegaba, la pateaba, lo
cual no era obstculo para que ella estuviese enamorada de l y al
mismo tiempo le engaase. La madre de Marcos era una mujer valiente,
que haba venido de la parte del Bearn. Al saber los sucesos de la
Revolucin de Julio, esta mujer cogi un fusil y fu al Ayuntamiento a
pedir que se quitara a los concejales y se les sustituyera por otros
revolucionarios.

El bello Marcos no comparta las ideas de su madre y era realista.
Sacaba algn dinero con esto y no le importaba otra cosa. Marcos era un
conquistador y un stiro; haba tenido un proceso por robo y otro por
violentar a una chiquilla, medio idiota, en el campo.

Choribide pens que deba apartar al joven Larralde de Delfina, y
llamndole con gran reserva le dijo que no le convena hacer la corte
a aquella muchacha. Era esta una mujer depravada, una cosa perdida.
Le asegur que estaba embarazada de Marcos, y que no tendra nada
de particular que si se entregaba a l fuera nicamente por tener un
editor responsable del desaguisado.

Despus de pintarle tan fea la situacin al joven Larralde le puso
delante la perspectiva de Fernanda Luxe, una muchacha encantadora
llena de juventud y de gracia. Larralde Maulen mordi en el anzuelo y
comenz a dejar de acudir al Bazar de Pars. Al mismo tiempo Choribide
habl a la Delfina, y le dijo que Larralde era un fatuo que haba
asegurado en pblico que tendra como querida a la Delfina cuando le
diera la gana. La muchacha, que era poco inteligente, crey en lo
que le deca el viejo y comenz a tratar con desdn a Larralde, que
determin no volver al Bazar.

Entonces Choribide hizo que su sobrino Rontignon buscara a Larralde y
se hiciera amigo suyo.

Pronto pudo notar el astuto viejo que tena en Gastizar enemigos de sus
planes. Madama Luxe iba todos los das a Gastizar, hablaba all, haba
quien supona que miraba con buenos ojos a Miguel Aristy.

Entonces a Choribide se le ocurri escribir un annimo, cogi un papel
igual al que se empleaba en Gastizar y mand a madama Luxe una carta
en la que se pona por los suelos al teniente Rontignon y al joven
Larralde.

Madama Luxe no tuvo el valor de pedir explicaciones a Madama Aristy;
dej un da de ir a Gastizar, luego al siguiente hizo lo mismo y acab
por romper las relaciones con la familia de Aristy.

Madama Aristy era demasiado orgullosa para pedir ni para dar
explicaciones. La ruptura se verific. Era lo que quera Choribide.

Este al mismo tiempo trabajaba con las dos intrigantes del Chalet de
las Hiedras.

Las cartas iban a Madrid y venan de all constantemente.

Carolina Michu estaba entregada a Choribide y dispuesta a seguir sus
indicaciones.

Madama Carolina no tena un gran inters personal puesto en la vida de
Ustariz; estaba deseando que pasaran aquellas circunstancias para salir
de la aldea y marcharse a otra parte. No le pasaba lo mismo a Simona.
Simona no se ocupaba ms que de Ustariz y de los que vivan en el
pueblo.

Al saber que madama Aristy quera echarlas del Chalet de las Hiedras,
le tom un odio intenso. Antes haba coqueteado con Miguel, porque
le era simptico; despus coquete con Len, por ver si poda dar un
disgusto a la vieja orgullosa de Gastizar, como llamaba ella a madama
Aristy.

Simona, que no tena inclinacin ninguna por Len, lleg a dominarle;
le sac dinero, produjo un gran disgusto en Gastizar y otro en Chimista.

Simona sinti tanto odio por Dolores Malpica como por madama Aristy;
a la vieja, como ella la llamaba, la odiaba por su orgullo; a la
espaola, por su aire de candidez y de bondad.

Len, que se crea amado por una gran dama, no slo no se recataba,
sino que haca alarde de visitar el Chalet de las Hiedras. Dolores se
determin a pedirle explicaciones, y marido y mujer rieron.

Miguel Aristy tuvo que terciar en el asunto, y como mal menor se
decidi que Len volviera a Pars.

Mientras tanto Tilly, enterado por Aviraneta de que las damas del
Chalet de las Hiedras eran dos aventureras, las trataba as, y era muy
bien acogido en la casa. El y Choribide solan pasar la tertulia en el
chalet y en el Bazar de Pars.

Madama Carolina comenzaba a asustarse de la violencia y del fuego que
pona en sus empresas Simona.

--Esa loca me va a comprometer--deca, y suplicaba a Choribide que la
vigilara para que no hiciese alguna tontera.

Simona tena su centro de operaciones en el Bazar de Pars; all sola
estar intrigando con las dos seoritas de la Bastide, con Choribide y
con Marcos el gascn, de quien se haba hecho gran amiga.




IV.

MARGARITA


TODOS los das y a todas horas estaba Margarita Tilly en Chimista con
su amiga Dolores. Margarita haba tomado gran cario a Dolores, para
quien tena todas sus amabilidades.

Dolores, que pasaba en aquel momento por la amargura de tener a su
padre expuesto a ser muerto y a su marido separado de ella, estaba
llorando a cada instante. Dolores tena un carcter resignado y dulce y
encontraba la calma en la mayor contrariedad.

Margarita se haba constitudo en protectora de Dolores. Coga a los
dos chicos, a Miguelito y a Dolorcitas, y se marchaba con ellos para
dejar a la madre desahogar su pena.

Si Miguelito era travieso y valiente, Dolorcitas prometa ser como su
madre, dulce y tranquila.

El chico era fanfarrn y charlatn; jugaba con un gato que se llamaba
Chipi. Chipi era un poco payaso, gran cazador de pjaros, ladrn y
fantstico. Chipi, la pequea pantera domstica, corra con Miguelito,
se afilaba las uas en los muebles y rasgaba la tela de los sillones;
suba a los rboles, persegua a las lagartijas y a las mariposas;
haca bufonadas y pareca incomodarse cuando la gente se rea. Sola
divertirse mucho cazando musaraas, a las que martirizaba.

Miguelito era gran ingeniero; haca fortalezas con arena y las coronaba
con banderas.

Mientras l se dedicaba a la ingeniera, Dolores tena a la nia en
brazos y quedaba embebida.

--No te duermas, mam--le deca el chico.

Margarita se sentaba en la escalera de piedra, adornada con tiestos,
un escaln ms bajo que Dolores, como en adoracin, y sola estar
hablndole y jugando con los chicos.

Contaba a su amiga su vida y explicaba sus ideas. Dolores daba su
opinin mientras haca algn trabajo de costura o de media.

Cuando Dolores tena que trabajar, Margarita con los chicos sala fuera
por los campos. Se haba ganado la amistad de Grashi Erua, la loca, y
de un chiquillo de diez o doce aos, atrevido, a quien llamaban Chistu.

Grashi Erua llevaba flores a Chimista y jugaba con Miguelito, por quien
tena gran cario.

Grashi Erua viva en la miseria; los aldeanos que se haban hecho cargo
de ella se haban enriquecido despojndola. Luego, viendo que nadie se
presentaba a reclamarla, la quisieron obligar a trabajar en el campo
y a servirles de criada, pero ella no obedeca. Era un ser montaraz e
indomable. A veces se la vea en medio del bosque o a la orilla de un
arroyo con una guirnalda de yedras o de murdago en la cabeza, cantando
una cancin triste. Al principio los chicos le tiraban piedras, pero
llegaron a tener por ella cierto temor.

Grashi Erua sola entrar en Chimista cuando le pareca, ayudaba a
alguna cosa a Dolores; pero en general no haca ms que jugar. En
invierno se meta en la cocina cerca del fuego, y all charlaba de una
manera confusa e incoherente.

Chistu, el chico vagabundo, era un pillastre a quien le gustaba la
libertad y el aire libre. Estaba negro por el sol y tena una cara viva
de granuja. Aqu pescaba o se baaba, all se suba a los rboles y
vena con una ardilla o con una lechuza viva que haba cogido.

Margarita era la capitana de aquella tropa menuda. Grashi Erua, Chistu
y los pequeos le obedecan sin rplica.

Todo el da se pasaba Margarita en Chimista. En cambio a Gastizar iba
poco, y aunque pasaba por delante no se detena nunca.

Margarita no quera nada con los de Gastizar; senta gran antipata por
madama Aristy y se manifestaba desdeosa con Alicia. El egosmo y la
discrecin de sta le producan el mayor desprecio.

--Es un taco--sola decir.

Al lado de Alicia, Margarita Tilly era como un torbellino. No poda
tener prudencia; pero se le perdonaba todo por su espontaneidad y por
su gracia.

Era lo contrario de la seorita de Belsunce. En Margarita no haba
clculo ni disimulo. Las simpatas y antipatas se desarrollaban en
ella de una manera rpida y espordica y no se tomaba el trabajo de
disimularlas.

Alicia, en cambio, era de una discrecin y de una prudencia monjiles.
Saba guardar los pequeos secretos como nadie. No haba miedo de que
dijera una inconveniencia. Meda las palabras con cuidado exquisito.

Madama de Aristy, que crea ste uno de los mayores mritos que poda
tener una persona, le otorgaba su benevolencia.

Alicia era defensora de las prerrogativas aristocrticas de su familia.
No le gustaba que se dijese que entre los vascos no haba habido
feudalismo. Le hubiera gustado ser feudal.

Margarita no se preocupaba de estas cosas. Quera ser libre, hacer
su capricho, y tena para las personas y para las ideas una mirada
atrevida y de frente.

A Miguel le gustaba la gracia rebelde de Margarita.

De toda la gente de Gastizar nicamente por Miguel tena Margarita
simpata, y eso que Miguel se burlaba un poco de ella y de su
insociabilidad.

Charlaban los dos amistosamente largo tiempo.

--Usted tambin habr sido un conquistador, Miguel--le deca ella.

--Yo, no. Las mujeres me han hecho poco caso, Margarita; lo mismo de
joven que de viejo.

--Bah! No le creo a usted.

--Pues es cierto. Sin duda yo no he tenido nunca grandes atractivos
para las damas.

Margarita no se convenca. Un da crey que Miguel era un corruptor.

En el piso bajo de Chimista viva un matrimonio joven que trabajaba
en los campos. El era un muchacho nacido en un casero prximo; ella,
la hija de un jardinero de Gastizar. Este jardinero, un normando alto
y rubio, haba venido de guardia de Aduanas y se haba quedado en
Gastizar. Fanchon, su hija, haba nacido all. Era Fanchon una mujer
con un aire selvtico; la sangre normanda de su padre mezclada con la
vasca de su madre haba dado un hermoso producto. Era rubia, blanca,
con los ojos azules.

El da que la vi Margarita hablando con Miguel estaba dando de comer
a los cerdos y a las gallinas, riendo a toda la tropa con los pies
metidos en los zuecos y un pauelo en la cabeza.

En el corral, una vieja flaca y acartonada, la boca sin dientes, la
cara llena de arrugas, tena un nio rollizo en brazos.

--Ests guapa, Fanchon--le deca Miguel con cierta tristeza cmica.--Yo
me deba haber casado contigo y esa criatura sera ma.

--A buena hora se acuerda usted--replic ella con desgarro.--Por qu
no lo pens usted antes?

--No podramos empezar todava, Fanchonette?

--No.

--De manera que Praschcu, ese imbcil de tu marido, exige fidelidad.

--Como la exigira usted.

--Qu pena!--exclam Miguel con melancola burlona.--Yo! Que te
he tenido en brazos cuando eras nia! No podra tener un poco de
derecho?...

--Ninguno.

--Eres muy cruel, Fanchon.

--Ah! Siempre est usted as. Por qu no se casa usted de una vez?

--No me hacen caso, chica, ya. No me hacen caso.

Margarita que oy la conversacin se la cont a Dolores con gran
misterio, y ella, riendo, volvi a contrsela a Miguel.




V.

EL NIO


UNA tarde en que D. Eugenio y Tilly charlaban en el comedor de la
Veleta comentando a Maquiavelo, se present Margarita que vena
corriendo, sofocada y sin aliento.

--Qu pasa?--le pregunt su hermano.

--El nio... el nio de Dolores... lo han robado.

A Tilly no le preocupaba tanto como a su hermana el nio de Dolores, y
se encogi de hombros.

Aviraneta pregunt cmo haba ocurrido el caso.

--Estaba, como todos los das, jugando a la puerta de la casa, cuando
ha pasado un rebao de ovejas por delante. Vamos, Miguelito, le ha
dicho la chica que iba con el rebao. El nio le ha seguido y ha
desaparecido. Se ha mirado por todos los alrededores y no se le ha
encontrado.

--Y cunto tiempo hace que falta?--pregunt Aviraneta.

--Ya cerca de diez horas.

--Qu edad tiene el chico?

--Cuatro aos y medio.

--S; entonces es muy posible que lo hayan robado.

--Qu haremos?--exclam Margarita.--La pobre madre figrese usted cmo
est. Vengan ustedes conmigo.

--Bueno, vamos--dijo Aviraneta.

Salieron los tres, y al pasar por Gastizar, Margarita dijo a su hermano:

--Llmale a Miguel Aristy y dile lo que pasa.

Tilly entr en Gastizar y volvi al poco rato solo.

--No est?--le pregunt Margarita.

--Debe estar en Chimista.

Efectivamente, al llegar a Chimista se lo encontraron. Empezaba
a oscurecer y el nio no vena. La madre estaba en la mayor
desesperacin. Miguel y Dolores haban salido por los alrededores
llamando al nio, pero no apareca.

--Bueno, seor Aristy--dijo Aviraneta;--si andan ustedes as a la
casualidad, como locos, no encontrarn ustedes ninguna pista. Vamos a
hablar los dos serenamente a ver si encontramos algn indicio.

--Tiene usted razn. El dolor de la madre le perturba a uno, contagia
su intranquilidad.

--Vamos a un sitio donde estemos solos.

--Entremos aqu. Sentmonos.

Entraron en el cuarto del coronel Malpica.

--Veamos el hecho escueto primeramente--dijo Aviraneta.--Cmo ha
sucedido?

--Quiere usted que le llame a Fanchon, la mujer que vive aqu?

--S.

Entr Fanchon en el cuarto, con la cara llena de lgrimas.

--Cuntanos lo que ha pasado con detalles--le dijo Aviraneta en
vascuence.

--Pues nada--dijo Fanchon;--el nio estaba jugando, como casi todos los
das, por aqu, por delante de la casa. Ha pasado un rebao, y el chico
que iba detrs le ha dicho: "Miguelito, vienes?" Miguelito ha salido
detrs del rebao y no ha vuelto. Eso ha sido todo.

--T has visto al chico que le ha llamado?--pregunt Aviraneta.

--No, no le he visto. No s si mi marido le habr visto.

--Llmalo; y si no sabe nada, pregunta por ah a ver si hay alguno que
haya visto al chico que ha llamado a Miguelito al pasar.

Sali Fanchon corriendo del cuarto y volvi al poco rato, sofocada, con
Praschcu, su marido.

--Mi marido le ha visto.

--Usted le ha visto al chico que ha llamado a Miguelito?

--S.

--Quin era?

--Era un chico que llaman Mandharra, del casero de Gros Jean, el
tramposo--dijo Praschcu hablando muy despacio.

--Es pastor?

--No; es un chico pobre que suele andar a veces pidiendo limosna y que
ahora est en un casero.

--Y cmo llevaba hoy ese rebao?

--Mandharra iba al lado de la zagala que suele andar siempre con el
rebao.

--Ese Mandharra suele tener punto fijo donde dormir?

--S; en el casero de Gros Jean, el tramposo, que se llama Beletchea
(la casa del Cuervo).

--Y quin es ese caballero?

--Ese caballero, como usted dice, no vive--contest Aristy.--Viven sus
hijas, que yo creo que estn un poco locas.

--Pues qu les ocurre?

--Son tres solteronas solitarias, que no salen nunca de casa. Yo las
llamo las Tres Lamias. No quieren ver a nadie. Trabajan en el campo de
noche, a la luz de la luna, para que no las vean. Y de da se asoman a
mirar por entre las parras.

--Viven cerca?

--S; a un cuarto de hora de aqu. Sospecha usted de ellas?

--Por ahora no. Primeramente dgame usted qu enemigos tiene su cuada.

Miguel habl de las damas del Chalet de las Hiedras y de sus
antecedentes.

Como no especificaba nada, Aviraneta dijo:

--Vamos a interrogar a la madre del nio. Quiere usted llamarla?

Aristy llam a su cuada, que entr llorando a lgrima viva.

--Una pregunta nada ms--le dijo Aviraneta.--Tiene usted algn motivo
para suponer que una de las mujeres que vive en el Chalet de las
Hiedras le odia a usted?

--S, algn motivo tengo, porque hace unos das me envi las cartas que
le haba escrito mi marido a ella.

--Las tiene usted ah?

--No, las romp.

--Usted supone que se las envi la ms joven de las dos, Simona?

--S.

--Al enviarle las cartas a usted no deca nada?

--S; me escriba un papel lleno de mala intencin para m.

--Est bien. Tranquilcese usted. Encontraremos al chico--dijo
Aviraneta.--El chico no est perdido, est robado, y una de las mujeres
del Chalet de las Hiedras lo ha mandado robar.

La opinin de Aviraneta era tambin la de Aristy.

--Ahora vamos a ver qu hay que hacer--dijo Aristy.

Aviraneta llam a Tilly y los tres deliberaron. Era indudable que
Simona, si era ella la que haba preparado el robo del chico, no se
haba entendido con Mandharra, porque ella no saba el vascuence ni
el chico el francs. Simona se haba valido de algn intermediario,
probablemente de Marcos.

Aviraneta, Aristy y Tilly decidieron volver al pueblo y apoderarse de
Simona y de Marcos, y obligarles a decir dnde estaba el nio.

Antes de salir de Chimista, Aviraneta pregunt al marido de Fanchon:

--Por este camino hacia el monte, en una legua o en dos, hay alguna
cueva?

--S. Hay una que llaman Lecebeltz (la sima negra).

--Pues id a registrarla. Praschu, Fanchon y Grashi Erua salieron en
aquella direccin, mientras Aviraneta, Aristy y Tilly se encaminaron
hacia Gastizar. Entraron por la huerta, y andando a oscuras se
dirigieron hacia el Chalet de las Hiedras.

--Voy a llamar ms gente--dijo Aristy.

Miguel march despacio hacia Gastizar y volvi a la media hora con
Vctor Darracq y con Ichteben. Al acercarse Aristy a Aviraneta ste le
dijo:

--Chit.

--Qu pasa?

--Est aqu Marcos.

--Tendrn ah el nio?

--No creo.

--Vamos a ver si cazamos al bello gascn.

Esperaron ms de una hora.

--Yo conozco la casa--dijo Tilly;--si tuviera una escalera para subir
podra arreglrmelas para oir la conversacin.

--Yo la traer--salt Ichteben y desapareci en la oscuridad.

Al poco rato volvi con una escalera larga. La aplicaron al balcn del
chalet y Tilly subi con grandes precauciones.

Al cuarto de hora baj de prisa.

--Sale Marcos--dijo;--no detenerle. Parece que es un mendigo viejo a
quien llaman Pachi Zarra y tambin Ontza (el Buho) el que se ha llevado
al nio. Marcos no sabe dnde lo guarda. Maana les dir dnde est.

Sali Marcos del chalet, y cruzando la huerta salt la tapia y
desapareci.

Tilly volvi a subir al balcn.

--Adnde va usted?--le dijeron.

--Voy a coger algo que he dejado ah.

Efectivamente; subi y baj con un gran legajo en la mano.

--Esto, que lo guarden--dijo a Aristy.

--Lo guardarn. Yo voy a tranquilizar un poco a la madre. Maana
buscaremos a Pachi Zarra, el Buho.

--Bueno, vamos--dijo Aviraneta.

Aviraneta, Tilly y Aristy volvieron a Chimista.

Al llegar al casero vieron al chiquillo que vena medio riendo, medio
llorando, en brazos de Grashi Erua. Lo haban encontrado en la cueva de
Lecebeltz, como haba indicado Aviraneta.

El marido de Fanchon traa preso a Pachi Zarra (el Buho), un viejo
con una anguarina parda, con el pelo y la barba blancos, que haban
encontrado en la cueva guardando al nio.

Dolores comenz a sollozar de alegra al ver a su hijo salvo, y
Margarita le acompa en su contento.

Aristy apostrof a Pachi Zarra y le dijo que se fuera, que no volviera
al pueblo, porque le metera en la crcel.

El Buho se march refunfuando.

Dolores di las gracias a Aviraneta con la mayor efusin, y los tres
hombres volvieron al pueblo. Al llegar a Gastizar, Tilly pidi el
grueso legajo que haba sacado del Chalet de las Hiedras. Se lo entreg
Ichteben y fu con l a la fonda.

Al da siguiente, antes de levantarse Aviraneta, Tilly entr en su
cuarto.

--Don Eugenio--dijo.

--Qu hay?

--Me voy. He encontrado un pequeo filn, y voy a ver si lo exploto.
Adis.

Cuando Aviraneta se levant Tilly haba desaparecido.




VI.

CHORIBIDE Y AVIRANETA


La noticia del robo del nio se extendi por el pueblo, y todos los
vecinos del barrio y de Ustariz creyeron unnimemente que eran las
damas del Chalet de las Hiedras las que haban dirigido esta mala
accin. Las simpatas por los Aristys, que estaban apagadas en la
aldea, se despertaron y fueron muchas personas las que estuvieron en
Gastizar a felicitar a madama Aristy por la salvacin de su nietecillo.
Madama Luxe escribi una carta de felicitacin y Miguel fu a visitarla
por encargo de su madre.

Madama Luxe, interrogada acerca del motivo que tena para haber roto
sus relaciones con Gastizar, habl del annimo que ella crea que le
haban enviado los Aristy.

Miguel lo ley framente; despus sinti tal indignacin al pensar que
la viuda se lo haba atribudo a l, que estuvo con ella tan severo que
la dej baada en lgrimas. Al da siguiente, madama Luxe acompaada
de Fernanda fu a Gastizar a explicarse con madama Aristy y a pedirle
perdn. Se qued de acuerdo en que eran las mujeres del Chalet de las
Hiedras las que haban escrito el annimo. Estas no salieron de casa
durante algunos das. Marcos el del molino se ocult tambin, e iba de
noche a ver a la Delfina, del Bazar de Pars, por la huerta.

Aviraneta supo estas noticias por Esteban Irisarri, el posadero de la
Veleta, que se las cont con profusin de detalles.

Una maana lea don Eugenio en el libro de Jomini la batalla de
Valmy, cuando entr Esteban a decirle que estaba el seor Choribide
preguntando por l.

--El seor Choribide! el jefe de los enemigos!--dijo Esteban Irisarri
con voz hueca.

--No le conozco--contest don Eugenio.

--Choribide! El amigo de esas viejas intrigantes del Chalet de las
Hiedras.

--Pregunta por m?--dijo Aviraneta.

--S.

--Que pase.

El posadero debi quedar asombrado de la serenidad de Aviraneta. Abri
la puerta y se present el viejo _muscadin_ elegante y currutaco.

--El seor de Aviraneta?--pregunt sonriendo.

--Soy yo. Pase usted y sintese usted.

Choribide entr, se sent en el borde de la silla, puso el sombrero
metido en el bastn y el bastn entre las piernas.

--Yo, seor--dijo,--me llamo Choribide, Gastn de Choribide. Soy vasco,
como usted. He llevado en mi juventud una vida un tanto irregular. Yo
no s si usted tendr ideas religiosas...

--Creo que no--repuso Aviraneta.

--Es usted de mi escuela. Si yo tuviera ideas religiosas dira que he
sido un gran pecador. No tenindolas, suelo decir que he sido un hombre
crapuloso y de vida poco honorable.

--No ser usted un tanto severo consigo mismo, seor
Choribide?--pregunt Aviraneta.

--No, no. Muchas gracias por su opinin. Me hago justicia. Ver
usted... Yo vivo bien dentro de mi modestia. No trabajo; no he
trabajado nunca.

--Se aburrir usted.

--No, no me aburro. Yo tengo un sobrino ex oficial de la Guardia Real,
Aquiles Rontignon. Rontignon tiene condiciones para agradar a una
mujer; es guapo y es tonto.

--Usted cree que la tontera...?

--Es indispensable. Yo haba pensado casar a Rontignon con una viuda
rica de aqu, madama Luxe. Como un teniente retirado no es bastante
para producir entusiasmos en una mujer rica por slo su posicin,
yo haba pensado adornar el pecho de Rontignon con una gran cruz
o buscarle un empleo. Aprovechando la estancia aqu de una seora
espaola, la condesa de Vejer...

--Que no es espaola ni condesa... salt Aviraneta.

--Cierto; pero hay que darla un nombre para sealarla.

--En Madrid se llamaba madama Carolina.

--Bien; me es igual; aprovechando la estancia aqu de madama Carolina,
me acerqu a ella y le dije que puesto que ella trabajaba para el
Gobierno espaol, yo le ayudara a cambio de que ella concediera a mi
sobrino un empleo, un cargo honorfico...

--Y ha trabajado usted para ella?

--S, habamos hecho un legajo con todos los datos necesarios para
remitirlo a Madrid, cuando las cosas se han torcido. Primeramente
Rontignon no ha sabido aprovechar su tontera ni tampoco su arrogancia
de hombre guapo, y madama Luxe lo ha rechazado; despus Tilly, ese
muchacho amigo de usted, un muchacho encantador, se apoder del legajo
formado por nosotros, y por ltimo, la sobrina de madama Carolina...

--Que no es su sobrina...

--Cierto. Simona Busquet ha intervenido en esta cuestin, y con sus
odios y su genio vengativo ha hecho que roben al nieto de madama de
Aristy. Esta barbaridad ahora me la atribuyen a m, y me molesta. Ese
no es mi gnero. No me ha gustado nunca el melodrama. La alta comedia,
quizs; el melodrama, nunca. Por estas razones voy a dejar la partida.

--Va usted a dejarla?

--S.

--Yo no puedo vivir aqu ya. El pobre Garat no se encuentra en estado
de recibir a los amigos. Madama Aristy est indignada, porque cree que
yo he indicado que roben a su nieto, cosa absurda. Voy a ir a Bayona,
pero antes le voy a pedir a usted un favor.

--Usted dir.

--Yo he venido a verle a usted, porque he comprendido que es usted
un hombre fuerte. Me ha recordado usted a su excelencia el duque de
Otranto.

Aviraneta sinti un movimiento de alegra.

--Ha conocido usted a Fouch?--pregunt.

--S; he estado a su servicio. Tiene usted el mismo aire de penetracin
que l. Ahora, que quizs usted no pueda poner sus facultades al
servicio del Estado. Hay pases que desperdician su gente.

Choribide haba dado dos golpes buenos en la coraza de indiferencia de
Aviraneta, uno comparndole con Fouch, el otro suponiendo que no se le
comprenda.

--Y qu servicio quera usted de mi, seor Choribide?--pregunt.

--Le dir a usted. Actualmente mi sobrino Rontignon sencillamente me
estorba. Si lo hubiera casado con madama Luxe, yo hubiera sido su
administrador; pero no ha sido bastante hbil para enamorar a la viuda.
Ahora quiero desprenderme de l, y como ha aparecido como un realista
que ha mandado informes al Gobierno espaol por intermedio de esas
damas del Chalet de las Hiedras, he pensado hacer valer esos servicios
y su calidad de ex teniente de la Guardia Real para pedir para l un
destino en Espaa. Usted, que seguramente sabr cmo se hace esto, no
podra escribirme una solicitud en espaol?

--S; lo har.

--Ahora mismo?

--S; ahora mismo.

Aviraneta escribi un borrador de solicitud y lo entreg para que lo
copiase Choribide.

Al terminar, Choribide di las gracias a Aviraneta y murmur
efusivamente:

--Cmo nos desperdician, mi querido seor!

Y haciendo una reverencia llena de respeto y de gracia, completamente
siglo XVIII, Choribide se retir y sali de la Veleta.




                             LIBRO TERCERO

                           EL DIARIO DE LACY




I.

EL SOADOR


EUSEBIO de Lacy escribi con detalles su vida en los das que dur
la expedicin de los liberales en la frontera. Lacy esperaba una
lucha ms brillante, ms intensa. En su diario se le ve, a pesar
suyo, desencantado y triste. Su espritu de soador y de poeta
se representaba la realidad como algo ms fuerte, ms noble, ms
extraordinario.

Lacy tena un entusiasmo todava latente por los militares y por la
guerra. Concebido en poca de grandes batallas, su infancia se haba
arrullado con la msica estridente de las trompetas y de los tambores.
Ms tarde haba sido educado en colegios con hijos de militares
franceses del Imperio, todos estremecidos y pasmados de asombro ante
las glorias ms o menos inventadas de Napolen y de su ejrcito.

Eusebio pensaba en su padre, y se lo figuraba como le haba visto en
los retratos y en las estampas, vestido de general, con el pecho lleno
de cruces ganadas en los campos de batalla, el rostro fiero, la mirada
relampagueante y la mano en la empuadura de la espada.

Despus de los aos de colegio en Francia y en Espaa, Eusebio haba
vivido en Quimper, en casa de su madre, en un ambiente pesado,
lnguido, de un pueblo bretn oscuro, en una sociedad levtica de
comerciantes y de armadores, dirigida por realistas y por curas.

Era aquella poca de la Restauracin, una poca de luchas ardientes
en que el monarquismo y el jesuitismo se aprestaban al combate contra
las ideas revolucionarias con todas las armas; las misiones religiosas
se esparcan por las ciudades y por los campos, Francia entera estaba
llena de oradores elocuentes que predicaban el arrepentimiento de
las locuras pasadas. Los misioneros quemaban en las plazas pblicas
los libros de Voltaire y los tomos de la Enciclopedia, las familias
enviaban sus hijos a los colegios de jesutas, las autoridades
obedecan servilmente a las Congregaciones y todo se consegua con
intrigas. Por entonces se hablaba de los monstruos del 93 y del ogro de
Crcega.

Durante este tiempo, Eusebio haba adorado la gloria y el ejrcito,
slo por la gloria y por contraposicin a las ideas y prcticas
clericales que trataban de imbuirle. Despus fu llegando hasta l,
cada vez con ms intensidad, la influencia liberal, y reaccionando
contra sus sueos militares, lleg a mirar a Napolen como un
ambicioso, antihumano y repugnante, y a sus mariscales como una tropa
de brutos miserables dedicados nicamente a la petulancia y al robo.

Lacy crey haber matado su entusiasmo de gloria y haberlo sustitudo
por el ideal ms severo de la libertad; pero por debajo de ste se
transparentaban sus sueos de ambicin militar.

En su diario se ve que estos sueos pierden su brillo y decaen las
ilusiones de Lacy.




II.

LA ENTRADA EN ESPAA


                                        _Aoa, 15 de Octubre de 1830._

EL 14 de Octubre por la maana sal de Bayona, camino de la frontera,
con la tropa mandada por Valds. Al atravesar la ciudad estuvo a punto
de ocurrir un encuentro entre nuestra gente y la de Mina.

Cualquiera al oir a los nuestros hubiera dicho que iban a ser unos
hroes; pero no se han portado heroicamente, sino todo lo contrario.

La fuerza de Valds vena dividida en cuatro compaas: una de
extranjeros, mandada por don Francisco Mancha; otra de vascos,
semi-independiente, la partida de Legua; otra de navarros y
aragoneses, a las rdenes de Malpica, y un grupo de oficiales al frente
del cual va Lpez Campillo.

Estas compaas se han formado con ochenta o cien hombres y cada una
tiene sus oficiales y sus sargentos. Los soldados ganan treinta y cinco
suses, o sean siete reales diarios.

Yo voy de ayudante del coronel Valds, y Ochoa, con el mismo cargo, a
las rdenes de Campillo.

Llevamos algunos soldados muy buenos y otros muy malos. Las tropas
vascas y las navarras son las mejores, conocen el pas y se encuentran
entre los suyos; las extranjeras son las peores; estn, naturalmente,
formadas por lo ms perdido de cada casa.

No se ha podido contar con los oficiales franceses liberales, porque el
Gobierno de Julio los ha aceptado a todos en las filas del ejrcito.

Descontados stos que hubieran sido tiles, los que han quedado en
nuestras filas son aventureros, gente de presidio ms que militares.

Ya a primera vista salta la poca unidad espiritual de esta tropa. Entre
los extranjeros hay la ms completa diversidad de tipos y de actitudes,
se ven hombres que tienen el aire nrtico de un noruego, gentes
rubias de cabeza pequea y ojos azules, al lado de otros que parecen
italianos del medioda con el pelo crespo, los ojos negros y la mirada
viva. Hay una gran variedad en la expresin de los unos y de los otros;
ste tiene rasgos de energa, el otro de astucia, el de ms all de
cobarda y de cinismo.

En cambio, entre los vascos de Legua hay tal unidad en la expresin,
que parecen todos de la misma familia, y slo fijndose en ellos, uno
a uno, se advierte que no se parecen en los rasgos de la fisonoma. En
todos ellos se ve una mezcla de audacia y de atencin; ms que soldados
parecen cazadores que van a un ojeo.

Entre los extranjeros hay algunos muy curiosos. Uno de ellos es el
guardabosque de Ustariz, amigo de Malpica.

Este hombre, a quien todos llamamos el to Juan, no se queja de nada,
todo le parece bien. Es un estoico. Le suele acompaar un asistente del
intendente Darracq, que vive en Ustariz y que se llama Al.

El to Juan y Al van siempre juntos, animando a los dems.

Otro tipo extrao es un muchacho ingls que vino a Bayona de San
Sebastin con Tilly. Como no conocemos su nombre y por lo que
parece no quiere decirlo, le llamamos el Inglesito. El Inglesito
se ha incorporado a nuestra pequea legin extranjera de una manera
aristocrtica e individualista; lleva dos criados a su servicio y una
tienda de campaa. Siempre le vemos correctamente vestido, recin
afeitado. El ingls ste parece una estatua griega por su expresin
fra y acadmica. Tiene el aire de un hombre rico, su traje es
irreprochable y sus cuellos y sus puos estn siempre limpios y sus
zapatos recin barnizados, como si fuera a pasear a Hyde Park.

El Inglesito ha hablado con Mancha, el jefe de nuestra legin
extranjera; no parece que quiere tener relacin con nosotros y ha
debido poner sus condiciones; nosotros, yo por mi parte, estamos
dispuestos a respetar su reserva y a no ocuparnos de l.


                                                  _Urdax, 16 Octubre._

La salida de Bayona fu para m completamente inesperada. El da 13
me llam Valds, y me dijo que haba sabido que los dos Gobiernos, el
de Luis Felipe y el de Fernando, haban hecho un convenio, y que no
tenamos otra solucin que adelantarnos o abandonar la empresa. El se
lanzaba dispuesto a todo, y al da siguiente al amanecer saldramos
camino de la frontera. Se dieron las rdenes necesarias para la marcha,
y salimos de Bayona.

Iban con nosotros Chapalangarra y Mndez Vigo. El 14 llegamos a Saint
Pee. Yo dorm en el Castillo de los Brujos de este pueblo. Salimos de
all y al llegar a la frontera entre Aoa y Dancharinea, Chapalangarra
y el general Mndez Vigo se despidieron de nosotros el uno para ir a
San Juan del Pie del Puerto, el otro a Maulen.

Hoy por la maana hemos llegado a Urdax. Nos hemos apoderado del punto
avanzado que abandonaron los tercios y de las armas que haba aqu
guardadas. Llevbamos una proclama, suscrita por varios jefes, dirigida
al ejrcito espaol, invitndole a imitar al francs, pasndose a
nuestra bandera y a librar a la patria del yugo que la oprime. Se han
dado vivas a la libertad y a la Constitucin, y se han montado dos
piezas pequeas de campaa que encontramos en el puesto avanzado.

Como nos preocupa la cuestin de la alimentacin, se han mandado
agentes a comprar vveres a los pueblos de alrededor.

Estoy deseando entrar en fuego.


                                           _Zugarramurdi, 17 Octubre._

Esta maana hemos dejado en Urdax a Campillo y a Malpica y hemos
salido con las dos compaas, la de Legua y la de Mancha, camino de
Zugarramurdi.

La razn principal de la marcha es la cuestin de las subsistencias,
que no hay modo de resolverla en un pueblo pequeo en donde escasea
todo.

Zugarramurdi est muy cerca de Urdax, a una media legua prximamente.
Es una aldea que se encuentra en la falda de Peaplata en la vertiente
de Francia.

Al acercarnos al pueblo han ido nuestras dos columnas separadas,
flanqueando el monte.

En las lomas haba unos grupos de tercios realistas que nos han
recibido a tiros.

En este pequeo encuentro nuestros extranjeros mandados por Mancha se
han portado de una manera vergonzosa. Muchos a las primeras descargas
tiraban el fusil y corran a internarse en territorio francs.

Algunos, por lo que nos han dicho, han entrado en Sara, y la gente,
indignada por su cobarda, les ha recibido a pedradas. Ha habido quien
ha llegado corriendo hasta Bayona.

Unicamente el to Juan, Al, el Inglesito y algunos otros han dejado
bien puesto el pabelln.

Afortunadamente, la partida de Legua al oir los primeros tiros corri
hacia el pueblo y se apoder de l. Yo cre que los realistas se
defenderan en las calles; pero no; han abandonado la aldea sin pelear.

Ahora es de noche. A la luz de la luna veo la torre de la iglesia de
Zugarramurdi, blanca, y unos cipreses del pequeo cementerio que la
rodea.


                                                   _Vera, 18 Octubre._

Ayer en Zugarramurdi. Valds, Legua, Mancha, Campillo y Malpica,
discutieron lo que haba que hacer. De todos ellos el menos culto, pero
el ms inteligente, es Legua.

Valds es un castellano de cabeza dura, de continente altivo y
soberbio; no tiene flexibilidad, discurre por frases. A pesar de su
cerrazn es simptico; tiene una cara noble, un poco alargada, y los
ojos claros.

Si a m me preguntaran quin deba mandar nuestras fuerzas, dira que
Legua.

Valds y Legua discuten sobre el mapa de Navarra. Legua es partidario
de ocupar Vera; Valds no quiere.

Los informes de los caseros son que Juanito el de la Rochapea va a
entrar en Vera con sus tercios realistas y los carabineros. Legua
opina que sera conveniente ocupar Vera y avisar a Mina para que pasase
en seguida a Espaa. A Valds no le agrada la colaboracin con Mina.

Despus de discutir largo rato se ha resuelto que Legua con su partida
vaya a Vera.

--Usted no ataque--le ha encargado Valds delante de m.--La cuestin
es ver qu disposiciones tienen las tropas realistas para nosotros.
Si ataca usted va a decir Mina que somos unos locos, y si fracasa la
expedicin asegurar que es nuestra la culpa.

--Quiere usted que vaya con l, mi general?--le he dicho a Valds.

--S; vaya usted.

--Quizs quiera venir conmigo Ochoa.

--Que vaya.

El Inglesito al enterarse ha pedido tambin venir con nosotros.

Legua ha llamado a sus sargentos y ha dado la orden de que para las
dos de la maana est la partida formada en la plaza. Legua, Ochoa,
el Inglesito y yo vamos a caballo. Llevamos una pieza de artillera
montada en un mulo.

A las dos y media la columna se ha puesto en movimiento. La noche
estaba oscura; hemos pasado por una calle con casas hermosas, grandes,
hemos salido del pueblo y cruzado por delante de la cueva de las brujas
y por el Arroyo del Infierno, despus hemos seguido a campo traviesa
hasta descansar, al amanecer, en unos caseros de Sara.

A nuestra espalda dejbamos Zugarramurdi sobre el promontorio de
Peaplata, que entra en la tierra llana de Francia. Bajo el cielo gris
se vea un pueblecillo, Sara, y ms lejos, vagamente el mar.

Despus de tomar el almuerzo hemos seguido adelante, bordeando el monte
Labiaga, por unos robledales que el otoo ha dejado rojizos. El suelo
est cubierto de hojas doradas. Es poca de pasa, y por el cielo cruzan
pjaros de todos colores...

       *       *       *       *       *

En esto, una de las lomas lejanas se llena de siluetas de hombres que
comienzan a hacer fuego sobre nuestra partida.

Por lo que hemos sabido despus, el teniente realista D. Miguel de
Sagastibelza, comandante del puesto avanzado, ha destacado contra
nosotros una columna formada por doscientos veinte hombres del 13 de
lnea, ciento cincuenta voluntarios realistas procedentes de Burguete,
y trescientos soldados del batalln de tercios del Baztn.

Legua manda desplegar en guerrilla a su gente y se contesta al fuego.
Despus de una ligera escaramuza las fuerzas enemigas se han retirado.

Es que estn, como dicen algunos, por nosotros y no esperan ms que
una ocasin favorable para pronunciarse en nuestro favor?

No lo s; pero as lo parece.

Con la fuerza de que disponen podan, sin duda alguna, habernos hecho
retroceder y obligarnos a meternos en Francia.

       *       *       *       *       *

A las doce de la maana llegamos a una caada, desde donde divisamos
Vera en el fondo de un valle. Vamos avanzando a caballo Legua, Ochoa,
el Inglesito y yo.

De pronto Legua se detiene.

--Ve usted--me dice--ese monte que est a un lado del pueblo con
varios caseros?

--S.

--Se llama Santa Brbara. En la falda, en un repecho hacia el ro que
est all--y seala un barranco,--hay una casa fuerte, la Casherna, y
en la misma falda, al acercarse al valle por el lado ms prximo a
nosotros, hay un convento, el convento de Eztegara. La Casherna y el
convento probablemente estarn ocupados por los carabineros.

--Y qu tenemos que hacer?--he preguntado yo.

--Dividiremos la fuerza. Usted con Antula, que es mi segundo, y con
cincuenta hombres, se presentar delante de la Casherna e intentar
parlamentar con la pequea guarnicin. Que se rinden?, entonces
mandar usted un hombre al casero aquel que se llama Lecueder y
agitar un pauelo blanco. Que no se rinden?, el hombre agitar un
pauelo rojo y yo me acercar a Casherna.

--Est bien. Vamos a la segunda parte. Si se rinden los del fuerte qu
hacemos?--he preguntado yo.

--Si se rinden, deja usted diez o doce hombres en la Casherna y se van
ustedes acercando al convento de Eztegara. Yo estar al comienzo de
este barrio, que es el barrio de Alzate, y esperar subido sobre uno de
estos montes a ver lo que ustedes hacen y cundo llegan. Si veo que ha
tenido usted xito, me presentar delante del convento e intimar la
rendicin. Usted entonces se acercar con su gente.

--Creo que estamos entendidos.

Legua habla en vascuence con Antula, le hace algunas recomendaciones
y nos separamos los dos grupos. Legua toma por la derecha a coger el
camino de San Juan de Luz a Vera; yo, acompaado de el Inglesito, de
Antula y de unos cincuenta hombres, cruzo un barranco y avanzo por la
falda de Santa Brbara.

Antula, el segundo de Legua, es un hombre rojo, con las pupilas azules
brillantes, las cejas y las pestaas doradas y la melena hasta los
hombros. Viste un capisayo corto atado con unas cuerdas y tiene un aire
salvaje y fiero. Detrs de l marcha un perro, tan parecido al amo en
el aspecto sombro, que se ve que est identificado con l. Mientras
vamos andando por el monte, Antula no me dice nada; pero al divisar la
casa fuerte me grita, hablndome de t:

--Baja!

--No, no--exclamo yo, y sigo a caballo.

El Inglesito hace lo mismo.

Nos aproximamos a una casa vieja, aspillerada, que en el pueblo llaman
la Casherna. Antula vuelve a decirme:

--Baja!--pero yo sigo adelante a caballo y el Inglesito tambin.

Al acercarnos a la casa fuerte nos encontramos con un piquete de
realistas formado por unos treinta hombres. Yo, poniendo en prensa mi
cerebro, les dirijo una arenga hablndoles de la libertad.

Los soldados de la Casherna se consultan, vacilan y dicen que se
rendirn a condicin de que les dejen marcharse cada cual adonde quiera.

Acepto su proposicin y los soldados se van.

El Inglesito me da la mano gravemente. Ocupado el viejo cuartel,
llamado la Casherna, y un pequeo fortn que hay ms abajo, hacemos
la sea desde Lecueder a Legua y nos dirigimos hacia el convento de
capuchinos de Eztegara.

Este convento es un edificio no muy grande, con capilla, cementerio
adosado a ella, vivienda para los frailes y algunos almacenes y
corrales de ganado.

Por las reglas de la Orden el tal convento deba ser un eremitorio
de forma humilde y pobre, la iglesia pequea y estrecha, la vivienda
msera y slo capaz para ocho a doce frailes con el superior; pero
actualmente los frailes no llevan una vida humilde, ni mucho menos.
Est fundado el convento de Vera en 1741. Tiene exteriormente una
muralla de ronda que rodea el rectngulo de sus campos, que por
dos de sus lados est limitado por los arroyos Lamiocingo-Erreca y
Convetuco-Erreca.

Antula, el Inglesito y yo nos acercamos al convento y entramos en un
casero que se llama Botinea. Desde los agujeros del pajar veo la
huerta del convento, sus campos de maz, sus filas de perales y de
manzanos, el pozo y dos grandes nsperos que hay delante de la capilla.

El convento tiene todas sus puertas y ventanas cerradas.

Los carabineros, en nmero de trescientos, se han encerrado ah con
su jefe D. Claudio Ichazo. Con ellos estn los capuchinos armados
y algunos voluntarios realistas. Deben hallarse todos emboscados o
parapetados, porque no se les ve.

Al acercarse Fermn Legua al convento ha comenzado desde las ventanas
el fuego graneado. Antula y yo hemos distribudo la gente en Botinea
para contestar al fuego desde los agujeros del pajar.

En esto en una ventana del convento ha aparecido una bandera blanca.

Legua ha mandado a Ochoa a los carabineros como parlamentario, y en
vista de que no ha habido acuerdo se han reanudado las hostilidades.

Legua ha mandado preparar y cargar el can; dos artilleros lo
han colocado delante del portillo de la huerta del convento, a una
distancia de treinta o cuarenta varas y han hecho fuego suprimiendo el
obstculo.

No se ha podido pasar, porque detrs haba una barricada formada con
maderas y con carros, que se ha deshecho de nuevo a caonazos.

Hemos entrado en la huerta del convento y en la parte de vivienda de
los frailes. Los carabineros se han encerrado en la iglesia. Parece que
no tienen municiones, pero no quieren rendirse.

Al poco rato, nueva bandera de parlamento aparece en el tejado de la
iglesia.

Qu hacemos? Un guerrillero de los que se han quedado en la Casherna
viene diciendo que en el camino de Echalar han aparecido fuerzas del
batalln de realistas nmero 10. Son dos compaas que manda el capitn
D. Teodoro Carmona.

Qu hacemos?, nos hemos vuelto a preguntar. No hay ms remedio que
retirarse.

Se manda aviso a los de la Casherna para que vengan al convento a
emprender la vuelta a Zugarramurdi.

--Por dnde vamos?--pregunta Antula a Legua,--hacia Oleta?

--No, no; a Zugarramurdi.

Quedamos de acuerdo en fingir que no nos retiramos, y vamos por el
barrio de Illecueta a coger el camino de Zugarramurdi. En el alto
de Lizuaga se prepara la comida. Se enciende fuego y se hierve en
cuatro calderos grandes habas secas con tocino. Yo como con gusto y el
Inglesito mismo no hace melindres.

El postre nos lo da un pelotn de voluntarios realistas mandados por
Carmona, que empieza a hacernos fuego.

Antula con algunos de sus hombres se lanza sobre ellos y los dispersa y
los persigue de risco en risco.

--Qu tipo este Antula!--le digo a Legua.

--S, es un gran tipo.

--Lo conoce usted desde hace mucho tiempo?

--S; desde hace mucho tiempo. Que, le interesa a usted?

--S.

--Ya le contar a usted su vida ms tarde.

Por la noche entramos de nuevo en Zugarramurdi, y Legua explica
a Valds los detalles de la expedicin, que no ha tenido ningn
resultado.




III.

EL LEADOR DE ANTULA


                            _Zugarramurdi, 19 Octubre; por la maana._

ESCRIBO en la cocina de la posada, a la luz de un candil. Est
apuntando el da, un da turbio, hmedo y triste. Hemos estado largo
tiempo despus de cenar, fumando, bebiendo y contando historias a la
luz de la lumbre.

El Inglesito se nos ha reunido. Campillo, Malpica, Mancha y Legua han
contado las suyas; la que ms me ha interesado, porque se refiere a
un tipo como Antula que acabo de conocer, ha sido la de Legua. Voy a
transcribir su narracin, no exactamente, porque el guerrillero navarro
ha hecho una porcin de divagaciones al contarla:

--La vida de Antula--ha dicho D. Fermn--est unida con la ma. Yo
he nacido en Vera del Bidasoa, en Febrero de 1787, en el casero que
se llama Landaburuchipia. Esta casa era de mis abuelos maternos,
Norberto de Fagoaga y Mariana de Alzate. Tena veintin aos cuando los
franceses entraron en Espaa: no saba escribir y apenas saba leer. El
oir los desmanes que hacan los franceses en nuestro pas me impuls a
echarme al monte, y con Antula, que era un muchacho salvaje, leador
de un casero del monte Larrun y cazador de jabales, me reun al
cabecilla Belza que operaba en las orillas del Bidasoa... No llegamos
ms que a intranquilizar al enemigo con alguna que otra correra de
poca importancia. En un viaje que hicimos a Guipzcoa, Antula y yo a
recoger caballos, los franceses nos cortaron la comunicacin con Belza
y tuvimos que pasarnos a Vizcaya y a Santander. All tomamos parte con
unos estudiantes en la accin de Santoa. Los estudiantes se batan sin
orden ni tctica. En un encuentro que tuvimos en Santander el 17 de
Julio de 1808 a Antula y a m nos cogieron prisioneros y nos llevaron
al Castillo Viejo de Bayona. Estuvimos presos setenta y cinco das, y
el 2 de Octubre nos escabullimos l y yo, entramos en Espaa y nos
presentamos a la partida de Mina el Estudiante, que se llamaba el Corso
terrestre. Mina haba preparado el levantamiento de Navarra; en esta
poca varios generales franceses a las rdenes de Suchet, entre ellos
el navarro Harispe, le perseguan. Javier Mina tuvo que esconderse;
y como era hombre de muchos arrestos sola meterse en los pueblos
ocupados por el enemigo, y presenci, vestido de aldeano entre un
grupo de campesinos, el paso del general Suchet que iba de Zaragoza a
Pamplona. En un pueblo que llaman Labiano, del valle de Aranguren, se
nos ech encima una columna de tres mil hombres, e hirieron y cogieron
prisionero a Javier Mina. La prisin de Mina produjo un desorden grande
en sus fuerzas. Haba por entonces tres partidas ms en Navarra: la de
Echeverra, el carnicero de Corella; la de Sdaba, y la del Pelado. Ni
a Antula ni a m nos gustaba reunirnos con esta gente de la Ribera, con
quien no podamos entendernos bien.

Estbamos vacilando, cuando apareci el to de Mina, D. Francisco
Espoz, mandando una partida con los restos de la de Javier Mina. Iban
con l Mal Alma, el Chiquito de Tafalla, Tomasito el de Azcrate y
otros.

Don Francisco tuvo diferencias con los dems jefes, y cuando logr
afirmar su autoridad, una de las cosas que exigi de sus soldados fu
que se cortaran el pelo al rape, quedando el slo con el pelo largo en
seal de superioridad y de mando.

Antula era hombre orgulloso, y dijo:

--No me da la gana. Si se corta l el pelo me lo cortar yo tambin, si
no, no.

Y dej la partida y se march con su perro. Yo qued con Mina. Al
dividir ste su fuerza en tres batallones me hicieron a m sargento del
tercer batalln de Voluntarios de Navarra que mandaba D. Lucas Gorriz y
del que era oficial Laquidain.

En este batalln tom parte en la accin de Monreal, donde me hirieron
en la pierna derecha, y en las de Tafalla, Lern, valle de Ulzama y
otras muchas.

Estbamos en Villarreal de Guipzcoa, me haba yo apoderado de varios
caballos de los franceses, y el general Mina, en vista de la maa que
me daba, me dijo en vascuence:

--Legua.

--Qu?

--T preferiras andar suelto por tu pas, verdad?

--S.

--Bueno; pues escoge quince hombres y vete a la frontera de Francia, a
la parte de las Cinco Villas, y te quedas all de observacin. Todos
los caballos que cojas nos vendrn muy bien.

Escog mis hombres y me vine aqu. Estaba entonces incorporado al
cuarto batalln ligero de Navarra. Al poco tiempo se me presentaron
varios jvenes, amigos, de los caseros inmediatos, que algunos todava
estn conmigo: Martn Belarra, Erauste, Mendigorri y el leador de
Antula con su hermano.

Antula segua tan salvaje, con sus pelos largos, su capucha, un hacha
en el cinto y su perro al lado.

--Antula guizon fierra da--se deca.

(Antula es hombre orgulloso.)

Nuestra partida daba que hacer. Nos dedicbamos principalmente a quitar
caballos a los franceses. En poco tiempo les cogimos en la orilla del
Bidasoa ms de cien caballos y les hicimos muchos prisioneros. Luego
nos apoderamos del castillo de Fuenterraba...; pero esto es captulo
aparte--dijo el guerrillero.

Con nuestras gatadas, el jefe de la Polica francesa de San Sebastin
y el inspector de Irn estaban ojo avizor. Se pusieron de acuerdo con
un capitn de la gendarmera para acabar con mi partida. Emplearon
todos los medios de seduccin. Haban puesto mi cabeza a precio y al
mismo tiempo me mandaban recados para que me pasara a su bando. Una
de las cosas que hicieron fu mandar a dos muchachas, que engatusaron
al hermano de Antula y a otro mozo de mi partida y les citaron en un
casero de Sara. Cuando fueron los mozos los gendarmes los rodearon y
los fusilaron.

Antula, que quera a su hermano, se hizo ms fiero y ms vengativo.

Un da el superior de este convento, en donde hemos estado hoy, el
padre Romualdo, nos cit a Antula, a Martn Belarra y a m; dijo que
tena que hablarnos.

La suerte hizo que confundiramos la hora de la cita, y en vez de
llegar al convento a las doce de la noche en punto nos presentramos
a las once. El portero nos abri y pasamos. Entramos en el campo de
delante de la iglesia, nos asomamos al claustro y vimos al prior
hablando con diez o doce gendarmes.

--Son los gendarmes--me dijo Antula.--Estamos perdidos.

Retrocedimos rpidamente y salimos al patio.

Los gendarmes se dieron cuenta y avanzaron contra nosotros en la
oscuridad; Martn Belarra llevaba el fusil, yo tena pistolas. Fuego!,
le dije.

Disparamos los dos. Ellos nos contestaron con una descarga. Mientras
tanto, Antula rompa la puerta de unos cuantos hachazos y nos
escapbamos.

Sabamos a qu atenernos respecto a los capuchinos de Vera. Estaban en
relacin con los franceses. Entre los frailes y los curas de entonces
haba unos muy patriotas que se haban lanzado al campo; otros,
afrancesados, decan que lo mismo daba Bonaparte que Borbn.

Esta gente no se preocupaba, como nosotros, principalmente del inters
patritico, sino del inters de la religin. Sobre todo los frailes
que haban quedado en las zonas ocupadas por los imperiales eran en su
mayora afrancesados.

Despus de la emboscada que nos prepararon los capuchinos de Vera,
temiendo las represalias el padre Romualdo reforz la guardia del
convento y llev un retn de gendarmera.

El superior, ya desenmascarado, se puso claramente contra nosotros, e
hizo que el dueo del casero donde viva Antula echara de casa a la
familia.

Mi partida fu a protegerla con la intencin de llevarla a un casero
de aqu, de Zugarramurdi; pero al pasar por Peaplata, por la parte
que llaman de las Tres Mugas, nos atacaron los gendarmes, y una bala
perdida fu a dar en el hijo de Antula, que tendra dos o tres aos, y
lo mat en los brazos de su madre. Despus los gendarmes entraron en el
casero de Antula, sacaron los pobres trastos al campo y les pegaron
fuego.

La desesperacin volvi loco al leador, que se hizo ms sombro que
nunca. La gente le tena espanto. Todo el mundo se echaba a temblar
cuando le vea, seguido de su perro, con sus ojos claros y brillantes,
sus cejas rojas, su capisayo pardo y el hacha al cinto.

Tena tal odio a los frailes, que si encontraba alguno en el camino
sin ms explicaciones le daba una paliza terrible. Al perro le pasaba
lo mismo: siempre que vea un fraile se echaba sobre l y Antula le
azuzaba.

Un da, despus de la batalla de San Marcial, siendo yo teniente y
Antula sargento, nos encontramos al padre Romualdo en una venta de
Echalar en compaa de un oficial ingls y de un militar del Cuerpo del
general Longa.

El padre Romualdo cant la palinodia, y como tena una mala idea de
nosotros nos ofreci dinero.

--Ya s que te perjudicaron los gendarmes quemndote los trastos de
la casa--le dijo a Antula;--pues bien, para que no te quejes te voy a
dar dos mil pesetas. Estamos de acuerdo? Y t me firmars un recibo
dicindome que no te debo nada.

Antula callaba.

--Ser tan vil para aceptar?--pensaba yo.

El padre Romualdo escribi un recibo.

--Firma--indic;--te dar dos mil pesetas por la casa y quinientas por
tu hijo.

Oir esto Antula y sacar el hacha del cinto, todo fu uno. Rpidamente
levant el arma en el aire y se oy un grito terrible. Haba cortado al
fraile el brazo derecho por la mueca.

Se asisti al mutilado y se busc a Antula, que haba desaparecido con
su perro.

Al terminar su narracin, Legua bebi de un trago el vaso de
aguardiente y murmur:

--Bueno, seores; vamos a dormir un rato.

Y yo me tend en un jergn con los pies hacia el fuego, pensando en
aquel terrible Antula de los ojos brillantes y de las cejas rojas.




IV.

ATAQUE DE JUANITO


                                           _Zugarramurdi, 20 Octubre._

JUANITO el de Rochapea conociendo nuestra posicin en esta aldea de
Zugarramurdi, se ha presentado por la maana a atacarnos con unos mil
quinientos a dos mil hombres.

Juanito ha formado tres columnas: una al mando de Carmona, otra al de
Sagastibelza y otra al suyo inmediato.

Nosotros no llegamos a cuatrocientos hombres. Parte de nuestra gente
ha salido del pueblo a ocupar los altos, asegurndonos de antemano la
retirada a Francia.

En el casco del pueblo y en la iglesia hemos quedado Valds, Mancha,
Malpica y yo con ellos, con cien hombres, la mayora extranjeros, a
los cuales al parecer no se les considera muy seguros: la gente de
Campillo ha ocupado un robledal inmediato, y la partida de Legua, en
la que se tiene completa confianza, ha evolucionado por los alrededores.

A las diez de la maana han roto el fuego las guerrillas enemigas. Su
objeto era rodearnos, pero no lo han podido conseguir. A pesar de la
superioridad de las fuerzas realistas no han realizado sus planes.

Los tres grupos de nuestra gente han rechazado al enemigo en todas sus
acometidas. Campillo ha maniobrado alrededor de un robledal con gran
pericia de guerrillero.

Entre los nuestros ha habido un francs prisionero, ocho hombres
muertos y varios desaparecidos. Entre los realistas supongo yo que
habrn tenido las mismas bajas, quizs algunas ms.

Este pequeo xito no ha servido para animar a nuestra gente. No se
nos une nadie; no tenemos vveres ni municiones. Si sigue as, no cabe
duda, la expedicin va a ser un fracaso...




V.

CHAPALANGARRA


                                           _Zugarramurdi, 21 Octubre._

HOY hemos sabido el final desastroso de Chapalangarra en Valcarlos.
Fiado en su gloria de guerrillero y en el influjo que crea tener entre
sus paisanos, supuso, como muchos de los nuestros, que bastaba su
presencia para arrastrar a los amigos y hasta a los enemigos.

Al despedirse de nosotros, cerca de Dancharinea, Chapalangarra con
algunos de los suyos fu a San Juan del Pie del Puerto. Llevaba a
sus rdenes, segn me han dicho, ciento cincuenta hombres. De stos,
unos cien eran aventureros franceses, casi todos parisienses, gente
levantisca y poco disciplinada. Entre los espaoles iba una partida
que haba reclutado D. Joaqun Cayuela con elementos heterogneos, y
algunos curiosos como el poeta Espronceda.

De Pablo abandon San Juan del Pie del Puerto de noche y avanz con
toda su gente hasta Arnegui, aldea que tiene una parte espaola y otra
francesa divididas por un riachuelo.

En Arnegui dej los cien parisienses en un grupo de casas prximo a
la carretera llamado Ventaberri, para tener, en caso de necesidad, la
salida libre a Francia.

Hecho esto, l con un grupo de quince hombres a caballo avanz haca
Valcarlos. Valcarlos, en vasco Luzaide, se encuentra en un valle
estrecho al descender el Pirineo a la llanura de Francia.

El valle de Valcarlos es el final del Barranco de Roncesvalles, que
comienza en su parte ms alta cerca del santuario de este nombre y
termina en Arnegui. Por esta garganta pasa el camino real que va de
Burguete a San Juan del Pie del Puerto, y por su parte baja corre un
riachuelo que contribuye a formar el Nive.

Chapalangarra al llegar a Valcarlos se instal en la posada y comenz a
dar disposiciones para defender el pueblo.

Cuando llegaron los hombres de la partida de Cayuela y los dems
espaoles, tenan ya preparado el alojamiento en las casas cerca de la
iglesia.

Mand Chapalangarra traer materiales para cerrar la entrada de la aldea
por el lado de Roncesvalles; pero como no haba tiles ni herramientas
no se pudo hacer nada.

Al da siguiente por la maana al levantarse el caudillo supo que
acababa de llegar un leador con la noticia al pueblo de que por la
carretera iban acercndose grupos numerosos de tropas realistas.

Estas tropas, salidas de Burguete, se hallaban formadas por el
regimiento de Infantera 6. de ligeros, por el batalln de Voluntarios
realistas nmero 10 al mando del oficial D. Francisco Benito Eraso,
comandante del cantn de Roncesvalles, y por una compaa de
Voluntarios de Navarra.

No haba tiempo de fortificar la villa. Eran, adems, muchas fuerzas
las que llegaban para que Chapalangarra intentara oponerse a ellas con
un puado de hombres.

No haba ms remedio que retirarse y volver a Francia, y esa fu la
opinin de los liberales que acompaaban al jefe; pero Chapalangarra
exaltado por su patriotismo y por su orgullo, crey que una retirada
tan inmediata era una vergenza y un oprobio.

--Dejadme a m hablarles primero--exclam.--Son espaoles y me oirn.

Y sin hacer caso de observaciones mont a caballo y avanz al encuentro
de la primera patrulla de realistas.

Estos, al verle y al oirle, quedaron inmviles, sorprendidos y
admirados.

--Navarros--grit el caudillo con voz sonora.--Yo soy de Pablo,
Chapalangarra; vuestro amigo, vuestro paisano. Vengo a sacar a la
patria de la ignominia en que se encuentra. Gritad conmigo: Viva
Espaa! Viva la libertad!

Los realistas verdaderamente absortos no salan de su admiracin al ver
a aquel loco que se les presentaba indefenso, cuando el teniente del
sexto de Ligeros, D. Pedro Roca, volvindose a sus soldados dijo:

--Voluntarios... Apunten... Fuego!

Los soldados dispararon una descarga cerrada, y Chapalangarra cay al
suelo atravesado de balazos.

Algunos de los suyos que se haban detenido esperando un resultado de
la decisin del caudillo, al oir los tiros escaparon por la carretera
de Valcarlos a Francia dejando en poder de las tropas de Eraso una
bandera, doce mil cartuchos y una porcin de fusiles y de bayonetas.

Los tercios realistas, viendo la fuga de los liberales echaron a correr
tras ellos con tal mpetu, que los liberales no intentaron resistir
en ninguna parte. Unicamente los parisienses de Ventaberri soltaron
algunos tiros, pero abandonando pronto las casas de Arnegui entraron
en Francia. Todos hubieran sido sacrificados en territorio francs a
no ser por un oficial de la gendarmera, que mand aviso a los jefes
de los tercios de que haban pasado la frontera. No hubo necesidad de
desarmar a los fugitivos, porque haban tirado los fusiles en la huda.

El cadver de Chapalangarra, abandonado en Valcarlos en medio del
camino, fu mutilado por los realistas de una manera brbara y cruel.

Este final ha tenido la empresa de Chapalangarra, final que ha llevado
el desaliento a nuestra gente.

Pobre Chapalangarra! Desdichado! Iluso!--dicen todos.

Ahora me parece estar oyndole hablar en Camb, con su voz spera y su
mirada sombra y brillante. Pobre hombre!

       *       *       *       *       *

Quizs maana hablen tambin de nosotros con lstima.




VI.

NOTICIAS DE MINA


                                   _Errota-sarreco-borda, 23 Octubre._

ESTOY con veinte hombres en un casero de este pequeo nombre:
Errota-sarreco-borda. El tal nombre quiere decir, en vasco, la Borda
del molino viejo. Cerca tengo Errota-berri (el molino nuevo) y
Errota-echezubi (el puente de la casa del molino).

Errota-sarreco-borda es un casero pequeo del trmino de Zugarramurdi,
hacia Vera. Vive aqu una viuda con tres chicos y un viejo. No hablan
una palabra de castellano ni de francs, el leador de Antula me sirve
de intrprete.

Estamos impacientes por saber lo que ha hecho Mina. Los partidarios
acrrimos de Valds desean que no se presente para poder acusarle. Qu
mezquinas pasiones!

Hace dos das recib un emisario que vena de Vera a darnos cuenta de
la entrada de Mina en este pueblo.

Por lo que nos dijo, el 18 se reuni por la noche toda la gente
disponible que haba en Bayona, y Mina la hizo formar fuera de la
puerta de Espaa y la pas revista. Se contaron escasamente 350
hombres, includos los 51 de la Compaa Sagrada, compuesta por
oficiales algunos ya muy viejos que van como soldados.

A la luz de las hachas se saludaron todos como amigos y juraron
fidelidad.

A Mina le acompaaban el jefe de Estado Mayor, O'Donnell, los generales
Butrn y Lpez Baos y el coronel Iriarte.

Don Gaspar de Juregui, el Pastor, di la voz de marcha a sus
voluntarios que iban de vanguardia, y comenz la columna a alejarse de
Bayona.

Mina iba acompaado por Sanz de Mendiondo y por el capelln D. Agustn
de Apeztegua.

Despus de caminar toda la noche del 18, al amanecer del da 19 hizo
alto con sus tropas en el bosque de Saint Pee; all permanecieron
durante el da y al hacerse de noche rompieron la marcha amaneciendo
cerca de Vera.

Estuvieron en las alturas de Vera dando descanso a la tropa y
repartieron varias proclamas en los caseros prximos.

Al amanecer del da 21, Mina con la columna en orden de combate entr
en el pueblo. Al acercarse al convento de capuchinos de Eztegara
envi como parlamentario al comandante D. Felipe Tolosana; pero los
carabineros que lo ocupaban y su jefe D. Claudio Ichazo al oir la
corneta de parlamento se retiraron, saltando la tapia que da al arroyo
Convetucoerreca y abandonaron el pueblo.

Mina parece que acusa a Legua de falta de diplomacia con los
carabineros en nuestra expedicin anterior.

Creo que le han informado mal.


                                           _Vera, 24 Octubre: maana._

De Errota-sarreco-borda he vuelto a Zugarramurdi. Hemos quedado
reducidos a unos ciento cincuenta hombres. La gente se va a la
desbandada, sobre todo los aventureros extranjeros que venan
principalmente en espera de botn. El Cuerpo que manda Legua es el que
no ha disminudo; los de Campillo y Malpica se han quedado en cuadro,
y a Mancha no le resta ms que el Inglesito, el to Juan, Al y otros
tres o cuatro.

Nuestra pequea fuerza est formada por oficiales. El viejo coronel
Malpica se desespera pensando en las deserciones; de rabia quisiera
fusilar a medio mundo.

Anteayer se recibi un oficio de Mina dirigido a Valds. En l Mina
nombra a Valds gobernador del fuerte de Vera, y le dice que se
traslade a este pueblo.

Valds ha credo ver en tal nombramiento una humillacin, y me ha
dictado un oficio lleno de violencia, afirmando que no reconoce en Mina
mando alguno. Pasado algn rato me ha dicho:

--Qu le parece a usted?

--En estos momentos sera conveniente que olvidasen ustedes toda
cuestin de amor propio.

--Bueno. Rompa usted ese oficio, y escriba usted otro diciendo que me
trasladar a Vera.

Salimos el mismo da de recibir el oficio, por la noche, y llegamos
ayer por la maana. El gobernador del fuerte de Vera nombrado por
Mina es D. Joaqun Sanz de Mendiondo. Enva parte de nuestra tropa al
viejo cuartel (la Casherna), parte al pequeo fortn derrudo que est
debajo, y parte al campamento del Bidasoa instalado por Mina en la
otra orilla del ro en el trmino de Lesaca.

Al entrar nosotros Mina ha dejado Vera, y siguiendo el curso del ro ha
llegado a Irn y ha ocupado el alto de San Marcial con dos compaas de
guipuzcoanos, doce lanceros y veinte hombres de la Compaa Sagrada al
mando del Pastor. Los voluntarios realistas de Irn han hudo a Francia.


                                            _Vera, 24 Octubre: noche._

Por lo que parece, Mina ha tenido el temor de que nos ataquen en Vera
con fuerzas superiores, y ha dispuesto que Butrn, Lpez Baos y
O'Donnell, que iban siguindole, vuelvan a ocupar el campamento del
Bidasoa en trmino de Lesaca con sus fuerzas. Hoy por la tarde han
llegado, segn nos han dicho.

El tiempo est muy malo. El invierno se nos echa encima.

Valds quiere que me cuide, y me ha enviado de alojado al pueblo, al
barrio de Alzate. Estoy en casa de una hermana de Legua, una seora ya
anciana, que vive sola, con pobreza, y tiene una tiendecita.

La hermana de D. Fermn me ha recibido muy amablemente. Es alta,
fuerte, muy guapa. A m me mira con lstima por verme demacrado y dbil.

--_Gasha!_--me dice a cada momento. Esto parece que quiere decir en
vascuence: Pobrecillo. Desdichado.

Por la tarde ha venido D. Fermn a visitar a su hermana y han hablado
largamente. En el curso de la conversacin se han ocupado de m; ella
le preguntaba al guerrillero:

--Para qu traeis chicos como ste? No os puede servir para nada. Tan
pequeo! Tan _charrico_!

Legua contestaba:

--No, no. Este muchacho tiene nervio.

Yo estoy un poco febril. Este constante llover, esta constante humedad
me ponen muy triste. Desde la ventana de la cocina de la casa veo el
paisaje nebuloso y la niebla amarilla y triste que forma como un teln
en el aire. Todo est convertido en un charco.

De noche, la hermana de Legua ha encendido una gran fogata en la
cocina y hemos estado al calor de la lumbre charlando. El Inglesito ha
venido a visitarme. La gente dice que es muy raro que en Octubre haga
tan mal tiempo.

Sin duda tenemos poca suerte. Seremos unos _gashas_, como dice la
hermana de Legua.




VII.

EN EL FORTN DE VERA


                                                 _25 Octubre: maana._

ME han dejado en el fortn de Vera con quince hombres, mientras los
jefes hacen reconocimientos. Tengo como asesor a Antula; l sabe el
vascuence y conoce el terreno. Han supuesto que el leador y yo nos
completamos.

Me pongo a escribir en este cuaderno para entretenerme. La noche pasada
ha nevado y hay todava nieve en las cumbres. Son las doce del da.
Hace un momento de buen tiempo. Ha salido un poco el sol. Hay grandes
espacios de cielo azul del que tratan de apoderarse las nubes plomizas.

Pasan bandadas de palomas y cruzan pjaros de todas clases, que sin
duda vienen del Norte huyendo hacia los pases del sol.

Voy a describir el sitio en donde me encuentro.

Hay frente a Vera, hacia el sudoeste, un monte de unos mil pies de alto
que se llama Santa Brbara. Este monte tiene en la cumbre una ermita
y restos de trincheras y de otras obras de fortificacin que hicieron
los espaoles cuando la guerra con la Repblica francesa en 1794 y en
tiempo de la Independencia.

Este monte, en su falda que mira al pueblo tiene una loma que se
llama Casherna-gaa (Alto de Casherna). La razn de tal nombre es que
hay en la cumbre de la loma un viejo edificio que sirvi durante las
dos invasiones francesas de cuartel, al que los franceses llamaban,
naturalmente, la Caserne, y los naturales del pueblo castellanizando y
vasconizando la palabra francesa, lo llamaron la _Casherna_.

La _Casherna_ est en medio de campos frtiles y su fachada mira hacia
el pueblo. A su lado izquierdo y abajo, como avanzando a dominar el
camino prximo al ro, hay un fortn construdo por cuatro paredes
ruinosas y una tejavana provisional. A este fortn, en donde me
encuentro yo, se sube por la estrada que comunica el barrio de Alzate
con Vera, por una escalera tortuosa que pasa hundida por entre dos
muros de piedra.

Desde el fortn, donde estamos de guardia, se ve enfrente el pueblo, la
iglesia con su torre cuadrada por una de cuyas aristas va trepando una
hiedra y su escalera exterior. Detrs del pueblo cierran el horizonte
dos montes puntiagudos, uno de ellos con una fila de cruces que sube
hasta lo alto, que es el Calvario, el otro con varios caseros.

A mi izquierda hay un valle por donde pasa el Bidasoa. Desde mi
observatorio no se le ve. Se divisa nicamente el puente y sobre l una
barriada de casas: Alcayaga, y un poco ms abajo otra barriada que se
llama Zalain. Por encima de los montes prximos se ve una cresta nevada
como una sierra. Antula me dice que es de la Pea de Aya, del lado de
Oyarzun.

Hacia mi derecha se destaca el monte Larrun con grandes manchas de
nieve.

Todos los montes de alrededor se ven ahora en las alturas blancos, en
las faldas rojizos por los helechos que se han agostado. Las heredades
de los valles estn cubiertas por las caas blanquecinas de los maces
secos; los tejados brillan por la humedad. Los chopos, los lamos, los
castaos, tienen el follaje amarillo; los robles todava estn hojosos,
aunque empiezan a enrojecer. En medio de esta superficie amarilla y
cobriza que presentan los montes, se ven algunas manchas rectangulares
de un verdor profundo de los prados.


                                           _25 Octubre: al medio da._

La posicin que defendemos en este momento, la Casherna, con su fortn,
sera buena si contramos con gente; pero la gente nos falta.

Desde la _Casherna_ se pueden vigilar las veredas y caminos de Echalar
y de Zugarramurdi; desde el fortn avanzado se divisa si viene alguien
por el lado de Navarra, por Lesaca; por el lado de Guipzcoa, por
Endarlaza, o cruzando el Bidasoa, por el puente de San Miguel...

Estoy mirando el pueblo iluminado por este plido sol; a pesar de ser
plido y sin brillo me parece muy hermoso. Es el sol de mi patria.


                                                  _25 Octubre: tarde._

He tenido una larga conversacin con Antula, que me ha hablado de
sus hombres. Qu hacen estos vascos, a los cuales no entiendo? Qu
piensan? Qu proyectan?

Antula me ha hablado de ellos y de sus deseos y aspiraciones. Hay dos
de cara alegre que siempre estn hablando.

Por lo que me ha dicho Antula, se entretienen en pensar proyectos de
comidas.

El uno hace un _men_ y el otro le pone objeciones, y al contrario.
Discuten si empezarn su supuesto banquete con sopa de fideos o con
sopa de pan, si son mejor las judas blancas o las rojas, y si un
cochinillo asado es ms propio para tercer plato que un cordero. Cada
salsa, cada vino merece una discusin. Los dems les escuchan con gran
inters y se ren.

Otros hablan de brujas constantemente y se ponen a mirarse con los
ojos alucinados, y hay uno de los nuestros que canta y sobre todo
silba admirablemente. Le llaman _Sosua_ (el mirlo). Sosua suele estar
asomado a la muralla. Generalmente canta la primera voz y luego canta
el acompaamiento; y no se contenta con cantar una vez, sino que canta
muchas veces hasta aburrirse. Hoy le ha dado por una tonada triste.

--Qu dice, qu significa lo que canta?--le he preguntado a Antula.

--Es una cancin del pas del Sul que se llama Uso churia--me ha dicho
el leador.

--Qu significa?

--Esto que ha cantado dice: "Paloma blanca, adnde vas? Los montes de
Espaa estn blancos de nieve. Si esta noche necesitas albergue, lo
tienes en mi casa."

Ahora que s el significado de la cancin me parece ms triste an. Los
montes estn blancos y aparecen como bloques de hielo en el horizonte
gris.

Sosua sigue con la cancin. Qu tristeza! Me parece que me van a
enterrar.

He aprendido yo la cancin de Sosua, y la repito tambin hasta
aburrirme.


                                                  _25 Octubre: noche._

Al oscurecer me han mandado un aviso para subir a la Casherna. Estaban
reunidos all Valds, Legua, Campillo, Malpica y Mancha.

No se saben los proyectos del enemigo.

Legua es partidario de dejar la Casherna y el fortn y ocupar el
convento de Eztegara, proveerse de vveres para un mes y defenderse
all. Valds no acepta el plan; teme que el pueblo se ponga contra
nosotros, y supone que Legua quiere vengarse de los frailes.

Veremos maana si mejora o empeora nuestra situacin.




VIII.

LOS REALISTAS


                                             _Fortn de Vera, da 26._

HEMOS pasado una malsima noche en el fortn sin poder dormir. Se nos
ha echado encima un temporal de agua y nieve que parece que va a durar.

Las tropas del campamento del Bidasoa, prximo a Lesaca, han tenido
que trasladarse a Vera. Son unos doscientos cincuenta hombres. Vienen
mandados por el general Butrn y Lpez Baos, y marchan como oficiales
el brigadier Sancho y los coroneles O'Donnell, Iriarte, D. Agustn
Juregui y D. Epifanio Mancha.

Esta columna lleg ayer al medio da a ocupar la posicin que dejaron
los nuestros en la orilla del Bidasoa y se encontraron a campo raso,
sin techo, sin comida y sin ropa; pasaron la noche a la intemperie
resistiendo a pie firme la lluvia y la nieve y por la maana entraron
en el pueblo.

Hemos fraternizado los unos y los otros, y les hemos dado lo que
tenamos.


                                            _27 Octubre: al amanecer._

Esta noche he dormido un poco en el barrio de Alzate, en casa de la
hermana de Legua. Le he indicado que me despierte a las cuatro, y a
esta hora me he vestido y he marchado al fortn.

Hay calma absoluta.

No se ha recibido durante toda la noche ningn aviso de los confidentes
acerca de los movimientos del enemigo, lo cual hace suponer que no se
ha presentado todava.

A las cinco de la maana han tenido una conferencia Butrn y Lpez
Baos con Valds. Butrn ha dicho que en vista de que no hay peligro
de ataque en Vera, saldr cuando se haga de da hacia las alturas
de Oyarzun, para reunirse a Mina que debe estar en los caseros de
Arichulegui.


                                              _27, seis de la maana._

A las cinco de la maana se hallaban listos y formados los hombres de
Butrn y Lpez Baos.

Estaba completamente a oscuras. Butrn no ha querido salir mientras no
amaneciese, porque, a pesar de que no haba noticias de aproximacin de
fuerzas enemigas, no tena confianza.

A las cinco y media comienza a clarear y aparece el pueblo chorreando
agua por entre la bruma, en un cielo de nubes de plomo. La campana de
la iglesia anuncia la primera misa. Siento una profunda tristeza. Me
gustara ser el ltimo de los campesinos y vivir esa vida oscura del
campo...


                                              _27, ocho de la maana._

Iba Butrn a dar la orden de marcha, cuando viene corriendo un
centinela que estaba en el puente de San Miguel, sobre el Bidasoa, a
decir que un campesino al pasar por el puente le ha dicho que por los
altos del trmino de Lesaca: Baldrun, Pompollegui y Escolamendi, por
donde pensaba marchar Butrn camino de Oyarzun, hay apostada mucha
tropa.

Inmediatamente se han dado rdenes de defender el puente de San Miguel,
y Campillo, Peman y Malpica han salido con tropas y se han colocado en
el extremo del puente. Valds distribuye sus hombres por la orilla del
ro.

Lpez Baos y Butrn marchan al pueblo para asegurar la retirada a
Francia. Legua va a Santa Brbara por si por la espalda aparece el
enemigo. Yo me quedo en el fortn con mis quince hombres.

El da est fro, hmedo y triste. Comienzan a verse grupos de tropas
realistas en los altos y en una barriada prxima al ro que se llama
Alcayaga.

Hemos tenido aviso de la distribucin de las fuerzas enemigas.

Las columnas realistas han maniobrado de noche sin que lo hayan
advertido nuestros centinelas.

Viene contra nosotros el general Llauder, con ms de cuatro mil
infantes, ochocientos caballos y dos piezas de artillera.

La direccin de estas tropas es la siguiente:

El ala derecha, al mando del brigadier Villanueva, con mil quinientos
soldados de tropa y quinientos voluntarios navarros, avanza hacia
Yanci y Echalar; el ala izquierda, dirigida por el general Gonzlez
Villalobos, con mil hombres entre Cazadores, Guardia Real y Provincial
de Burgos, ms cien caballos, viene hacia Oyarzun; el centro, con dos
mil hombres va a las rdenes del capitn general Llauder. Lleva ste
el regimiento de Mallorca, los Cazadores, el 13 de lnea y Voluntarios
realistas. Van adems con l el primer batalln de Milicias bilbanas,
al mando de D. Ignacio Unceta; el 4. de Vizcaya y la 1. columna
alavesa mandada por Verstegui.

Llauder lleva de segundo al coronel Benedicto.

Entre nosotros se dice que algunas compaas del 13 de lnea se pasarn
a nuestro campo.

Antula me pregunta si se nos reunir Mina.

Creo que no. Mina debe estar acampado en este momento en los altos de
Pago-gaa y de Erlaiz, altos que dominan la orilla espaola del Bidasoa
y estn frente al monte de Biriatu.

Antula cree que si Mina viniera sera otra cosa. Yo dudo que venga;
probablemente l estar en disposicin de pedir ayuda, porque ser
atacado por las tropas de Villalobos o por las milicias de Sinz de
Pedro.

Como para darnos esperanza, los realistas han estado en los altos y
en la otra orilla del ro, en observacin, sin atacarnos. En esto,
entre los nuestros suena un tiro. (Ser el sino de los liberales la
torpeza?) Y comienza el ataque. Ya no se puede retroceder.




IX.

EN EL PUEBLO


                                       _Desde la torre de la iglesia._

ESCRIBO estas notas desde la torre de la iglesia de Vera en un momento
de tregua. Llevamos cuatro horas de fuego.

La primera embestida de los realistas ha sido para ellos infructuosa.
Al querer pasar el puente, nuestros tiradores, escondidos entre los
maizales, han hecho un fuego nutrido sobre ellos y han tenido que
retirarse.

En un recodo del Bidasoa, enfrente de un molino, los realistas han
querido utilizar una lancha para cruzar el ro; pero el fuego de un
grupo de soldados de Butrn se lo ha impedido.

Estando en el fuerte de Casherna, uno de la partida de Legua ha
venido a decirme, de parte de su jefe, que ha aparecido un grueso
ncleo de fuerzas por el lado de Santa Brbara. La han visto avanzar
por encima de un casero que llaman Premosa.

Estas fuerzas son, indudablemente, de las que manda Juanito y vienen
de Echalar, adonde han debido ir desde Zugarramurdi en persecucin de
Valds.

Legua marcha hacia Premosa para contenerlas y dar tiempo a la retirada.

He enviado uno de mis soldados a comunicar la noticia a Valds. Este
ha contestado que se le avise en seguida a Legua para que vuelva y se
reuna al grueso de las fuerzas. He mandado a uno de los guerrilleros a
caballo con el aviso.

Como las tropas realistas son mucho ms numerosas de lo que se
figuraban los nuestros, han conferenciado Butrn, Lpez Baos y Valds,
y han decidido que se desaloje la Casherna y el fortn y que toda
nuestra fuerza se refugie en el pueblo.

Antula dice que de retirarse sera mejor marchar por el barrio
de Alzate a coger el camino de Inzola; pero los jefes tienen dos
conocedores del terreno de la partida de Legua y saben lo que hacen.

Se ha decidido la retirada hacia el pueblo; primero han marchado los
soldados de Butrn, que han ido ocupando las casas; despus los de
Valds, que quedaron un momento escalonados en el camino, y por ltimo
Campillo, Malpica y Legua.

Los tres marchaban con sus hombres a cual ms valientes. Malpica y
Campillo iban atentos a la perfeccin de la maniobra. Llevaban a sus
rdenes veteranos, entre ellos los dos franceses Al y el to Juan.

Malpica, con el bastn en la mano, descubrindose siempre, pareca
querer demostrar su invulnerabilidad; Legua, por el contrario, llevaba
un fusil, disparaba, gritaba e insultaba.

El Inglesito ha estado magnfico de serenidad y de elegancia.

Antula y yo, con nuestra gente, bajamos desde el fortn a unas
heredades que llaman de Aguerra y contribumos a detener al enemigo.

Al mismo tiempo engrosaban los tiradores realistas en el puente y en
el barrio de Alcayaga, y cuando vieron que no haba obstculos en el
camino comenzaron a pasar.

Mi pelotn ha sido el ltimo que ha entrado en el pueblo.

El gran peligro para nosotros era que mientras nos defendamos de los
que llegaban por el ro, nos cogieran la delantera los del monte y nos
cerraran el paso al pueblo.

Afortunadamente no ha sido as y hemos podido llegar sin dificultad
hasta la plaza de la iglesia, que se encuentra en un alto.

Ahora nuestros hombres se estn parapetando en las casas prximas.
Tenemos ocupado el casco del pueblo. Los realistas se han apoderado de
la Casherna y el fortn. Esperamos el nuevo ataque.




X.

POR LA TARDE


                                          _Casero Achulecheco-borda._

ESTOY en este casero descansando un momento. Por ahora, para la
pequeez de nuestra fuerza se va verificando la retirada con algn
orden.

A las diez en punto de la maana ha comenzado el ataque a Vera. El
primer empuje ha sido violento, tanto que nos ha hecho creer que los
realistas tomaban el pueblo al asalto.

Ha habido que batirse a la bayoneta, a la entrada de las dos calles en
cuesta que suben a la plaza.

Los nuestros no cejaban, y los jefes iban de aqu para all, a los
sitios de peligro, animando a la gente. Legua no era un hombre, sino
un terremoto; se agitaba, vociferaba, sala a las ventanas a insultar
al enemigo. Hace un momento les gritaba:

--Yo soy D. Fermn Legua, hijo de este pueblo.

Y los realistas le decan:

--Te conocemos. Vendido! Judo! Traidor!

--Sois unas canallas!--vociferaba l, y disparaba su fusil.

En vista del nmero de enemigos y de su empuje, Butrn, Lpez Baos y
Valds deciden la retirada.

Algunos oficiales han recorrido el camino que va a Francia, por encima
del pueblo, y salen grupos a guardarlo.

Los oficiales, como los soldados, sabemos que no hay cuartel y que
nuestro nico recurso es la retirada, y la retirada lenta con serenidad
y orden.

Los tres jefes principales son, adems de valientes y de serenos,
hombres de arranque.

Valds tiene ante el enemigo una actitud soberbia y orgullosa; Butrn
es animador y tranquilo; Lpez Baos, pequeo, calvo, con una cara
arrugada y agria, de vieja, parece que quiere demostrar que no es ms
peligroso recibir las balas que la lluvia.

Mientras se pelea en las calles de Vera, Valds con las fuerzas que ms
han luchado en el puente sube a los altos que dominan el pueblo y toma
posiciones con Peman, Campillo y Malpica.

Los soldados de Butrn y de Lpez Baos siguen ocupando las casas, las
salidas de la plaza a la carretera y la torre de la iglesia.

Antula me dice que hay varios senderos para llegar al camino que va a
Francia: uno que termina en el Calvario, el otro que serpentea por un
robledal y sale a un casero llamado Lasamborda, y el tercero que parte
por cerca del casero Cigastea. Todava hay otro que va escalando la
altura desde la calle de Alzate.

El capitn D. Pedro Vidarte, de la columna de Butrn, se sita en los
bordes del camino al Calvario entre los rboles y los peascos.

Una de las compaas guipuzcoanas compuesta de veintisis hombres a
las rdenes del capitn D. Juan Croward, se coloca en el sendero del
robledal que pasa por el casero Lasamborda.

Don Agustn Juregui con otros quince o veinte hombres se dispone a
defender el camino de Cigastea, y a m me envan al que baja a la
calle de Alzate.

El fuego se generaliza con violencia por todas partes. El enemigo
tantea los sitios ms dbiles de la defensa para atacar all. Los tres
o cuatro mil realistas van avanzando contra nosotros.

En esto vemos que una columna baja de Santa Brbara y cruza el barrio
de Alzate.

Legua se acerca a m.

--Ve usted aquella tropa?--me pregunta.

--S.

--Si pasan nos cortan la retirada y nos cogen a todos. Voy con mi
gente a detenerlos. Cuando no podamos ms nos dispersaremos. Conocemos
el pas. Encontraremos sitio donde escondernos. Tienen ustedes que
apresurar la retirada. Dgaselo usted a Valds.

No tengo yo autoridad para hacer desistir a Legua de su intento. Don
Fermn reune su gente, y uno detrs de otro, a la deshilada, corriendo
por entre maizales secos, marchan de prisa hacia donde vienen los
realistas y comienzan el fuego.

Yo recibo la orden de dejar el camino y subir adonde est Valds.

En las fuerzas que mandan Butrn y Lpez Baos hay ms de treinta
bajas entre muertos y heridos.

Comunico a Valds lo dicho por Legua.

No dice nada y da rdenes para que se apresure la retirada.

Los realistas no se dan cuenta del abandono completo del pueblo hasta
media hora despus de hecho. Han supuesto, quizs, que queramos
ahorrar las municiones.

La partida de Legua sigue sosteniendo el fuego y cerrando el paso a
los realistas. Su objeto es apoderarse de las primeras casas del barrio
de Alzate y defenderse all.

Al ver los realistas que hemos desalojado la villa entran en la plaza,
y se apoderan de las casas y de la torre de la iglesia. Viendo que
estamos en los altos marchan a nuestro encuentro.

Un pelotn de Cazadores entra por el sendero de Lasamborda a forzar el
paso defendido por los guipuzcoanos mandados por Croward; pero stos a
tiros y a bayonetazos les impiden avanzar, y tienen los Cazadores que
retirarse y dispersarse en el robledal.

Por el camino del pueblo al Calvario avanza una compaa de tercios
con mpetu, al grito de: Viva el Rey! Viva la Religin! Mueran los
masones!

El capitn Vidarte los detiene ms de media hora hacindoles bajas, y
cuando queda sin municiones y sin gente abandona la posicin.

Estamos ahora en una explanada del monte que llaman Bidepartieta, donde
se dividen dos caminos, esperando.

Legua sigue batindose en el fondo del valle. Al acercarse con su
partida al convento de capuchinos, los frailes se asoman a las ventanas
y le hacen varias descargas.

--Canalla!--grita Legua.

--Ven, ven a asaltar el convento--le dicen los frailes.

Legua tiene que retroceder hacia la izquierda y entra en el barrio de
Illecueta. Ya all no le vemos, pero seguimos oyendo el tiroteo de su
partida durante largo tiempo.

--Este hombre nos salva--murmura Valds.

Estamos sostenindonos en nuestras posiciones; cuando los tercios que
han forzado el camino del Calvario se lanzan al asalto.

Al retirarse los que defienden el sendero, los tercios dan una
acometida fuerte a la bayoneta; las tropas de Butrn creen que van a
ser protegidas, y viendo que los tercios avanzan sin obstculo se
consideran cogidos y comienzan a huir.

Un contratiempo inesperado contribuye a ello. Dos compaas mandadas
por O'Donnell, emboscadas entre las matas y las piedras, con quienes se
contaba para aquel momento, no pueden entrar en accin, se encuentran
con la mayora de los fusiles inservibles y con que los cartuchos son
desproporcionados.

Los de Butrn, al verse desamparados comienzan a huir a la desbandada,
y los tercios corren tras ellos hiriendo y matando a los cados.

Los soldados de Butrn se han salvado, gracias a un pelotn de
Infantera de la Compaa Sagrada, formada por viejos de la guerra de
la Independencia, que se arroja a la bayoneta intrpidamente contra los
realistas.

--No dan cuartel. Libertad o muerte!--gritan los viejos con furia,
acometiendo ciegos de coraje.

En esta encrucijada, unos cuantos hombres decididos bastan para
contener a una columna, y los viejos liberales la contienen.

Retroceden un momento los tercios, los soldados de Butrn avanzan, y
mientras tanto nosotros entramos en fuego.

Pasado este mal momento la retirada comienza bajo la proteccin de los
grupos escalonados en el camino. As vamos, haciendo una marcha lenta,
con un gran orden, dominando las alturas y los senderos de travs. Un
grupo se defiende entre las matas, las piedras y los rboles, hasta que
no le quedan municiones. Cuando llega este momento se dispersa; los
realistas avanzan y se encuentran con otro grupo que les cierra el paso.

Constantemente vamos relevando las tropas de retaguardia.

El primer avance por Bidepartieta ha costado a los realistas ms de
una hora. Dominando el camino que hemos seguido, hay por la izquierda
un monte bastante alto llamado Cigorriaga. Luego ya el terreno se
despeja, y se va por estribaciones de poca altura pobladas de robles,
de castaos y de carrascas.

Cada rbol, cada pea, nos sirve de punto de resistencia. Ochoa y yo
nos lucimos. Nos hemos batido con un gran orden, sin estorbarnos el uno
al otro. Valds nos ha felicitado efusivamente. Para soldados bisoos
parece que lo hemos hecho bien. El Inglesito demuestra una serenidad y
un valor extraordinarios.

Hace unos minutos, despus de estar defendiendo nuestra posicin
durante un cuarto de hora, nos retiramos Ochoa y yo a descansar.

Encontramos al paso un casero.

--Cmo se llama este casero?

--Achulecheco-borda--nos dice un hombre.

--Nos falta mucho para Francia?

--S; todava cerca de una hora.

--Habr algo que beber? Lo pagaremos.

Una mujer nos trae una jarra de sidra y la bebemos con ansia. Ochoa
pide pan.

En este momento, a pesar del fro, siento que mi cuerpo arde.

El sol ilumina el panorama lleno de nieve. Por el lado de Guipzcoa se
ve la pea de Aya, con sus cabezos en forma de sierra; Larrun hacia
Francia, y hacia el interior de Navarra, Peaplata y luego otros montes
lejanos y vagos...

--Cmo me quedara aqu, aunque fuera tirado en el suelo!

Ochoa grita:

--Ya estn ah. Vamos de nuevo.

El Inglesito me agarra del brazo.




XI.

FIN DEL DIARIO DE LACY


                                 _28 Octubre. En Frixu-baita: Urrua._

YA ha terminado nuestra empresa guerrera. Estoy ahora en la cama; la
excitacin no me deja dormir. Voy a continuar mi diario. A la salida
de Achulecheco-borda, Ochoa, el Inglesito y yo tomamos posiciones con
nuestra gente y las defendimos el tiempo necesario. Tuvimos un muerto,
que abandonamos, y nos retiramos en formacin sin dispersarnos.

Marchbamos todos con un orden verdaderamente admirable, cuando cerca
de una cantera, a un cuarto de hora lo ms de la raya de Francia, por
un camino que sube de un barranco, apareci a nuestra retaguardia
la cabeza de una columna de doscientos hombres pertenecientes al
regimiento de Mallorca.

Por fortuna el camino era estrecho y los realistas venan en grupos
poco compactos.

--Viva el Rey! Viva la Religin! Mueran los masones!--gritaron ellos
con entusiasmo al ver que rodeaban parte de nuestra gente.

Valds, que vena muy atrs, estuvo a punto de quedar copado con
cuarenta o cincuenta hombres que le rodeaban, cuando el coronel D.
Francisco Ca y Azanza, que llevaba a sus rdenes diez y seis lanceros
de la columna de Butrn, algunos oficiales de la Compaa Sagrada y
dos o tres paisanos, entre ellos D. Jos Mara Trueba, en total unos
veinticinco jinetes, di la orden de cargar.

El terreno era malo, lleno de sinuosidades, de agujeros, de matorrales
altos y espesos y de troncos de rboles tendidos en la tierra.

El pelotn de Caballera se lanz contra los grupos del regimiento de
Mallorca, que lo recibieron con una descarga cerrada casi a quemarropa.
Cuatro jinetes cayeron muertos del caballo, entre ellos el ayudante de
Caballera D. Mariano Amors.

Pasado un momento de vacilacin, los jinetes cargaron de nuevo.

--Libertad o muerte. Viva la libertad!

Los sables brillaban como rayos, pinchando, golpeando y rajando. Ochoa,
Malpica y el Inglesito con veinte hombres se metieron por entre los
helechos y atacaron a los realistas del regimiento de Mallorca a la
bayoneta, por el flanco y por la espalda.

Los realistas tuvieron que huir a la desbandada.

Las dos cargas nuestras hicieron que quedasen prisioneros diez soldados
realistas, dos oficiales, los hacheros y la banda de tambores.

Valds decidi quitar las armas a los enemigos y dejarles volver a sus
banderas.

Ochoa, satisfecho, se pavoneaba y haba adquirido tal confianza, que se
crea invulnerable.

Suba a los altos para ver el avance de los realistas y permaneca
quieto desafiando sus balas mirando con sus gemelos.

Al comenzar la tarde aparecieron en las cimas nuevos batallones, entre
ellos uno de la Guardia Real que pareca querer cortarnos la entrada en
Francia.

En este momento vi a Ochoa subido sobre unas peas, tan cerca del
enemigo, que qued aterrado.

--Baja de ah--le grit.

--Ca!--exclam l.--No saben tirar.

--Loca criatura--murmur el Inglesito.

--Baja!--volv a gritar yo.

--Si no saben apuntar.

Acababa de decir esto, cuando una bala le di en la cabeza y cay
rondando por entre las peas.

Nos acercamos a l. Estaba muerto. Tena la cabeza abierta. Era un
horror. Quise ver si respiraba, pero el Inglesito me agarr del brazo y
me impuls a seguir.

--No hay nada que hacer con l--me dijo.--Vamos.

--Slvese usted--le dije yo.--Yo no puedo correr ms... no puedo...

--Un esfuerzo...; ya nos falta poco. Apyese usted en m.

Iba corriendo, cuando met un pie entre unas matas y ca de bruces.
Cuando quise levantarme sent que tena el pie dislocado y que me era
imposible andar.

--Yo no puedo ms--exclam.--Escpese usted.

El Inglesito me cogi por la cintura, me ech al hombro y sigui
marchando. Yo iba llevado como por el viento.

Al tocar el territorio francs, el Inglesito vi que tena que
apresurarse si no quera quedar prisionero. Corri llevndome a m
al hombro, saltando obstculos por encima de las piedras y de los
helechos.

Tras de esta carrera desenfrenada lleg al camino real, entr en un
casero de la carretera, cerca de Urrua, en donde sali una mujer
apurada y me dej tendido en un montn de helechos.

--Qudese usted aqu--me dijo.

--Y usted?

--Yo me voy--exclam.--No quiero que me cojan los franceses--y sin ms
palabras desapareci.

Yo hubiese querido darle las gracias, decirle que si me necesitaba
estaba dispuesto a pagarle su servicio; pero no tuve tiempo... Me
incorpor sobre los helechos, me quit la bota del pie dislocado, que
me dola mucho, cortando los cordones y esper con resignacin.

Sonaban todava tiros, cosa que no me explicaba yo estando, como
estbamos, en territorio francs.

La mujer del casero, que pareca ms tranquila, me dijo que algunos
de mis compaeros, muertos de fatiga y confiando en que estaban ya en
Francia, se haban echado en el suelo a descansar. Su confianza les
perdi, porque fueron fusilados por los realistas.

Aadi que la persecucin en territorio francs duraba; pero que
en aquel momento la Guardia Nacional de Urrua y un pelotn del 63
regimiento de lnea haba intimado la detencin a los realistas y la
rendicin y la entrega de armas a los liberales.

Llevaba una hora en el casero, cuando aparecieron Al y el to Juan.
Este vena desencajado apoyado en el otro, sin poder respirar.

--Est usted herido?--le pregunt.

--No; el pecho, la fatiga... Me muero.

Se tendi en el montn de helechos en donde yo estaba, tena una disnea
que no le dejaba alentar.

En esto Al me dijo que Aviraneta y Miguel Aristy se hallaban en un
cochecito a la puerta. Era cierto.

--Suba usted--dijo Aristy.

--Aqu hay otro amigo--exclam.

--Un espaol?--pregunt Aristy.

--No; es el guardabosque de Ustariz.

Aviraneta y Miguel me ayudaron a subir a m y despus al to Juan.

Nos acomodamos los tres, y al comenzar a marchar hacia el pueblo
tropezamos con Malpica, que vena cojeando, sucio, harapiento.

--Suba usted--dijo Aristy.--Nosotros iremos a pie.

Aristy nos dirigi a esta casa de Urrua, llamada Frixu-baita, donde
haba alquilado dos cuartos pensando que vendramos nosotros.

Ahora estoy en la cama, febril y sin poder dormir. Aviraneta nos va a
traer un mdico.




XII.

LOS HROES DE LA AVENTURA


DE los cuatro recogidos por Miguel Aristy y Aviraneta, Al, que no
tena nada, se lav, se afeit, se puso unos pantalones azules, una
blusa negra y una boina, y sali para Gastizar con el encargo de traer
un carro con un colchn para transportar al to Juan.

Por la noche al salir el mdico de Frixu-baita, Aviraneta le pregunt:

--Cmo estn estos enfermos?

--Medianos. No s cmo han podido llegar hasta aqu. El viejo francs
est muy mal, con una bronquitis aguda muy grave.

--El joven espaol?

--Ese tambin mal. Me figuro que tiene, desde hace tiempo, focos
tuberculosos en el pulmn y ha debido de tomar un golpe en el pecho.

--Y el coronel Malpica?

--Ese es el que ha salido mejor librado. Tiene una herida de bala en la
pierna; pero como no ha perdido sangre y est muy animado, se curar en
seguida.

--Hemos pensado transportar a los tres a sus casas.

--Si no es muy lejos est bien.

Al da siguiente, por la maana, Miguel Aristy aparej su coche y llev
en l hasta Ustariz a Malpica y a Lacy. Al ponerse en camino, Lacy se
encontr con un oficial espaol que conferenciaba con un francs.

--Lacy!--grit.

--Eres t Sampau?--dijo Lacy.

--De dnde vienes? Qu te pasa?--exclam Sampau.

--Y t?

--Yo he venido con las tropas de Llauder persiguiendo a los liberales.

--Pues yo he estado con los liberales.

--De verdad?

--S.

--Has estado en Vera?

--S.

--Pensar que poda haberte matado!

--Y yo a ti.

--Adnde vas ahora?

--Voy a Ustariz, un pueblo de por aqu cerca, a descansar.

--Vives en ese pueblo?

--Por ahora s.

--Estars all dentro de quince das?

--Seguramente.

--Pues ir a verte.

Se despidi Lacy de Sampau y Aristy sigui adelante en su tlburi.

Malpica y Lacy presenciaron, desde el fondo del carricoche, la divisin
en grupos de los liberales espaoles que hacan los oficiales franceses
para enviarlos a los depsitos de Bourges, Perigueux y Limoges.

En los jefes liberales espaoles se vea la clera y la vergenza de la
derrota; los soldados se manifestaban indiferentes.

Ni para unos ni para otros el porvenir era muy halageo. El Gobierno
francs les dara treinta cntimos de sueldo y una racin de pan a cada
soldado y dos francos diarios a los jefes.

Malpica y Lacy cruzaron por entre sus compatriotas sin ser reconocidos
y se dirigieron a Ustariz.

Por la tarde Al se present en Frixu-baita con un carrito y un colchn
a llevar al to Juan a su casa.

Pusieron al guardabosque dentro del carro arropado con mantas, y
Aviraneta y Al se dirigieron por Saint Pee a entrar en los robledales
del cantn de Ustariz.

Llegaron a la cabaa del to Juan al amanecer.

Esta cabaa, Aldasoro de nombre, estaba rodeada de otras cuatro o
cinco. En el interior esperaba el intendente Darracq.

--Usted va a Ustariz?--le pregunt a Aviraneta.

--S.

--Quiere usted llevar una carta a madama de Aristy?

--No tengo inconveniente.

Darracq se sent a la mesa, cogi un lpiz y papel y vacil.

--Es difcil decir esto--murmur.--Casi ser mejor darle el recado
de palabra. Dgale usted a madama de Aristy que el to Juan, el
guardabosque, est muy grave. El to Juan es pariente muy prximo de
madama Aristy.

--Est bien; se lo dir.

Aviraneta march a pie a Ustariz.

El tiempo estaba claro. El viento soplaba con fuerza. La veleta de
Gastizar rechinaba, y el dragn segua amenazando a todo el mundo con
la flecha de su lengua.




XIII.

LOS RESULTADOS DE LA EMPRESA


UNOS das despus se supo el resultado de la empresa liberal. De los
quinientos hombres de Valds y Butrn que haban luchado en Vera, ms
de cien haban quedado en Espaa entre muertos, heridos y prisioneros.
De estos ltimos se aseguraba que algunos haban sido fusilados en Irn
y que otros lo iban a ser al llegar a Pamplona.

Mina y Juregui se haban salvado haciendo prodigios de valor. Mina
anduvo por los montes, desorientado, perseguido y ojeado por perros de
caza, que echaron los realistas tras l. Despus de fatigas enormes,
rendido y con las viejas heridas echando sangre, lleg a tocar Francia.

En la parte de Aragn y Catalua la invasin no se efectu. Mndez Vigo
qued inmvil en Maulen, no habiendo podido reunir armas ni organizar
sus tropas.

Gurrea, Milans del Bosch y San Miguel no hicieron cosa eficaz en la
frontera.

En Gibraltar la salida proyectada por Torrijos, Palarea, Escalante y
sus amigos fu impedida por el gobernador ingls de la plaza.

Respecto a Fermn Legua, a quien se crea perdido, apareci das
despus en Bayona.

Algunos que llegaron de Vera contaron su persecucin y trajeron unos
versos en vascuence que haba escrito el versolari Martn Coplari
contra Legua. Este versolari era conocido en el pas por su cancin
sobre _Buenaparte_.

Los versos contra Legua empezaban as:

      Armada eder bat ecarridigu
    Verara, Fermn Leguiac.

(Un hermoso ejrcito nos ha trado a Vera Fermn Legua.)

Y conclua explicando el fracaso:

    Comisanyura goician zuten
    Viserregueren trampiya
    Iruiaco videa libre
    Eben ustez valentiya
    Zacu videan lertu eta
    Isuritzayo cantiya.

Lo que traducido libremente quiere decir:

El da de todos los santos por la maana tenan la trampa preparada
para el virrey. El camino de Irn libre. Ellos se crean valientes,
pero el saco se les ha reventado en el camino y se les ha derramado el
grano.

Aviraneta, que tena carta de seguridad y no haba tomado parte en el
movimiento, volvi a Bayona das despus.

All por mediacin de Iturri se le comision para que secretamente
fuera vendiendo los caballos que se haban salvado de la expedicin.

Aviraneta hizo el encargo y fu vendiendo los caballos guardados en el
bosque de Saint Pee a los tratantes espaoles y franceses.




                             LIBRO CUARTO

                 BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL DRAGN
                              DE GASTIZAR




I.

EL TO JUAN


AL llegar Aviraneta a Ustariz se encontr a Choribide que marchaba en
un cochecito camino de Bayona. Choribide se detuvo a pedir noticias.

--Me voy de Ustariz, seor Aviraneta--dijo despus.

--Lo siento mucho, si esto le molesta.

--S, algo me molesta. Qu noticias hay? Cmo ha terminado la
expedicin de los liberales espaoles?

Aviraneta cont lo ocurrido y la enfermedad del to Juan el
guardabosque.

--Y est grave?

--S, muy grave.

--No ha sospechado usted quin es este to Juan?

--No.

--Es el marido de madama de Aristy.

--De verdad?

--S.

--Estaban separados?

--S. Ms que por nada por motivos polticos y religiosos. Es absurdo.
Verdad? El to Juan ha sido siempre un ateo y un jacobino. Ella crea
que daba un mal ejemplo a los hijos.

--Usted lo ha conocido en otro tiempo?

--S. Ya lo creo... Voy a aplazar mi viaje y voy a visitarle por si
acaso me necesita. Le he hecho algunos favores.

Choribide se dirigi hacia el bosque y Aviraneta a Gastizar. Pregunt
por madama de Aristy, dijo a la criada que tena que hablar a su ama
con urgencia y pas al saln.

--Seora--dijo,--vengo a traerle a usted una mala noticia. El seor
Darracq me ha encargado que le diga a usted que el guardabosque a quien
llaman el to Juan, est gravemente enfermo.

Madama de Aristy qued alterada.

--Qu le ha ocurrido?--pregunt.

Aviraneta cont cmo le haba encontrado en Urrua de vuelta de la
fracasada expedicin liberal.

--Estaba all Miguel, mi hijo?

--S.

--Le han dicho a usted que el to Juan es pariente mo?

--Lo he adivinado--contest Aviraneta.

Madama de Aristy contempl en silencio a don Eugenio.

--Usted qu cree que deba hacer?

--Yo, seora, no s la clase de resentimientos que ha habido entre
usted y su esposo, pero supongo que ste se encuentra en el actual
momento gravsimo, quizs moribundo. Creo que lo mejor que podra usted
hacer sera decir a su hijo lo que ocurre, contarle los motivos de
diferencias con su marido e ir con Miguel a Aldasoro, a la cabaa del
to Juan.

--S, tiene usted razn. Eso har. Quiere usted esperar un momento?

--Con mucho gusto.

Madama de Aristy hizo que llamaran a Miguel y al caballero de
Larresore, y tuvo una explicacin con ellos. Al terminarla apareci
Miguel, intranquilo e inquieto.

--Est mal, de veras?--pregunt a Aviraneta.

--S.

--Hay que ir de prisa. Usted no querr volver?

--No tengo inconveniente.

--Le agradecer a usted que venga, porque estoy un poco trastornado con
una noticia as.

Madama de Aristy haba mandado por un coche, en donde iban a ir ella,
el caballero de Larresore, el mdico y el vicario Dostabat. Miguel y
Aviraneta tomaran el tlburi.

Los dos coches partieron de Gastizar, produciendo la expectacin del
pueblo.

Al llegar a Aldasoro bajaron y entraron a ver al enfermo. El mdico
dijo que estaba agnico y que le quedaban solamente horas de vida.

Madama de Aristy habl a su marido a solas, y tras larga conversacin
le indic que deba confesarse.

--No--dijo enrgicamente el to Juan, y volvi la cabeza hacia la pared.

--Yo, como usted, le encargara de esa misin a su hijo--propuso
Aviraneta;--yo tratar tambin de convencerle.

Aviraneta y Miguel Aristy se quedaron en el cuarto del enfermo. Este,
sin duda, se hallaba intranquilo y receloso. De pronto se irgui en la
cama y se qued mirando fijamente a Aviraneta.

--Seor--exclam,--que me dejen morir en paz.

--No quiere usted que venga ningn cura?

--No.

--No vendr.

--Gracias! Muchas gracias!

Miguel se acerc a la cama.

--Qu hace usted aqu?--le pregunt el to Juan de repente.--Qu est
usted espiando?

--Soy yo Miguel... el de Gastizar.

No se atrevi a decir su hijo.

El to Juan le contempl con una mirada curiosa y de anhelo.

--Ah... s... s!--murmur, y se tendi de nuevo en la cama.

Miguel le arregl la cubierta de la cama, y el viejo le agarr la mano
y la bes.

Miguel qued conmovido y se le saltaron las lgrimas.

Durante todo el da el enfermo estuvo desvariando. Al anochecer comenz
a palidecer y a ponerse lvido, y muri.

Al march a Ustariz por un atad.

De noche estuvieron en la cabaa, velando al muerto. Aviraneta,
Larresore, Choribide, el intendente Darracq y Miguel.

El intendente cont la vida de su primo Aristy, que acababa de morir,
una vida ntegra, de fantico por sus ideas.

--La verdad es--dijo burlonamente Choribide a Aviraneta--que ha
tenido que venir un gascn para dar un ejemplo de consecuencia en el
pueblo, porque lo que es Garat y yo no hemos quedado como hombres muy
consecuentes en poltica.

--Parece que la influencia de la veleta de Gastizar es muy
grande--replic D. Eugenio con sorna.

--Pse! Hay que cambiar--replic Choribide.--La vida es cambiar. Yo no
creo que ser esclavo de sus prejuicios sea una superioridad.

--No; es ms bien el resto de la gente quien cree eso--dijo
burlonamente Aviraneta.

Por la maana se verific el entierro en el mismo bosque. Los aldeanos
de los caseros vecinos se reunieron en Aldasoro, los hombres formaron
un corro y las mujeres otro. Haca una maana hermosa y tibia, el sol
amarillo se esparca por el campo.

Sacaron al atad de Aldasoro y lo colocaron en un carro de bueyes y lo
llevaron hasta el pequeo cementerio que tena la barriada del bosque.

All cogieron el fretro Miguel, Ichteben el criado de Gastizar, Al y
Darracq, y lo dejaron sobre un montn de tierra prximo a la fosa.

Bajaron la caja al fondo del hoyo que no era profundo, y fueron
cubrindola de tierra. Al medio da todos volvieron a Ustariz.

Al da siguiente madama de Aristy hizo que se celebrara un funeral
solemne en la iglesia por su marido.




II.

EL VERANILLO DE SAN MARTN


LACY se haba curado de la dislocacin del pie, pero la estancia en la
cama le haba debilitado y agravado su enfermedad crnica del pecho.
Por lo que deca el doctor Elissalde, el mejor mdico de Ustariz,
tena ya muy pocas probabilidades de curarse. Haban mandado venir a
un especialista de Bayona en consulta, y los dos doctores, despus
de auscultar y percutir al enfermo, haban asegurado que slo una
casualidad podra salvarlo.

--Lo ms tarde en la primavera, cuando la hoja de la higuera tenga
el tamao del ala del murcilago, como dice el padre Hipcrates,
morir--dijo el doctor Elissalde, sonriendo.

El doctor era de estos hombres pulidos y emperifollados y un tanto
empalagoso. Los Oh! Oh!, los Ah! Ah!, los _Tiens! Tiens!_ y las
frases ms almibaradas estaban siempre en sus labios. Tena una sonrisa
de satisfaccin para todo. Cuando a Miguel le deca que su amigo Lacy
estaba desahuciado, lo deca de una manera tan jovial, tan alegre, que
indignaba a Aristy.

Aristy haba tomado afecto a Lacy y hubiese querido saber un medio de
posible curacin para emplearlo.

El doctor Elissalde aseguraba que era imposible. Lo nico que se podra
conseguir era que el pobre muchacho tirara un poco ms.

--Lo ms tarde en la primavera, cuando la hoja de la higuera tenga el
tamao del ala del murcilago...--repeta el doctor sonriendo.

       *       *       *       *       *

El tiempo que haca invitaba a salir de casa y a pasear. Despus de las
grandes lluvias otoales haba comenzado el veranillo de San Martn,
que pareca un verano de verdad.

--Hay que aprovechar el buen tiempo--deca Miguel a Lacy;--hay que
tomar el sol. Esta es la mejor poca en nuestro pas...

Y era cierto. El otoo es, sin duda, la estacin ms agradable en el
pas vasco. El campo, que en verano tiene un manto verde, uniforme,
adquiere en otoo una variedad extraordinaria de colores; la hierba,
los helechos rojizos, los rboles con hojas amarillas, todo toma unos
tonos fogosos, ardientes. Hay adems en el pas vasco francs una
serenidad, un reposo, que no hay en el espaol; el paisaje es ms
abierto, ms tranquilo, ms soleado, las gentes son ms dulces, las
campanas que tocan las oraciones desde lo alto de las torres son ms
melanclicas y menos imperiosas, ms sentimentales y menos dogmticas.

Lacy disfrutaba de esta calma, de esta serenidad.

Por la maana al levantarse vea desde la ventana la niebla inmvil
que llenaba el valle de Ustariz, las casas musgosas que echaban humo
por las chimeneas y escuchaba las campanas que retumbaban sonoras y
acompasadas en el aire silencioso. Luego, a medida que se levantaba
el sol, la bruma se deshaca en jirones y se desvaneca dejando el
cielo azul. Por la tarde el calor apretaba y al anochecer comenzaba
el fro y venan las nieblas en pelotones blancos rasando el suelo
y la superficie de los arroyos a apoderarse de los bosques y de los
barrancos.

Miguel Aristy sola llevar a Lacy a pasear en su cochecito al sol, a
los montes inmediatos.

Los rboles estaban amarillentos y rojizos, las hojas secas jugueteaban
por los senderos.

Miguel tena que quedarse muchas veces en su casa.

Era poca de grandes preparativos en el campo. Aristy diriga las
labores de abonar las tierras, de podar los rboles y haca grandes
hogueras con los hierbajos arrancados, a los que pegaba fuego al
anochecer.

Lacy, con esta atencin de los enfermos, lo contemplaba todo con una
gran curiosidad.

Pareca que quera fijar en la retina por ltima vez las cosas del
mundo.

Lacy no se alarmaba pensando en su porvenir. Se crea muy grave, y, sin
embargo, haca proyectos.

Lacy tena una gran preocupacin por Dolores Malpica; senta por ella
un entusiasmo muy prximo al amor.

Hablaba constantemente de ella y de todo cuanto tuviera relacin con
ella. A Miguel le hubiese molestado, quizs en otro, este entusiasmo
por la mujer de su hermano; pero en Lacy no le molestaba.

El enfermo alternaba con este tema de conversacin, los recuerdos de la
ltima etapa de la fuga por los montes de Vera.

Le preocupaba el pensar qu habran hecho del cadver de su amigo
Ochoa. La idea que se lo hubiesen comido los perros o los cuervos le
trastornaba.

Tambin le mortificaba la actitud del Inglesito, que le haba salvado y
haba desaparecido sin dejarle ni siquiera su nombre.

Es que le despreciara aquel ingls? Es que quizs pensaba que no le
iban a saber agradecer su herosmo?

La idea de no poder expresarle su gratitud le entristeca.

       *       *       *       *       *

Lacy paseaba durante las horas de sol por el campo y por la huerta de
Gastizar. Suba con Miguel a un manzanal en un alto, y se sentaba sobre
algn montn de hierba seca.

Desde all, la antigua casa solariega pareca rejuvenecerse,
galvanizarse por arte mgica, cuando le daban los rayos del sol. Las
viejas piedras de Gastizar se doraban, las vidrieras centelleaban y
lanzaban dardos, el dragn de la veleta se agitaba en el aire azul...

Al caer de la tarde el casern pareca desde arriba un inmenso dado de
oro; luego al inclinarse ms los rayos solares, adquira un tono de
prpura y pareca algo irreal y fantstico... De pronto el sol se pona
detrs de un robledal, y en un instante desapareca la llamarada; la
casa entonces era como un cadver electrizado a quien se le acababa la
corriente y quedaba en seguida tenebrosa, siniestra... Al momento en el
valle todo era oscuridad, frialdad, melancola.

Lacy suspiraba y volva a Gastizar.

Casi constantemente estaba con los Aristy.

Acompaaba a Miguel y miraba cmo dispona ste las labores campestres;
sola ir con frecuencia a la biblioteca en donde Darracq le mostraba
sus libros y las mil cosas recogidas en sus viajes.

Darracq haba domesticado a los gorriones, que entraban en la
biblioteca y se acercaban a comer a su mano, Lacy se diverta dando a
los pjaros migas de pan.

Las seoras de Gastizar tenan tambin grandes atenciones para Lacy.
Le guardaban el mejor sitio delante de la chimenea, le hacan postres
delicados y le traan flores.

En la sala de Gastizar haba siempre por aquella poca jarrones con
inmensos ramos de crisantemos. Era uno de los lujos que madama de
Aristy gustaba tener en su casa.

Mezclados con los crisantemos, madama de Aristy pona matas de
heliotropo que perfumaban la estancia.

Muchas noches Alicia y Miguel tocaban alguna sonata, de violn y piano,
de Beethoven, y se le vea a Lacy escuchar muy conmovido con la cara
llena de lgrimas.




III.

LA FAMILIA DE CHIMISTA


DON Valentn Malpica al llegar a su casa abraz a su hija y a sus
nietos.

--Qu ha pasado?--le pregunt Dolores varias veces.

--Nada. Un fracaso ms.

Don Valentn crea que estas cosas de la guerra eran slo para hombres,
y que con las mujeres no se deba hablar de ellas.

Al da siguiente Dolores averigu que su padre estaba herido. Malpica
dijo que no era nada. El pensaba que saba ms que los mdicos y
que con algunas hierbas se curara. Efectivamente, gracias a su
constitucin se cur pronto, aunque l crey que era gracias a su
ciencia.

Don Valentn estaba acostumbrado a mandar en su casa despticamente.
Pronto not con asombro la oposicin que le haca Margarita Tilly,
defendiendo a Dolores. A D. Valentn le sorprendi tanto, que casi
le hizo gracia. Malpica desarrollaba una gran cantidad de trabajo al
da, aunque no siempre til, pues el tiempo se le pasaba en hacer y
deshacer, en ir y venir.

El viejo coronel no poda aguantar el aire embebido y absorto que haba
tomado su hija desde que le haba abandonado su marido.

--Muvete, dormilona!--le deca.--Te vas a quedar tonta.

Margarita se indignaba.

--Bruto, ms que bruto!--sola murmurar por lo bajo.

--Djale--deca Dolores,--l me quiere as, a su modo.

Era la manera de ser carioso de D. Valentn. Si tena que recomendar
silencio, deca: Silencio en las filas; y cuando haba que prepararse
para algo, gritaba: Escuadrones!

El chico Miguelito le imitaba y se rea.

Margarita, convertida en amiga ntima de Dolores, se quedaba muchos
das en Chimista. Solan ir a veces a la cocina del piso bajo, donde
viva Fanchon, y hacan grandes fogatas y asaban castaas en el
rescoldo.

Los das buenos, Margarita y los chicos, Grashi Erua y Chistu corran
por los campos.




IV.

SIMONA BUSQUET


POCOS das despus de la muerte del to Juan, madama Aristy se present
en el Chalet de las Hiedras acompaada de Ichteben, y dijo a madama
Carolina y a Simona que hicieran el favor sin pretexto alguno de
abandonar la casa.

Madama Carolina haba amenazado anteriormente a la seora de Aristy con
divulgar en el pueblo que era la mujer de un revolucionario y regicida
como el to Juan. Ya no tena arma ninguna que emplear contra la
propietaria de Gastizar y se resign a dejar la casa sin protesta.

No as la Simona. Esta, ms violenta y agresiva, puso a la seora
de Aristy como un trapo. La insult en su marido, en sus hijos y en
sus amigos. Madama de Aristy, plida y con los ojos brillantes, no
contest, pero al marcharse dijo con voz iracunda:

--Saldr usted de aqu inmediatamente, si no la mandar echar por los
gendarmes.

Efectivamente, salieron las dos mujeres y fueron a parar a la posada
del Caballo Blanco.

Madama Carolina a los pocos das se march para no volver; Simona qued
en Ustariz, animada por el ardor de la venganza.

Manejaba a las muchachas del Bazar de Pars y a Marcos el del molino.

Posea por instinto esa tctica de los intrigantes que consiste en
unir y desunir voluntades moviendo el resorte de los caracteres. Saba
sembrar una sospecha, cultivarla si exista, y alimentar un resquemor o
una mala pasin con cario. Era la nica para indisponer a dos personas
amigas.

Tanta confianza lleg a tener con las dos seoritas de la Bastide y con
su abuela, la Diosa Razn, que dejando la posada del Caballo Blanco
fu a vivir con ellas. Intrigante y mentirosa como era Simona, lleg a
convencer a todos de la verdad de sus embustes.

Desde que se instal en casa de las seoritas de La Bastide se la vea
muchas veces en el mostrador despachando.

Simona era una mujer bonita, con la cara muy cuadrada, la frente ancha,
la nariz corta, los ojos muy negros, muy vivos, un poco juntos y muy
rasgados, y el pelo castao. Tena una palidez mate, una expresin de
intranquilidad y de suspicacia, unos _tics_ nerviosos que agitaban su
rostro y una sonrisa de dolor, de irona y de maldad.

Pareca que estaba siempre dispuesta al ataque, como un cnife o una
avispa.

Simona tena una conversacin ms picante y ms amena que las seoritas
de La Bastide, e hizo que la tertulia del Bazar aumentase y tomara ms
crdito.

Dej al mismo tiempo en el ambiente un semillero de rivalidades, de
suspicacias y de complicaciones.

Simona adul y lisonje a Larresore y lo llev a su campo, con la
intencin de sacarle noticias de lo que pasaba en Gastizar; pero el
viejo caballero era maestro en malicias y en marrulleras y supo
defenderse sin decir nunca nada en concreto.




V.

EL PRNCIPE QUIROMNTICO


DOS o tres comisionistas solan presentarse en Ustariz todos los meses.
Recorran los principales comercios y hacan una parada larga en el
Bazar de Pars, que era el principal establecimiento de la villa.

Uno de los ms asiduos de estos viajantes era el seor Pardies
d'Espelunque, accionista y dependiente de un almacn de Burdeos.

Monsieur Pardies d'Espelunques era un seor de ms de cuarenta aos,
fuerte, rechoncho, moreno, de bigote largo, negro y engomado. Pardies
era gascn, pasaba por ser de origen espaol y sus ntimos no le
llamaban Joseph sino Pepito, que ellos decan _Pepit_.

Pardies tena la cabeza grande con la melena negra y encrespada y la
cara mefistoflica. A pesar de la hermosa cabellera que luca mientras
iba cubierto, en lo alto del crneo estaba calvo, y para disimular su
calvicie tena el sistema de llevar los pelos de un parietal a otro,
as que su cabeza mirada a vista de pjaro tena un enrejado que
pareca un dibujo topogrfico hecho con tiralneas.

Pardies d'Espelunques era un hombre hablador, turbulento y exasperado,
cnico y burln. Sola vender sus gneros mareando a los compradores
con su verbosidad.

Pardies era elocuente, revolucionario, dantoniano, y pronunciaba las
erres a la espaola. Su exclamacin favorita era decir: Pardies!--y
luego aada:--As me llamo.

Un da Pardies se present en Ustariz con un seor de pobre aspecto.
Aquel seor poda ser todo menos comisionista. El comisionista en
algunos pueblos es el representante ms brillante de la civilizacin y
de la elegancia. Aquel seor, a pesar de su aspecto, era comisionista.

Venda medallas, rosarios, escapularios y otras chucheras
mstico-religiosas bendecidas por el Papa y tradas de Jerusaln.
Pardies llev a su compaero a los distintos comercios del pueblo y
estuvo un momento con l en el Bazar de Pars.

La Diosa Razn del Bazar, como sus nietas, reciban siempre muy
amablemente a Pardies y rean sus gracias.

--Cmo se llama su compaero de usted?--pregunt Martina, una de las
seoritas de La Bastide, a Pardies.

--Se va usted a reir--dijo el comisionista.

--Por qu? Es un nombre tan raro?

--Es un nombre raro para l. Se llama Rohan. Luis de Rohan. Es
descendiente del prncipe de Rohan.

--De verdad?--pregunt, extraada, Simona.

--S, s.

El seor de Rohan era alto, cano, afeitado, muy humilde, muy mstico.
Tendra unos cincuenta aos, el pelo blanco, la cara roja, con un
sarpullido blanquecino. Sola andar con un gabancito rado, una bufanda
de lana y un sombrero de copa, metido hasta las orejas. Cuando marchaba
de prisa, cortando el viento con su nariz afilada y roja y sus brazos
largos, cojeando un poco, pareca un galgo a quien le hubiesen pegado
una pedrada en una pata.

Simona dijo que deba llevarle a Rohan a la tertulia del Bazar, y
Pardies prometi ir con l al anochecer.

Efectivamente, despus de cenar en la Veleta fueron los dos al Bazar
de Pars. Rohan habl con una gran uncin y con un acento francs
muy puro. Cuando su amigo Pardies cometa alguna falta gramatical le
correga sonriendo.

--La gramtica! Bastante me importa a m la gramtica!--dijo
Pardies.--Todo eso no es ms que reaccionarismo. Si viniera la
nuestra! Lo primero que hara es pedir la cabeza de todos los
gramticos de Francia. Ya lo creo. _Pardies!_ No asustarse, seoras.
As me llamo.

--No le hagan ustedes caso--replic riendo Rohan y dirigindose a
Simona y a las seoritas de La Bastide.--Es un embustero.

--Yo, embustero. Y la cabeza de usted pedira tambin, seor Rohan.

--Me hara usted un favor--replic Rohan--frotndose las manos con su
aire meloso y llorn.--La vida! Pse! Para m no tiene valor. Tengo fe.

--Bah! Bah! Usted es un impostor prncipe. Todos esos escapularios y
medallitas los fabrica usted en su casa y ni han estado en Jerusaln
ni mucho menos. La impostura le viene a usted de familia.

--Qu brbaro!--exclam Rohan sonriendo y corrigiendo con su sonrisa
amable el dicterio.

--S, brbaro porque uno dice la verdad. En cambio yo tengo sangre de
jacobino _Pardies!_ As me llamo. Usted sabe cmo me confirm yo,
seor de Rohan?

--No, cmo quiere usted que yo sepa eso, mi querido amigo?

--Pues cuando yo era chico mi padre era del Comit de Salvacin
Pblica de Bayona nombrado por Monestier del Puy-de-Donce. Un da mi
padre me dijo: Vamos a comer con el ciudadano Monestier. El ciudadano
Monestier era un _ci devant_ cura. Entramos en su casa y fumos al
comedor. En la mesa en vez de manteles haba paos de los altares y
las copas eran clices.--Qu haras t pequeo ciudadano--me pregunt
Monestier--si yo te dijera que este vino es sangre de aristcratas?
Lo bebera--contest yo. Ya lo creo! _Pardies!_--no asustarse,
seoritas. Es mi nombre.

--Qu farsante!--exclam riendo Rohan.

La diosa Razn del Bazar de Pars sac una tabaquera y ofreci un polvo
de rap al prncipe. Los dos se atiborraron las narices de tabaco y
estornudaron con gran satisfaccin. Simona, a quien no divertan las
frases de Pardies tanto como a las seoritas de La Bastide, se puso a
hablar con Rohan.

El prncipe era un hombre un tanto misterioso, crea o aparentaba creer
en sortilegios, en hechiceras y en amuletos.

Simona era tambin supersticiosa y se dej llevar por el camino a que
le arrastraba Rohan.

--Podra usted averiguar mi sino?--le pregunt ella.

--S.

--Y decirme despus qu tengo que hacer para corregirlo?

--Tambin.

--Por las lneas de la mano?

--S, por las lneas de la mano.

--Ahora mismo?

--Ser mejor maana--contest Rohan con su acento llorn--tengo que
recogerme mucho, concentrar mi atencin y convendra que estuviramos
solos.

--Bueno, venga usted maana por la tarde a mi cuarto.

Al da siguiente el prncipe se present en la habitacin de Simona
con dos libros debajo del brazo. Uno era las "Disquisiciones de magia"
del padre Martn del Ro, y el otro el tratado de "Arte magntica" del
padre Kircher.

El prncipe dej los libros en un velador y se sent frente a Simona
con el sombrero de copa sobre las rodillas. Hablaron la aventurera y el
prncipe largo rato, l siempre muy humilde, muy quejumbroso y con gran
uncin.

--Quiere usted que empecemos?--pregunt Simona.

--Lo que a usted le parezca.

Simona mostr su mano. El seor de Rohan sac unas grandes antiparras,
se las coloc gravemente, cogi la mano y la estudi con meticulosidad
abriendo y cerrando los dedos.

--Qu le dice a usted mi mano?--pregunt Simona.

--Oh, dice tanto!--exclam Rohan con un aire elegaco y al mismo
tiempo de inspirado.--Aqu se ve todo su pasado. En su comienzo su
vida es difcil. Venus y Mercurio la presiden. No tiene usted cuidados
paternos.

--S, soy hija natural--dijo Simona--no he conocido a mi padre.

--La mano lo dice--replic el prncipe.--Y sin embargo usted es de
raza aristocrtica. Quizs su madre era una mujer del pueblo, pero
su padre era un gran seor. En su infancia hay abandono, miserias,
enfermedades. En los primeros aos de su juventud hay un disgusto
grande... una fuga de casa... despus viajes por el extranjero,
amores... vigilancia... una amistad con una mujer rubia.

--Cierto, todo eso es cierto--murmur Simona.--Y ahora?

--Ya quiere usted pasar al presente? No quiere usted saber siquiera
lo que me dice la mano de usted de su temperamento?

--S, s.

--Es usted tmida y atrevida, sensible y dura, de pasiones fogosas y al
mismo tiempo sencilla y humilde. No le han querido a usted nunca como
usted ha querido.

--Es cierto, es cierto.

--Est usted hoy en un momento de crisis; hay un hombre rubio que la
quiere y dos mujeres que la odian, una ya vieja y la otra joven...
extranjera. En este momento est usted en lucha con ellas. Las dos
intentarn perseguirla y humillarla, pero usted podr librarse de su
presencia.

--Cmo?--exclam Simona.

--La manera ms segura sera hacer un largo viaje.

--No, no, no quiero eso. No hay otra solucin?

--Ver.

Rohan tom el libro del padre Kircher, lo abri, ley enfticamente
trozos en latn hasta que se detuvo en un prrafo marcndolo con el
dedo.

--Ser conveniente que se quite usted todas las alhajas que lleva y no
use usted de hoy en adelante ms que una mano de coral y un rub en el
dedo del corazn.

--Y vencer al fin a mis enemigas?

--S. El agua acabar con una de ellas y el fuego con la otra.

Simona pregunt al prncipe lo que le deba.

--Lo que usted quiera--contest el seor de Rohan volviendo de pronto a
su aspecto humilde y a su aire quejumbroso.

Simona alarg un luis que el prncipe lo cogi con cuidado y se lo
meti en el bolsillo. Despus el hombre largo tom sus libros debajo
del brazo y se retir haciendo una reverencia. Al llegar a la calle
en su boca haba un rictus irnico y en ojos una gran alegra que se
tradujo ostensiblemente en que de pronto el mago se frot las manos con
gran satisfaccin.

Simona se puso a pensar acerca de lo que le haba dicho el prncipe
quiromntico y qued convencida de que era verdad. Ella era atrevida
y tmida, humilde y orgullosa, dura y de corazn blando, quin no
se cree un producto excepcional y extraordinario de la naturaleza
con todas las ms nobles facultades y todas las ms extraas
contradicciones? El prncipe quiromntico le haba dicho la verdad.
Nadie le haba querido, existan dos mujeres que la odiaban. Todo esto
le pareci axiomtico.

Las palabras del misterioso Rohan fueron produciendo en ella una gran
agitacin y llegaron a traducirse en hechos.




VI.

LA VENGANZA DE SIMONA


SIMONA Busquet vivi durante algn tiempo anhelante pensando en las
predicciones de Rohan. Un da el cartero le llev un pliego que le puso
en un estado de intranquilidad y de nerviosidad grande.

A la maana siguiente Simona se present en Gastizar, llam y dijo a
Ichteben a voz en grito que comunicara a la seora de Aristy que Len,
su hijo, acababa de ahorcarse en Pars. La noticia era cierta y llev
la desolacin a Gastizar. Simona la haba sabido por una carta de
Carolina.

La resignacin y el recogimiento de las dos familias, la de Gastizar y
la de Chimista, irritaron a Simona, que pens en llevar ms lejos su
venganza.

Simona, que era tan vengativa como envidiosa, haba comenzado a odiar a
una de las seoritas del Bazar y lleg a quitarle su amante Marcos, el
gascn.

Marcos se dejaba querer por las dos mujeres; la Simona le daba dinero,
y el mozo, en vez de trabajar, se pasaba el da en la taberna bebiendo
y jugando.

Como la sed de venganza era en Simona inextinguible, pidi a Marcos
que, como una prueba de cario a ella, incendiase Chimista, la casa
donde viva Dolores Malpica. El fuego acabar con una de ellas le haba
dicho Rohan. Simona pint a su amante una serie de ultrajes supuestos
que le haba inferido a ella la espaola.

Marcos saba que el negocio era grave, pero dijo que lo estudiara.

Haba en la parte de atrs de Chimista dos almiares grandes de heno y
otros dos de helecho. Un da de viento sur uno de los montones comenz
a arder con violencia; el fuego se comunic a los otros tres y el
viento llev las llamas hacia la casa.

Afortunadamente, Fanchon y Praschcu se dieron cuenta del siniestro,
llamaron a otros vecinos y entre todos a palos apagaron el fuego.

Se sospech, sin pruebas, que haba sido Marcos el gascn. Ichteben,
el criado de Gastizar, le haba visto pasar a Marcos por el puente
hacia el pueblo dos horas antes del siniestro. Naturalmente, el autor
material del crimen no poda ser l.

Marcos fu detenido, neg toda participacin en el hecho y fu
puesto en libertad. Marcos sigui llevando su vida de holgazanera y
de crpula, sacando siempre dinero a la Simona cada vez en mayores
cantidades.

En esto un da Mandharra, el chico del casero de Gros Jean, el
tramposo, vino con Praschcu, el marido de Fanchon, al pueblo y se
dirigi al Juzgado.

Praschcu cont al juez que el chico aquel haba sido el que haba
pegado fuego a los montones de hierba seca de Chimista, instigado por
Marcos el gascn.

Mandharra declar que era verdad que Marcos le haba impulsado a que
encendiera la hierba, y para darle nimo le haba emborrachado con
aguardiente.

Marcos volvi a ser preso y neg todo lo que deca el muchacho; pero
los indicios se acumulaban contra l.

Simona, pensando sin duda que la venganza la haba llevado demasiado
lejos y que las predicciones de Rohan no se cumplan al pie de la
letra, huy del pueblo.

Marcos el gascn pregunt en la crcel varias veces por ella, y al
saber que se haba escapado, cont al juez lo ocurrido y denunci a
Simona como instigadora del crimen.

La Simona fu presa, y Marcos y ella fueron poco despus condenados a
presidio.




VII.

NAVIDAD TRISTE


ES el da de Navidad. Llueve; el tiempo est negro, la niebla espesa
da una opacidad gris al ambiente. El campo encharcado, lleno de caas
secas de maz, se va convirtiendo en lago turbio, que burbujea al caer
las gruesas gotas de agua.

El cielo de plomo se aclara a veces, toma otras un color de tinta,
brilla el resplandor del sol en un monte y con tono claro y con tono
oscuro llueve con idntica furia.

En el saln de Gastizar, al anochecer, hay un aire de pesadez y de
tristeza. Las dos seoritas de Belsunce se aburren ms que nunca; la
una lee, la otra hace una labor; madama de Aristy dice a las muchachas
cada cuarto de hora:

--Id a la guardilla y ved si hay goteras.

Las muchachas suben, riendo, al desvn. Las goteras cantan suavemente
en los barreos como si fueran martillos que golpearan un tmpano.
El desvn de Gastizar muestra su armazn de vigas fuertes como el
esqueleto de un animal gigantesco.

En el suelo de madera, carcomido y combado, se ven montones de maz;
calabazas largas, redondas, surcadas, rugosas, unas rosadas de un color
de carne, otras verdes como la piel de un cocodrilo; ajos muy blancos,
cebollas irisadas y montones de heno que exhalan un olor exquisito.
Por la claraboya abierta entra el aire hmedo y templado de la tarde,
y se ve cruzar la lluvia en lneas brillantes que parecen varillas de
acero. El viento se divierte en jugar por entre los pilares de madera
que sostienen el tejado, hace por los rincones hu... hu... como un buen
gnomo que soplara en un caracol, y arrastra por el suelo briznas de
hierba y de helecho seco.

En el saln, en la chimenea, al lado del fuego estn Miguel Aristy,
Darracq y el caballero de Larresore.

Aristy est melanclico y mira ensimismado las llamas. Larresore se
exalta en fro contra un enemigo al que, desde hace algn tiempo, tiene
como blanco de sus tiros: el Romanticismo.

Larresore se considera adversario personal de Hernani, de Vctor
Hugo, queriendo convencerse de que este drama est muy mal, aunque
se entusiasma con sus versos. Llama a los romnticos Erostratos,
iconoclastas, brbaros enemigos de la tradicin latina.

La seorita vieja de Belsunce, otras veces le lleva la corriente y
habla con sorna de las mujeres plidas, lnguidas y tristes.

Esta noche tradicional hay como un ambiente de fro y de tristeza en la
casa. El seor de Aviraneta, que otras veces va de visita a Gastizar,
hoy no ha aparecido. Se dice que el joven Lacy est tan grave, que no
pasar del da.

El caballero de Larresore, a quien molesta este aire glacial, ha hecho
esfuerzos intiles para animar la conversacin; ha hablado durante
largo tiempo del camino de hierro entre Liverpool y Manchester, de
la inauguracin de esta va y del accidente ocurrido al duque de
Wellington.

En vista de que el asunto no templa los nimos, se ha decidido a
bromear sobre los sansimonianos. Tampoco ha tenido xito.

La criada anuncia que la cena est en la mesa, y van todos al comedor.

Madama de Aristy plida, se acuerda de su hijo Len y no prueba
bocado. Miguel est ensimismado y triste, las seoritas de Belsunce de
mal humor, Darracq indiferente. Larresore hace esfuerzos para conservar
su indiferencia jovial.

Despus de cenar, Larresore y Miguel se sientan cerca de la lumbre. Se
oye el agua que golpea en los cristales y que entra por la chimenea a
caer chirriando en las brasas.

Y luego a lo lejos, en el campo, se escuchan voces roncas que cantan un
villancico.

--Usted no se pregunta a veces--dice Miguel a Larresore--si la vida no
ser una estupidez?

El caballero se queda mirando al fuego, y murmura:

--Y para qu hacerse esa pregunta?

--S; es la verdad, tiene usted razn. Para qu?

Y los dos hombres callan y sigue oyndose el azotar de la lluvia en los
cristales y el murmullo del viento en los rboles.




                             LIBRO QUINTO

                             LA DECADENCIA
                                  DEL
                          DRAGN DE GASTIZAR




I.

LA CAZA DEL DRAGN


OTRA porcin de desdichas tan grandes como las anteriores presidi el
dragn de la veleta de Gastizar por aquel tiempo; las luchas de unas
elecciones donde hubo heridos, los estragos del clera, la muerte de
Lacy, el suicidio de Grashi Erua, la loca, que un da se la encontr
flotando sobre un estanque de agua clara.

La gente del pueblo, y sobre todo la gente de Gastizar, lleg a mirar a
la veleta con cierta preocupacin mal disimulada.

Ciertamente no era fcil que un artefacto de hierro influyera en la
existencia de los hombres. Pero quin sabe?

Al llegar el otoo la veleta de Gastizar adquiri nueva vida con los
vientos fuertes del equinoccio.

Los habitantes de Gastizar, que antes no se fijaban en si chirriaba o
no, comenzaron a intranquilizarse con su ruido. Madama Aristy no poda
dormir; la seorita de Belsunce, tampoco.

Entonces se decidieron a quitar la veleta. Fueron Miguel, Darracq e
Ichteben, como quien va a una caza peligrosa, una maana antes de que
nadie se hubiese levantado. Alicia les sinti en el desvn y se uni a
la expedicin. No era ella la descendiente de Gastn de Belsunce, que
haba matado al dragn de la cueva de San Pedro de Irube en el siglo XV?

Miguel tom toda clase de precauciones al salir por el tragaluz; se at
una cuerda a la cintura y se dispuso a salir al tejado.

--A ver si nos hace una hereja este viejo dragn--dijo Miguel riendo.

Al arrancar la veleta, Miguel se desoll una mano y estuvo a punto
de resbalarse. Darracq le ayud, y entre los tres hombres y Alicia
metieron el artefacto en la guardilla. Estuvieron contemplando el
dragn largo tiempo.

--Pobre viejo.--Ya no podrs amenazar con tus garras al cielo--dijo
Miguel como quien pronuncia una oracin fnebre;--ya no podrs
comunicarte con aquella vieja lechuza parda que se acercaba a ti
durante el crepsculo. Ya no sonar tu spero chirrido por las noches.
Condenado a prisin perpetua entre unas botellas vacas y unas
sombrereras, has perdido tu virulencia, pobre dragn de la veleta de
Gastizar! Adis! Adis!




II.

LOS AMORES DE MARGARITA


A la primera noticia buena se respir en Gastizar.

Esta fu la boda de Margarita Tilly y Sampau. Sampau haba ido con
mucha asiduidad a visitar a su amigo Lacy durante el invierno.

Sampau estaba de guarnicin en San Sebastin y le daban a menudo
permiso para pasar la frontera.

Sampau visitaba a Lacy e iba con frecuencia a Gastizar a ver a
Margarita, a quien haba conocido de chico.

Sampau era un muchacho guapo que estaba muy convencido de su guapeza.

Era alto, moreno; llevaba bigote y patillas cortas.

La primera vez que se volvieron a ver en Chimista, Margarita y Sampau,
no tuvieron una entrevista afectuosa.

No se haban encontrado desde la infancia.

Margarita haba decidido no presentarse a l. Sampau quera verla y se
lo dijo a Dolores Malpica.

--Est bien; iremos nosotros a verla--dijo Dolores, y en compaa del
militar fu al piso bajo de Chimista, a casa de Fanchon, donde apareci
Margarita, un poco plida y con un aire desdeoso.

--Margarita, ya no quieres ni verme--le dijo Sampau.

--No saba que estuvieras aqu--replic ella con marcada frialdad.

---He venido a ver a este pobre Lacy, que est tan enfermo.

Habl Sampau de la enfermedad de Lacy y de las pocas probabilidades que
tena de curacin.

Al despedirle Sampau dijo a Dolores con cierta petulancia:

--Celebro que Margarita tenga la amistad de usted. Le conviene; porque
yo creo que esta cabecita rubia est un poco destornillada.

Margarita hizo un gesto de desdn.

--No, no--replic Dolores.--Todos dicen ustedes lo mismo, y no es
cierto. Aqu yo slo s lo que trabaja, y lo bien que lo lleva todo, y
lo tranquila y lo juiciosa que es. Ha de ser una ama de casa excelente.

Margarita se ruboriz.

--Usted lo cree as? Pues as ser. Yo me figuro a Margarita montada a
caballo, con un ltigo en la mano, pero no cosiendo ni zurciendo.

--Pues no es as. Es una muchacha hacendosa, sencilla...

--S, ser cierto--dijo Sampau;--pero no se puede negar que es una
desagradecida. Ya ve usted cmo me ha recibido a m. Pues sepa usted
que yo la he llevado en brazos cuando era nia.

--De verdad?

--S. Cuando ella naci yo tendra ocho aos. La recuerdo en la cuna,
que pareca una mueca. Luego ms tarde solamos jugar con ella su
hermano, Lacy y yo, y como yo era el mayor y el ms alto y la llevaba
en hombros, era el preferido. Entonces creo que estaba algo enamorada
de m.

--Yo de ti--exclam Margarita.--Majadero! Fatuo! Eso es lo que debes
creer t, que todas las mujeres se enamoran de ti.

Sampau hizo la observacin de que Margarita estaba ms guapa cuando se
incomodaba, y ella cambi de aspecto y tom una actitud desdeosa.

Las visitas de Sampau menudearon.

Cuando el mdico dijo que la enfermedad de Lacy se acercaba al
desenlace, Sampau pidi una licencia de un mes y se estableci en la
Veleta de Ustariz. All asisti en su enfermedad a su amigo, hasta que
ste un anochecer muri dulcemente sin darse cuenta.

El dolor de ver morir a Lacy acerc ms a Margarita y a Sampau.

A medida que Sampau y Margarita se entendan, l se haca menos fatuo y
ella menos desdeosa.

Sampau tom como protectora a Dolores.

--Yo quisiera--le dijo un da--saber los sentimientos de Margarita por
m.

--Yo creo que le tiene a usted afecto.

--Usted cree que no me rechazar?

--Yo creo que no. Se lo preguntaremos a ella.

Dolores llam a Margarita y se sentaron los tres en el cenador de la
huerta. Haca un da de Abril de sol hermoso y de cielo claro.

Dolores cont a Margarita lo que haban hablado ella y Sampau.

--S, Margarita--dijo Sampau;--yo te quiero.

--Yo tambin te quiero--repuso ella.

--Entonces ests dispuesta a seguirme, a ser mi mujer?

--No quisiera marcharme de aqu. Aqu he vivido tan feliz! Tengo tanto
cario a todos los de esta casa--y Margarita cogi la mano de Dolores y
la mir con ansiedad.

--Ya vendrs alguna vez--dijo Dolores;--tu marido te traer aqu.

--Cuando ella quiera. Ahora no falta ms que una cosa: fijar el da de
la boda.

Al despedirse Sampau abri los brazos, Margarita vacil un momento,
pero se ech en ellos y se desasi despus palpitante y enamorada.




III.

UNA SOMBRA DE OTRA POCA


AL proyectarse la boda de Sampau con Margarita se pens en
comunicrselo a las respectivas familias y a los amigos.

Margarita, por lo que dijo, estaba reida con sus tos; sus hermanos,
que vivan en Jersey, eran pequeos, y nicamente tena la abuela
paterna en un pueblecito cerca de Pars. Esta seora se titulaba la
condesa de Tilly. Margarita le di parte de su boda suponiendo que ya
estaba bastante vieja y que no vendra; pero un da le avisaron que
fuera a la posada de la Veleta porque acababa de llegar su abuela.
Efectivamente, esta seora baj de la diligencia en compaa de una
criada vieja con una cofia blanca.

La condesa de Tilly era una seora pequea de estatura, sonrosada, con
el pelo blanco y los ojos muy azules, que deba haber sido muy bonita.

La condesa se quej a su nieta de las pocas comodidades de la posada.

Margarita quiso llevarla a Chimista; pero la abuela se opuso a ir a una
casa de campo lejana.

Miguel Aristy supo la perplejidad en que se encontraba Margarita, y
ofreci una habitacin en Gastizar para la anciana seora.

--Que venga a casa--dijo;--la trataremos lo mejor que podamos.

--Oh, muchas gracias!... No s si ella querr.

--Se lo propondremos.

Aristy fu a visitar a la condesa y quedaron los dos muy amigos. La
abuela coquete con Miguel como si tuviera veinte aos.

Miguel se mostr con ella galante y un poco libertino. Fingi, sin
esfuerzo, que era de la misma edad que la condesa, lo que a ella le
divirti muchsimo.

Despus de un largo rato de conversacin se decidi que la anciana
seora y su criada marcharan inmediatamente a Gastizar. La condesa se
instal sin escrpulos ni ceremonias.

Tena una gracia para aceptar completamente del antiguo rgimen.

La criada de la condesa era el polo contrario de su ama. Era difcil
encontrar una vieja ms agria, ms malhumorada, ms suspicaz, ms
tacaa que la de la cofia blanca. Al da siguiente de llegar, todos los
criados de Gastizar la odiaban fervorosamente. A pesar de esto, ella
les dominaba porque era astuta y sagaz.

Madama de Aristy y las seoritas de Belsunce quedaron entusiasmadas con
la condesa. El caballero de Larresore le dedic unas sonrisas y unas
galanteras del ms autntico Versalles.

--Condesa--le deca el caballero de Larresore con un aire inspirado
y sentimental;--en qu poca nos encontramos! Nosotros, que hemos
conocido a Mara Antonieta en Versalles.

--Yo no, yo no--deca la condesa,--yo no soy tan vieja; entonces era
muy pequea. Yo recuerdo que me puse de largo cuando guillotinaron a
Luis XVI.

--Y lo sentira usted, condesa, como algo atroz.

--S; pero tenamos otras muchas cosas en que pensar.

La vieja seora no tena ninguna simpata por el caballero de
Larresore, porque ste siempre le estaba hablando, segn ella, de su
edad.

--No s para qu me recuerda este caballero tiempos pasados--deca la
condesa.--Es una impertinencia. Otros tambin tienen aos.

Miguel le daba la razn, y le deca:

--Usted siempre parecer joven, condesa.

Y ella al oirle sonrea entre burlona y satisfecha.

La condesa haba llevado una vida accidentada; haba conocido el tiempo
de Luis XVI y los horrores de la Revolucin, el Directorio, el Imperio
y la Restauracin. Al parecer haba sido una mujer muy solicitada
por los hombres, y le quedaba la facultad de seducir a la gente sin
proponrselo.

A Miguel Aristy le tom como confidente y le contaba su vida y hasta
sus amores.

--Pensar que me han perseguido Mirabeau, Barras, Talleyrand. Uf! Qu
cosas ha visto una! Qu horrores! Qu disparates!

Y una las manos y cerraba los ojos como si sintiera el vrtigo con los
recuerdos.

Otras veces preguntaba:

--Quin fu el que decret el culto del Ser Supremo? Napolen? No.
Fu el seor de Robespierre. Verdad? S, fu el seor de Robespierre.
Recuerdo que aquel da tuvimos que vender un traje mo y otro de
mi madre para comer. Esto fu cuando la batalla de Waterloo. No...
Despus... No, no.

La condesa de Tilly no era capaz de detenerse en una cosa o en una idea.

--Perdonadme si digo alguna vez tonteras--deca.--La vida me parece
tan larga! Estoy deseando morir. Usted cree que habr alma, Miguel?

--S; supongo que s.

--Pero alma inmortal?

--No s, eso no s; ni creo que lo sepa con certeza nadie.

--Sabe usted que yo he sido atea en otra poca y que le libros de
Voltaire y de Holbach. Qu horror, verdad!

--S, un completo horror.

--Ahora soy completamente creyente, como un nio. Habr cielo, Miguel?
Eh? Si no, qu vamos a hacer en la tierra, en un sitio tan fro, tan
hmedo!

--No s qu podremos hacer. La tierra es cosa poco cmoda,
indudablemente.

Margarita iba con frecuencia a Gastizar y trataba a su abuela como a
una nia; le acostaba y le rea.

Se fij el da de la boda de Margarita para Mayo. La ceremonia se
verific con gran rumbo. La condesa de Tilly se present ante el altar
vestida de color de rosa y llena de joyas, y estaba tan bien con sus
cabellos blancos y sus ojos azules, que produjo el entusiasmo de todos.

Al salir de la iglesia haba dos coches en la carretera; en uno
entraron Sampau y Margarita, en el otro, la condesa de Tilly con su
criada vieja de la cofia blanca.

Larresore y Miguel besaron la mano de la condesa.

--Qu lstima que sea tan vieja, Miguel!--exclam ella, con los ojos
azules llenos de lgrimas.

--Siempre ser usted encantadora--contest l, besndole la mano.

Y los dos coches tomaron el camino de Bayona, llevando uno la juventud
y el amor, el otro la vejez y los desengaos.




IV.

EN CHALANTA


LA vspera del da de San Juan, Sampau y Margarita, ya casados, se
presentaron en Ustariz.

Miguel les convid a ir a Camb, donde haba fiesta, y fueron en un
coche grande todos los de Chimista y algunos de Gastizar. Fernanda Luxe
llevaba como caballero al joven Larralde-Maulen, que la galanteaba,
y Alicia Belsunce a un vizconde gascn, el vizconde de Florac que le
haba empezado a hacer la corte.

Haba feria en Camb. Se haban reunido una porcin de vendedores
ambulantes con coches y puestos con cuchillos, azadas, objetos de
cocina y ferretera, y los aldeanos llevaban vacas y cerdos al mercado.

Hubo por la maana gran partido de pelota, por la tarde vsperas y
despus baile.

En el quiosco de la msica, hecho con unos toneles y adornado con
ramas, se toc la msica hasta las doce de la noche.

A esta hora los bailarines se fueron a beber agua de la fuente de San
Juan y se vi todo el monte iluminado con hogueras.

Al da siguiente se decidi volver, por la tarde, a Ustariz. Miguel
propuso tomar dos lanchas grandes y embarcarse en ellas.

El da era caluroso, de viento Sur; no corra una rfaga de aire y las
hojas parecan petrificadas en la calma del ambiente.

Bajaron a la orilla del ro.

En la proa de la primera lancha se puso Manich, un virtuoso del
acorden; luego se fueron instalando los dems.

El acordeonista fu trenzando y destrenzando sus melodas banales y
extrayndolas del pulmn de su instrumento.

Las dos _chalantas_ comenzaron a deslizarse despacio por el ro claro.

La tarde era esplndida, de una tranquilidad admirable; el cielo, azul
puro y tranquilo.

Margarita y Sampau hablaban, ella llevaba una rama por la superficie
del agua; Alicia y el vizconde de Florac, Fernanda Luxe y el joven
Larralde parecan dispuestos a cantar el eterno do de amor, tan viejo
siempre y siempre tan nuevo. Dolores cuidaba de sus hijos.

--Y t?--pregunt Larresore a Miguel--No te sientes tentado a imitar
a esos enamorados?

--Ya no me quieren--contest Miguel, y recit estos versos de Voltaire
a madama du Chatelet:

      Si vous voulez que j'aime encore
    Rendez-mois l'age des amours;
    Au crpuscule de mes jours
    Rejoignez, s'il se peut, l'aurore
    Des beaux lieux ou le dieu du vin
    Avec l'Amour tient son empire
    Le Temps qui me prend par la main
    M'avertit que je me retire
    De son inflexible rigueur
    Tirons au moins quelque avantage
    Qui n'a pas l'esprit de son age
    De son age a tout le malheur.

Al anochecer llegaron las chalantas frente a Gastizar, atracaron
al lado del rbol que sala sobre el ro y fueron saltando todos a
tierra.




EPLOGO


UN da de primavera en que estaban en el manzanal de Gastizar madama
Aristy, las seoritas de Belsunce, madama Luxe, Larresore y Darracq,
Miguel dijo:

--La verdad es que falta algo a nuestra torre de Gastizar sin la
veleta. Yo siento la nostalgia de verla. Si pusiramos de nuevo el
dragn qu les parecera a ustedes?

--Al dragn?--dijo con asombro la seorita de Belsunce.

--Poner la veleta!--exclam madama Aristy casi colrica.--Qu
disparate! Jams!

--Ah! pero t crees...?

--Yo no creo nada; pero lo que te digo es que no se pone la veleta.

Todos afirmaron que era una imprudencia, una provocacin instalar la
veleta, y madama de Aristy lleg a asegurar que si se hablaba ms de
esto cogera el artefacto de hierro y lo echara al ro.

La gente del pueblo estuvo tambin de acuerdo. Era una imprudencia el
poner el malvado y nefasto dragn en la torre.

Aquel viejo basilisco de la veleta de Gastizar les pareca a todos un
auxiliar del destino adverso, una de aquellas esfinges de una fauna
desaparecida que no anunciaban ms que calamidades.

En Gastizar y en Ustariz estaban contentos despus de la caza del
dragn. Ya no pasaba nada en el pueblo. La rueda de la existencia
oscura segua girando constantemente: Nacer, vivir, morir. Nacer,
vivir, morir...

A veces algn romntico se preguntaba si mejor que la inmovilidad,
que la vida montona e igual, no sera tener una veleta inquietante y
perturbadora como la de Gastizar en el torren de su casa.

_Madrid, Febrero 1918._


                     FIN DE LOS CAUDILLOS DE 1830




                                NDICE


                                                   Pginas.

  LIBRO PRIMERO.--EL ETERNO CONSPIRADOR

     I. Don Eugenio                                      11

    II. Entrevista con Mina                              17

   III. Conversacin con Aguado                          25

    IV. La tinta simptica                               33

     V. Preparativos                                     41

    VI. Las ideas de Tilly                               45

   VII. Viaje a San Sebastin                            53

  VIII. Fracasa el proyecto                              67

    IX. Aviraneta despechado                             75

     X. Orden de marcha                                  79

    XI. Los realistas                                    83


  LIBRO SEGUNDO.--EN USTARIZ

     I. Aviraneta y Tilly                                90

    II. Malos vientos                                    93

   III. Las maniobras de Choribide                       97

    IV. Margarita                                       107

     V. El nio                                         115

    VI. Choribide y Aviraneta                           125


  LIBRO TERCERO.--EL DIARIO DE LACY

     I. El soador                                      135

    II. La entrada en Espaa                            139

   III. El leador de Antula                            155

    IV. Ataque de Juanito                               165

     V. Chapalangarra                                   167

    VI. Noticias de Mina                                173

   VII. En el fortn de Vera                            179

  VIII. Los realistas                                   185

    IX. En el pueblo                                    191

     X. Por la tarde                                    195

    XI. Fin del diario de Lacy                          205

    XI. Los hroes de la aventura                       213

   XII. Los resultados de la empresa                    219


  LIBRO CUARTO.--BAJO LA INFLUENCIA NEFASTA DEL
  DRAGN DE GASTIZAR

     I. El to Juan                                     225

    II. El veranillo de San Martn                      233

   III. La familia de Chimista                          241

    IV. Simona Busquet                                  245

     V. El prncipe quiromntico                        249

    VI. La venganza de Simona                           259

   VII. Navidad triste                                  263


  LIBRO QUINTO.--LA DECADENCIA DEL DRAGN DE
  GASTIZAR

     I. La caza del dragn                              269

    II. Los amores de Margarita                         273

   III. Una sombra de otra poca                        279

    IV. La chalanta                                     285

        Eplogo                                         289





End of the Project Gutenberg EBook of Los Caudillos de 1830, by Po Baroja

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS CAUDILLOS DE 1830 ***

***** This file should be named 53517-8.txt or 53517-8.zip *****
This and all associated files of various formats will be found in:
        http://www.gutenberg.org/5/3/5/1/53517/

Produced by Carlos Coln, University of Toronto and the
Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
(This file was produced from images generously made
available by The Internet Archive)

Updated editions will replace the previous one--the old editions will
be renamed.

Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
law means that no one owns a United States copyright in these works,
so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
States without permission and without paying copyright
royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
of this license, apply to copying and distributing Project
Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive
specific permission. If you do not charge anything for copies of this
eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook
for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports,
performances and research. They may be modified and printed and given
away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks
not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the
trademark license, especially commercial redistribution.

START: FULL LICENSE

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK

To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
distribution of electronic works, by using or distributing this work
(or any other work associated in any way with the phrase "Project
Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
www.gutenberg.org/license.

Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
Gutenberg-tm electronic works

1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or
destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
1.E.8.

1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement. See
paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
electronic works. See paragraph 1.E below.

1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
works in the collection are in the public domain in the United
States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
United States and you are located in the United States, we do not
claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
displaying or creating derivative works based on the work as long as
all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
you share it without charge with others.

1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
in a constant state of change. If you are outside the United States,
check the laws of your country in addition to the terms of this
agreement before downloading, copying, displaying, performing,
distributing or creating derivative works based on this work or any
other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
representations concerning the copyright status of any work in any
country outside the United States.

1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
performed, viewed, copied or distributed:

  This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
  most other parts of the world at no cost and with almost no
  restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
  under the terms of the Project Gutenberg License included with this
  eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
  United States, you'll have to check the laws of the country where you
  are located before using this ebook.

1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
contain a notice indicating that it is posted with permission of the
copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
the United States without paying any fees or charges. If you are
redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
posted with the permission of the copyright holder found at the
beginning of this work.

1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
any word processing or hypertext form. However, if you provide access
to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
provided that

* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
  the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
  you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
  to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
  agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
  Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
  within 60 days following each date on which you prepare (or are
  legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
  payments should be clearly marked as such and sent to the Project
  Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
  Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
  Literary Archive Foundation."

* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
  you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
  does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
  License. You must require such a user to return or destroy all
  copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
  all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
  works.

* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
  any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
  electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
  receipt of the work.

* You comply with all other terms of this agreement for free
  distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
electronic works, and the medium on which they may be stored, may
contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
cannot be read by your equipment.

1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from. If you
received the work on a physical medium, you must return the medium
with your written explanation. The person or entity that provided you
with the defective work may elect to provide a replacement copy in
lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
or entity providing it to you may choose to give you a second
opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
without further opportunities to fix the problem.

1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of
damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
violates the law of the state applicable to this agreement, the
agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
remaining provisions.

1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
Defect you cause.

Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of
computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
from people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
www.gutenberg.org



Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
volunteers and employees are scattered throughout numerous
locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:

    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements. We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations. To
donate, please visit: www.gutenberg.org/donate

Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
freely shared with anyone. For forty years, he produced and
distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
edition.

Most people start at our Web site which has the main PG search
facility: www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.

