The Project Gutenberg eBook, Filosofa Americana, by Enrique Molina


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Title: Filosofa Americana
       Ensayos


Author: Enrique Molina



Release Date: November 13, 2013  [eBook #44173]

Language: Spanish

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Nota del Transcriptor:

      Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

      Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las
      minsculas) han sido sustituidas por letras maysculas
      de tamao normal.





FILOSOFA AMERICANA

ENRIQUE MOLINA

Ensayos







[Ilustracin]

PARS
CASA EDITORIAL GARNIER HERMANOS
6, RUE DES SAINTS-PRES, 6




FILOSOFA AMERICANA




LA LIBERTAD, EL DETERMINISMO Y LA RESPONSABILIDAD


SUMARIO

  I.--Las ideas de libertad y el determinismo.

  II.--El determinismo y su influencia sobre la accin humana y el
  pensamiento.

  III.--La libertad absoluta.

  IV.--El determinismo psquico y las ideas nuevas.

  V.--La fuerza coordinadora de la voluntad y la libertad virtual.

  VI.--El determinismo social y el individuo.

  VII.--El fundamento de la responsabilidad.

  VIII.--El sentimiento de responsabilidad y su educacin.--Conceptos
  definitivos de libertad y responsabilidad.


Que una discusin haya agitado a las inteligencias durante siglos, no es
motivo para dejarla de la mano, sin tentar antes el ensayo de probar una
de dos cosas: o alguna solucin que se encuentre, o que la cuestin es
insoluble.

En este caso se halla la secular polmica sobre el determinismo y el
libre albedro.

Creo que esta contienda se ha enmaraado por falta de claridad sobre los
conceptos discutidos, de donde ha resultado que se ha confundido el
determinismo con el fatalismo; se ha buscado para la libertad y
responsabilidad un sentido absoluto que no pueden tener: no se ha visto
que es inconcebible la actividad voluntaria sin determinaciones que la
encaminen, de donde proviene una conciliacin entre la nica libertad
prctica y posible y el determinismo; y no se ha pensado que basta al
mantenimiento de la vida social y moral la responsabilidad relativa que
emana de la convivencia y solidaridad de los hombres y no es
incompatible con el determinismo.

Estas ideas y otras que digan relacin con ellas van a ser la materia de
este ensayo.


I

LAS IDEAS DE LIBERTAD Y EL DETERMINISMO

Cuando decimos que un hombre goza de libertad o que alguien tiene
conciencia de su libertad, pensamos atribuir una cualidad a esos
sujetos; pero, en realidad, slo empleamos respecto de ellos un trmino
abstracto cuya comprensin es muy variada.

El populacho y el demagogo que deliran de entusiasmo cuando se les habla
de su sagrada libertad, que seran capaces de colgar de un farol a
alguien que la negara, el tribuno ilustrado que defiende la libertad de
testar, y de la prensa, y el metafsico que aboga por la libertad
absoluta, cubren con la misma palabra cosas muy distintas.

Veamos, as, primero, los sentidos que son propios del concepto de
libertad y, en cada caso, las relaciones que pueden ligarlo al
determinismo o hacerlo incompatible con l.

Empezaremos por la libertad emprica o externa.

sta consiste en la facultad de hacer lo que se quiere, en la falta de
coercin exterior; en la facultad de convertir en acto lo que indica el
motivo que ms se quiere, aunque ms acertado sera decir, no que uno
puede decidirse por el motivo que ms quiere, sino que uno quiere al
motivo que ms puede sobre uno; porque, en cuanto a la ejecucin del
acto, ser posible que alguien no obre en definitiva segn el motivo
que ms puede sobre l? Hacia donde enderece su accin, obrar siempre
impulsado por el motivo que ms imperio tenga sobre l en ese momento.

En sentido emprico se dice que un hombre consagrado a una profesin
liberal es libre y que un empleado no lo es. Frecuente caso es
considerar la falta de libertad slo desde el punto de vista de la
sujecin a otro hombre y no tomar en cuenta las causas que coartan, que
impiden o tuercen de mil maneras nuestras acciones.

Conoc un corredor de comercio que se jactaba de ser libre, de no
depender de nadie. Todas las maanas deba irse antes de las siete a un
puerto vecino al lugar de su residencia y lidiar all hasta la tarde con
cargadores, fletadores, empleados de los ferrocarriles, etc. Este hombre
libre regresaba generalmente molido a su casa ya entrada la noche.
Dentro de esta manera de entender la libertad se habla de las cadenas
del matrimonio, de la sujecin de las mujeres y de los hijos de familia,
y de la independencia de los hombres solteros.

El conferir al Estado mayor o menor suma de atribuciones, la fijacin de
los derechos y de las relaciones de los individuos, las controversias de
los feministas y antifeministas y las luchas entre socialistas e
individualistas, giran alrededor de la libertad emprica; es decir, se
trata en estos problemas de fijar lo que los individuos o grupos de
individuos tengan el derecho de hacer o no hacer. En este mismo sentido
se habla de los pueblos que combaten por su independencia o que son
celosos de ella, de los hroes de las libertades cvicas y, en una
palabra, de todos los casos en que hay lucha por el derecho.

La libertad de que hablamos comprende en primer lugar el dominio sobre
nuestro cuerpo y nuestro espritu. Moverse, viajar y poner el sello de
las fuerzas personales en un objeto exterior; sentir la conciencia sin
imposiciones extraas a la propia personalidad y pensar segn
inspiraciones ntimas, son atributos de la libertad emprica. Simmel[1]
agrega a estos atributos la propiedad y la soberana sobre otros
hombres. Es claro que si mi libertad consiste en hacer lo que quiero,
respecto de los objetos exteriores, puedo hacer ms mientras mayor
nmero de objetos o bienes posea. As es la posesin de objetos
exteriores, un simple aumento o extensin de la propia libertad
personal. Pero agrega nuestro autor, la libertad aumenta con la
propiedad slo hasta ciertos lmites; despus ms bien disminuye. Hay
cierta cantidad de bienes, ms all de los cuales la voluntad, por
decirlo as, no deja sentir su accin sobre ellos, que es en lo que
consiste la libertad.

     [1] _Einleitung in die Moral Wissenschaft_, II, Die Freiheit.

El deseo y la codicia pueden naturalmente seguir adelante, pero stos
evidencian su falta de finalidad en el descontento que sigue al logro de
su ambicin. En tanto que una exorbitante cantidad de riquezas se
acumulan en una mano, otros carecen de lo necesario para su libertad.
El principio del mximum de libertad exige que el mximum de la
propiedad se coloque donde el hombre pueda poner a los objetos
exteriores el sello de su voluntad. Para mayor claridad, yo agregara
que el propietario hiciera sentir sobre los objetos de su propiedad la
accin de su trabajo.

No se me ocultan dos cosas a este respecto: que esta frmula, aun con la
explicacin adicional, es demasiado vaga; y que dilatar el concepto de
libertad, hasta encerrar dentro de l el de propiedad, es lanzarse en
divagaciones que se prestan a la confusin de ideas.

Mayor estiramiento, si se quiere, significa el otro pensamiento de
Simmel, de que la libertad llega a coincidir con el ejercicio de
soberana sobre otros hombres.

En esta situacin deben de haberse colocado el seor feudal al frente de
sus siervos, y el patricio romano respecto de sus centenares de
esclavos. Un caso concreto en que se ha llamado libertad al dominio
sobre los dems, nos ofrece la historia de la llamada libertad de la
iglesia.

Toda la historia de la Edad Media, desde Carlomagno hasta Gregorio VII,
nos muestra el proceso de la creciente emancipacin de la Iglesia
respecto del Estado, y, al mismo tiempo, en proporcin al aumento de la
libertad e independencia de aqulla, va desarrollndose su poder sobre
el Estado. La Independencia del Mundo, que era la voz de orden de la
Iglesia, y del sacerdocio, les sirvi a stos para la dominacin del
mundo.

Como en el caso anterior, relativo a la propiedad, hay en el recin
apuntado, referente al dominio sobre los dems hombres, confusin entre
los trminos poder y libertad. Lo ms que puede decirse, es que el poder
aumenta la capacidad de obrar encaminada a ciertos fines. Y no la
coarta tambin por otros lados?

       *       *       *       *       *

En relacin inmediata con la libertad emprica se halla la que se define
como el dominio sobre s mismo. Proceder de acuerdo con las sugestiones
de la propia personalidad, ilustrada por una conciencia reflexiva, es
inherente a este aspecto del concepto de libertad. Es libre en este
sentido, el espritu que no se siente arrastrado ni por los vicios ni
por las pasiones, y sabe sostener un criterio suyo ante las falaces
preocupaciones y sugestiones sociales vulgares. Es libre, en una
palabra, el que manifiesta individualidad y carcter, el que combate por
su independencia, porque si no hay obstculos que vencer, no hay
libertad. Como dijo el poeta: Slo es digno de la libertad y de la
vida, el que se las conquista da a da.

       *       *       *       *       *

En las dos grandes maneras de entender la libertad que hemos examinado,
no se presenta ninguna oposicin entre el determinismo y la libertad, o,
ms bien, entre el determinismo y la posibilidad de ejecutar una accin
u otra de varias que se ofrecen a la voluntad. Lo nico que afirma el
determinismo es que la preferencia que triunfa resulta de causas
anteriores, o hereditarias, o sociales que arrastran al individuo. En
ninguno de los ejemplos apuntados faltan las causas determinantes. La
vida del profesional, del hombre soltero, de la sufragista, del
individualista o del socialista, con toda la libertad de que alardean,
estn encaminadas por motivos poderosos que constituyen la explicacin
de su existencia. La historia de los pueblos civilizadores o amantes de
su autonoma, la de los hroes e individualidades eminentes obedecen a
causas anteriores que, por lo menos en sus lneas generales, arrojan luz
tambin sobre el origen de sus hechos y creaciones.

El determinismo en vez de poner trabas a la accin de esas
personalidades es su gua ms seguro, porque para hacer algo, para
modificar algo, para producir un efecto sobre las cosas, es preciso
conocer, o cientficamente o empricamente, las causas capaces de
engendrar los efectos que se desean. La ciencia es el determinismo, y el
empirismo, en cuanto procede acertadamente, coincide tambin con el
determinismo. Imaginaos a los fenicios y su dominio sobre el
Mediterrneo y no comprenderis que hayan ignorado los movimientos de
los astros que les servan de guas, la accin del viento, la fuerza de
las corrientes y otras nociones prcticas del arte de la navegacin.
Imaginaos a los ingleses ignorando las grandes leyes de la ingeniera y
aspirando a cruzar el frica con lneas frreas y a manejar el agua del
Nilo por medio de gigantescas represas. Los negros del Congo, al cruzar
su caudaloso ro, en piraguas movidas a remo, daran pruebas de ms
sabidura que ellos. Imaginaos a los holandeses, a esos creadores de una
parte de nuestro planeta, aspirando a poner diques al mar e ignorando al
mismo tiempo las leyes de la hidrulica y la capacidad de resistencia de
sus materiales. Seran menos discretos que los nios que juegan con la
arena de la playa en una maana de verano. Imaginaos a los alemanes, a
los suecos, a los norteamericanos, luchando por levantar a los pueblos
por medio de la educacin y consiguindolo; y suponed que no se han
acordado de principios de psicologa y pedagoga, y veris que incurrs
en un contrasentido manifiesto.

Toda la obra de la cultura humana, toda la accin del hombre sobre las
cosas para transformarlas y adaptarlas a sus necesidades; y toda la
actividad gastada sobre los hombres mismos en virtud de la educacin,
han sido el fruto de la aplicacin inconsciente o consciente del
determinismo, inconsciente en el caso del empirismo primitivo y
consciente en el caso de las deducciones cientficas. Hasta el orador
sagrado que trata de inculcar en sus oyentes una opinin, una direccin
dada, hasta el profesor que ensea en su ctedra la doctrina del libre
albedro, y hasta el polemista que escribe artculo tras artculo para
atacar el determinismo, proceden como los ms consumados deterministas
porque cuentan con que sus palabras, sus lecciones y sus artculos han
de ser causas suficientes a producir los efectos que ellos calculan y
desean en sus oyentes, discpulos y lectores. Y esta confianza en una
relacin causal segura, es una mera aplicacin y aprovechamiento del
determinismo.


II

EL CONCEPTO DE DETERMINISMO Y SU INFLUENCIA SOBRE LA ACCIN HUMANA Y EL
PENSAMIENTO

Un mundo no regido por el determinismo sera _fatal_ para el hombre y
para la existencia de la vida en general.

Negar el determinismo es negar la ley de causalidad, o sea las
relaciones constantes y proporcionales que existen entre hechos pasados
y hechos futuros, entre antecedentes y consecuentes, entre causas y
efectos. Si se niega este orden de cosas, es menester aceptar que la
causa que ayer produjo un efecto dado, ha de poder ocasionar maana, en
igualdad de circunstancias, consecuencias enteramente imprevistas. As
no debera sorprendernos que una substancia, que tenamos por alimento
sano y nutritivo, se convirtiera de un da a otro en un veneno mortal;
que la neurosina que en una ocasin robusteci los nervios de un
neurastnico, en otra agravara su mal; ni que un perro o un gato pasara
en el trascurso de una noche a ser ave de rapia. No se diga que esta es
una puerilidad que desentona en una discusin filosfica. No; es una
consecuencia perfectamente lgica y necesaria dentro de la negacin del
determinismo. En la situacin que suponemos, nuestra propia personalidad
no tendra tampoco ninguna consistencia, porque los procesos que la
mantienen son procesos causales que, en lo esencial, constituyen una
repeticin ordenada de fenmenos determinados por la herencia orgnica y
por el medio que nos rodea. La vida no podra existir en un mundo no
sometido al imperio de causas y efectos encadenados por una relacin
constante y regular, que permiten las adaptaciones y previsiones
necesarias al mantenimiento de los organismos. Si no, habra que suponer
en stos una capacidad verdaderamente mefistoflica para efectuar en s
mismos transformaciones instantneas, y tales _avatares_ mgicos son
inconcebibles.

Por ms que nuestro conocimiento de las cosas sea y haya de permanecer
siempre incompleto, y a pesar de que el principio de causalidad natural
tenga un carcter hipottico, la verdad es que el determinismo nos
ofrece los nicos ensayos de interpretacin y explicacin de los hechos
que puede alcanzar nuestra inteligencia. Nuestra inteligencia se orienta
en medio del complejo conjunto de los fenmenos, estableciendo entre
ellos semejanzas y diferencias, antecedentes y consecuentes. La
comprensin por _identidad_ consiste en hacer un reconocimiento,
establecer una semejanza, que descansa en definitiva sobre la
uniformidad esencial de las cosas, como cuando se dice que se comprende
un lenguaje cuando se conoce el sentido propio de sus voces. La
comprensin por racionalidad es un caso de _identidad_, porque la
conclusin es el resultado de la combinacin de las premisas; por
ejemplo: A = C, porque A = B y B = C. La comprensin _causal_ consiste
en explicar un consecuente por sus antecedentes, en reducir un hecho
desconocido a otro conocido, en aprovechar la identidad fundamental de
la naturaleza, formulando principios que han de tener al mismo tiempo el
carcter de racionalidad lgica. Tratar de interrumpir en cualquier
momento la explicacin causal determinista, es renunciar a toda
explicacin. Es lo que sucede, por ejemplo, con el problema de la
libertad incondicionada de la voluntad y con el del origen primero de
las cosas (cuestiones ms metafsicas que cientficas). Este caso, los
que renuncian a la interpretacin por medio de la causalidad natural
deben decir: He aqu el misterio.

       *       *       *       *       *

Vamos a hacer ahora una comparacin entre ciertas supuestas virtudes que
se atribuyen al libre albedro y los defectos correspondientes que hacen
recelar del determinismo. Creemos que pueden resultar de ella caracteres
inesperados, que generalmente no se observan por falta de un anlisis
detenido de la cuestin.

A primera vista se presenta la doctrina del libre albedro como una
enseanza capaz de infundir aliento, enaltecedora de la voluntad y
celosa de la dignidad humana; y el determinismo, al contrario, como un
evangelio depresivo de las fuerzas del espritu, tirnico, casi
humillante. Sin embargo, cunta diferencia en la realidad! No es
exagerado decir que todo el incremento de sus libertades positivas,
reales y prcticas se las debe el hombre a las concepciones
deterministas. Algo de la prueba de lo que acabamos de afirmar hemos
adelantado ya con lo dicho en el artculo anterior respecto de la obra
civilizadora de los pueblos y de los grandes hombres.

Siendo evidente que el aumento de poder sobre los objetos exteriores, de
dominio sobre la naturaleza, significa aumento de libertad, y siendo que
ese poder y ese dominio no se han adquirido sino por medio de la ciencia
o del empirismo, que es su precursor, teniendo ambos de comn la fe en
el determinismo, es claro que las aplicaciones deterministas de la
actividad humana al mundo exterior han producido un aumento de las
libertades humanas prcticas.

Pero no es esto slo. En la existencia histrica y social, los
verdaderos enaltecedores de la personalidad humana, los que luchan por
abrirle nuevos horizontes, los que confan en ella, son los
deterministas y no los librearbitristas.

Por lo general, todo librearbitrista es tradicionalista, o, al menos si
se dice que tal afirmacin es caprichosa e infundada, no se podr negar
que todo tradicionalista es librearbitrista. Establecemos esta relacin
como un hecho caracterstico, sin entrar a ver si por razn de ella hay
algo de defectuoso en el librearbitrismo. Y es caracterstico el hecho,
por cuanto no sera fcil encontrar un tradicionalista que sea
determinista. Si el tradicionalismo se une fcilmente con el
librearbitrismo y le repugna el determinismo, es posible que esto
resulte de que haya entre aquellos identidades esenciales. Lo cual
quiere decir,--por lo menos cuando el tradicionalismo y la doctrina del
librealbedro vayan coligadas, caso que es frecuente,--que para los
librearbitristas el hombre ha de marchar, social, econmica, jurdica y
religiosamente, por las sendas seculares sealadas por las huellas de
las generaciones pretritas, sin dejarle la posibilidad de descubrir en
esos campos caminos nuevos y mejores. Y a esto debe resignarse el
hombre, a pesar de su libre albedro. Entretanto, el determinista es,
por lo comn, novador. Supone en el hombre una potencia mental creadora,
que dentro del _devenir_ general de las cosas,--_devenir_ inherente
tambin a la naturaleza de las sociedades humanas,--inventa las formas
nuevas que reclama el desarrollo social. El determinista atribuye al
hombre la capacidad de enriquecer con infinitas _posibilidades_ los
campos de su accin, y lo impulsa a que aumente as la esfera de sus
libertades.

He aqu una segunda oposicin curiosa. El determinista comulga en la
generalidad de los casos con el _libre_ pensamiento, mientras que el
librearbitrista es tambin, en la generalidad de los casos, contrario a
l. Aquel supuesto enemigo de la libertad, le dice al hombre: Hijo de
la tierra, eres el portador de la forma ms excelsa de vida, de la razn
que se ha formado en ti, y mediante cuyo uso puedes aspirar a resolver
los enigmas del mundo. Aplcala con mtodo a examinarte a ti mismo y a
estudiar lo que te rodea, y cuenta con que no existe poder en el
Universo con derecho bastante a hacerte aceptar lo que tu razn rechace,
a hacerte negar lo que tu razn proclame, o a impedirte expresar lo que
tu razn te inspire. Y al mismo tiempo, el librearbitrista
tradicionalista, emplea las siguientes palabras: Desconfa de tu razn,
criatura humana, no des crdito a lo que tu pensamiento te indica, y
somtete sin discurrir a los principios que la tradicin te ensea.

La libertad de pensar, a que nos referimos, es la inherente a las
funciones de la ciencia, en cuanto sta reclama como derecho propio la
facultad de investigar todos los problemas de valor especulativo, y de
dar a luz los resultados de sus investigaciones. En ambos casos no tiene
ms lmites que los impuestos por los principios de la lgica y las
necesidades del mtodo.

       *       *       *       *       *

De las comparaciones que hemos hecho, y cuyos resultados presentamos
slo como proposiciones aproximativas, fluyen, pues, las conclusiones
siguientes: que las apariencias engaan cuando se juzga superficialmente
del valor que encierran, para la actividad de la voluntad y de la
inteligencia, el determinismo y el libre albedro; que mientras el
determinismo estimula y desarrolla las libertades positivas y prcticas
de obrar y pensar, el libre albedro las contrara o las niega; y que el
determinismo propende a cultivar la personalidad, a formar
individualidades ricas en posibilidades de accin y pensamientos, que
conducen a aumentar las nicas libertades posibles de que la humanidad
entera puede gozar.


III

LA LIBERTAD ABSOLUTA

Si en las maneras de entender la libertad, examinadas en los prrafos
anteriores, no se ve ninguna incompatibilidad entre ese concepto y el
determinismo, no sucede igual cosa cuando se considera a la libertad
entendida como libre albedro absoluto.

Que uno pueda hacer lo que quiera (que es en lo que consiste la libertad
emprica, como hemos visto), es un hecho que no lleva implcita ninguna
idea sobre si la voluntad misma es determinada o indeterminada. Aqu se
revela el carcter sumamente abstracto y especulativo del problema de la
determinacin o indeterminacin de la voluntad, que carece de inters en
la vida ordinaria y para la generalidad de las personas.

Los hombres son celosos principalmente de sus libertades empricas,
luchan por ellas y por poder hacer lo que quieren, sin preocuparse de
inquirir si su voluntad misma es determinada o indeterminada en un
sentido metafsico.

De esta suerte, cuando un escritor defiende el libre albedro absoluto,
aduciendo en favor de su tesis, entre otras razones, la de que es un
problema de vital inters para la totalidad de los mortales, no logra
otra cosa que hacer un juego de palabras, que formular un sofisma
derivado del sentido ambiguo del trmino _libertad_.

El libre albedro absoluto, metafsico o filosfico, consiste, segn
entiendo, en que la voluntad tenga la facultad de optar por una u otra
resolucin que la solicitan, sin ser arrastrada por ningn motivo
extrao a la voluntad misma.

Colocada la voluntad en cualquiera disyuntiva, debe pesar las ventajas
de los caminos que se le ofrecen, pero no dejarse dominar por ninguna de
ellas, sino que debe esperar el pronunciamiento de esa entidad que lleva
en su seno, la libertad, que debe inclinar la balanza en favor de
alguno de los caminos que se presentan, sin que se pueda decir al mismo
tiempo que ha sido _determinada_ por alguna ventaja ni por ningn mvil
de cualquiera clase.

Si vosotros, lectores, podis armonizar y conciliar estas cosas, hacedlo
en buena hora. Por nuestra parte, creemos que, planteado el problema en
los trminos que acabamos de hacerlo (que son los caractersticos de la
libertad absoluta), no es para la inteligencia ms que un enigma, un lo
preado de contradicciones e inconsecuencias.

Veamos algunas:

Esa libertad es una soberana indiferente. Por medio de ella queda
sustrada la voluntad a la ley de causalidad, tanto respecto de los
dems hombres como del sujeto mismo. Dentro de ella no es posible
afirmar si una madre preferir velar al borde del lecho de su hijo
enfermo o irse de paseo. Si dijramos que habra de quedarse al lado del
hijo enfermo, sera establecer un impulso determinante de la voluntad y
se desvanecera el libre albedro indiferente de la madre.

Puesto un jugador impenitente al frente de una mesa de bacarat, no
podremos, sin embargo, decir que apuntar a una o a otra carta: en
virtud del libre albedro, debemos considerar que hay una regin en su
alma que se mantiene del todo indiferente a la tentacin del juego.
Salvo que se diga que el jugador tiene perdido su libre albedro.

En conformidad a los cnones de esta idea, no hay un hilo conductor por
el cual barruntar lo que har una persona en un momento dado. Se
interrumpe as a cada instante la continuidad de la evolucin del ser
humano. Cada vez que la voluntad aplica su libre albedro, debe crear
algo de la nada, porque debe desentenderse de los mviles que puedan
obrar sobre ella. Se comprende que semejante facultad de la voluntad no
debera llamarse libertad, sino capricho, azar o cualquiera otra cosa.

Fouille, que ha hecho esfuerzos heroicos por salvar la idea de la
libertad, se expresa de la manera siguiente sobre el _liberum arbitrium
indifferenti_: Esta moral (cientfica) est obligada a elevarse sobre
el concepto vulgar del _indeterminismo_ o del libre albedro. Hay en el
ser vivo rganos que la lenta evolucin de los siglos ha tornado
intiles y que slo subsisten como vestigios de antiguas edades; del
mismo modo, en el dominio intelectual y moral, ciertas ideas parecen
destinadas a perder la significacin que ellas pudieron tener antao, a
transformarse, so pena de desaparecer.

As sucede con la antigua nocin del libre albedro, en cuanto es
concebida subjetivamente como poder incondicional de querer en las
mismas circunstancias una cosa o su contraria; objetivamente, como
compatibilidad absoluta e incondicional de las contrarias en un solo y
mismo instante, permaneciendo, por lo dems, iguales todas las cosas.
(Definicin de Renouvier).

Lo que se explicaba en otro tiempo por esta decisin imprevista e
_imprevisible_ de una voluntad realmente indeterminada en sus fuentes,
los psiclogos, los socilogos y los moralistas tienden a explicarlo por
la accin combinada de los factores siguientes: 1., carcter adquirido
y sus tendencias; 2., estado actual de la sensibilidad y ejercicio
actual de la inteligencia; 3., circunstancias y medio social. Desde el
punto de vista de la tica es dudoso que un poder absolutamente
indeterminado entre las contrarias, capaz de escoger tan bien la una
como la otra, sea l mismo moral. Esta especie de Fortuna personificada
en nosotros hara de nuestros actos, como lo ha visto justamente
Leibnitz, accidentes desprendidos de nosotros mismos, sin lazo
determinado, no slo con nuestro carcter, sino aun con lo que
constituye nuestra individualidad y nuestro yo consciente.

Queremos una cosa y habramos perdido perfectamente, con las mismas
disposiciones y en las mismas circunstancias, querer la opuesta. Cmo
entonces calificar _moralmente_ e imputarnos un acto tan arbitrario que
no es la expresin de nosotros mismos y de nuestra voluntad verdadera,
sino un acontecimiento superficial y fortuito, especie de meteoro
interior? La casualidad hecha realidad no es ms moral que la necesidad
hecha realidad. (_Morale des ides-forces_, p. 270-271).

Haroldo Hffding piensa que si uno quisiera encontrar algn caso real en
que se hallara efectivamente en accin ese libre albedro absoluto,
debera ir a buscarlo en los actos de los alienados. Esa doctrina,
agrega, hace de cada hombre o un loco, porque suprime todo el
encadenamiento propio de las acciones humanas, o un dios, porque hace
que cada persona arranque de la nada la substancia de sus actos. (Vase
Hffding-Morale, V. _Psychologie_, VII).

       *       *       *       *       *

Ahora, cmo puede haber brotado esta concepcin en algn cerebro
humano? Decir que se tiene conciencia de esa libertad es sentar una
proposicin que se puede refutar por dos rdenes de razones
principalmente. En primer lugar, suponiendo que obtuviramos por medio
de la conciencia una nocin de nuestro libre albedro, esto no sera
concluyente. Para la psicologa, moderna, la conciencia y el mtodo de
la observacin interna no constituyen una fuente segura de
conocimientos.

Las observaciones que hace uno en su propio yo, y por consiguiente las
sugestiones de la conciencia, son falaces, engaosas. La conciencia nada
nos dice sobre los fenmenos subconscientes o inconscientes y stos han
adquirido en los ltimos tiempos un gran valor en el estudio de la
psicologa. La conciencia es una especie de gran seora, que no ve los
hilos que la manejan, no conoce las tramas que se urden en las capas de
lo subconsciente para marcarle rumbos a ella.

Fuera de esta situacin desairada de la conciencia que induce a
recusarla en cuanto testimonio para asentar una verdad cientfica,
tenemos el hecho de que en realidad nadie, segn me parece, puede
afirmar que posee la conciencia de su libertad absoluta, es decir, la
conciencia de una voluntad que no obre impulsada por mviles que la
determinen en un sentido u otro.

Cuando nuestra actividad se ve solicitada por distintas posibilidades de
obrar, tenemos conciencia de la lucha que se traba entre los mviles que
actan a favor de las diferentes tendencias. Al fin triunfa alguno, y
entonces decimos que hemos resuelto proceder en esa direccin. Llamamos,
pues, libertad a la conciencia de la lucha de los mviles; y de esta
clase de libertad es la nica de que tenemos conciencia.

Cuando decimos que somos libres porque tenemos conciencia de nuestra
libertad y queremos dar a entender que somos libres en sentido
absoluto, incurrimos en un nuevo sofisma por ambigedad, porque
atribumos a la conciencia de la libertad un sentido ilimitado que no le
es propio, por cuanto la conciencia no presenta ejemplos de una
resolucin sin motivos. La idea de la libertad absoluta no es ms que
una creacin de filsofos metafsicos y espiritualistas, as como la de
tiempo ilimitado lo es de los astrnomos y la de espacio infinito, de
los gemetras. Por analoga se pas de la libertad emprica a concebir
la libertad metafsica de la voluntad.

De pensar que se puede hacer lo que se quiera vol la fantasa a
imaginarse que se puede querer lo que se quiera. Segn Simmel, el
modelo de la libertad humana ha sido la libertad de Dios, que, sin
causa, cre el mundo de la nada. Lo que se niega por medio de esta
libertad as entendida, es la existencia fuera de Dios de substancias y
fuerzas que lo tomaron a l a modo de punto de trnsito en su
desarrollo. Inmediatamente y slo de l brot el mundo, sin que hubiera
ninguna necesidad preexistente.

Los gnsticos han atribudo al hombre una facultad anloga a esta
libertad divina; y el motivo capital en virtud de que se adorna al
hombre con la libertad, descansa en la imposibilidad que existe de
derivar de Dios, principio absolutamente bueno, el mal del mundo. Para
esto se necesitaba un principio autnomo que fuera para la produccin
del _mal_ tan independiente de las condiciones exteriores como lo fu
Dios para crear el _bien_. Este principio, el Yo humano, es libre porque
su accin brota exclusivamente de l; y, obre bien u obre mal, en l y
nada ms que en l se halla la fuente nica de sus acciones. (Einleitung
in die Moralwissenchaft-Cap. Die Freiheit.)

As se presenta la idea del libre albedro, no como un dato de la
conciencia, sino como el fruto de una necesidad metafsica y teolgica,
encaminada a hacer _responsable_ al hombre de los males que lo abruman.

Hacer servir a esa idea de base de la moral, es dar a sta un fundamento
deleznable, porque hay irracionalidad lgica en establecer la
imputabilidad moral y la responsabilidad sobre un poder caprichoso que
se sustrae a toda previsin. Proceder as,--colocando una abstraccin
como principio de la moral, siendo que las abstracciones son su
coronamiento,--es invertir el orden del desarrollo de los hechos.

La moral descansa sobre la educacin que cultiva las buenas
disposiciones hereditarias y forma hbitos, y en sus comienzos no tiene
otra razn de ser que la obediencia y la imitacin. Slo despus surgen
el sentimiento de la responsabilidad y el de una libertad relativa, que
no es indeterminada. Estas concepciones abstractas, como la idea de
deber tambin, constituyen los frutos y no las races del rbol de la
moral.

Y no se diga, por ltimo, que detenerse a probar la absurdidad de la
libertad absoluta es complacerse en darle golpes a un fantasma, que
nadie ha pensado en sostener. Porque si los librearbitristas defienden
slo una libertad relativa, defienden, entonces, una libertad limitada,
o sea, una actividad _determinada_ por diversos antecedentes, mviles y
circunstancias. Como hemos visto en un prrafo anterior, este gnero de
actividad no est reido con el determinismo. De donde resulta el
siguiente dilema: o que los librearbitristas defienden la libertad
absoluta, y en este caso son los paladines de un principio absurdo; o
que defienden slo la libertad relativa, y en este caso tienen que
comulgar con el determinismo.


IV

EL DETERMINISMO PSQUICO Y LAS IDEAS NUEVAS

Algunos filsofos, entre ellos Wundt (Ethik, II, Die Willensfreiheit),
al mismo tiempo que dicen que suponer en el espritu el libre albedro
sera convertirlo en juguete de la casualidad, aceptan el determinismo
de la voluntad de una manera restringida y lo designan con el nombre de
_determinismo psquico_, para distinguirlo del _determinismo mecnico_.
La voluntad, segn el determinismo psquico, se determina por el
carcter individual, los antecedentes del individuo y los mviles o
motivos que la voluntad acepta como propios. En realidad, esta
explicacin no es otra cosa que una profesin de fe dualista y un salto
del problema del libre albedro, considerado en s mismo, al problema de
la conciencia, o sea al de las relaciones de los fenmenos fsicos con
los fenmenos psquicos. Pero sea como se quiera, si se pretende
estudiar los hechos psquicos de una manera cientfica hay que
reconocerlos como sometidos a una ley de causalidad (llamadla, si
gustis, causalidad psquica, no olvidando que tiene que ser un
principio que establece relaciones de antecedentes a consecuentes) y hay
que concebir a la voluntad como _determinada_ por causas... psquicas,
si no se resignan los impugnadores del determinismo a entregarla a los
embates del capricho, de la casualidad o a la divina e inconcebible
suerte de tener que crear algo de la nada.

La doctrina que aplica la ley de causalidad a la voluntad, sin suponer
la existencia de dos substancias distintas, y dando por sentado que
todos los fenmenos de la conciencia son el resultado de cambios
mecnicos, qumicos, y fisiolgicos, es una doctrina monista que afirma
que lo fsico y lo psquico no constituyen ms que dos aspectos
distintos de una misma cosa y no dos cosas que no se pueden reducir una
a otra.

Dentro del monismo existe un punto vulnerable y que el dualismo
aprovecha regocijado para atacarlo con sus propias armas: es el paso de
lo fisiolgico a lo psquico. Este fenmeno se halla sustrado hasta
ahora a todas las tentativas de la experiencia y, aunque todas las
presunciones obran en ese paso en favor del mantenimiento de la ley de
la conservacin y transformacin de la energa, de manera que los hechos
psquicos no puedan ser ms que la continuacin de fenmenos
fisiolgicos y fsicos anteriores o los concomitantes de stos, sin
embargo, los dualistas repiten que aquello no se ha probado
experimentalmente.

En este paso de lo fisiolgico a lo psquico, origen de lo imprevisto
que encierran en parte los productos del alma, y en la complejidad de la
vida, radican los fundamentos de la ilusin de nuestra libertad.

Vamos a detenernos a examinar una clase de productos psquicos, que no
han llamado como debieran, la atencin de los partidarios del libre
albedro. Por lo mismo, no les han exprimido stos todo el jugo que
podran hacerlos destilar en su favor. Nos referimos a las ideas nuevas.

No hemos encontrado nada que pueda contribuir ms al florecimiento de la
ilusin de la libertad que el hecho de que el hombre sea capaz de
concebir _ideas nuevas_, de que su mente sea un foco de _sntesis
creadoras_. Cuando un hombre, como la inmensa mayora de nuestra
orgullosa especie, no hace otra cosa que imitar ramplonamente los
modelos ms vulgares e inmediatos que la vida social le ofrece, cuesta
creer que un librearbitrista, por ms obstinado que sea, se atreva a
adornarlo con la suprema dignidad de su supuesto libre albedro. Pero
cuando otro hombre se presenta con las fulguraciones del genio, del
inventor, parece tarea ms fcil atribuirle la libertad, que consiste
precisamente en sacar algo de la nada.

Es tan alta la condicin de la _idea nueva_, como expresin nica,
incomparable e irreductible de una individualidad, que cuando se
presenta bajo la forma moral la consideramos digna de ser tomada y
respetada por su autor como la expresin ms completa, para l, de la
moralidad. Del individuo que no hace otra cosa que imitar, que es un
simple repetidor, slo por respeto tradicional a los pergaminos
nobiliarios de nuestra especie, podemos decir que es moral o inmoral;
ms fidelidad a la realidad de las cosas revelara decir que no es ni de
una ni de otra banda, sino tan slo _amoral_.

Al formular la anterior proposicin, no desconocemos que, como la
sociedad ofrece ejemplos buenos y malos, costumbres virtuosas y
viciosas, hay individuos que merecen ser llamados buenos y virtuosos y
otros malos y viciosos. Ambas clases se parecen entre s, por otra
parte, en que no reflexionan sobre las cuestiones morales, no le ponen
un sello propio, personal, a ninguna manera de obrar y siguen
automticamente, por sus predisposiciones hereditarias o por las
circunstancias de su vida, los buenos o malos modelos que les ha
deparado el destino.

Estos dos grupos quedan algo opacos y envueltos en la misma penumbra al
lado del carcter original del inventor de que hemos hecho mencin.

De este que, reflexionando sobre los problemas de la existencia
individual y social, se eleva sobre las normas y prcticas reinantes, ve
las contradicciones que resultan entre la conducta y las reglas que se
proclaman, y concibe principios superiores o aplicaciones nuevas de los
principios aceptados, para ordenar mejor las relaciones de los hombres,
de este cabe afirmar que es el portador de un fuego sagrado que ha de
coadyuvar a desentumecer nuestras alas en nuestro universo humano.

Esos principios superiores o esas simples normas de detalles, siendo
sinceros, constituyen para su autor un _imperativo original_ que, como
hemos dicho, significa la expresin ms alta de su moralidad.

Si hay algn caso al cual puedan recurrir los partidarios de la libertad
absoluta en defensa de su tesis, es este en que el espritu da a luz
ideas nuevas, sntesis creadoras, normas ticas originales.
Identificando as la libertad con la originalidad, sera posible decir
que una de las cumbres a que puede alcanzar el desarrollo individual, lo
marca el punto en que el nacimiento de una idea moral nueva seala el
abrazo de la ms alta libertad humana, posible con la suprema moralidad.

Muchsimas personas podrn aprovechar esta forma de libertad de que
hablamos para defender un libre albedro sin lmites ni condiciones;
pero, al proceder as, confundirn la libertad con la imposibilidad de
prever de una manera precisa el surgimiento de la idea nueva; mas, la
idea nueva, el producto de la sntesis creadora de la mente, aunque
imprevista, no es indeterminada.

La historia de las ciencias, de las letras, de las artes, de las
industrias, de los fundadores de religiones, y de los reformadores
sociales y polticos, muestra claramente cmo sin el concurso feliz de
circunstancias sociales, econmicas, locales e individuales, no habran
surgido las grandes personalidades que han descollado en esos campos de
la actividad humana.

Si suponemos a Pasteur transportado el da de su nacimiento o en su
infancia al seno de una tribu australiana, ese genio, en lugar del
benefactor de la humanidad que veneramos, habra sido probablemente
varias veces asesino.

As, la idea de nuestra libertad, es una suma de las posibilidades que
se ofrecen a nuestra accin, y de la ignorancia que da lugar a que los
hechos de nuestra existencia se nos presenten como contingentes y
sustrados a toda previsin.

Si tenis alguna duda al respecto, ved modo de conciliar la idea de
libertad con la de saber absoluto. Es imposible; ambas se rechazan
enrgicamente. A manera de digresin, diremos aqu que nos imaginamos el
saber absoluto, la omnisciencia y omniconciencia, ya que excluyen todas
las sorpresas con que nos sacude lo no conocido e inesperado, como
atributos abrumadores y aburridores. Por otra parte, y esto es tan claro
que apenas necesita decirse, la libertad tambin es inconciliable con la
ignorancia absoluta.

La conducta humana se desarrolla ocupando un trmino medio entre esos
extremos: saber absoluto y libertad absoluta por un lado, e ignorancia y
determinismo absolutos por otro lado. La prctica lleva a cabo una
conciliacin de estos extremos.

De esta suerte, cabra comparar la existencia del hombre, respecto de
uno de sus actos o de un grupo coordinado de actos, a una marcha
efectuada en un cono, desde la base al vrtice.

La base, la parte espaciosa, representa el momento en que comienza la
accin o la serie de acciones encaminadas a algn fin remoto.

En ese instante hay tiempo por delante y hay posibilidades; es, por
consiguiente, la hora en que el hombre disfruta de la mayor suma de
libertad que se puede imaginar, porque dispone de un nmero crecido de
posibilidades. A medida que el acto, el plan o la serie causal van
desarrollndose, simultneamente van disminuyendo el tiempo y las
posibilidades; el determinismo de los hechos verificados va estrechando
la libertad de la accin; y la aproximacin al fin, o sea al vrtice del
cono, quiere decir que empieza el imperio del mximum de determinacin.
Cuntas posibilidades hay en el porvenir de un nio que tiene que
desenvolver toda la variada cinta de su existencia! Qu pocas
probabilidades hay, en cambio, de poder transformar radicalmente el
destino de un hombre maduro! Los polos del eje en que gira la vida de un
hombre son, pues, las posibilidades, que sugieren la idea de libertad en
un extremo, y el determinismo, que hace pensar en el lado, en el otro
extremo.

Mas, realmente, la criatura humana no debe sentirse sometida a un hado
ciego. Teniendo tiempo, es capaz, por medio de las ideas nuevas, de las
innovaciones de que hemos hablado antes, de sustraerse a las cadenas de
todo fatalismo.

Como lo hemos expresado ya tambin, el propio determinismo es el que
libra al hombre del fatalismo, en virtud de las enseanzas que le dan el
poder de cambiar el mundo exterior, ya sean las enseanzas de carcter
cientfico o de carcter emprico.

Nos parece que sera exacto formular lo que acabamos de establecer en
dos principios que, en resumen, no son ms que uno slo, expresado en
forma positiva y negativa.

Helos aqu:

Siempre que hay intervenciones de la voluntad humana reflexiva dirigida
por propsitos claros, la libertad (o la suma de posibilidades) de que
disfruta, se halla en razn directa del tiempo que falta para la
terminacin o realizacin del acto.

Siempre que hay intervenciones de la voluntad humana reflexiva, dirigida
por propsitos claros, la determinacin de un hecho se encuentra en
razn inversa del tiempo que falta para su realizacin.

Hemos entrado en estos detalles, que pueden parecer lucubraciones muy
sencillas que no merecen el tiempo que se gasta en ellas, porque los
adversarios del determinismo no cesan an de confundirlo con el
fatalismo, y es conveniente desvanecer este error.


V

LA FUERZA COORDINADORA DE LA VOLUNTAD Y LA LIBERTAD VIRTUAL

Se podr formular una objecin en contra de lo que expresamos en el
prrafo anterior. Cabra argir que es inexacto que el contenido de la
idea de libertad est formado nicamente por la coexistencia de diversas
posibilidades de accin, de tiempo disponible, de ignorancia de los
fenmenos psico-fisiolgicos y de la incapacidad de prever todas las
contingencias que la complejidad de la vida nos depara en el porvenir.
Puede objetarse que falta ah la voluntad que, presidiendo y
aprovechando esos elementos, ha de darles unidad; y que el nio (tomando
el ejemplo del ltimo prrafo), que dispone de tantas posibilidades,
carece de la fuerza directriz de la propia personalidad.

A este reparo no tenemos que observar sino que no reza por ahora con
nuestra comprensin de la libertad, que ha estado encaminado
principalmente a probar la honda diferencia que existe entre
determinismo y fatalismo, y no a dar desde luego el significado completo
de esta idea.

Agreguemos ahora lo que--fuera de los caracteres recin repetidos--le
falta a la libertad para hacer de ella una potestad personal; y veremos
que en este caso tampoco est reida con el determinismo. Le faltan el
dominio del hombre sobre s mismo y la orientacin de la actividad hacia
fines fijados con independencia, y que el sujeto mismo reconozca que
brotan de lo ms ntimo de su propio ser con entera espontaneidad.

En este caso no se puede decir que a mayor tiempo por delante
corresponda mayor libertad, y que las posibilidades por s solas sean
fuentes de libertad. Al contrario; para llegar a disfrutar de esta
condicin libre es preciso que la voluntad haya gastado mucho tiempo en
adiestrarse a s misma, en acerarse contra las tentaciones que el
individuo condena.

La conquista de la libertad as entendida es una perpetua marcha hacia
adelante, sin que sea posible llegar jams a un ideal que el hombre
tenga por definitivo. Pero, cosa curiosa; esta libertad superior de que
hablamos, a medida que avanza en su perfeccionamiento, va quedando ms
sometida al imperio del determinismo, es decir, la voluntad va siendo
ms determinada.

El hombre que posee el mayor dominio sobre s mismo, que ha expulsado de
la esfera de sus deseos las tentaciones vulgares, que no se excede en la
bebida, no fuma, no juega juegos de azar, no es glotn, no se deja
seducir por los placeres sexuales, y marcha a la conquista de sus
ideales con una serenidad alegre, llevando con mano firme y flexible las
riendas de las potencias de su alma--este hombre avanza en la existencia
de una manera minuciosamente determinada. Este hombre lleva generalmente
una vida regida por hbitos de orden, de higiene y de trabajo, tan
detallados, que hace que a menudo se diga de l que es como un reloj.

Los actos de un hombre as estn sujetos a la mayor previsin posible, y
por lo mismo inspiran confianza su constancia y seguridad sus promesas.
De Kant no se podra decir que no gozara de esta especie de libertad, y
sin embargo, su vida marchaba encerrada entre tan rigurosos hbitos, que
produjo inquietud a los vecinos de Koenigsberg el hecho de que
interrumpiera un solo da sus acostumbrados paseos vespertinos. No est
de ms saber que la interrupcin provino de no s qu noticia que haba
ledo sobre la revolucin francesa. Un artista, un sabio, pone toda su
alma cuando se consagra por largos aos a una obra que ha elegido con
amor.

Es el caso de Augusto Comte, cuando preguntndose en qu consista una
gran vida, se contestaba que en un pensamiento de la juventud ejecutado
en la edad madura. Caben mayor accin personal altsima y al mismo
tiempo mayor determinacin y encadenamiento que la que muestran la obra
genial de seis lustros del nombrado Comte y la labor titnica de medio
siglo de Herbert Spencer?

Vemos de esta suerte que a la libertad, que se le seala como distincin
caracterstica el dominio sobre s mismo, el obedecimiento a ideales
elevados y propios, no es posible considerarla exenta de limitaciones y
determinaciones; y y quizs podra decirse que a ms egregia
personalidad corresponde una mayor determinacin.

A este respecto dice Fouille: ser verdaderamente determinado por _s
mismo_, es pues, ante todo, ser determinado por su carcter adquirido,
no innato. Adems, es preciso que hasta cierto punto seamos
_independientes aun del carcter adquirido_, que no seamos por ningn
motivo esclavos de nosotros mismos, ni de la forma que la naturaleza nos
ha dado ni de la que nosotros nos hemos dado _hasta el presente_.

Cuando somos verdaderamente _libres_ somos ms bien determinados por
nuestro carcter _virtual e ideal_. La libertad tiene los ojos vueltos
hacia el porvenir, hacia lo posible, hacia lo que nos representamos como
contingente en el sentido de que no concebimos que pueda salir de la
ambigedad en que se encuentra sin nuestro esfuerzo personal. Esta
reaccin complicada de uno sobre s mismo, en la plena luz de la
reflexin, por medio de la idea, es la que constituye la libertad moral.
Se la ha definido siempre como ser determinado por s mismo y
determinarse a s mismo. (_Morale des ides forces_, p. 279).

Significa esta libertad virtual de que trata Fouille otra cosa que la
posibilidad de concebir nuevos fines para la accin, que reemplazar las
ideas directrices de edades anteriores por ideas que son novadoras
respecto de aqullas? Y qu quiere decir esa reaccin complicada que ha
de efectuarse en la _plena luz de la reflexin_ sino que para alcanzar
esta libertad virtual debemos considerar maduramente y estudiar los
mviles que nos determinan a un cambio de nuestros ideales, para
cambiarlos cuando llegamos a tener por ms acertado proceder as? Y la
modificacin de nuestros ideales traer consigo la transformacin de
nuestra conducta, porque, como se sabe, toda idea es un principio de
accin. Basta cultivarla, encendiendo a la luz de ella el fuego del
sentimiento, para convertirla en acto.

No es otro pensamiento que el de la libertad virtual de Fouille el que
afirma Rod cuando dice, al empezar sus _Motivos de Proteo_, que vivir
es reformarse. Igualmente la amplitud de criterio para juzgar y
comprender, sin aplicar los moldes rgidos de escuelas y dogmas
intransigentes, las obras de la literatura o del arte, revela la
posesin de esa libertad virtual.

De esta suerte, la libertad virtual, expresin altsima de la libertad
moral y de la falta de espritu de sistema, coincide con la concepcin o
con la aceptacin y comprensin de ideales nuevos, coincide con la
fuerza fresca y creadora de la mente, capaz de renovarse a s misma y de
ponerse en el caso de los dems. El llegar a disfrutar de este estado de
nimo es el resultado de una educacin bien organizada y de una obra de
perfeccionamiento y cultivo llevado a cabo sin cesar, despus de salir
de las aulas, por cada individuo en su propia personalidad.

Y esta labor no encierra nada de misterioso ni de indeterminado.


VI

EL DETERMINISMO SOCIAL Y EL INDIVIDUO

Mirada la humanidad entera en las perspectivas que nos ofrecen la
antropogeografa, la etnografa, la historia, la sociologa y la
estadstica, la libertad individual desaparece, se diluye en el gran
todo, se esfuma. Desde las alturas a que nos elevan estas ciencias vemos
moverse a los individuos en manadas como tteres o muecos, impulsados
por resortes ocultos que ellos no conocen y que, en su soberbia, suelen
no estar dispuestos a conocer tampoco. El determinismo social que obra
de esta suerte sobre los individuos es evidente. La accin del medio
geogrfico y climatolgico sobre los pueblos es colosal.

Las costas de Siria y los bosques del Lbano hicieron de los fenicios
comerciantes y marinos, seores del Mediterrneo, y precursores de los
helenos y latinos. Los indoeuropeos, partiendo del centro del Asia,
llegaron a las llanuras orientales de la Europa; aqu, despus de una
gigantesca bifurcacin, unos se establecieron en el Norte y otros en el
Sur.

Aqullos tuvieron por mansin tierras pantanosas y selvticas y costas
inhospitalarias, barridas por furiosas tormentas. Los otros llegaron a
las comarcas benignas y sonrientes del medioda, pusironse en contacto
con los pueblos ms civilizados del antiguo Oriente y fueron los
creadores de la civilizacin occidental. Accidentes geogrficos,
climatolgicos y sociales hicieron de dos razas idnticas y hermanas,
naciones tan distintas que ellas mismas se miraron recprocamente, dos
mil aos ms tarde, como los polos opuestos de la humanidad. Los
normandos medioevales fueron piratas a causa de la pobreza de su suelo y
de las leyes sobre las herencias que regan entre ellos.

Las razas primitivas han sido el producto de la adaptacin a medios
geogrficos diferentes. En seguida, la raza misma pasa a constituir una
forma de energa social que se deja sentir a travs de todas las
generaciones futuras.

En las grandes corrientes de la historia, el individuo es, como si
dijramos, un elemento de cantidad y no de calidad. Los individuos
participan de las pasiones y preocupaciones de sus pueblos, de sus
amores y odios, de sus creencias religiosas y costumbres, sin detenerse
generalmente a analizarlas, juzgarlas, y, en consecuencia a aceptarlas o
rechazarlas en virtud de un acto reflexivo de su conciencia. No es
fcil concebir que un hind del siglo VIII a. de J. C. no fuera
_bramanista_; que un griego o romano de antes del siglo primero no fuera
pagano; que un rabe del califato de Bagdad no fuera musulmn; ni
tampoco que un hijo de la Amrica Latina, desde la colonia ac, no crea,
por lo general, en el catolicismo.

En los marcos de la estadstica el hombre pierde toda la calidad
individual y se somete a nuestra consideracin como un guarismo
inconsciente. En la vida social, as contemplada, los hombres nacen,
contraen matrimonio, tienen hijos, producen, roban, matan, o se suicidan
con una regularidad anual pasmosa, con ms precisin que la que se
observa en la cantidad de centmetros de agua que debe caer en una
estacin en cierta regin dada, sin que los matrimonios, los robos o los
suicidios sean otra cosa que engendros de circunstancias sociales
existentes, y no los frutos de voluntades que obren reflexivamente.

As M. G. Tarde ve en el hombre social un verdadero sonmbulo. El
estado social--dice--como el estado hipntico, no es ms que una forma
del sueo en accin. No tener ms que ideas sugeridas y creerlas
espontneas; tal es la ilusin propia del sonmbulo e igualmente del
hombre social.

Para conocer la exactitud de este punto de vista sociolgico, es
menester no considerarnos a nosotros mismos, porque aceptar esta verdad
en la parte que los concierne, sera aceptar la ceguedad que ella afirma
y, por consiguiente, suministrar un argumento, en contra de ella.

Pero es menester pensar en algn pueblo antiguo de una civilizacin
bastante distinta de la nuestra, en los egipcios, esparciatas,
hebreos...

Acaso aquellas gentes no se crean autnomas, como nosotros nos
creemos, y eran sin saberlo autmatas, cuyos resortes movan sus
antepasados, sus jefes polticos o sus profetas, cuando no se los movan
recprocamente los unos a los otros?

Lo que distingue a nuestra sociedad contempornea y europea de aquellas
sociedades extraas y primitivas, es que la magnetizacin ha llegado a
ser ahora mutua, por decirlo as, hasta cierto punto por lo menos; y,
como dentro de nuestro orgullo igualitario, nos exageramos un poco esta
mutualidad, y como adems nos olvidamos de que esta magnetizacin,
fuente de toda fe y obediencia, al hacerse mutua se ha generalizado, nos
jactamos sin razn de ser menos crdulos y menos dciles, menos
imitativos en una palabra, que nuestros antepasados. Es un error[2].

     [2] _Les lois de i'imitation_, III.

Ms adelante agrega:

No es cierto que las experiencias y las observaciones ms claras son
rechazadas, las verdades ms palpables combatidas, siempre se encuentran
en oposicin con las ideas tradicionales, hijas antiguas del prestigio y
de la fe? Los pueblos civilizados se vanaglorian de haberse escapado de
este _sueo dogmtico_.

Su error se explica. La magnetizacin de una persona es tanto ms
pronta y fcil cuanto, ms a menudo ha sido magnetizada.

Esta observacin nos explica por qu los pueblos van imitndose con
facilidad y rapidez crecientes, dndose menos cuenta de este hecho a
medida que se civilizan, cuando por lo mismo se han imitado ms.

En un sentido anlogo Mr. Lester F. Ward, citando la opinin de varios
filsofos, dice lo siguiente:

La base esencial de la ciencia psquica es que los fenmenos psquicos
obedecen a leyes uniformes. La aceptacin de esta verdad, desde un punto
de vista colectivo, aplicndolo a la historia por ejemplo, es la primera
condicin de toda ciencia de las sociedades. Pero como la accin
colectiva se forma con el conjunto de las acciones individuales, lo
dicho debe ser tambin cierto de las ltimas, por ms contrario que ello
parezca a la observacin diaria.

Nuestra incapacidad para percibirlo (el hecho de que las acciones
individuales obedezcan a leyes determinadas) es debido a lo que se
llama la ilusin de lo cercano. De Herbart se dice que afirmaba que
las ideas se movan en nuestra mente con la misma regularidad con que
las estrellas se mueven en el cielo.

Kant, deca, que si pudisemos contar hasta sus fundamentos ltimos
todos los fenmenos de la volicin, no habra una sola accin humana que
no pudiramos predecir y que no debiramos tener por necesaria en vista
de sus antecedentes. (_Kritik der reinen Vernunft_, p. 380.)

Kant es considerado generalmente como un partidario del libre albedro,
y no obstante en su nico ensayo sociolgico se expresa as:

Sea cual sea nuestra nocin de la _libertad de la voluntad_,
metafsicamente considerada, es evidente que las manifestaciones de esta
voluntad, es decir, las acciones humanas, se encuentran bajo el imperio
de las leyes universales de la naturaleza, como cualquier fenmeno
fsico.

Es propio de la historia narrar estas manifestaciones; y aunque sean sus
causas todo lo secretas que se quiera, sin embargo, sabemos que la
historia, contemplando la accin de la voluntad humana a la distancia y
en grande escala, aspira a desarrollar ante nuestra vista una regular
corriente, una tendencia, en la gran sucesin de los acontecimientos; de
tal suerte que los incidentes que, tomados separada e individualmente,
habran parecido incoherentes y rebeldes a toda ley, vistos dentro del
nexo que los une y considerados como acciones de la especie humana y no
de seres independientes, nunca dejan de presentar un desarrollo continuo
y constante.

As, por ejemplo, considerando cun dependientes son de la voluntad
humana los nacimientos, los matrimonios y los suicidios, si se les mira
separadamente, podra parecer que no estaran sujetos a ninguna ley que
permitiera calcular su monto de antemano; y, sin embargo, las cifras
anuales de estos sucesos en los grandes pases prueban que ellos marchan
tan sometidos a las leyes de la naturaleza como las oscilaciones de las
aguas. (Kant, _Idea of a Universal History_, citado por L. F. Ward,
_Preu Sociology_, p. 151 y 152.)

Las limitaciones y determinaciones de la actividad son, como venimos
viendo, considerables. El hombre no elige el nacer o el no hacer y,
junto con este primer paso de su destino, se le imponen innumerables
sellos del pasado. De l no ha dependido elegir el lugar de su
nacimiento y de su infancia, o sea, las condiciones de clima, de
vegetacin, de belleza panormica, de proximidad o distancia del mar,
que han de formar uno de los lados del molde de su ser; de l no ha
dependido escoger a sus padres y velar porque sean sanos y vigorosos,
buenos, inteligentes, sobrios y trabajadores, ni tampoco por
consiguiente ha estado en sus manos el pertenecer a una raza superior.
Si nace de padres raquticos, alcohlicos, corrompidos y viciosos, o si
viene al mundo en el seno de una raza abyecta y degenerada, ya no hay
remedio, ya el dado est echado, no se puede jugar de nuevo, y la voz de
orden es vivir venga lo que venga. El hombre no elige tampoco la
educacin que le dan o que no le dan, ni las costumbres que van formando
su idiosincrasia espiritual.

       *       *       *       *       *

Pero que el individuo resulte una cantidad despreciable, un autmata
dentro de las grandes perspectivas histricas y sociolgicas, no quiere
decir que en realidad sea as en todos los crculos de su actividad.
Formular tal afirmacin no sera proceder respetando los hechos, como no
sera acertado tampoco estimar el valor de la humanidad por lo que ella
representa cuando se estudia a la tierra desde un punto de vista
exclusivamente astronmico. En este caso la humanidad aparece tambin
como una cantidad despreciable.

La tierra efecta sus movimientos y cruza los espacios sin que le
importen un ardite la vida de nuestra pobre especie, sus planes y
pretensiones, sus alegras y sus dolores. Y no obstante, la humanidad
se ha enseoreado del planeta. Por idntico modo, el individuo, aunque
arrastrado inevitablemente por las grandes corrientes sociales de su
tiempo, goza, dentro de un crculo inmediato a su persona, de la
posibilidad de obrar de diversas maneras.

Dentro de un mismo instituto de educacin y dentro de circunstancias
idnticas (fuera de la diferencia personal caracterstica de los
maestros), un profesor logra infundir entusiasmo, amor y nobles anhelos
en el pecho de sus discpulos, y otro no pasa de ser entre ellos un
ganapn que los provoca a risa.

De varios padres de familia de una misma sociedad y condicin, unos
tienen una comprensin clara de sus deberes, y carcter e ideas slidas
para dirigir la educacin de sus hijos, mientras que otros, o son unos
corrompidos, vctimas de sus vicios, o unos calzonazos, juguetes de sus
mujeres. Hay sacerdotes dbiles y despreciables, y otros de la misma
poca, lugar y situacin, que despiertan respeto por su virtud y
sinceridad y son escuchados como orculos por los creyentes. En una
misma edad y dentro de un propio pas polticos viles, de ndole
menguada, que apenas cuentan con partidarios asalariados, mientras que
otros, enaltecidos por el valor moral, elevacin de ideas y abnegacin
que los distingue, son capaces de dar grandes movimientos a las masas
sociales que creen en ellos.

La historia de estos individuos capaces de originalidad y carcter y la
de algunos grupos sociales es en un cierto sentido heroica respecto de
estas fuerzas geogrficas, hereditarias y sociales, que tratan de
encaminarlos y determinarlos ciegamente.

Al lado de la adaptacin resignada al medio, del sometimiento a la
tradicin, se nos presenta el cuadro alentador de la labor ciclpea de
los hombres, encaminada a transformar el medio y a mejorarlo en un
sentido humano. La lucha contra las influencias hereditarias y sociales
funestas, el anhelo de _librarse_ de ellas, es un afn continuo que va
marcando los pasos de la humanidad en su conquista de las energas de la
tierra y en su accin eliminadora de los agentes del pasado, que va
considerando inadecuados a sus nuevos fines. La humanidad, en este
combate, se sustrae a algunas determinaciones, para obedecer a otras que
se le presentan revestidas de valor ms alto y definitivo.

As, a las determinaciones a que dan lugar las tradiciones falsas y los
prejuicios sociales, opone el espritu humano las de la ciencia y del
amor a la verdad, a las de las preocupaciones de castas, las de la
justicia social; a las del respeto ciego de los cdigos, las de la
evolucin del derecho.


VII

EL FUNDAMENTO DE LA RESPONSABILIDAD

Se ataca tambin el determinismo diciendo que, al negar la libertad,
destruye la responsabilidad moral, y que, en consecuencia, mina por su
base el orden social y tico.

Las ideas corrientes se desarrollan en este asunto en una especie de
ecuacin o progresin muy sencilla en apariencia; pero engaosa en
realidad. El hombre, se dice, es libre, y siendo libre es responsable, y
siendo responsable autoriza, justifica la reaccin social contra los
actos voluntariamente malos.

En este razonamiento o, si se quiere, en esta construccin que se tiene
como la base _sine qua non_ de la moral, hay mucha argamasa de mala
calidad, y a poco que se escarbe en ella, se desmorona, y puede
observarse lo endeble de la fbrica.

Cuando afirmamos que un hombre es responsable porque ha obrado
consciente y libremente, lo que queremos decir en realidad es: 1. Que
ha debido tener una idea completa de las consecuencias de sus actos, que
ha debido concebir perfectamente una relacin de causalidad, en que l
mismo es la causa que va a producir ciertos efectos; y 2. Que teniendo
esa idea, ha de obrar en conformidad a ella.

Respecto de la proposicin del 1., no est dems dejar establecido que
de ella se desprende que,--a pesar de que se ataca al determinismo en
nombre de la responsabilidad,--sin embargo no es posible imaginarse que
una persona sea responsable, sin suponerla al mismo tiempo determinista.
Afirmar que hay entre los actos de una persona y las consecuencias de
ellos una relacin necesaria (hecho en virtud de la cual aquella es
responsable), no es otra cosa que efectuar una aplicacin de la ley de
causalidad y del determinismo. As tenemos que mientras los partidarios
del libre albedro quieren destruir al determinismo para salvar la idea
de responsabilidad, resulta despus de un breve anlisis, que la
responsabilidad es inconcebible sin el determinismo.

Esa misma primera proposicin establece una especie de ecuacin
insostenible entre la idea de las consecuencias de los actos y la
responsabilidad. Un hombre tiene que sufrir las consecuencias de sus
actos hasta en sus ms remotas derivaciones, y es imposible suponer en
una inteligencia humana, una capacidad de previsin que llegue tan
lejos. Un ejemplo caracterstico es el matrimonio. Rara vez es posible
ejecutar este acto importantsimo en buenas condiciones de previsin;
pero las responsabilidades que de l se desprenden no dejan de pesar
jams hasta el fin de la vida sobre los cnyuges. Y aun cuando dos seres
se unen con los mejores auspicios de felicidad cuntas veces el hado
trgico desgarra sus almas bienintencionadas, trocando en suerte infeliz
la que ellos se imaginaron senda de dicha al jurarse amor eterno!

Otro ejemplo es la eleccin de una carrera.

Toda carrera profesional depara sorpresas imprevistas al que se inicia
en ella. Generalmente se hacen con ardor juvenil los primeros estudios
que conducen a la obtencin del ttulo anhelado, y los primeros ensayos
en la prctica de la profesin producen engaos enervadores.

Cuntos jvenes abogados no sienten casi asco y repugnancia al verse
convertidos, para vivir, en agentes de la mentira y de la farsa
judicial. Pero ya se han invertido ingentes sumas de dinero y mucho
tiempo para llegar a esa meta y no es posible volver atrs. Las
consecuencias de una primera determinacin pesan de una manera
indefinida sobre el sujeto que no pudo preverlas.

La proposicin 2., constituye un postulado, una suposicin de
causalidad que, a poco que se examine, resulta muy discutible. Cuando
decimos que alguien ha obrado mal pensamos al mismo tiempo que habra
que tomar otra lnea de conducta que llamamos buena; pero al afirmar
esto, lo nico que estamos en situacin de sostener, es que nosotros,
colocados en las circunstancias externas en que ese individuo se ha
encontrado, habramos procedido de la manera que consideramos buena.

Mas, ignoramos entonces que, o no ha tenido l la fuerza necesaria para
proceder as, o que esa fuerza se ha hallado inhibida por otras fuerzas.

Establecemos de esta suerte, como decamos, un postulado de causalidad
que es insostenible. Este error proviene de querer dar a la
responsabilidad una base lgica cuando no tiene otra que la de una
necesidad social.

La sociedad no se preocupa de la mayor o menor responsabilidad para
defenderse de los actos antisociales y malos que puedan daarla. Una
sociedad toma o debe tomar medidas contra los alcohlicos y los
criminales, no porque sean responsables, sino porque son nocivos.

Los poderes pblicos encierran a los locos y velan porque los nios se
sustraigan a los males que no pueden prever y porque no constituyan una
amenaza para nadie. En cualquier orden de la vida social que se
contemple, se encuentra siempre esta rectitud consciente o ciega, firme
e implacable de la sociedad en contra de lo que ella cree perjudicial o
simplemente inconveniente para sus fines, sin detenerse a considerar si
hay realmente culpa o no de parte de los individuos que ella condena.
Qu culpa tienen el idiota, el degenerado, el dbil, el corporalmente
monstruoso de ser como son? Ninguna. Verdad es tambin que la sociedad
no les atribuye por eso una responsabilidad moral, pero, en cambio, hace
pesar sobre esos desgraciados una responsabilidad _real_ terrible, que
llega a asumir caracteres trgicos. La sociedad los desprecia, trata de
alejarlos de su seno, les niega honores y placeres hasta que los
elimina. Hay que advertir tambin que cuando son slo tontos inofensivos
los convierte en sus bufones. Qu culpa tiene la mujer fea o antiptica
de no haber podido casarse? Ninguna tampoco; y, sin embargo, desde que
pasa para ella la juventud, tiene que llevar en su corazn la carga de
una responsabilidad real, a que no ha dado origen con el ms
insignificante de sus actos.

La sociedad o la especie, en su afn apasionado de belleza y
procreacin, persigue sordamente a las solteronas y las ridiculiza con
tenacidad implacable hasta hacer de ellas seres que inspiran compasin.

Estos casos prueban que cada cual tiene que soportar sobre sus hombros
no slo el peso de las consecuencias de sus actos, sino tambin las
determinaciones de su destino. Las limitaciones que impone a la conducta
el determinismo social son, por otro lado, fuentes de responsabilidades
reales que no se derivan de los actos de las personas.

La vida social por s sola exige todas las responsabilidades necesarias
a la vida social misma, responsabilidades que son relativas y se
desprenden de la convivencia de los hombres y de la reciprocidad que
debe reinar entre ellos. El libre albedro no hace falta para establecer
esta clase de responsabilidad, la nica necesaria a la vida social.

Al contrario. Ya que es imposible, dice Simmel, fundar la
responsabilidad sobre la libertad se puede justificar el ensayo de hacer
nacer a sta de aqulla. Del instinto de defensa, que la finalidad
natural ha desarrollado por seleccin, ha podido brotar el impulso de
rechazar el mal, venga de donde venga, sin distinguir en un principio si
el causante ha sido realmente culpable y si ha procedido
intencionalmente o sin libertad; el salvaje golpea a su fetiche. Jerjes
hizo azotar al mar, y el nio da golpes a la piedra en que tropieza.
Estas represalias, en virtud de su propio carcter impulsivo, comenzaron
por practicarse sin excepcin. Pero pronto se cay en la cuenta de que
en una cantidad de casos no se alcanzaba ningn fin, porque el objeto
inculpado era insensible o no resultaba resguardo alguno de reaccionar
en su contra. Aceptando, pues, que la represalia es un hecho que debe
servir a la custodia del individuo, se introdujo en ella una
diferenciacin, y en lugar de la reaccin ciega que reclamaba ojo por
ojo, diente por diente, se consider ms acertado aplicar la
imputabilidad slo cuando poda cumplir con el fin indicado. No me cabe
la menor duda de que un individuo es considerado responsable _cuando
la reaccin punitiva es capaz de alcanzar sobre l el fin del castigo,
sea este fin su mejoramiento, su intimidacin o cualquiera otra cosa_.
Cuando las cualidades del hechor dan lugar a pensar que el procedimiento
del castigo ser intil o superfluo, entonces se dice que se encuentra
en estado de irresponsabilidad. (_Einleitung in die Moralwissenschaft_,
II, p. 212.)

De esta suerte queda establecido que no es necesaria la idea de libertad
para fundar la responsabilidad. sta encuentra una base slida en las
necesidades que se desprenden de la convicencia de los hombres, en la
reciprocidad que debe reinar entre ellos y en la reaccin que todo
organismo social ejercita para asegurar su subsistencia.

Todos los problemas sociales se reducen desde este punto de vista a
suprimir las reacciones intiles e injustas, que slo son
manifestaciones de incultura de la opinin y de los poderes pblicos; a
constituir as un medio social que permita el completo desarrollo y la
expansin del pensamiento y de la actividad del individuo.


VIII

EL SENTIMIENTO DE RESPONSABILIDAD Y SU EDUCACIN.--CONCEPTOS DEFINITIVOS
DE LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD.

Tcanos hablar ahora del sentimiento de responsabilidad.

Este sentimiento se desprende de la conciencia de la relativa situacin
de reciprocidad en que se encuentran todos los hombres; de la conciencia
de la identidad personal; de la certidumbre de la reaccin social; y del
conocimiento de las consecuencias que han de derivarse de los hechos de
que uno mismo es causa.

Este estado no reposa, como se ve, sobre la idea del libre albedro,
sino que constituye un complicado producto de la herencia y de la
educacin, cuyo incremento marcha parejas con el perfeccionamiento
gradual del individuo.

As como la mayor libertad no significa otra cosa que un aumento de
posibilidades de accin, de igual modo la mayor responsabilidad expresa
un aumento de posibilidades de previsin, acompaada del sentimiento de
un orden moral que nos liga con lazos de solidaridad a los dems
hombres.

Estas condiciones de libertad y responsabilidad tal como las entiendo
emprica y relativamente, marchan tambin de una manera paralela.

A ms capacidad de accin reflexiva, o sea mayor libertad, corresponde
una ms alta idea de la propia personalidad y de sus responsabilidades.

Lo dicho nos hace avanzar algo en la cuestin de la educacin del
sentimiento de responsabilidad. Esta es una labor perfectamente
realizable por medio del proceso siguiente:

La educacin intelectual y moral debe llevar a la mente del joven
educando el mayor nmero de representaciones posibles de las facilidades
u obstculos que encontrar en su camino, de los placeres o dolores que
recibir su alma, segn obre en un sentido u otro, de los deberes y
sentimientos morales con que debe considerarse unido a los dems
hombres.

Es cuestin de una buena educacin tambin que este caudal de impulsos,
de previsiones y de sentimientos, lo adquiera de la manera ms activa
imaginable, en virtud de su propia experiencia. Estas representaciones y
sentimientos son en algunos casos propulsores y en otros inhibidores. El
aumento de actividad, de previsin y de moralidad que se puede obtener
de esta suerte, por medio de la educacin, lleva envuelto el desarrollo
de la individualidad y de la responsabilidad, unidas a la concepcin de
un orden moral que liga a todos los hombres y los obliga recprocamente
entre s, no en virtud de una libertad y responsabilidad absolutas, sino
a causa de la mutualidad relativa que resulta de nuestra convivencia en
la tierra.

Mis ideas sobre el determinismo y la responsabilidad relativa no las
beb primeramente en los libros, sino que las saqu de mi experiencia de
profesor. La mala conducta de los nios enfermizos, degenerados, mal
criados, o que eran enviados al liceo por hogares en que no reinaba el
orden, me inspiraba compasin antes que cualquier otro sentimiento. A
ellos no los hice culpables de sus desaciertos. Creo que este estado de
nimo coadyuva poderosamente a la obra de la educacin en lugar de
perjudicarla.

Movido por ese sentimiento de simpata hacia los educandos delincuentes,
no se les aplica ningn procedimiento correctivo porque sean malos en s
mismos, sino slo en cuanto sea posible mejorarlos con ellos. En este
sentido, la idea misma de responsabilidad es un procedimiento educador,
es un estimulante encaminado a enaltecer, a desarrollar la idea de la
propia personalidad.

Un papel anlogo desempea la idea fuerza de libertad, como la llama
Fouille, idea que hace las veces de una sugestin o de una
auto-sugestin para impulsarnos a la accin, y que debe ser aprovechada
por el educador.

Creo que la idea determinista aplicada a las relaciones sociales y la
negacin de la responsabilidad absoluta, dara tan buenos resultados en
la vida social como ha dado y puede darlos en la educacin. El seor
Valentn Brandau ha probado detalladamente cun perjudicial, y no slo
intil, es el principio de responsabilidad para defender a la sociedad
de los atentados criminales. (_Poltica Criminal Represiva_, t. I.)

Mirando a los individuos como seres determinados por sus antecedentes,
les aplicaramos la reaccin social, los medios de correccin y
mejoramiento, las medidas preventivas y eliminativas, slo en cuanto
fuesen necesarios estos procedimientos para perfeccionar a los
individuos que manifestaron tendencias antisociales, o para librar de su
_nocividad_ al grupo social. Viviramos entonces en una atmsfera de
benevolencia que hara pensar que se haban encarnado por fin en
nosotros aquellas hermosas palabras de Jess: No juzgues y no sers
juzgado.

As vemos que las ideas de libertad y responsabilidad absolutas no
tienen ningn valor social. El edificio social y moral no se derrumbara
en caso de que desaparecieran.

Seguramente quedara mejor. A qu sirven entonces esos conceptos? No se
me ocurre otro,--dicho sea con perdn de los que piensen de distinta
manera,--que el de la suerte que han de correr los hombres en la
improbable vida futura. Considerar al hombre como culpable absoluto del
bien o del mal que hace, es la premisa necesaria para darle en el viaje
de ultratumba o billete hacia la mansin de la gloria eterna o pasaporte
para el infierno.

Fijemos ahora la comprensin de los conceptos que hemos analizado.

La libertad es un trmino abstracto con que representamos un conjunto de
circunstancias que acompaan a la actividad consciente. Estas
circunstancias son: la idea del _yo_; la representacin de varias
posibilidades, que significan poder sobre nosotros mismos y sobre los
objetos exteriores; la ignorancia del porvenir, cuyas complejas
contingencias no podemos prever detalladamente; y la ignorancia de los
fenmenos subconscientes que se operan dentro de nosotros. Estas
circunstancias son tan precisas, que si se suprime cualquiera de ellas
se desvanece la idea de libertad.

Ha sido un error oponer la libertad al determinismo, como cosas
incompatibles. Esto es lo mismo que decir que un cuadro no puede existir
porque tiene marco. Lo contrario de la libertad es la no libertad, es
decir, la negacin de las condiciones recin apuntadas.

La responsabilidad es tambin una expresin abstracta con que designamos
los estados psquicos complejos formados por la creencia en la
libertad, la facultad de prever, y el sentimiento de un orden moral de
solidaridad.

Para terminar, es menester no silenciar que, siendo las ideas de
libertad y responsabilidad, al mismo tiempo que puras abstracciones,
voces con que se han designado aspiraciones muy concretas en cada
momento histrico de la vida individual y social,--la accin de ellas se
encuentra por doquiera en toda la historia de la humanidad.

Estas ideas podran servir de hilo conductor para una historia
universal. Quedaran comprendidos ah los perdurables conflictos entre
el individuo y la sociedad, entre las clases dominantes y las clases
explotadas, entre sbditos y dspotas, entre naciones poderosas y
pueblos dbiles. Se vera cmo esta lucha tiende a la emancipacin del
individuo y de los grupos sociales frente a otros individuos y a otros
grupos sociales, y que el resultado apetecido no se obtiene por medio
del aislamiento que conduce a la misantropa, sino en virtud de la
coordinacin de las voluntades individuales dentro de un orden superior.
Para estas luchas que anhelan el mximum de libertad, no cabe concebir
otro trmino que la formacin de la conciencia de la humanidad, que
permita un equilibrio aproximadamente justo de todas las tendencias.
Querra decir la realizacin de ese ideal que habra llegado para el
esfuerzo humano su ltima hora? Ah, no! los esfuerzos del hombre sobre
la naturaleza tendrn siempre por delante un campo inagotable de
aplicacin, y de esta suerte es posible proponer la siguiente frmula
definitiva: El mximum de libertad (o sea la situacin ms adecuada al
mejor desarrollo individual y social) se encontrar en la armona justa
entre todos los hombres, unidos de una manera solidaria, en una accin
comn sobre los objetos y las energas del mundo.

Envuelve quiz esta frmula la visin de un estado que se encuentra muy
distante para nuestra especie?

--Es posible; pero los afanes de los hombres que sienten en su alma
anhelos altrustas tienden a la verificacin de ese ensueo. Las sendas
que conducen a l no son otras que las de la educacin y de las reformas
sociales, jurdicas y econmicas llevadas a cabo por la iniciativa
individual o la accin de los poderes pblicos, teniendo presente que la
eficacia de estos medios slo es concebible dentro de los principios del
determinismo social.




EL MELIORISMO
o
La Filosofa Social de Mr. Lester F. Ward.


SUMARIO

  I.--Mr. Lester F. Ward.--Sus obras principales.--Lo que es una
  filosofa social.

  II.--La Sociologa Pura.--La materia de la Sociologa.

  III.--La sntesis creadora.--El dualismo csmico.--El principio de la
  sinerga.--Base psicolgica de la Sociologa.--El alma.--Las fuerzas
  sociales.

  IV.--La sinerga social.--Las estructuras sociales.--La lucha de
  razas.--Origen del Estado y del derecho.--El darwinismo social.

  V.--Optimismo o pesimismo.--Meliorismo.

  VI.--Economa de la naturaleza y economa de la mente.

  VII.--La Sociologa aplicada.--Interpretaciones de la
  historia.--Consecuencias del error.

  VIII.--La lucha contra el error.--El genio.--La educacin.

  IX.--La Sociocracia.

  X.--Conclusin.


I

MR. LESTER F. WARD.--SUS OBRAS PRINCIPALES.--LO QUE ES UNA FILOSOFA
SOCIAL.

Mr. Lester F. Ward es un socilogo de una cultura casi universal. No
tiene nicamente una preparacin cientfica slida que lo ha armado para
marchar con pie seguro en el terreno de los estudios sociales, sino que
ha profundizado ramas concretas de la ciencia, hasta llegar a ser un
especialista en (paleo)--botnica y ha tenido una educacin clsica y
literaria que le ha permitido leer en sus respectivos idiomas las
literaturas francesa, alemana, italiana y espaola. Sabe latn, y el
griego se lo ha asimilado en tal forma, que ha hecho observaciones que
ha aprovechado en sus lucubraciones sociolgicas sobre algunas
modificaciones experimentadas en los significados de las palabras de
esta lengua, segn las diferencias que ha notado en el valor de los
vocablos en las obras de Homero, Herodoto, Jenofonte y Demstenes.

Las obras fundamentales de Mr. Ward son _Dynamic Sociology_, Nueva York,
Appleton and C. (no traducida ni al espaol ni al francs); _The
Psychic Factors of Civilization_, Boston, Ginn and C. (no traducida);
_Pure Sociology_, London, New York, Macmillan (traducida recientemente
al francs); y _Applied Sociology_, Boston, Ginn and C. (no traducida).

El presente ensayo ha sido hecho en vista de todas estas obras, menos la
primera, que fu publicada hace poco ms de veinte aos y cuyas
doctrinas esenciales estn refundidas y citadas continuamente en las
obras posteriores, especialmente en _The Psychic Factors_.

       *       *       *       *       *

Ante todo, qu es una filosofa en general y qu una filosofa social
en particular?

A la filosofa la preocupan cuatro grandes problemas: el del
conocimiento (problema lgico), el de la existencia (problema
cosmolgico), el de la estimacin de los valores (problema tico), y el
de la conciencia (problema psicolgico)[3].

     [3] Hffding, _Histoire de la philosophie moderne_.

La filosofa social no puede ser otra cosa que el estudio de estos
mismos problemas, incrementado con todas las deducciones y conclusiones
a que las soluciones de ellos den lugar en su relacin especial con la
vida y los fines de la sociedad y orientados hacia la realizacin de la
justicia social.

Envuelve este ltimo estudio alguna importancia para cualquier hombre?
No vacilo en responder que s la envuelve y en alto grado. La
solidaridad de los hombres, impuesta de una manera imperiosa e
ineludible, a lo menos por el hecho de habitar en comn este planeta y
adems por los sentimientos que se han desarrollado con el tiempo, exige
que miremos el destino de cada persona en armona con el de las dems y
que busquemos la manera de establecer esa armona que no existe an. Es
tal la importancia de este asunto, que en cada vulgar e insignificante
detalle de la vida diaria puede ir comprendida la aplicacin de algn
principio de esta o aquella filosofa social. El individualista
rampln,--no el individualista a lo Ibsen, cuya caracterstica no es
egosmo sino originalismo,--cuya profesin de fe es desentenderse de
lucubraciones intelectuales y sociales, contribuye con su abstencin a
determinadas soluciones de las cuestiones sociales, hace suyas sin
examinarlas las creencias implcitas en la lnea de conducta que ha
tomado y lo que saca con su renuncia a ocuparse de asuntos de inters
general, es que tiene que vivir dando por cierto lo que no se ha
detenido a examinar si es cierto y dando por justo lo que no se ha
detenido a examinar si es justo.

Tales individualistas e indiferentes son forzosamente tradicionalistas.

Mas, para los que no quieren ser tan slo conducidos de la mano y a
ciegas por un camino de la vida que no conocen y aspiran a afirmar ante
todos los hombres su derecho a trazarse una senda propia, la filosofa
social reviste una importancia fundamental.


II

LA SOCIOLOGA PURA.--LA MATERIA DE LA SOCIOLOGA.

La sociologa es una ciencia; tiene todos los caracteres de tal: estudia
los fenmenos de una forma especial de fuerza, la fuerza social o las
fuerzas sociales, que obran sometidas a leyes, de las cuales la ms
fundamental es la de la causalidad.

Distingue Mr. Ward en la sociologa dos grandes ramas: la _sociologa
pura_ y la _sociologa aplicada_. La primera estudia los hechos sociales
con la ms fra imparcialidad, sin criticar ni alabar nada en ellos, a
fin de inducir las leyes que de ellos se infieran. La segunda trata de
las posibles aplicaciones de dichas leyes.

       *       *       *       *       *

La materia de la sociologa[4] es la accin humana (_human
achievement_). No es la estructura, sino la funcin. Casi todos los
socilogos han trabajado en el departamento de la anatoma social,
cuando deberan dirigir su atencin al de la fisiologa social, al
estudio de las funciones sociales. Sin duda que el estudio de la
anatoma es tambin necesario, porque las funciones no pueden ser
efectuadas sin los rganos; pero dicho estudio tiene una importancia
preparatoria y es posible dejarlo a las ciencias sociales especiales,
tales como la historia, la demografa, la antropologa, la economa
poltica, etc.

     [4] _Pure Sociology_, III.

La sociologa se ocupa de las actividades sociales. No es una ciencia
descriptiva en el sentido que dan a tales ciencias los naturalistas,
como disciplinas que describen objetos ya concludos. Es ms bien un
estudio de la manera cmo los diferentes productos sociales han sido
creados. Estos productos son de tal naturaleza, que una vez formados no
se pierden nunca; y es propio de ellos tambin que vayan modificndose
y perfeccionndose lentamente y que sirvan de base a nuevos productos.

Lo propio de la accin humana (achievement) es que posea una virtud
transformadora. Los animales no ejecutan acciones de esta naturaleza. De
aqu uno de los primeros principios sociolgicos: _el medio transforma
al animal, mientras que el hombre transforma al medio_. No ha habido
ningn cambio orgnico importante en el hombre durante el perodo
histrico. No es ms ligero de pies ni de vista ms penetrante o
msculos ms fuertes que cuando escribi Herodoto. Ahora su poder visual
se ha acrecentado enormemente gracias a todas las aplicaciones de los
lentes; su poder de locomocin se ha multiplicado merced al invento de
las mquinas y su fuerza se ha hecho casi ilimitada por medio de la
ayuda de los agentes naturales que ha sabido explotar. Las armas son
mucho ms temibles que los dientes o las garras. Al lado del telescopio
y del microscopio los rganos naturales de la vista valen muy poco. Los
ferrocarriles son mejores que las alas de las aves, y los buques a vapor
mejores que las aletas de los pescados. Todo eso es el resultado del
poder del hombre de transformar a la naturaleza. La transformacin
artificial del fenmeno natural es el gran hecho caracterstico de la
actividad humana. Esto es lo que constituye el _achievement_. As _la
civilizacin material consiste en la utilizacin de los materiales y de
las fuerzas de la naturaleza_.

Conviene decir aqu que la distincin entre materia y fuerza desaparece
enteramente tras un breve anlisis. Ya no es una expresin metafsica
decir que no conocemos nada de la materia fuera de sus propiedades. Slo
sus reacciones afectan a nuestros sentidos y slo sus propiedades son
utilizadas; pero no es posible trazar ninguna lnea de demarcacin entre
las propiedades de la materia y las fuerzas fsicas. Las propiedades son
fuerzas y las fuerzas son propiedades. Si la materia es nicamente
conocida por sus cualidades y las cualidades de la materia son fuerzas,
es claro que la materia posee poderes inherentes a ella. Schopenhauer
tena razn cuando deca: La materia es causalidad (Die Materie ist
durch und durch Causalitt). La materia es dinmica y siempre que el
hombre la ha tocado con la varita mgica de su razn, no ha dejado nunca
de acudir a su llamado para satisfacerle alguna necesidad.

Es un error creer que los _achievements_ consisten en bienes materiales
o riquezas. No; los _achievements_ son slo los medios con que se crean
las riquezas que son los fines que se aspira a realizar. Los
_achievements_ son las ideas, las invenciones creadoras. Como se ha
dicho antes, envuelta en la nocin de _achievement_ se encuentra la de
permanencia. Todas las riquezas materiales son perecederas y fungibles.

El _achievement_ consiste en una invencin en el sentido _tardeano_ (de
Tarde). Es algo que se eleva sobre la mera imitacin o repeticin.

El lenguaje es un _achievement_ de enorme importancia y cada uno de sus
distintos aspectos sucesivos,--el mmico, el oral, el escrito, el
impreso, han sealado una poca en el progreso humano. La literatura, el
arte, la filosofa y las ciencias son grandes _achievements_. Tambin lo
son las armas, las trampas, lazos, herramientas, instrumentos y
utensilios primitivos que han encontrado su coronamiento en nuestra
poca en la maquinofactura, en la locomocin artificial y en la
intercomunicacin elctrica.

Debemos llamar la atencin sobre otra forma tpica de invenciones: son
los procedimientos auxiliares de la mente. Una numeracin aritmtica o
el modo de expresar los nmeros por medio de smbolos de cualquiera
especie, es un procedimiento o instrumento auxiliar de la mente. Los
griegos y los romanos, como todas las razas principales, inventaron
sistemas especiales de numeracin, y nosotros hacemos todava algn uso
del ideado por los ltimos. Pero el sistema empleado universalmente
ahora por todos los pueblos civilizados es el llamado sistema arbigo,
aunque lo ms probable es que ellos slo hayan perfeccionado un invento
que recibieron del Oriente.

Este sistema es un buen ejemplo de lo que llamamos la permanencia del
_achievement_. Podemos calcular el costo y valor de cualquiera suma de
riquezas materiales, apreciar su intercambio y presenciar su total
consumo mil y mil veces, y el sistema que nos habilita para efectuar
esas operaciones, permanece imperecedero en medio de tanta
transformacin y destruccin, sirve a los hombres sin gastarse y as
continuar sirviendo a las generaciones futuras.

Las artes industriales forman otra clase importante de _achievement_.

Debemos mencionar tambin las instituciones que, indicadas en el
probable orden de su desarrollo, son las siguientes: sistemas militares,
sistemas polticos, sistemas jurdicos y sistemas industriales. En
verdad, es posible extender el significado del trmino _institucin_
hasta hacerlo comprender todos los _achievements_ y tomado en tal
sentido constituye el principal estudio del socilogo.

Una de las caractersticas esenciales de todo _achievement_ es que
consista en alguna forma de conocimiento. El conocimiento, al revs de
la capacidad, no puede ser trasmitido por herencia. Constituye una
especie de herencia social a cuya trasmisin la sociedad tiene adscritos
determinados rganos o sea los diversos institutos de educacin e
instruccin.

Unos pocos espritus han columbrado vagamente que la civilizacin
consiste en la luz de los conocimientos acumulados de generacin en
generacin. La ms clebre expresin de esta verdad es la de Pascal, que
dice en sus _Pensamientos_: La serie completa de los hombres en el
curso de todas las edades debe ser considerada como formada por un solo
hombre, que nunca hubiese dejado de existir y hubiera estado siempre
aprendiendo. Bacn, Condorcet y Herder, han expresado ideas anlogas.

Pero esta concepcin es slo una aproximacin a la verdad. Indica, por
decirlo as, el largo pero no el ancho de la civilizacin. Jams un solo
hombre, por ms sabio que hubiese sido, y suponindolo inmortal, habra
podido llevar a cabo lo que todos los hombres han hecho. La civilizacin
no es la obra de un solo hombre, sino de miles de hombres, cada uno de
los cuales ejecuta una obra diferente. Cierto es que muy pocos entre
ellos crean algo original y que los ms no hacen otra cosa que imitar,
correspondiendo los primeros, es decir, los creadores, dentro del
organismo social, a lo que se llama en biologa las variaciones,
mientras que los segundos forman la herencia, y cierto es tambin que
para los espritus no adocenados suele ser objeto de menosprecio esa
masa de la especie humana que marcha sujeta a puras imitaciones buenas o
malas. Pero el socilogo, procediendo de igual manera que el gelogo
cuando estudia la estructura de la tierra, debe mirar el gran conjunto
que resulta del total de las obras humanas y entonces desaparecern para
l los mviles mezquinos y las pequeeces de las acciones individuales.
A la tierra calclanse unos 70.000.000 de aos de edad, y el hombre
habr existido desde unos 300.000 a 200.000 aos. La poca histrica, y
por consiguiente sociolgica, es casi nada dentro de estas cifras
enormes: menos de 25.000 aos. Estudiadas simpticamente las acciones de
los hombres encerradas en ese panorama, resultan enaltecidas,
alentadoras y aptas para curar al ms arraigado pesimismo. Tan pronto
como el hombre entra en su desarrollo en el estado contemplativo
(_contemplative stage_), lo que ya sucede en pocas muy remotas bajo el
rgimen social de las castas, empieza a desenvolverse el inters
psquico o trascendental. Comienzan a manifestarse anhelos intelectuales
que constituyen fuerzas sociales tan efectivas como el hambre y el amor.

Bajo el influjo de esas fuerzas psquicas llamadas sociogenticas
(fuerzas morales, intelectuales y estticas) han surgido el arte, la
filosofa, la literatura, la ciencia, la industria y han obrado de una
manera combinada para aumentar y enriquecer los inventos humanos.

Merced a las sugestiones de estas fuerzas sociogenticas, la superior
ambicin de toda mente vigorosa ha llegado a ser la de contribuir con
algo a la gran corriente de la civilizacin y marchar en la senda del
progreso intelectual. En el fondo de tal aspiracin palpita el placer
mismo que produce una sana labor intelectual, el encanto de la creacin
y el amor a la gloria, a la inmortalidad en el recuerdo de los hombres.
A medida que pasan las edades y la historia anota en sus pginas los
resultados de la accin humana, va quedando ms en claro para un mayor
nmero de personas que tal es el fin de la vida y por conseguirlo se
esfuerzan. Se ve que slo aquellos que han inventado algo, creado algo,
sentido por sobre la muchedumbre, son recordados y que, con el tiempo,
sus nombres trnanse ms brillantes en lugar de empaarse. As, la
invencin, la creacin llega a constituir una forma de inmortalidad que,
a medida que la esperanza de una inmortalidad personal se desvanece con
los adelantos de las ciencias biolgicas, se hace ms atractiva y echa
ms races en el corazn humano.

       *       *       *       *       *

La concepcin de Mr. Ward sobre la materia de la sociologa es hermosa y
casi podra decirse que toma los hechos humanos por el lado heroico.
Como podremos ver en varias ocasiones ms adelante, una de las
caractersticas de esta sociologa es la rehabilitacin de la fuerza
psquica, la consideracin del valor que tiene la mente humana, siendo
ilustrada, como directora de los fenmenos sociales y propulsora del
progreso artificial.

Fu una doctrina que en 1883, con la primera obra fundamental de Mr.
Ward Dynamic Sociology se levant contra las tendencias demasiado
mecnicas y menospreciadoras de la accin humana que entonces dominaban
sostenidas por la propaganda y el prestigio de Mr. Spencer.

Pero la tesis de Mr. Ward es incompleta. Teniendo los _achievement_
(inventos en el sentido de la sociologa de G. Tarde), toda la
importancia que no es posible desconocerles, sin embargo, no comprenden
por s solos todos los fenmenos que deben formar la materia de la
sociologa. Ms amplia y comprensiva al mismo tiempo de la idea de Mr.
Ward, es la tesis sostenida por Albion W. Small[5] de que la materia de
la sociologa es el proceso de la asociacin humana.

     [5] _General Sociology_, I.

No todos los fenmenos que merecen ocupar la atencin de nuestra ciencia
son _achievements_.

Para esclarecer esta afirmacin conviene hacer las siguientes preguntas:
Tienen todos los hechos sociales el carcter de _achievements_? Hay
hechos sociales que puedan ser descuidados por la sociologa?

Me parece que no todos los hechos sociales son _achievements_. No lo son
todos los que forman la inmensa multitud de las imitaciones, es decir,
los actos llevados a cabo por los hombres que son meros imitadores. En
los tiempos de decadencia, corrupcin y crisis moral, el gran fenmeno
de la disolucin de una sociedad, que no debe ser descuidado en ningn
estudio sociolgico, est formado en ltimo anlisis por la suma de
todas las debilidades, costumbres viciosas y prcticas corrompidas de
los individuos de la poca, y ninguno de estos actos es un
_achievement_. Esto se puede comprobar con analizar un poco los ejemplos
clsicos de la decadencia de Roma despus de la conquista del mundo y de
la decadencia de Grecia despus del siglo V. Que un solo individuo
despilfarre su fortuna o sea inmoral, son hechos sociales, cualquiera
que sea la posicin del individuo, porque si no fuera as no podramos
sealar la existencia de ningn hecho social. Es claro que el socilogo
ni el historiador no han de andar inquiriendo la vida privada de cada
vecino; pero la estadstica se encarga de darla a conocer sin nombres
propios, y de los hechos que la estadstica publica slo algunos son
_achievements_, mas todos constituyen eslabones del proceso social, cuyo
estudio no es posible descuidar.


III

LA SNTESIS CREADORA.--EL DUALISMO CSMICO.--EL PRINCIPIO DE LA
SINERGA.--BASE PSICOLGICA DE LA SOCIOLOGA.--EL ALMA.--LAS FUERZAS
SOCIALES.

Al inquirir el gnesis y transformacin de las fuerzas que llegan a
convertirse en las fuerzas sociales, la sociologa extiende sus races
en un campo tan vasto, que viene a encontrar sus antecedentes en una
verdadera cosmologa.

A fin de que sea suficientemente claro este proceso cuyas remotas causas
alcanzan hasta el funcionamiento de las fuerzas primordiales de la
naturaleza, conviene considerar primeramente algunos fenmenos que
tienen para nosotros la ventaja de estar ms al alcance de nuestra
inmediata observacin.

Las obras de la naturaleza no son perfectas. Encontramos siempre en
ellas mucho que criticar y formamos planes para transformar las cosas en
vista de los fines que nos proponemos para hacer cosas nuevas. Esos
planes son los ideales que surgen en la mente del genio inventivo y del
genio creador en las artes, en las industrias, en las ciencias, en las
cuestiones sociales. El nacimiento de un ideal es uno de los casos en
que obra lo que se llama la _sntesis creadora_. La sntesis no es slo
la suma de los elementos que han servido para formar el cuerpo que por
medio de ella resulta; es algo ms. No habra sido fcil prever por
ejemplo, lo que iba a resultar de una unin tan sencilla como es la de
dos tomos de oxgeno con uno de hidrgeno. As tambin la mente con los
hechos, datos y representaciones que la experiencia le suministra,
construye combinaciones nuevas, ideas, obras de arte, verdades
cientficas, inventos tcnicos, mquinas, proyectos de reforma social,
que son propiamente creaciones.

Mr. Ward ha tomado el principio de la sntesis creadora de la filosofa
de Wund[6]. Segn este principio, todos los actos o productos (Gebilde)
psquicos no solo estn en relacin con los elementos que han servido
para formarlos, sino que contienen algo ms que no se encontraba en
dichos elementos. Tal afirmacin vale tanto para las grandes
concepciones de que acabamos de hablar, y en las cuales es obvio su
carcter de creaciones sintticas como en los casos de los poetas e
inventores, cuanto para los fenmenos aparentemente simples de la
inteligencia, como, por ejemplo, las sensaciones. La actividad del alma
es propiamente sinttica. Esto no quiere decir que el espritu no sea
capaz de efectuar anlisis, sino que cada una de las partes mismas del
fenmeno analizado es percibido distintamente en virtud de una sntesis
especial.

     [6] _Logik der Geisteswissenschaffen_. p. 267.

Ahora podemos decir que la naturaleza igualmente efecta por s sola
sntesis creadoras, con la diferencia de que en la mente el fenmeno es
_tlico_, es decir, se propone fines, se produce en vista de algn fin,
mientras que en la naturaleza es _gentico_, esto es, resulta de la
accin de causas eficientes que funcionan sin un fin determinado.

De cambio en cambio se ha pasado del caos de la nebulosa al cosmos, del
cosmos a la vida, de la vida a la inteligencia, a la sociedad. Nosotros
no sabemos cul sea el estado absolutamente elemental de la materia. La
creacin de algo de la nada, segn la concepcin antropomrfica, es
inconcebible; pero entonces, cuando sobrevino aquella relativa
condensacin que constituy la homognea e indiferenciada masa de
difusa, materia llamada nebulosa, tuvo lugar una sntesis creadora. Que
dicha nebulosa se diferenci subsecuentemente en sistemas de mundos, de
los cuales nuestro sistema solar no es ms que uno, en conformidad a la
hiptesis de Kant y de Laplace, constituye una afirmacin que envuelve
una sntesis creadora. Los elementos qumicos fueron convirtindose
sucesivamente en compuestos inorgnicos, compuestos orgnicos
protoplasma, plantas y animales a travs de otras tantas sntesis
creadoras.

En las aseveraciones anteriores va envuelto un concepto monista de la
naturaleza, esto es, el de la existencia de una sola substancia; pero la
manera de obrar de las fuerzas implicadas en esa substancia es lo que se
llama el _dualismo csmico_. La naturaleza encierra no slo fuerzas que
se transforman, sino fuerzas que contienden. La universal energa no
cesa jams de obrar y su incesante actividad constantemente crea. Las
cantidades de materia, masa y mocin que entran en actividad no cambian;
todo lo dems cambia: posicin, direccin, velocidad, combinacin,
forma. Decir con Schopenhauer que la materia es causalidad envuelve una
elipsis.

No es la materia, sino la _colisin_ de la materia lo que constituye la
nica causa. Este eterno chocar de los tomos, este continuo esfuerzo de
los elementos, esta presin sobre cada punto, esta lucha de todas las
cosas creadas, este universal _nisus_ de la naturaleza que da existencia
a todas las formas materiales y se coloca dentro de ellas como
propiedades, como vida, como sentimiento, como pensamiento; esto es el
hilozoismo de los filsofos, la autoactividad de Hgel, la voluntad de
Schopenhauer, el alma del tomo de Haeckel, el alma del Universo, el
espritu de la naturaleza, la causa primera de la religin y de la
Ciencia, es Dios.

Cada fuerza se encuentra con resistencias; de otra manera no podra
haber energa. La idea de fuerza es inconcebible sin la idea de alguna
resistencia correspondiente. Si no fuera por estos conflictos del
Universo, la evolucin sera imposible. Las fuerzas de la naturaleza
estn perpetuamente comprimidas. Si la fuerza centrfuga no se hallara
constreida por la fuerza centrpeta, los planetas volaran de sus
rbitas, siguiendo lneas rectas indefinidas. Si no hubiera habido tal
restriccin, stos no habran existido nunca. Todas las formas definidas
de cualquiera clase que sean, son debidas a influencias antagnicas que
constrien, circunscriben y transforman el movimiento. La conservacin
de la energa resulta de esta ley y todos los multiformes modos de
mocin que se convierten perpetuamente unos en otros, son los productos
de esta incesante lucha. Vemos atraccin y repulsin, concentracin y
disipacin, condensacin y disolucin; as se forman las nebulosas, los
planetas, los satlites y los organismos. Viene a producirse una
verdadera cooperacin y colaboracin de las fuerzas que compiten. Este
es el principio de la _sinerga_, el principio de la accin productora y
creadora de las fuerzas que contienden. El efecto normal y necesario que
se destaca claramente en este dualismo csmico, en esta lucha csmica,
es la tendencia a la _organizacin_ de algo, a convertir la mayor suma
posible de materia inorgnica en materia orgnica.

Una de las creaciones sintticas de la naturaleza es la _vida_.

Despus de la formacin de la corteza terrestre qued siempre ocupando
las concavidades de la superficie una gran cantidad de agua y,
envolvindolo todo, una atmsfera de oxgeno, nitrgeno, carbono dixido
(carbn dioxide) y vapor acuoso. Estos ltimos son los principales
materiales con que han sido formados los productos _biticos_. En todas
partes existe un universal _quimismo_ y constantemente son formadas
diferentes substancias por medio del contacto y de las afinidades
electivas de la materia. Debemos suponer que en el proceso de
enfriamiento del planeta, el _quimismo_ se convirti en _zoismo_.

Esta es una suposicin. Lo que nosotros sabemos es que la vida debi
comenzar en algn momento en nuestro planeta, lo cual seguramente
sucedi cuando la temperatura era ms alta que las ms elevadas de
nuestra zona trrida actual. Los atributos primarios y diferenciales de
la vida han sido la irritabilidad y la movilidad. Su forma ms simple
que conocemos es el protoplasma, el cual mirado desde el punto de vista
biolgico, apenas puede ser llamado un organismo, por lo simple que es,
mientras que observado desde el punto de vista qumico, es tan complejo
que no es posible colocarlo entre las substancias qumicas. Ocupa
exactamente el trmino medio entre el mundo inorgnico y el orgnico.
Fu perfectamente llamado por Huxley la base fsica de la vida. El
protoplasma posee sus cualidades esenciales de la movilidad e
irritabilidad, como el azcar posee la dulzura, la quinina la amargura.
El _zoismo_ es una creacin sinttica del _quimismo_.

En el mundo orgnico, las primordiales fuerzas contendoras son la
herencia y la variacin, que corresponden en astronoma a las fuerzas
centrpeta y centrfuga respectivamente. La herencia debe ser
considerada como una tendencia de la vida a que contine existiendo lo
que ya ha empezado a existir. Todas las fuerzas son esencialmente
iguales y la fuerza viva o fuerza de crecimiento es igual a cualquiera
otra fuerza fsica, esto es, obedece a la primera ley del movimiento y
produce movimiento en lnea recta, siempre que no haya interferencia de
otra fuerza. Si esto sucediese, resultara un aumento constante en la
cantidad de la vida sin que hubiese ningn cambio en la calidad. Pero en
el dominio de la fuerza, como en el de cualquiera fuerza fsica, a
consecuencia de la multiplicidad de los objetos de la naturaleza, existe
necesariamente una constante colisin, una oposicin constante, un
continuo contacto con otras fuerzas que vienen de todos los lados
imaginables. stas constituyen las resistencias del medio. La herencia
sigue su camino lo mejor que puede en medio de los obstculos que se le
presentan. Ya hemos visto que bajo el principio de la sinerga csmica
la fuerza csmica primordial que impuls a la materia del espacio
universal asumi por ltimo, tras innumerables colisiones, una forma
organizada y convirti la materia del espacio en cuerpos simtricos
coordinados en sistemas. De idntica suerte, la fuerza vital, sujeta a
la accin de muchas fuerzas contrarias, empez a elaborar formas
simtricas y a organizar sistema biolgicos. Los protistas, las plantas,
los animales, fueron los resultados de esta sinerga orgnica. Gethe
esboza ya estas ideas en su Metamorfosis de las plantas (1790), y en
su Morfologa (1786).

Despus alcanzamos, por medio de una nueva sntesis creadora, a la
aparicin del primer esbozo de lo que ha de ser ms tarde el ncleo de
las fuerzas sociales: el alma. A la primera substancia viva, siendo
frgil y delicadsima, necesitando renovarse para mantenerse y estando
expuesta a mil causas de destruccin provenientes de la materia
inorgnica que la rodeaba, le fu preciso distinguir, so pena de la
muerte, lo que le convena aceptar o rechazar del mundo exterior, debi
tener inters y experimentar impresiones agradables y desagradables. Tal
fu la alborada de la fuerza psquica, la ms superior cualidad de la
materia, cuyo brillante y prodigioso desarrollo ha venido a dar lugar a
la fuerza propulsora de la ms elevada creacin de la naturaleza: la
sociedad humana.

El alma del hombre que no es ms que el alma del tomo despus de haber
pasado por el alambique de la evolucin orgnica, constituye, dentro de
sus cualidades primordiales y fundamentales, la fuerza social, el agente
dinmico y transformador por excelencia.

Dicho esto, no costar aceptar que la sociologa descansa sobre la
psicologa y no sobre la biologa, como algunos pensadores lo han
sostenido.

En su obra: _The Psychic Factors of Civilizations_ entra Mr. Ward en
minuciosos y originales anlisis de los fenmenos psquicos. Los
fenmenos de la mente en su ms amplio sentido pertenecen a dos
distintas clases: a la de los sentimientos y a la del intelecto. Los
primeros forman el objeto de la psicologa subjetiva y el segundo el de
la psicologa objetiva. Cuando se pone en contacto la extremidad de un
dedo con un objeto material, dos consecuencias resultan. Se produce una
_sensacin_ que depende de la naturaleza del objeto y la mente recibe
una _nocin_ de la naturaleza del objeto. El proceso por medio del cual
se lleva a efecto esta nocin o conocimiento se llama _percepcin_.
Estos son los elementos que sirven de base a las dos ramas de la
psicologa de que acabamos de hacer mencin: la sensacin a la rama
subjetiva y la percepcin a la rama objetiva.

Debemos decir que esta divisin no es perfectamente distinta y clara.
Tanto en los fenmenos de la sensacin y de las emociones y sentimientos
como en los fenmenos de la percepcin y las representaciones,
asociaciones de ideas y pensamientos que de ellas se derivan hay
elementos subjetivos. Las percepciones y representaciones no son nunca
la imagen de los objetos nicamente. Son condicionadas en gran parte por
los estados de conciencia anteriores y simultneos. Adems, si la
sensacin es un hecho elemental que se encuentra en el anlisis de los
sentimientos como elemento primordial de stos, tambin se halla
desempeando un papel anlogo en las percepciones. Sin sensaciones
previas no puede haber percepciones. Sin experimentar la sensacin de
peso jams podr decir de un cuerpo que es pesado o liviano. De manera
que no es acertado formar dos categoras opuestas de fenmenos dentro de
los hechos psquicos que tengan por base respectivamente la sensacin y
la percepcin.

Es menester, s, tener presente que las primeras manifestaciones del
alma, tanto en su desarrollo que podemos llamar histrico o
filogentico, tomando como punto de partida su aparicin sobre la
tierra, como en su desarrollo individual u ontogentico, son las de la
facultad _conativa_ (_conative faculty_), las del deseo, las del inters
instintivo que busca el placer y huye del dolor, o sea que busca lo
conveniente para la vida y se aparta de lo que puede daarla. Lo
primordial son los sentimientos y la voluntad.

La vida debe ser preservada y las especies perpetuadas. La seleccin
natural ha hecho agradables los actos que favorecen estos fines y
dolorosos los que los contraran. Las especies incapaces de experimentar
esas sensaciones han debido desaparecer y slo han subsistido las
organizadas de tal manera que han podido sentir placer al apropiarse lo
necesario para su existencia y dolor al contacto, proximidad o previsin
de alguna cosa perjudicial o peligrosa para su vida. As el dolor y el
placer no son condiciones indispensables que dependan de la naturaleza
misma de las cosas. Para el mundo inanimado no existen ni el placer ni
el dolor. stos son slo estados necesarios a la existencia de los
organismos plsticos. Sin el dolor y el placer esos organismos no
habran subsistido, porque habran sido destrudos por el mundo
exterior. De manera que el dolor, lejos de ser un mal en s, ha sido la
condicin esencial de la vida, entendido como una especie de advertencia
para huir de la causa que lo produce.

El agente dinmico, el principio activo del alma lo forman los
sentimientos y los deseos. El deseo es una verdadera fuerza natural que,
si no fuera por las interferencias que encuentra en su camino, seguira
como todas las cosas la primera ley del movimiento de Newton e ira
siempre directamente a la consecucin de sus fines.

El desenvolvimiento de la inteligencia y de la razn es un
acontecimiento posterior al desarrollo de la facultad _conativa_, de los
deseos y de los sentimientos. La inteligencia no es propiamente una
fuerza; es el agente directivo de los deseos y sentimientos. Su accin
es siempre teleolgica; la inteligencia es una causa final, es una causa
que se propone algn objeto, mientras que el agente dinmico, el deseo
es causa eficiente, obedece ciegamente a la accin inmediata que lo pone
en movimiento.

La psicologa de Mr. Ward es monista, y aunque no cita a H. Hffding en
ninguna parte de sus obras, hay analoga entre sus ideas y la hiptesis
de la _identidad_ del citado filsofo dans, segn la cual, el alma y el
cuerpo no forman distintas substancias, sino que son dos aspectos
diversos de una misma substancia.

       *       *       *       *       *

Acabamos de ver que el agente dinmico, la fuerza social (hablando en
singular) es el sentimiento, el deseo, la facultad _conativa_, la
voluntad: diversas expresiones con que se designa la tendencia propia de
nuestra naturaleza a huir del dolor y buscar el placer.

En lugar de la locucin, _fuerza social_, se puede usar la de _fuerzas
sociales_ en el mismo sentido, y para comprenderlas mejor conviene hacer
una clasificacin de ellas.

He aqu la clasificacin:

                                                { Positivas.--Que
                             { Fuerzas          { buscan el placer.
                             { ontogenticas    {
                             { o preservativas. { Negativas.--Que
              { Fuerzas      {                  { evitan el dolor.
              { fsicas,     {
              { (funciones   {                  { Directas.--Los
              { corporales). {                  { deseos sexuales
              {              { Fuerzas          { y amorosos.
              {              { filogenticas    {
              {              { o reproductivas. { Indirectas.--Las
              {                                 { afecciones
  LAS FUERZAS {                                 { consanguneas.
  SOCIALES    {
  SON:        {                                 { Morales.--Que
              {                                 { buscan lo
              { Fuerzas      {                  { bueno.
              { espirituales { Fuerzas          {
              { (funciones   { sociogenticas.  { Estticas.--Que
              { psquicas).  {                  { buscan lo bello.
                                                {
                                                { Intelectuales.--Que
                                                { buscan lo verdadero
                                                { y lo til.

Las fuerzas ontogenticas o preservativas pueden ser llamadas las
fuerzas de la preservacin individual; las filogenticas o reproductivas
(susceptibles de ser caracterizadas con la palabra AMOR como las
primeras pueden serlo con la palabra HAMBRE) son las que cuidan de la
continuidad de la especie; y las fuerzas sociogenticas, es decir, las
fuerzas morales, estticas e intelectuales, merecen en conjunto el
nombre de las _fuerzas del mejoramiento de la especie_. (Race
Elevation). Constituyen stas los poderes civilizadores por excelencia,
y la expresin de las ms altas aspiraciones humanas. Por supuesto que
estas ltimas fuerzas son relativamente modernas y el producto de la
complicada serie de acontecimientos llevados a cabo por la accin de la
energa social primitiva. Es decir, han tenido lugar primero la lucha
por la vida y la lucha por la reproduccin con caracteres animales antes
que naciesen las ms rudimentarias ideas morales, estticas e
intelectuales, y slo la aparicin del Estado, resultado de la lucha
entre los grupos sociales, segn Mr. Ward hizo posible el ms completo
desarrollo de esas fuerzas sociogenticas morales, estticas e
intelectuales.


IV

LA SINERGA SOCIAL.--LAS ESTRUCTURAS SOCIALES.--LA LUCHA DE
RAZAS.--ORIGEN DEL ESTADO Y DEL DERECHO.--EL DARWINISMO SOCIAL

El mismo principio de la sinerga, es decir, de la produccin de algo
nuevo por la contencin o colisin de elementos contrarios, principio
llamado ahora _sinerga social_, es el que produce las estructuras
sociales. Las fuerzas sociales dejadas solas seran esencialmente
destructivas; pero combinadas, reprimidas las unas por las otras,
producen las estructuras sociales, cuyo nombre ms general y apropiado
debe ser el de instituciones humanas.

El equilibrio social bajo el principio de la sinerga, junto con
envolver una perpetua y vigorosa lucha entre las fuerzas sociales
antagnicas, crea las estructuras sociales. De la perfeccin de estas
estructuras y del xito con que desempean sus funciones depende el
grado de la eficiencia o capacidad social. En el mundo orgnico la lucha
tiene la apariencia de una lucha por la existencia. Las especies ms
dbiles perecen y las ms fuertes persisten. Hay una constante
eliminacin de lo defectuoso y supervivencia de lo adecuado. En el campo
social sucede lo mismo y las razas dbiles sucumben en la lucha mientras
que las fuertes se perpetan. Pero en ambos casos es la mejor estructura
la que sobrevive. De esta manera, la lucha deja de ser una cuestin de
individuos, de especies, de razas o de sociedades y se convierte en un
problema cuya solucin depende de la perfeccin de las estructuras.
Podemos, pues, atenuar la severa frmula de Darwin, de la lucha por la
existencia y ver en todo el panorama de la vida ms bien una _lucha por
la estructura_.

Ya se ha dicho que el nombre ms general y apropiado para las
estructuras sociales es el de instituciones humanas. Las instituciones
humanas no son ms que el conjunto de los medios que tienen por objeto
encaminar y utilizar la energa social. Buscando cul sea la naturaleza
y la esencia de la energa social se encuentra la ms fundamental de
todas las instituciones humanas, especie de _plasma_ social primordial,
homogneo, indiferenciado, que ha dado origen subsecuentemente a todas
las dems instituciones. Puede llamrsele el _sentimiento de
conservacin del grupo social_ (the group sentiment of safety) y es
principalmente de carcter religioso. De este ncleo se han derivado
indudablemente la religin misma, el derecho, la moral y todas las
instituciones ceremoniales, eclesisticas, jurdicas y polticas. Pero
hay otras instituciones tan esenciales y primitivas como estas que han
de tener otras races, tales como el lenguaje, el arte y las industrias.

Mas, volvamos nuestras miradas a los tiempos primitivos de la vida
humana y digamos ante todo que respecto de las teoras del _poligenismo_
y del origen animal del hombre, aceptadas por casi todos los bilogos y
antroplogos, la actitud del socilogo no puede ser la de un
investigador sino que debe darlas por sentadas y seguir adelante.

Por ms que las razas primitivas sean consideradas por los hombres
civilizados como algo muy semejantes entre s, con todo, ellas mismas se
miran unas a otras como sumamente distintas y con mutuo desprecio. El
hecho de que dos razas se pongan en contacto significa el estallido de
una guerra entre ellas. Si nos imaginamos un tiempo anterior a todos los
recuerdos histricos, a todas las ms remotas civilizaciones que han
existido, a las pocas china, egipcia, caldea y asiria,--sin dejar de
confesar que sabemos muy poco de aquella edad,--podemos aceptar que
vastas extensiones de la superficie terrestre estaban ya ocupadas por
los hombres que divididos en gran nmero de diferentes razas, tribus,
grupos, clases y hordas se afanaban en mantener su existencia. Cules
seran los caracteres y cualidades del grupo ms primitivo? Entre los
animales, por lo menos la madre conoce a menudo a su cra y es posible
que entre los monos tenga lugar un reconocimiento general de las ms
inmediatas relaciones de parentesco. Naturalmente, el hombre primitivo
llev ms lejos este reconocimiento y los padres y los hijos, los nietos
y otros consanguneos quedaron unidos en un grupo algo difuso e
indiferenciado, que es la forma primitiva de la sociedad, llamada por
los etnlogos una _horda_, y que Durkheim ha denominado apropiadamente
protoplasma social.

La completa separacin entre las hordas representa el grado ms simple y
ms bajo de la vida de los grupos sociales, es el estado inmediatamente
superior al estado animal y se diferencia de ste en que no es tan slo
gregario, sino que se reconoce en l de una manera ms o menos racional
cierta relacin de consanguinidad. Despus de adquirir un mayor
desarrollo y de perfeccionar sus facultades razonadoras, el grupo se
extiende hasta formar un _clan_, que fu la ms vasta forma de
asociacin a que un hombre de aquella poca reconoci los lazos de
parentesco. Por supuesto, que ste slo se refera a la madre, ya que
nicamente el parto y no la fecundacin poda servir de prueba de l. La
transicin de este sistema matriarcal al patriarcal, que se ha
verificado en casi todas las razas existentes, ha tenido lugar por medio
de extraa ficcin llamada la _cuvada_, en que el padre representa todos
los trabajos, dolores y enfermedades de la madre como si l fuera el
parturiento y guarda el lecho como quien acaba de dar a luz un nio. De
esta suerte adquiere derecho a ser considerado como un miembro
importante en las relaciones de parentesco. La conservacin durante
largo tiempo de esta extraa costumbre, muestra cun profundamente
arraigada ha estado en los pueblos primitivos la creencia en la
partenognesis, de la cual son supervivencias los mitos religiosos
posteriores relativos a una inmaculada concepcin.

En el largo perodo matriarcal se form el lenguaje y como las hordas y
clanes se repartieron por la tierra y quedaron muy separados entre s,
cada grupo form un lenguaje distinto. Igual cosa aconteci con los usos
y ceremonias, prcticas y ritos religiosos. Sus fetiches, _totemes_ y
dioses eran diferentes y llevaban diversos nombres.

Esta poca de _diferenciacin social_ representa aquel estado idlico de
relativa paz y dicha que debi preceder a la era de combates que
sobrevinieron entre razas ms desarrolladas y de abundante poblacin.

Estos combates fueron inevitables y se explican por el mismo principio
de sinerga que hemos visto en accin desde la formacin de la nebulosa:
la sinerga social va a producir ahora por medio de la lucha formas
sociales. Gumplowicz y Ratzenhofer han probado admirable y
abundantemente que el gnesis de la sociedad se encuentra en la lucha de
las razas.

El primer paso en la lucha de las razas fu la conquista de una por
otra. Los hebreos se encontraban difcilmente en un escaln ms elevado
cuando sus guerras con los cananeos; pero en este caso tales hechos
deben ser considerados como una irrupcin excepcional de salvajismo en
una raza relativamente adelantada. Por lo dems, casi todos los salvajes
inferiores son canbales. Despus que el hombre fu carnvoro, el comer
carne humana fu una de las primeras consecuencias de la lucha de
razas. Las primitivas guerras fueron difcilmente algo ms que puras
caceras en que la presa anhelada era el hombre. Pero en un perodo
social ms adelantado el canibalismo fu reemplazado por la
_esclavitud_. Se vi que era ms conveniente explotar al vencido que
comrselo. Las razas guerreras sometieron al yugo de la esclavitud a un
gran nmero de vencidos y obligaron a un nmero an mayor a pagarles
tributos. De aqu la especial atencin que los vencedores consagraron a
la organizacin de los ejrcitos y a las instituciones militares.

El proceso social, que ha sido comparado con el proceso que en biologa
se llama _kariokinesis_ y que por lo mismo ha sido denominado
_kariokinesis social_, recorre los siguientes pasos en su desarrollo:
1. Subyugacin de una raza por otra; 2. Origen de las _castas_; 3.
Gradual mejoramiento de esta condicin que da lugar a un estado de gran
desigualdad individual, social y poltica; 4. Sustitucin de una forma
de _ley_ a la sujecin puramente militar y origen de la idea de
_derecho_; 5. Origen del Estado, bajo el cual todas las clases tienen
derechos y deberes; 6. Compenetracin de la masa de elementos
heterogneos y formacin de un _pueblo_ ms o menos homogneo; 7.
Aparicin y desarrollo del sentimiento de _patriotismo_ y formacin de
una _nacin_.

Por medio de la conquista se encuentran dos razas puestas en inmediato
contacto, pero cuando son muy diferentes no hay asimilacin posible. La
raza conquistadora mira con desprecio a la raza conquistada y la compele
a servirla de mil maneras. La raza conquistada alimenta su odio hacia
sus vencedores y no reconoce en su estado actual otra cosa que el
triunfo de la fuerza bruta. Este fu el origen de las castas y las dos
razas mutuamente antagnicas representan los polos opuestos de la aguja
social.

Pero tal situacin no puede mantenerse indefinidamente. Las
dificultades, los gastos y los parciales fracasos de un rgimen
exclusivamente militar que impone por la fuerza a cada momento sus
rdenes a los vencidos, llegan a constituir una carga demasiado pesada
para los vencedores. Notan stos entonces la necesidad de establecer
ciertas reglas generales (principios de la ley o del derecho) y de
lograr de parte de la raza subyugada cierta cooperacin que d lugar a
una accin social comn para las dos razas (nacimiento del Estado).

La doctrina sustentada y expuesta por Mr. Ward, de acuerdo
principalmente con MM. Gumplowicz y Ratzenhofer, segn la cual la
sociedad poltica debe su origen a la violencia, y el Estado es el
producto de la conquista, es conocida con el nombre de _darwinismo
social_.

Examinando las cosas objetivamente, dice todava Mr. Ward[7], se
encuentra que la guerra ha sido la condicin principal y directiva de
los partidarios de la paz, si hubieran prevalecido, habra sobrevenido
tal vez la pacificacin universal, quiz una mayor suma de
contentamiento; pero no habra habido ningn progreso. El pndulo social
habra ido reculando sucesivamente en oscilaciones ms y ms cortas
hasta el momento en que hubiera llegado al punto muerto, y habiendo la
sociedad logrado el equilibrio, todo movimiento hubiera concludo.

     [7] _Pure Sociology_, p. 238.

Ha impugnado esta teora el socilogo J. Novicow en su libro _La Justice
et l'Expansion de la vie_ (Paris-Alcan, 1905) y como para rebatirla
busca en especial sus puntos de ataque o de referencia en la _Pure
Sociology_ de nuestro autor. Vamos a citar algunas de las ideas de M.
Novicow.

La aparicin de la inmortal obra de Darwin sobre El Origen de las
Especies, en 1859, vino a acelerar los progresos de todas las ciencias
y a marcarles nuevos rumbos. Los principios de la contencin y de la
lucha se aplicaron a todos los ramos del saber humano; pero, como sucede
siempre en estos casos, el impulso fu ms all de donde debi ir y los
espritus no supieron hacer las distinciones necesarias entre las
contenciones y colisiones del mundo sideral, las del mundo biolgico, y
las del mundo social. La lucha es universal, pero sus formas, sus
procedimientos varan extremadamente y es tanto ms compleja cuanto ms
complejo es el campo de accin en que se verifica. Esta es ya una
circunstancia que diferencia mucho a las luchas sociales de las dems
luchas.

La _lucha astronmica_ (empleando una expresin algo metafrica) tiene
lugar por el procedimiento de la atraccin. Los astros que andan
errantes en el espacio atraen las masas de materia que caen dentro de su
esfera de atraccin y se las quitan a los astros rivales. Los ms
felices en estos combates se convierten en soles enormes, los ms
desgraciados slo son estrellas modestas y pequeas.

La _lucha biolgica_ entre los animales se efecta por medio de
procedimientos muy diversos. Un animal se arroja sobre otro, lo mata, se
lo come y se asimila su substancia en virtud de la digestin.

Hay seguramente luchas sociales como las hay astronmicas y biolgicas;
pero de tal aserto no se infiere de ninguna manera que los
procedimientos de las luchas sociales deban ser idnticos a los
procedimientos de las luchas biolgicas, como los de stas no lo son a
los de las llamadas luchas astronmicas. Un animal no se apropia
directamente clulas arrancadas a otro animal, sino que las asimila por
medio de la digestin; y la latinizacin de la Galia fu hecha por
medios muy diferentes de la digestin que se opera cuando un len se
come a un antlope.

El darwinismo ha hecho olvidar tambin que existe otro fenmeno tan
general y tan constante como la lucha: la asociacin; y dentro de los
seres que pueden asociarse los procedimientos de contensin, son muy
diversos de los que se gastan entre los que no se asocian. Es un error,
pues, identificar las luchas humanas con las luchas zoolgicas que se
llevan a cabo entre animales de especies diversas, de las cuales unas
sirven, naturalmente, de substancia alimenticia a otras. Es menester
identificar las luchas humanas con las que se efectan entre las clulas
de un mismo organismo biolgico.

Al afirmar el darwinismo social que las formas superiores de la
asociacin humana slo son posibles por medio de la guerra, incurre en
contradicciones fundamentales. Tal observacin implica la idea de que
actos de disociacin puedan producir la asociacin y que actos
patolgicos sean normales. En efecto, la guerra no es ms que una serie
de homicidios y de destrucciones de la riqueza; significa una
disminucin de la intensidad vital, un estado patolgico de los
individuos.

Afirmar, pues, que se aumenta la intensidad vital de las sociedades por
medio de la guerra equivale a afirmar que con las enfermedades aumenta
la salud de los hombres.

Si los hombres se encontrasen entre s naturalmente en las relaciones en
que se hallan el len y el antlope; si la asociacin fuese imposible
entre ellos, el darwinismo social sera una teora verdadera. Pero como
la asociacin es posible entre los hombres, resulta que la guerra es un
estado patolgico y la conquista violenta es un acto patolgico. Una
enfermedad puede atacar a un hombre desde los primeros momentos de su
existencia. Hay individuos que aun enferman antes de salir del seno de
su madre. Luego la enfermedad sigue al hombre paso a paso durante toda
su existencia y llega un momento en que triunfa y las fuerzas
disolventes causan la muerte. Negar estos hechos sera soberanamente
ridculo; pero ellos no autorizan de ninguna manera a afirmar _que la
enfermedad sea la causa y la condicin misma de la salud_. Seguramente
la disociacin (la muerte) es un fenmeno tan natural como la
asociacin; pero es contradictorio afirmar que sea la causa primera y la
condicin indispensable para alcanzar las formas superiores de la
asociacin. Sin embargo, no sostienen otras cosas los darwinistas
sociales cuando dicen que la conquista es la condicin indispensable
para alcanzar las formas superiores de la asociacin.

En la sociedad, el robo no produce la riqueza, sino la miseria, la
guerra no produce la actividad social sino la estagnacin social. Sin
duda, la locura, el vicio y el crimen son hechos tan naturales como la
razn, la virtud y el honor, pero son stas y no aqullas las causas de
la prosperidad social. As como un hombre alcanza la mayor suma de
exuberancia vital si no est nunca enfermo, del mismo modo la sociedad
logra su mximum de bienestar si no se producen en ella hechos
patolgicos, es decir, homicidios y expoliaciones.

Una de las fuentes del darwinismo social es la hipnotizacin producida
por la guerra. sta como un cicln, impresiona los espritus con la
inmensidad de las catstrofes que ocasiona. Se descuida el examen de los
mil pequeos hechos de la vida cotidiana que constituyen la verdadera
trama de la existencia social, los observadores se sienten atrados
nicamente por los acontecimientos trgicos de las batallas. Los
socilogos caen ahora en los errores porque han pasado los gelogos en
otros tiempos. Estos ltimos han afirmado tambin, cuando su ciencia
estaba en paales, que las transformaciones operadas en la superficie
del globo haban tenido por causa terribles cataclismos peridicos.
Despus los gelogos se han convencido, observando los hechos ms de
cerca, que las transformaciones de la corteza terrestre se han efectuado
por la accin de los fenmenos ordinarios que han obrado durante
perodos muy largos. Igualmente se empieza a comprender que la
evolucin del gnero humano y la civilizacin no son de ninguna manera
el producto de terribles catstrofes peridicas, sino de los pequeos
hechos diarios que en nmero inmenso han venido repitindose durante
perodos muy prolongados.

No es la guerra la que da origen a la civilizacin, sino el trabajo.
Despus del reconocimiento de la independencia de los Estados Unidos por
la corona britnica, algunos ciudadanos americanos en 1812, 1845, desde
1861-65, y en 1898 han hecho la guerra. Estos individuos en conjunto han
consagrado tal vez cinco mil das a las matanzas. Pero desde 1783 a 1905
el total de los ciudadanos americanos ha consagrado cuarenta mil das a
la actividad productora, o sea 915 veces ms que a la actividad
guerrera. Se ve, pues, que esta actividad es un elemento casi
despreciable con relacin a la primera. Los progresos de los Estados
Unidos han sido precisamente llevados a cabo por los cuarenta mil das
consagrados a la produccin y de ninguna manera por los cinco mil
consagrados a la destruccin. Salta a la vista que es anticientfico
afirmar que un fenmeno que es la 900 quinceava parte del conjunto de
los fenmenos sociales es la causa principal e indispensable del
progreso de las colectividades.

Lo que es cierto de los Estados Unidos en particular lo es de la
humanidad en general.

El Estado, dice Ratzenhofer[8], no es el producto de intereses que
obren libremente, como sucede en el caso de la horda, la tribu, los
partidos y las otras uniones sociales. Es el producto del conflicto de
los intereses hostiles. Es un hecho de _organizacin coercitiva_... Toda
evolucin es el producto de la lucha... Pero la violencia es el poder
creador del Estado. Tal es la idea fundamental del Estado que no acepta
ninguna desviacin: admitir que sea un simple producto de la
civilizacin que provenga de un arreglo pacfico o de cualquier otro
hecho de este gnero, significa contradecir las enseanzas de la
sociologa y marchar tras experiencias polticas destinadas a concluir
de la manera ms deplorable.

     [8] _Sociologische Erkeniniss_, citado por J. Novicow.

Novicow se complace en rebatir las afirmaciones de Ratzenhofer en los
siguientes prrafos:

Los socilogos darwinistas no tienen informaciones completas sobre la
manera cmo se han formado todos los Estados de nuestro globo. Las
tienen solamente sobre la formacin de algunos. Es decir, que despus de
haber estudiado un cierto nmero de hechos han razonado as: los hechos
observados por nosotros se han verificado en todas partes y siempre;
luego, podemos establecer el esquema natural de la formacin del Estado.
Ese _luego_ implica una deduccin lgica y no una observacin directa,
porque para tener la observacin directa habra sido preciso disponer
de datos sobre la formacin de todos los Estados, lo que es imposible.

La forma superior de la asociacin no depende nicamente del nmero de
los asociados, proviene de una organizacin ms _perfecta_. Cuando dos
tribus compuestas, supongamos de mil personas, se funden en una por
medio de la conquista, no resulta de ningn modo que su organizacin se
mejore por el solo hecho de aumentar los medios del grupo. Mil bisontes
reunidos a otros mil formarn un ganado de dos mil cabezas, pero no
constituirn una organizacin de una naturaleza superior. Para que la
sumisin de una poblada a otra pueda producir ventajas, es menester que
el conquistador posea facultades mentales superiores a las del vencido.
Para que el conquistador pueda hacer pasar un grupo de hombres de la faz
de la tribu a la faz del Estado, es necesario que l mismo se encuentre
ya en esta faz; porque si se halla en la de la horda, fundar
simplemente una horda ms grande, ni ms ni menos como la reunin de dos
ganados de bisontes produce un ganado ms grande. Y de qu manera el
pueblo conquistador habra llegado al grado del Estado si este slo se
consigue por medio de la conquista? Es menester, entonces, que el
conquistador actual haya sido subyugado antes por otros; mas entonces,
como pudo perfeccionarse el primero? Es preciso, pues, admitir que se
ha perfeccionado slo por medio de procedimientos civiles e
intelectuales. Ahora, si es as, queda arruinada la base de la teora
darwiniana. Si una sola sociedad humana ha podido llegar a constituir un
Estado sin necesidad de la conquista, no es esta una condicin
indispensable para alcanzar tal perfeccionamiento.

Ratzenhofer afirma que el Estado es un hecho de organizacin, pero
pretende que slo puede porvenir de un hecho de desorganizacin.
Ratzenhofer no podr negar que el Imperio Romano estaba dotado de cierta
organizacin cuando fu invadido y destrudo por los germanos. La
conquista es, pues, la sustitucin del desorden al orden, es la
desorganizacin del Estado y no su organizacin. Ms tarde los jefes
germanos han sustitudo un orden nuevo al antiguo. Cmo no ve
Ratzenhofer que slo cuando los efectos de la conquista se han borrado
completamente se llega a establecer el Estado como una forma social
superior?

Pasaremos a la observacin de otros hechos. El estudio del origen de la
sociedad americana es preciso para el socilogo. Se ve ah el principio
de una sociedad en plena luz de la historia. Los hechos que han ocurrido
en las colonias inglesas de las faldas de los Alleghanys han debido
verificarse de un modo muy anlogo en la alta antigedad. Es menester
considerar que todas las sociedades humanas han empezado en cierta
poca por el establecimiento de algn grupo en un pas desierto, como lo
hicieron los emigrantes de la Gran Bretaa cuando llegaron al nuevo
mundo. Despus de la sumisin de una raza por otra, dicen los
darwinistas, sobrevienen para formar una asociacin superior el
establecimiento de las castas, la desigualdad poltica y la sustitucin
de la ley a la fuerza. Ninguno de estos perodos considerados
indispensables se encuentran en la historia de los Estados Unidos. He
aqu cmo se ha constitudo esta sociedad: hombres libres e iguales se
han agrupado primeramente en comunas (townships); comunas iguales y
libres han organizado voluntariamente el Estado colonial para su mayor
seguridad y comodidad. Por fin, Estados iguales y libres han organizado
voluntariamente y con un inters positivo el Estado federal. Se ven
aqu las castas, la desigualdad poltica y luego la supresin de esta
desigualdad y el establecimiento de la justicia? Que a veces las cosas
hayan pasado en el mundo de acuerdo con el esquema de Ratzenhofer es
incontestable. Pero que las cosas no pueden pasar de otra suerte est
decisivamente contradicho por los hechos.

Ratzenhofer puede responder que l habla del origen del Estado en la
poca primitiva; pero, fuera de que es imposible determinar en qu
momento principia y concluye este perodo primitivo, tal punto de vista
no resiste a la crtica. Una teora cientfica o es verdadera para todas
las pocas o es falsa. Un socilogo no puede escoger fantsticamente un
momento cualquiera de la historia de la humanidad y decir que no toma en
consideracin lo que ha sucedido despus. Los acontecimientos de 1870
han constitudo tan completamente (o ms quiz) un Estado (la Alemania),
como los que se han verificado en la aurora de la historia. Es muy
frgil una teora aplicable slo a la poca prehistrica, sobre la cual
se tienen datos extremadamente inciertos. Nada ms cmodo que las
novelas prehistricas; tan slo es menester no olvidar de referirlas
como tales y no confundirlas con la ciencia severa y positiva. Qu se
dira de un naturalista que en un tratado de embriologa no quisiere
considerar los seres que nacen a nuestra vista sino nicamente los
nacidos en la poca terciaria?

As el esquema de la formacin del Estado elaborado por Ratzenhofer no
resiste ni la crtica de la lgica ni la de los hechos. A este esquema
errneo, contina Novicow, voy a oponer el que me parece corresponde a
la realidad ms de cerca.

El hombre desciende de un animal inferior; ha comenzado, pues, por ser
nmade. Mientras fu as, los lmites de la asociacin humana no han
podido ser marcados por el territorio. Han sido determinados por las
relaciones individuales, por los lazos del parentesco, real primero y
despus real y ficticio. Es el perodo de la horda, del clan y de la
tribu.

Despus el hombre se establece en un territorio determinado; se pone a
practicar la agricultura y a construir habitaciones. Sucesivamente
aparecen la diferenciacin del trabajo y el cambio. La produccin crece
y se diversifica. Entonces son creadas unas despus de otras las
instituciones de todo gnero que aseguran el funcionamiento de la
actividad econmica y poltica. Al mismo tiempo, en virtud de la vida
sedentaria, el lazo social se transforma lentamente (lo que requiere
siglos): de individual se convierte en _territorial_. Una aglomeracin
ms densa, la ciudad, alrededor de la cual se agrupan los agricultores,
es la primera forma de esta nueva entidad: es la comuna, la _cit_, el
municipio o el _township_. Cuando relaciones frecuentes se establecen
entre ciudades vecinas, se hace sentir la necesidad de darles una
organizacin de conjunto o, en otros trminos, de fijar un cierto nmero
de normas jurdicas. Ciudades o comunas unidas entre s forman el
_Estado_. Gracias a la organizacin ms perfecta de este grupo social,
se desarrolla la riqueza, es posible el ocio, y con ste nacen las
necesidades de la inteligencia. Tal es la marcha normal de la evolucin
social. Se ve que en ella la guerra no es necesaria, como no lo es la
enfermedad para agrupar en asociacin biolgica los 60 trillones de
clulas que forman el cuerpo humano.

No es posible dejar de conocer que Novicow ha sido ms slido en el
ataque al darwinismo social que en la construccin de su propia
doctrina. Su esquema es demasiado simple y fcil. Conviene recordar,
antes de poner punto final a esta parte, que los autores que sostienen
teoras que pueden quedar comprendidas dentro del darwinismo social ms
o menos atenuado no son, por supuesto, nicamente los tres nombrados en
lneas anteriores. L. Stein en su obra _La Question sociale au point de
vue philosophique_ se expresa en los siguientes trminos sobre el origen
del Estado: Comprenderemos ahora cmo se ha efectuado el paso de la
sociedad al Estado. La caza, trabajo impuesto a los hombres por las
condiciones econmicas, coloc a los grupos sociales, que en tiempos
anteriores haban sido pacficos, en un estado de guerra perpetua. O
bien acechaban el momento de caer oportunamente sobre sus vecinos, o
bien se esforzaban en no ser sorprendidos por ellos. As surgi y se
constituy el tipo guerrero, cuya nitidez y precisin fueron aumentado
con el transcurso de las edades. Este tipo exiga imperiosamente la
divisin de la sociedad, en _gentes industriosas_ y en _protectores_. El
proceso de las diferenciaciones progres desde entonces rpidamente. La
primera divisin en estados haba roto el comunismo primitivo, roto el
curso ordinario de la sociedad gentil; slo el nacimiento del Estado
hizo imposible un _bellum omniaum contra omnes_.

Se ve que, segn Stein, si el Estado no es el resultado de la conquista
de un grupo social por otro, se deriva, sin embargo, necesariamente de
la guerra entre los grupos.

Volviendo para terminar, a nuestro autor, debemos decir que si bien es
cierto que sus doctrinas estn exactamente citadas por Novicow cuando
ste se propone atacar el origen que los darwinistas atribuyen a las
formas superiores de la sociedad y del Estado, con todo, esas citas no
constituyen la expresin completa de las teoras de Mr. Ward.
Cualesquiera que sean las ideas del socilogo norteamericano sobre el
gnesis del Estado, no afirma que la violencia sea la nica manera de
lograr el establecimiento de esa forma social. Al contrario, como
tendremos que verlo ms adelante, el remedio que indica para nuestros
males sociales consiste en el perfeccionamiento del organismo social por
medio de una mayor conciencia social, por medio de una educacin
amplsima; en el establecimiento de una forma de gobierno que se llama
_Sociocracia_, o sea el gobierno de la sociedad misma, lo que viene a
significar en substancia el establecimiento de un Estado superior, que
sirva a todos los intereses sociales y no a tal o cual clase, y cuya
creacin haya sido hecha posible en virtud nicamente del desarrollo de
la inteligencia social.


V

OPTIMISMO O PESIMISMO.--MELIORISMO.

Despus de este breve e incompleto resumen de las doctrinas de nuestro
autor sobre el origen y primitivo desarrollo de la sociedad y del
Estado, cabe ya preguntarse con l, dando un paso fuera de la sociologa
pura: Qu concepto general debemos formarnos de este mundo? Con qu
nimo debemos actuar en esta sociedad en que vivimos? Seremos
optimistas? Seremos pesimistas?

Examinemos ligeramente estas dos tendencias.

Sostener con los optimistas que nuestro mundo es el mejor de los mundos
posibles, equivale a repetir una doctrina que desde un punto de vista
filosfico y social no resiste a la ms superficial impugnacin, y
constituye a la fecha una ingenuidad que hace sonreir con los recuerdos
del _Cndido de Voltaire_.

El pesimismo es la doctrina que ha tenido por sustentadores ms
conocidos a los filsofos alemanes, Schopenhauer y Hartmann. Segn estos
escritores, son ms los dolores que los placeres de la vida. Esto es en
cuanto a la cantidad. Cualitativamente, slo el dolor es positivo, y el
placer y la felicidad son negativos; resultan de que nos libramos de
algn deseo que ha sido para nosotros, como todos los deseos, un aguijn
desagradable. Mas, por nuestra naturaleza, apenas satisfecho un deseo
aparece otro y as sucesivamente se va eslabonando desde el nacimiento
hasta la muerte una serie de estados desagradables.

Esta filosofa es tambin inexacta. Nos conviene concretarnos a atacarla
por su base y probar que los placeres constituyen por un lado estados
psquicos, y por otro lado que somos capaces de gozar de algunos de
ellos sin haber pasado antes por dolores previos que sean la condicin
_sine qua non_ de aqullos.

Los placeres ocupan como estados psquicos una extensin ms o menos
larga de tiempo. Es esta una cuestin de psicometra. Como las
experiencias de la observacin interna son muy expuestas a ilusiones, es
mejor buscar la demostracin de lo que afirmamos en las sensaciones ms
simples. Una persona, por ejemplo, no tiene el menor deseo de comer un
dulce, no siente el ansia desagradable de un apetito no satisfecho. Sin
embargo, se echa a la boca un confite delicado, lo saborea y experimenta
una sensacin de placer que no ha venido precedida de ningn dolor
anterior y que es completamente positiva.

En las emociones complejas la duracin del estado placentero es mayor
an que en las emociones simples, y para gozar de ellas no necesitamos
tampoco haber pasado antes por el purgatorio de algn dolor. Las
emociones del amor no le dejarn en este respecto lugar a dudas a nadie
que las haya sentido verdaderamente, a no ser que sea algn joven poeta
de escasa inspiracin y que por lo mismo canta lo que menos conoce: el
dolor. El placer que nos produce la contemplacin de un bello cuadro, de
una hermosa estatua, la lectura de un buen libro, el conocimiento de una
vida heroica, la admiracin de los paisajes de la naturaleza, es, por
dicha nuestra, perfectamente positivo y no necesitamos conquistarlo por
medio de ningn tormento anterior.

La verdad es que el pesimismo constituye el fruto de un estado social
imperfecto, malo, hostil, y uno de los problemas que tiene la ciencia
por delante es destruir y aniquilar al pesimismo merced a la
transformacin y mejoramiento del estado social.

La solucin de este problema es ms difcil que entre nosotros en la
vieja Europa, que se halla atada a su pasado por mil tradiciones falsas
que en cierto sentido tienen petrificados a buen nmero de sus
espritus. Es una prueba de esa incapacidad para mirar los problemas
humanos frente a frente y esforzarse por resolverlos sin el auxilio de
tradiciones reconocidamente errneas, la novela de A. Fogazzaro llamada
_El Santo_. Ver la salvacin de la sociedad, como se dice en ese libro
interesante, en la renovacin del catolicismo efectuada gracias a la
infusin de doctrinas nuevas en los arcaicos dogmas, es slo la
inspiracin de un misticismo decadente.

La filosofa que se levanta frente a frente de este misticismo,
evangelio de la desesperacin y del optimismo, evangelio de la inaccin,
es el meliorismo[9]. El meliorismo es el utilitarismo cientfico que
descansa en la ley de causalidad y en la eficacia de la accin humana
bien dirigida. Como su nombre mismo lo da a entender, esta doctrina que
aspira exclusivamente al _mejoramiento_ de las condiciones de la vida
humana. Est muy lejos de repetir con el optimismo que el nuestro sea el
mejor de los mundos posibles; pero tampoco cree con el pesimismo que no
tenga remedio. Se coloca a igual distancia de estos dos extremos y lanza
a los hombres sus voces de aliento invitndolos a la accin.

     [9] _The Psychic Factors of Civilization_, XXXIII.

Este trmino _meliorismo_ fu usado primeramente por la clebre
novelista inglesa J. Eliot con el objeto de expresar su propia manera
de ser. Constituye el meliorismo un principio dinmico, un principio de
actividad, opuesto al _laissez faire_ clsico. Implica el adelanto del
estado social por los medios indirectos que inventa la inteligencia y no
se contenta nicamente con aliviar los sufrimientos presentes, como lo
hace la buena caridad sentimental y vana, sino que aspira (oh, ilusin)
a crear condiciones bajo las cuales no existan sufrimientos.


VI

ECONOMA DE LA NATURALEZA Y ECONOMA DE LA MENTE

Llegamos aqu a una parte bastante original de las doctrinas de Mr.
Ward, la que l llama economa de la naturaleza y economa de la mente.

En los principios del meliorismo va implcita la afirmacin de que lo
artificial, por lo menos desde un punto de vista antropocntrico, es
superior a lo natural. Una casa es mejor habitacin que una caverna. La
aseveracin recin anotada es la razn de ser de las ciencias aplicadas.
Lo hecho por el hombre es no slo ms adecuado a sus propios fines que
lo que le ofrece espontneamente la naturaleza, sino que, adems, es
llevado a cabo con menor prdida de fuerzas. Queda probada esta
afirmacin comparando los procedimientos creadores de la naturaleza o
economa de la naturaleza y los procedimientos creadores de la mente o
economa de la mente.

La naturaleza es extremadamente prctica, pero no econmica, y es muy
explicable que no lo sea. Las acciones y producciones de la naturaleza
se ejecutan por medio de un gran derroche de sus energas. Su manera de
proceder muy distinta de la del hombre, es exclusivamente _gentica_, lo
que quiere decir que es tan slo movida por causas eficientes que no
tienen la conciencia de ningn fin. En la economa gentica, al mismo
tiempo que no se economiza ninguna fuerza, para producir los ms
insignificantes resultados, tampoco nada se hace que no produzca algn
resultado por pequeo que sea. Al revs, en la economa propiamente
humana o _teleolgica_ (porque siempre obra proponindose fines) se
despliega mucha parsimonia en los gastos y sucede al mismo tiempo que a
menudo grandes trabajos se llevan a cabo sin resultados, a causa de
algunas interpretaciones errneas de los fenmenos. La naturaleza no se
equivoca nunca, pero derrocha. El hombre economiza sus energas, pero a
menudo sus errores lo hacen fracasar. As el hombre, al revs de la
naturaleza, es econmico, pero es siempre prctico.

Concretemos ms la cuestin.

La extravagancia de los medios que emplea la naturaleza para llevar a
cabo sus adaptaciones y creaciones ha sido un motivo corriente de
observaciones. El profesor Huxley hizo ver en una conferencia que cada
arenque hembra de medianas proporciones pona 10.000 huevos y que de
stos moran 9.998 mucho antes de llegar a la madurez. Darwin calcul
los huevos de una blanca _Doris_ y supuso que seran no menos de
600.000. Al mismo tiempo encontr que los individuos de esa especie no
eran numerosos, de manera que los huevos se producan en una cantidad
desmesuradamente superior a la que se aprovechaba. Igual cosa se observa
en la langosta de Juan Fernndez; pone alrededor de 100.000 huevos y se
pierde el mayor nmero de ellos.

Semejantes proporciones entre los muchos nacimientos o embriones y las
pocas vidas completas revelan grandes derroches, e iguales derroches se
notan en las semillas de los vegetales. Las semillas, los huevos y otros
grmenes parecen destinados a ser plantas y animales, pero ni uno entre
miles o entre millones cumple con su destino. As como de la luz solar
que se derrama en todas direcciones slo una porcin insignificante es
interceptada por la tierra o por otros planetas para utilizarla en
favor de la vida, as tambin acontece con los organismos empezados.
Slo una pequea parte de ellos alcanza el presunto fin de su creacin.
Indudablemente que este orden de sembrar al azar y de que por cada ser
que subsista 10.000 perezcan, sera considerado como el peor de los
desrdenes, si lo imaginamos aplicado a cualquier asunto humano.

La naturaleza obra con la seguridad de que sus recursos son inagotables.
Es posible decir que est empeada en crear todas las formas
concebibles. Cada cual sabe qu maravillosa variedad de especies existen
en los reinos animal y vegetal. Pero estas variadas formas, tan
numerosas como son, representan slo los xitos de la naturaleza y no
sus mltiples fracasos. Aun entre las mismas formas vivientes hay una
larga escala que va desde los fuertes hasta los dbiles y el destino de
estos ltimos consiste en ser arrojados del mundo por los primeros. Los
mismos organismos fuertes slo conservan temporalmente su vigor. Como
los imperios humanos, tienen su apogeo y su cada, y los pasos de la
historia natural, de igual suerte que los de la historia humana, estn
marcados con los restos de las dinastas destronadas y las ruinas de las
razas extintas.

En los procederes del hombre racional se encuentra por primera vez algo
digno del nombre de economa. Slo por medio de previsiones y designios
de que la naturaleza no es capaz, es posible llevar a cabo algo
econmicamente. Los canales son ms rectos y adecuados a su objeto que
los ros.

Aqu conviene tocar ligeramente un punto de economa poltica que dice
relacin con esta materia.

Hace algunos siglos que fueron observadas la uniformidad e
invariabilidad de los fenmenos astronmicos y fsicos; despus se
efectu igual observacin con los animales y se encontr que sus
acciones, aunque mucho ms complicadas, obedecen a leyes fijas que el
hombre es capaz de entender y aprovechar. Luego se extendi dicha
afirmacin a los actos ms simples de los hombres y de los nios, y por
ltimo, no se requiri ms que un corto paso adicional para llegar a la
ms amplia generalizacin y sostener que todas las actividades humanas y
todos los fenmenos sociales se hallan tan rgidamente sujetos a una ley
natural como lo estn las actividades de los nios y de los animales y
los movimientos de los cuerpos terrestres y celestes. Los primeros
economistas se apoderaron de este razonamiento especioso e incompleto e
hicieron de l la piedra angular de su ciencia y la base de sus grandes
leyes sobre el comercio, la industria, la poblacin y la riqueza.

Ha sido este un error que ha provenido de ignorar la existencia de una
facultad racional en el hombre, que, aunque no sustrae las acciones de
ste a la influencia de las leyes naturales, con todo, las complica de
un modo tan enorme que no es posible encerrarlas dentro de las simples
frmulas que bastan a explicar y a prever los motivos animales. La
accin del factor intelectual o racional en el hombre es tan colosal que
cualquiera ponderacin del error de los primeros economistas no resulta
exagerada. Pongamos un ejemplo ms.

El sistema de la naturaleza para que las semillas se desarrollen,
consiste en confiarlas al viento, al agua, a los pjaros y a otros
animales. De las semillas lanzadas as, slo muy pocas llegan a crecer,
y de las que crecen son contadsimas las que alcanzan el estado de
madurez. Cun distinta es la economa, la actividad del ser racional!
El hombre prepara el terreno, lo limpia a fin de que no haya
competidores vegetales, y luego con cuidados planta las semillas
distanciadamente con el objeto de que no se amontonen y se daen unas a
otras; cuando ha aparecido el brote cuida solcitamente de que no sea
destrudo por algunos enemigos vegetales o animales, proporcinale agua
cuando la necesita y aun coloca los abonos y substancias qumicas que
puedan servir para hacer que la planta crezca ms vigorosa. Tal es la
economa de la mente.

El hondo significado de esta diferencia de procedimientos ha sido
expresado en el principio de que el medio transforma al animal mientras
que el hombre transforma al medio.

El hombre procede en lo posible con economa de tiempo y de energa,
procede con _arte_. Las artes tomadas en conjunto constituyen la
civilizacin material que es debida exclusivamente a las facultades
intelectuales del hombre.

En el perfeccionamiento mismo de las plantas y animales es posible
observar la superioridad de los procedimientos humanos sobre los de la
naturaleza. Como se ha dicho, el animal es transformado por el medio en
que habita, dentro del cual el factor ms importante es el orgnico, las
otras especies animales y vegetales con que tiene que entablar la lucha
por la existencia.

Es falsa la idea dominante de que, como resultado de esta lucha,
sobreviva lo ms perfecto posible. El efecto de la contienda consiste en
impedir que cualquiera forma alcance su mximum de desarrollo y hacer
que todas las formas que logran sobrevivir se mantengan en cierto nivel
relativamente bajo de desenvolvimiento. Cuando la competencia es
evitada, como acontece en lo tocante a algunas especies por medio de la
accin del hombre, grandes progresos son inmediatamente llevados a cabo
por la forma as protegida y pronto sobrepuja a las que se encuentran
sometidas a la necesidad de la lucha. Tal cosa ha ocurrido con los
cereales, con los rboles frutales y con los animales domsticos, con
todas las especies que el hombre ha sustrado al imperio de la ley
biolgica y colocado bajo el de la ley de la mente.

A este respecto cuenta Mr. Ward un caso muy interesante[10]. Hace
algunos aos, dice, cuando era yo un _amateur_ de la botnica, en una de
mis excursiones de herborizador pas por un campo solitario y
abandonado, distante algunas millas de la capital nacional, y
enverdecido por la presencia de una peculiar hierba completamente
desconocida para m. La examin atentamente, y aunque algo conocedor de
la flora indgena de esa regin, fu sorprendido por esta pequea
extranjera. Era muy verde y sus frutos y sus flores se vean bien; pero
tena cierta apariencia desgreada y poco natural, indicadora de tiempos
difciles y de una dura lucha por la existencia. Recog una buena
cantidad de ella, coloqula cuidadosamente en mi portafolios y la traje
a casa junto con mis otros trofeos. Sin precipitacin y con todos los
requisitos necesarios proced a analizarla. Era entonces yo diestro en
la disecacin de las plantas y en un momento compel a mi hierbecita a
revelar su nombre. Con gran sorpresa ma dijo llamarse _Triticum
aestivum_. Como los ms de ustedes saben, el _Triticum aestivum_ es
aquel noble cereal que suministra la susbtancia de la mayor parte del
pan de todo el mundo. Puede ser sto trigo? me pregunt medio dudoso de
mi exactitud. Hice una nueva prueba y otra vez la respuesta fu:
_Triticum aestivum_. Interrogela an por tercera vez, pero como un
espritu seco y porfiado lanz rpidamente las mismas palabras:
_Triticum aestivum_. No haba equivocacin. Esta pobre hierbecita debi
salir de algunos granos de trigo sembrados o arrojados por algn
accidente casual en este paraje desierto y silvestre lleno de vegetacin
natural. Aqu germin y creci y trat de elevarse a la majestad y
altura que se ve en los campos cultivados de granos. Pero ay! no pudo.
A cada paso fu encontrando la resistencia de un medio no arreglado ni
preparado por la inteligencia. Le falt el cuidado del hombre que aleja
la competencia, destruye los enemigos y crea condiciones favorables al
ms alto desarrollo. El hombre procura a la planta cultivada una
oportunidad para progresar y la diferencia entre mi extenuada hierbecita
y el trigo de un campo bien labrado es diferencia nicamente de cultivo
y no de capacidad nativa. En pocas palabras: es la diferencia entre la
naturaleza y el arte (_nature and nurture_).

     [10] _Applied Sociology_, p. 126.

La competencia, pues, no slo envuelve el gran derroche que se ha
descrito, sino que aun impide el mximum de desarrollo, desde que lo
mejor que se puede alcanzar bajo su influencia es muy inferior a lo
obtenido gracias a la accin de lo artificial, es decir, a la supresin
de la competencia por medio de la inteligencia y de la razn.

Por ms difcil que pueda ser para los filsofos modernos entender esto,
tal fu sin embargo, una de las primeras verdades que ilumin al
entendimiento humano. Consciente o inconscientemente se sinti desde un
principio que la misin de la mente era luchar con la ley de la
competencia, resistirla y vencerla. La ley de hierro de la naturaleza,
como puede propiamente llamrsela (la ley de Ricardo sobre los salarios
no es ms que una manifestacin de ella), se ha puesto por doquiera al
travs de los pasos del progreso humano, y todos los esfuerzos para
marchar adelante, (ya sean fsicos, sociales o morales) del hombre
racional, han constitudo un combate contra este tirano, la ley de la
competencia. Todo utensilio, todo invento mecnico, toda cosa artificial
que sirve a algn propsito humano, es un triunfo de la mente sobre las
fuerzas fsicas de la naturaleza que se hallan sin cesar y sin un fin
determinado en competencia. El cultivo y desarrollo de las plantas
tiles y la domesticacin de algunos animales significa el someter a una
direccin las fuerzas biolgicas y eximir algunas formas vivientes de la
accin de una ley natural que debilita sus poderes naturales de
desenvolvimiento. Todas las instituciones humanas--religin, gobierno,
ley, matrimonio, etc.--y todos los modos de regularizar la vida social,
industrial y comercial, son, considerados ampliamente, tan slo otras
tantas maneras de resistir y vencer a la ley de la competencia en
sociedad. Finalmente, la ley moral de los hombres ilustrados no
constituye nada ms que los medios adoptados por la razn, por la
inteligencia y por la sensibilidad refinada para aniquilar la naturaleza
animal del hombre, para encadenar el egosmo competidor que todo hombre
ha heredado de sus antepasados animales.

Es verdad que el gran desarrollo del cerebro y de la inteligencia que ha
caracterizado al hombre fu debido exclusivamente a la misma ley egosta
de la mayor ventaja, de la competencia. El cerebro no difiere a este
respecto de los cuernos, de los dientes o de las garras. En la gran
lucha que el animal humano tuvo que llevar a cabo para obtener la
supremaca, el cerebro lo habilit definitivamente para triunfar, y bajo
la ley biolgica de la seleccin, cuando la superior sagacidad signific
mayor aptitud para sobrevivir, el cerebro humano fu gradualmente
desarrollado, clula tras clula, hasta que los hemisferios
completamente desenvueltos quedaron agregados a los ganglios primitivos.
El intelecto en un principio fu un mero servidor de la voluntad; pero
en virtud de su peculiar carcter fu capaz de percibir que el mtodo
animal directo no era el ms provechoso, aun en la ms ruda lucha por la
existencia, y as empez, ya en una poca muy remota, y en favor de su
propio egosmo, a contrarrestar aquel mtodo y a adoptar el opuesto, el
que se sirve de designios previos, del clculo y de la cooperacin. Las
asociaciones de individuos se convierten a su vez en corporaciones ms
extensas, los _trusts_. Todo este proceso de cooperacin compuesta no se
detiene hasta que todo el producto de una industria dada es manejado por
un solo cuerpo de hombres. Este cuerpo adquiere un poder absoluto sobre
el precio del artculo producido. As, por ejemplo, todo el petrleo que
produce un pas puede estar en las manos de un solo _trust_, y a fin de
obtener para los capitalistas que lo forman las mayores ventajas
posibles, el precio ser puesto a la mayor altura que los consumidores
se resignen a pagar antes de volver a usar velas de esperma o de
recurrir al gas o a la electricidad. No se establece ninguna relacin
entre el precio y el costo de produccin y ste puede ser veinte o cien
veces ms bajo que aqul y los provechos del _trust_ incrementarse
proporcionalmente.

Lo mismo pasa con el carbn, el hierro, el azcar, el algodn, etc.

A pesar de lo mala que esta situacin puede parecer, no deja de tener
sus lados buenos. Aunque estos inmensos beneficios van a parar
exclusivamente a las cajas de unos pocos afortunados que han sabido
colocarse en la embocadura de estas grandes corrientes de riquezas, sin
embargo, para los consumidores el valor de todas las comodidades as
monopolizadas es generalmente menor de lo que era cuando estaba
entregado completamente a la influencia de la competencia.

Tal aserto debe sonar de una manera extraa en los odos de los
economistas, que consideran la competencia como el antdoto en contra
del monopolio y a la cual le sealan como uno de sus efectos principales
la baja de los precios. Pero los hechos contradicen esta manera de ver.
He aqu la opinin resumida, al respecto, de un distinguido economista,
el profesor Simn N. Patten:

Empleo el trmino despilfarro (_waste_) en un sentido amplio para
indicar con l todas aquellas causas que mantienen los precios de las
cosas ms altos de lo que seran si los vendedores no tuvieran que ir a
buscar a los compradores. En otros tiempos, los vendedores permanecan
tranquilos en sus almacenes o en sus oficinas, esperando la llegada de
los compradores. Si en una tienda se venda pao ms barato que en otra,
el comprador la buscaba y adquira lo que deseaba. Pero estos buenos
tiempos ya pasaron. Un vendedor debe estar alerta para atraerse
parroquianos y clientela o sus competidores lo arruinan. Su tienda debe
estar en una buena calle, ha de gastar considerables sumas en propaganda
y tiene que despachar agentes en todas direcciones para inducir al
pblico a que compre sus artculos. Y qu efecto produce este sistema
sobre los precios? No vienen a ser mucho ms altos de lo que habran
sido si el comprador buscara al vendedor en lugar del vendedor al
comprador? El nmero de stos es siempre mucho menor que el de aqullos
y es considerablemente mucho ms fcil que el comprador encuentre al
vendedor y no que ste halle a aqul. En los Estados Unidos se gastan al
ao por esta razn en agentes viajeros 200.000.000 de pesos oro,
desembolsos que, como todos los dems ocasionados por la competencia, no
van a incrementar absolutamente en nada el bienestar de las
poblaciones.

El pblico est tan aferrado a la vieja frmula de que la competencia
baja los precios, que no ha apreciado los cambios que se han operado en
los mtodos de negociar. Piensa que una multitud de competidores en
algn ramo de comercio constituye una salvaguardia para que los precios
sean bajos. Mas, los rivales comerciantes consideran que la baratura
pacfica produce pocos beneficios. Sin duda, el pblico desea la
baratura, pero est dispuesto a pagar un poco ms caro a los que le
ayudan a buscar. Cuando los comerciantes reconocen estos hechos y
organizan sus negocios sobre una base agresiva, las cosas baratas
trnanse recuerdos del pasado y los precios llegan a una misma o mayor
altura que si fueran manejados por un _trust_ o un inteligente
monopolio.

Esto es lo que pasa entre los individuos racionales. Si la sociedad
misma considerada en conjunto fuera racional, tales hechos pareceran
absurdos y si llega alguna vez a ser racional no se tolerar ni por un
instante semejante absurdidad. Algunos han comparado, es verdad, a la
sociedad con un organismo, pero es un organismo como los de las pocas
geolgicas arcaicas, sin ganglios nerviosos coordinadores o directores,
o ms bien como una de aquellas bajas colonias de clulas, cada una de
las cuales, de igual suerte que los individuos de la sociedad, es
perfectamente independiente de la masa general, salvo que por el simple
hecho de la coherencia se consigue cierto grado de proteccin, tanto
para las clulas individuales como para toda la masa.

Una nueva y reformada economa poltica se consagrar sin duda a mostrar
ampliamente, no las glorias de la competencia, sino la manera cmo la
sociedad debe conducirse a fin de aprovechar los beneficios que la
competencia pueda ofrecer, privando al mismo tiempo a sta de sus
efectos derrochadores y agresivos. La razn y la inteligencia, poderosos
factores de civilizacin, no deben ser desalentadas, pero es conveniente
que se las despoje de sus uas y de sus garras. El camino para
contrarrestar los malos efectos de la mente que opera entre individuos,
consiste en infundir una gran parte de esa misma facultad intelectual en
el poder director de la sociedad. Un arma tan poderosa como la razn es
peligrosa en manos de un individuo que la maneja en contra de otro
individuo. Es todava ms peligrosa en manos de corporaciones que
proverbialmente no tienen alma. Y significa el mayor de los daos cuando
llega a ser manejada por un sindicato de corporaciones que trata de
someter a su capricho la riqueza del mundo. Es salvadora nicamente
cuando la emplea la conciencia social, el _ego_ social (personificado de
alguna manera) y emanado del cerebro colectivo de la sociedad toda. El
arma de la inteligencia ha de ser manejada por la conciencia social,
nicamente con el objeto de favorecer el inters comn del organismo
social. Slo as se conseguir la verdadera, completa y espontnea
accin personal: _la libertad individual podr venir nicamente por
medio de la mayor regulacin social_.

Las opiniones de Mr. Ward sobre la desorganizacin social y la manera de
remediarla conducen indudablemente a una ampliacin de las facultades
del Estado, asunto sobre que tendremos que volver ms adelante.


VII

LA SOCIOLOGA APLICADA.--INTERPRETACIONES DE LA HISTORIA.--CONSECUENCIAS
DEL ERROR.

Internndonos ms en el campo de la desorganizacin humana, llegamos a
percibir nuevos caracteres de la sociologa aplicada, que es la ciencia
que seala los medios de ponerle trmino a dicha desorganizacin.
Mientras que la sociologa pura trata del desarrollo espontneo de la
sociedad, la sociologa aplicada se ocupa de indagar cules sean los
medios artificiales idneos para acelerar el proceso espontneo de la
naturaleza.

Toda ciencia aplicada es necesariamente antropocntrica. La antigua
teora antropocntrica que enseaba que el Universo haba sido
especialmente fabricado en inters del hombre, era no slo falsa, sino
tambin perniciosa, por cuanto engaando al hombre con el pretenso
optimismo de las cosas, lo desarmaba para la accin eficaz y mejoradora.
Pero el antropocentrismo verdadero y cientfico es altamente progresista
desde el momento que ensea que si bien el mundo no se halla de por s
perfectamente adaptado a las necesidades del hombre, puede ste en
virtud de su propio esfuerzo llegar a adaptarlo.

Durante las edades teolgica y metafsica del pensamiento, la filosofa
estuvo absorbida en la contemplacin del supuesto autor de todas las
cosas. La ciencia pura produjo el primer cambio de frente de las
preocupaciones intelectuales: la mente pas del estudio de Dios al de la
naturaleza. La ciencia aplicada ha venido a efectuar el segundo cambio
de rumbo y la tercera orientacin de la filosofa: la atencin que la
mente consagraba a la naturaleza, la ha dirigido ahora al hombre.

La sociologa aplicada supone la superioridad de lo artificial sobre lo
natural, en lo cual no difiere de ninguna otra ciencia aplicada, y cree,
por lo mismo, en la eficacia del esfuerzo humano, y ataca la doctrina
del _laissez faire_. En contra del miserable _laissez faire_, como
dice Spencer en su obra _Justicia_, que no es ms que un veneno moral
(Fouille) y un nirvana social (Stein), se levanta la divisa del
hacer marchar sin cuyo reconocimiento y aceptacin no hay ciencia de
sociologa aplicada.

Para que asuma con provecho esta actitud activa que pretende, es
menester que llegue a las verdaderas races de los males que aspira a
curar.

En este punto tocamos la cuestin de cules son las causas
fundamentales de la vida social, o sea el problema de la _interpretacin
de la historia_. Como se sabe, existen en esta materia dos distintas
doctrinas que dan soluciones que parecen completamente opuestas: la
interpretacin econmica o concepcin materialista de la historia y la
interpretacin ideolgica o intelectualista. En realidad, establecer la
conciliacin entre estas teoras, no es difcil.

Aunque la tesis de que las ideas gobiernan al mundo puede ser
retrotrada hasta encontrarla afirmada por Platn y Virgilio, sin
embargo, los sostenedores del materialismo histrico y de que el factor
fundamental y que todo lo decide en la vida social es el factor
econmico, prefieren tomar como blanco de sus ataques las proposiciones
sostenidas por Augusto Comte en su _Filosofa Positiva_. Es lo que ha
hecho, por ejemplo, Herbert Spencer, aun sin ser un paladn del
materialismo histrico, al exponer los puntos en que disiente de las
doctrinas del fundador del positivismo. El mundo, dice Spencer, no es
gobernado y transformado por las ideas, sino por los sentimientos, a los
que las ideas slo sirven de guas.

El mecanismo social no descansa sobre opiniones, sino casi enteramente
sobre caracteres.

Iguales conceptos han emitido Guillermo de Greef, Labriola y otros.

En verdad, la controversia ha provenido ms bien de la falta de
comprensin de las ideas que se combaten. Comte no ha sostenido que sean
las ideas tericas las que gobiernen al mundo. stas son sustentadas
slo por un pequeo nmero de personas y no dan el principal impulso a
los movimientos sociales. A las ideas que se ha referido Comte, son a
las incorporadas en la masa de la sociedad, a las opiniones, como l
mismo lo dice. Su famosa ley de las tres edades, se refiere a esa clase
de ideas y su _Poltica Positiva_ podra ser denominada tambin Plan
para convertir las ideas positivas en ideas corrientes o para hacer que
el pensamiento cientfico sea tan universal como en otro tiempo lo fu
el pensamiento religioso.

Es posible afirmar que las ideas corrientes o universales en cualquier
tiempo han sido y son simples creencias. La caracterstica de stas es
que son sustentadas sin prueba o evidencia suficiente. Sobre qu
descansan entonces? Sobre intereses, sobre sentimientos que constituyen
el ncleo de lo que se considera necesario a la conservacin de la
especie y del individuo. Estn formadas por afirmaciones a veces ni
evidentes ni probadas, sobre las cuales los hombres en masa no admiten
discusin ni rplica.

Este elemento del inters es, pues, el que liga las creencias a los
deseos y reconcilia las interpretaciones ideolgica y econmica de la
historia.

Cada creencia envuelve un deseo o ms bien una gran cantidad de deseos y
ah se halla la base de su poder para producir efectos. La creencia o la
idea considerada como un fenmeno puramente intelectual no es una
fuerza. La fuerza descansa en el deseo, el cual no puede ser ocasionado
por la creencia. Los deseos son aspiraciones que nacen de la naturaleza
del hombre y de las condiciones de la existencia. Son aspiraciones que
requieren satisfacciones, y la suma total de las influencias internas y
externas que obran sobre un grupo o un individuo conducen a la
conclusin, creencia o idea de que cierta proposicin es verdadera. Esta
proposicin, aunque pueda ser expresada en forma indicativa como una
verdad independiente, es esencialmente un imperativo y exige la
ejecucin de ciertas acciones consideradas esenciales para la
conservacin del individuo o del grupo.

As las ideas de que hemos hablado y que son las tomadas en cuenta por
los partidarios de la interpretacin ideolgica de la historia, son
aquellas ideas, opiniones o creencias que han sido formadas por las
condiciones econmicas de la existencia, tomando el trmino econmico en
su ms amplio sentido. Dichas creencias son consideradas fundamentales
para la vida de la sociedad y son aceptadas por todos o por el mayor
nmero de los individuos sin considerar la mucha o poca verdad objetiva
que encierren.

Ahora, cuando las creencias que se desenvuelven de la manera que se ha
visto, resultan ajustadas a la verdad, no hay ms que regocijarse de
ello; pero cuando no sucede as y las creencias son falsas, como
acontece con las ideas antropomrficas y con casi todas las religiones,
se llega a la raz de los males de que padece la raza humana: el error.
Sus consecuencias han sido y son inmensas y funestas.

He aqu algunas de ellas[11] consideradas principalmente desde un punto
de vista religioso.

     [11] _Applied Sociology_, p. 68.


_I. Automutilacin._--Constituye una costumbre muy extendida, que se
practica principalmente en los funerales, con el objeto de apaciguar al
espritu que ha partido, o en otras circunstancias para satisfacer a
algn dios.


_II. Supersticin._--Bajo este nombre se comprenden un gran nmero de
costumbres y prcticas que, aunque generalmente no producen la
destruccin de la vida humana, restringen la libertad de accin y llenan
la mente de temores y miedos infundados. Es la supersticin una barrera
para el progreso intelectual y material, y especialmente grave cuando
pasa del estado de barbarie al de civilizacin y se infiltra en ste.
Como un ejemplo se puede citar el conocido caso de la oposicin que
hallaron los ferrocarriles en la China porque el ruido y el movimiento
iban a molestar a los muertos.


_III. Ascetismo._--Es desconocido para los salvajes y apenas posible en
un estado de verdadera barbarie. Ha debido nacer en un grado ms alto de
desarrollo intelectual. Aunque basado en el temor, contiene algunas
esperanzas que hace que sea esencialmente egosta.


_IV. Zoolatra._--El totemismo animal de los salvajes y de las tribus
brbaras que es una forma del culto de los animales, se convierte en un
asunto muy serio cuando en pueblos ms civilizados como los de la India,
por ejemplo, hace sagrados los reptiles y las bestias feroces, e impide
destruirlos. En 1899 murieron en la India 24.621 personas a consecuencia
de mordeduras de serpientes, y en 1901 ese nmero fu de 23.166. Los
tigres, leopardos, lobos, hienas, etc., matan de 2.000 a 3.000 personas
ms cada ao. Todos estos animales son sagrados, y se consideran
ocupados por almas humanas.


_V. Hechicera._--Es una creencia universal entre todos los pueblos
salvajes y brbaros y hasta fines del siglo XVIII ha sido muy general
entre los civilizados. Aun en 1902 se inici en Chicago un proceso en
contra de una mujer porque haba hechizado a otra, y haba hecho que se
le cayera el pelo. Miles de personas han sido arrastradas al patbulo
por errores de esta clase.


_VI. Persecucin._--Limito la extensin de este trmino a la persecucin
religiosa, esto es, a la persecucin de los llamados herejes. Un hereje
es una persona que tiene una creencia religiosa diferente (a veces en
muy pequeos detalles) de la que profesa un mayor nmero de personas en
el pas en que vive, las cuales han adquirido poder sobre las vidas y
libertades de los ciudadanos. La persecucin es propia slo de los
pueblos algo civilizados, porque como se sabe, no existe variedad de
creencias entre los salvajes. Diferencias de creencias es seal de
civilizacin, y siempre ha sucedido que los disidentes han sido los ms
civilizados. La persecucin y destruccin de ellos, como las efectu la
Inquisicin en su tiempo, significa el asesinato de la _lite_ de la
humanidad. Los que pueden escapar, huyen a otros pases y el pueblo
perseguidor se ve privado de todos sus ms vigorosos elementos. El
objeto que se ha tenido en vista al practicar la persecucin es
conseguir que las creencias sean uniformes, es decir, reducir un pueblo
civilizado a la condicin de pueblo salvaje. Esto ha sido hecho
repetidas veces, particularmente en Espaa, y la historia ha recordado
las consecuencias que de ah se han derivado. Un pueblo que no tolera
diferencias de opiniones, degenera y entra a ocupar un lugar entre las
naciones inferiores.


_VII. Resistencia a la verdad._--Es ms seria para la humanidad en
general que cualquiera otra de las consecuencias del error, o tal vez
que todas ellas combinadas, la oposicin que siempre el error presenta
al avance de la verdad. En las pocas primitivas fu imposible la
existencia de la verdad.

El error era aceptado por todos, sin que a nadie se le ocurriese
siquiera ponerlo en duda. Todos los pasos hacia la verdad fueron dados
en pocas posteriores, principalmente en pocas que los etnlogos
clasifican entre las civilizadas. Cada hereja, por muy pequea que sea,
significa un paso hacia la verdad. Ms tarde la resistencia a la
verdad se ha manifestado principalmente en la forma de oposicin a la
ciencia.


_VIII. Oscurantismo._--Esta es una forma ms sutil de persecucin.
Consiste, sobre todo, en la prohibicin o en la supresin de libros y
folletos y en la censura de la prensa. Ya sabemos que esto no tiene
valor, ahora, entre los pueblos verdaderamente civilizados, porque, como
dijo Helvetius (_De l'Homme_), slo en los libros prohibidos se
encuentra la verdad: los dems mienten, y es cosa averiguada, que en
los ndices de libros prohibidos se encuentran la mayora de las obras
que el mundo ha considerado grandes y memorables. Existe un pas
europeo, sin embargo, en el cual la prohibicin se hace efectiva por la
accin del Gobierno mismo que cuida de dar a luz un ndice de libros
vedados, y castiga severamente a los infractores de sus paternales
prohibiciones. Es Rusia. Entre los autores condenados en este pas del
absolutismo, tienen el honor de figurar Spencer, Haeckel, Zola, Ribot,
etctera.

Creemos oportuno mencionar por ltimo, agregndola a lo dicho por Mr.
Ward, otra especie de oscurantismo difuso, difcil de percibir, y que
por lo mismo ejerce una influencia maleante, tan insensible como eficaz
y funesta: es a la que se ha referido el original Rector de la
Universidad de Salamanca, seor de Unamuno, cuando ha dicho que en
Espaa la Inquisicin se halla latente en la sociedad. Nosotros, los
hispanoamericanos, debemos ver tambin si en nuestros rescoldos del
coloniaje, que aun no se apagan, no queda algo de aquel inhumano fuego
que atemorizaba a nuestros abuelos.


VIII

LA LUCHA CONTRA EL ERROR.--EL GENIO.--LA EDUCACIN

Lo que hemos dicho sobre el error y sus consecuencias nos conduce a
deducir uno de los fines de la ciencia social aplicada. Destruir,
expulsar los errores y difundir ampliamente el conocimiento de la
verdad, con el objeto de que no sea sta, como ahora, slo la propiedad
de una pequesima fraccin de la humanidad, constituye una de las
principales misiones de la ciencia social aplicada.

Es menester insistir en la necesidad de la difusin universal de la
verdad. Los hombres que se ven privados de ella, los cuales todava
forman la enorme mayora de la humanidad, se hallan sumidos en esta
desgraciada situacin, no por incapacidad de ellos mismos ni por culpa
de ellos, sino, en gran parte, a causa de las circunstancias en que han
nacido y en que han vivido.

Las afirmaciones anteriores plantean la cuestin de la cantidad de
fuerzas intelectuales, genios y talentos, existentes en la sociedad de
una manera latente y que se pierden por falta de cultivo, de
oportunidades adecuadas a su desarrollo.

El examen de esta posibilidad est relacionado con la dilucidacin de
otro problema que ha sido en varias pocas y ocasiones debatido por
distintos escritores: el de si el genio obra en virtud de sus propias
fuerzas sin tomar nada del medio en que acta o es nicamente un
resultado del medio y de las circunstancias. Lo admirable que hay en
esta discusin es cmo los que han tomado parte en ella han sabido
defender slo los extremos o los casos ms exagerados. Sabido es que
hacen suya la primera creencia los que predican el culto de los grandes
hombres o hroes como Carlyle; los que como Guyau en su obra _El arte
desde el punto de vista sociolgico_ sostienen que el genio crea su
medio; y los que como Galton en Genio hereditario mantienen la tesis
de que el genio es exclusivamente un producto de las facultades
trasmitidas por herencia de padres a hijos.

Un autor desconocido entre nosotros, Alfredo Odin, profesor de la
Universidad de Sofa, ha efectuado sobre este asunto un trabajo
rigurosamente cientfico, aplicando con toda la estrictez que ha podido
un mtodo estadstico. En su obra _Gnesis de los grandes hombres_[12]
ha examinado y analizado las vidas de ms de 6.000 hombres de letras
francesas de los tiempos modernos. El mtodo que ha seguido no le ha
permitido ni extenderse a otros pases ni a hombres de otras esferas. El
medio lo ha dividido en medio fsico, etnolgico, religioso, local,
econmico, social y educativo, y ha estudiado la influencia de cada uno
de ellos detenidamente formando mapas y cuadros muy completos. De ellos
ha sacado en claro que el medio fsico y etnolgico no son factores que
deban tomarse en cuenta al indagar el gnesis de los grandes hombres. El
medio religioso no carece de importancia. En cambio el medio econmico,
social y educativo es de influencia decisiva para impedir o permitir el
florecimiento de los grandes hombres. No ha habido un slo grande hombre
que no haya disfrutado de algunas condiciones favorables a su educacin
o a su preparacin para sus trabajos posteriores y que no haya tenido
algunos recursos para hacer frente a las dificultades materiales de la
vida. Darwin no tuvo que preocuparse jams de trabajar para mantenerse y
Spencer pudo consagrarse sin cuidados econmicos a su grande obra,
porque recibi de algunos parientes herencias y legados, sin los cuales
tal vez no habra escrito los libros que escribi. En vista de todas las
observaciones y datos acumulados, Odin ha llegado a afirmar que el
genio no est en los hombres, sino en las cosas.

     [12] Citada por Mr. Ward, _Applied Sociology_, p. 147 y siguientes.

Este aserto encierra una parte considerable de la verdad. Podemos
imaginarnos los frutos que daran un Goethe, un Zola entre los
fueguinos. Pero, por otra parte, miles de hombres han vivido ms o menos
en las condiciones de Goethe y Zola sin que las corrientes del mundo
hayan hecho brotar en sus cerebros una sola chispa, un solo rayo de luz.

As, debe decirse ms bien que los grandes hombres han sido producidos
por la cooperacin de dos causas, genio y oportunidad, ninguna de las
cuales por s sola habra hecho nada. Pero el genio es un factor
constante, muy abundante en todas las categoras de la vida, mientras
que la oportunidad es un factor variable y esencialmente artificial.
Como tal, es algo que puede ser suministrado prcticamente, a voluntad.
Por esto, la formacin de grandes hombres, de agentes de civilizacin,
de creadores de cosas nuevas, no es una concepcin utpica, sino una
empresa posible. Es algo relativamente sencillo y consiste tan slo en
poner al alcance de todos los miembros de la sociedad una oportunidad
igual de ejercitar las facultades mentales que posean. Hay muchos
sustitutos, procedimientos artificiales, para las varias especies de
circunstancias favorables, pero todas quedan reducidas a la formacin de
un conveniente medio educativo. As el factor real, que depende de
nuestra voluntad, para el desarrollo del genio y del talento y el
progreso de la civilizacin, es el establecimiento en una escala
universal y gigantesca de un medio educativo, cuyas influencias han de
ser aprovechadas no slo por los hombres sino igualmente por las
mujeres, las que por las normas antifeministas o androcntricas que
predominan, no han podido ser lo que debieran haber sido si en el mundo
hubieran imperado e imperaran puntos de vista ms equitativos y libres
de prejuicios respecto de ellas.

Con el establecimiento de amplias instituciones educativas se
centuplicarn las fuerzas intelectuales y morales de la sociedad; la
igualacin de las oportunidades producir ms o menos la igualacin de
las inteligencias y hasta que esto suceda no se pueden tener esperanzas
de una reparticin equitativa de las riquezas materiales de la sociedad.

De muchas maneras se ha planteado hasta ahora algo desordenadamente el
problema de la educacin y sus soluciones han sido sealadas por varios
ideales. Muchos individuos han fundado instituciones para realizar algn
ideal predilecto y la Iglesia ha conducido siempre las empresas
educativas de acuerdo con sus creencias; pero ante todo el Estado, es
decir, la sociedad comprendida en su capacidad colectiva, ha sido el que
ha efectuado ms importantes progresos en esta materia. Todo lo que ha
hecho a este respecto ha sido ms provechoso que lo llevado a cabo por
los individuos o por los cuerpos eclesisticos. Aunque no se puede decir
que haya visto claramente que la educacin debera consistir en la
completa apropiacin social de los conocimientos que han civilizado al
mundo, con todo, ha dado importantes pasos hacia la realizacin de esta
verdad, y ha obrado mejor que nadie en la conviccin de que la educacin
debe ser para todos, de que es una necesidad social y de que sus
beneficios son proporcionales a su extensin. En Francia y Alemania,
casi toda la educacin superior se encuentra ahora socializada y el
Estado considera en esos pases la instruccin pblica como una de sus
grandes funciones. Inglaterra y otras naciones van lentamente marchando
hacia este ideal y no cabe la menor duda de que el siglo XX ver la
completa socializacin de la educacin en el mundo civilizado. Y esto es
lo que debe suceder y lo que conviene que suceda, porque la sociedad es
la ms interesada en el resultado. Es el recipiente de los principales
beneficios, que de la educacin se desprenden. Adems, la educacin es
una de esas empresas que no pueden ser dirigidas por la ley de la oferta
y de la demanda y segn los principios de los negocios. Para la
educacin no existe el pedido en el sentido econmico. Los nios no
conocen nada de su valor y los padres muy a menudo no la desean. Puede
afirmarse que el inters social es el nico que la pide y la sociedad
misma debe satisfacer su propio anhelo.

Aquellos que fundan establecimientos de educacin y promueven empresas
educadoras, se colocan en el lugar de la sociedad y no deben olvidar que
la situacin que asumen les obliga a obrar y hablar generosamente en
nombre de ella y segn las conveniencias de ella y no guiados por algn
inters econmico egosta.


IX

LA SOCIOCRACIA

La educacin entendida de la manera amplia y completa que hemos visto,
que ha de ser lo propio de la funcin del Estado, har surgir alguna vez
una mayor integracin social que produzca una verdadera conciencia
social con voluntad e inteligencias sociales.

Hacer uso de estos ltimos conceptos es establecer una analoga entre el
individuo y la sociedad y considerar a sta, de igual suerte que al
primero, como un organismo. Es una comparacin, no biolgica, sino
psicolgica.

La voluntad individual no es ms que la facultad que un ser pone en
ejercicio para satisfacer sus deseos. La impresin que llega a la
conciencia produce un movimiento reflejo que es la accin apropiada. En
la sociedad las necesidades de los individuos (en cuanto tienen
importancia colectiva) luchan por alcanzar el campo de la conciencia
social, que es el Estado organizado, y tratan de verificar reacciones
anlogas que ocasionen la satisfaccin deseada. En los gobiernos bien
constitudos esta analoga es muy clara y se logra conseguir en ellos
cierto grado de correspondencia o simpata en contestacin a los
movimientos de los centros sociales, algo semejantes a los reflejos de
la voluntad individual. Pero aun en las formas de gobierno ms rudas y
bajas existe un poco de aquella correspondencia. Todo gobierno, aun el
ms desptico, es hasta cierto punto representativo del estado social en
que funciona, y muy a menudo, ms de lo que generalmente se cree, es tal
vez el mejor que puede existir dentro de las circunstancias en que
acta. Por ejemplo, se considera generalmente al gobierno ruso fuera de
armona con el pueblo del imperio; pero esto es probablemente un error
que proviene de dos causas. Aquellos que viven bajo un gobierno ms
liberal se inclinan a imaginarse que las otras sociedades han de ser
como la suya propia. Se olvidan que la gran razn porque un gobierno es
ms liberal reside en que la sociedad es mucho ms inteligente, y que es
la sociedad la que determina el carcter del gobierno. La segunda
equivocacin resulta de que el pueblo ruso es muy heterogneo. Existe en
ese pas una numerosa clase inteligente que no merece el gobierno bajo
cuya tirana padece. Pero esta clase es relativamente pequea y el
gobierno representa ms bien a la gran masa del pueblo, para la cual tal
vez no sera fcil encontrar un gobierno mejor. El gobierno tiene
siempre que adaptarse a la peor de las clases de la nacin y una pequea
banda de ciudadanos incultos rebaja su _standard_ en una proporcin
mucho mayor de lo que debera ser, segn la importancia de dichos
ciudadanos. Esto hace que la clase inteligente aparezca como peligrosa y
turbulenta, e induzca a algunos a mirar la inteligencia como una
calamidad antes que como una bendicin. El mayor desideratum social es
cierto grado de uniformidad en las inteligencias o sea la homogeneidad
moral e intelectual.

Que los gobiernos fracasen a menudo en sus medidas para satisfacer las
aspiraciones sociales, es explicable de la misma manera que son
explicables los fracasos de la voluntad individual. En ambos casos el
mal est en la ignorancia de las leyes fsicas y en especial de las de
la naturaleza humana. En los gobiernos es ignorancia de las leyes
sociales. Aquellos que hacen leyes malas, ineficaces o perjudiciales, no
tienen conocimiento de la naturaleza de las fuerzas sociales.

No es lgico, pues, slo por esas faltas de xito argir que el Estado
no debe extender ms sus poderes. l es el rgano de la conciencia
social y debe tratar siempre de obedecer a la voluntad de la sociedad.
Debe estar pronto a conseguir o hacer lo que la sociedad pida. Las
funciones del gobierno no estn necesariamente limitadas a las pocas que
ha desempeado hasta ahora. El nico lmite es el del bien de la
sociedad y mientras exista algn medio para conseguir este fin por la
accin del Estado, ese fin debe ser puesto en prctica.

De los gobiernos existentes es posible decir que slo en grado muy
insignificante constituyen la conciencia, la voluntad y la inteligencia
de la sociedad. La conciencia social ha sido hasta ahora excesivamente
dbil, parecindose ms bien a la conciencia de un _caenobium_ como en
las _Flagellata_ y _Ciliata_ antes que a la de cualquier animal
superior. La voluntad social es por esto tan slo una suma de deseos
contendientes que se neutralizan en gran escala unos a otros y consigue
muy poco movimiento en una direccin dada. El intelecto social es un
pobre gua por ahora, no porque no sea suficientemente vigoroso, sino
porque los conocimientos que se refieren a la sociedad son tan limitados
y los que existen estn en las cabezas de aquellos individuos que no
tienen voz en los negocios del Estado.

Slo por medio de esa educacin amplia de que se ha hablado antes, y
despus de largos perodos, llegarn a ser la voluntad y la inteligencia
social para la sociedad algo semejante a lo que es ahora la mente para
los individuos.

Los gobiernos del pasado y del presente han sido y son esencialmente
empricos. Los trminos de monarqua y democracia con que se les designa
han pasado a ser inadecuados.

Casi todas las monarquas de Europa, con excepcin de dos, son ahora
democracias, si es que hay algn gobierno que merezca este nombre, y en
Amrica, donde todo son repblicas en el nombre, en el fondo son
autocracias y oligarquas, en las cuales las elecciones se reducen a
meras farsas.

Donde la evolucin ha sido ms completa, los gobiernos han pasado de ser
autocracias a ser aristocracias y democracias. En estos cambios la
naturaleza humana no se ha alterado: el egosmo sigue siendo el mismo.
Lo que ha variado es la manera de satisfacerlo.

El resultado general ha sido que el mundo, despus de estar regido por
autocracias y aristocracias y habiendo entregado la direccin de sus
destinos a la democracia, ha venido a caer, en virtud de la reaccin que
se ha verificado en contra de los poderes personales que ha disminudo
notablemente la accin de los gobiernos, en las manos de las
plutocracias. Estas tratan de supeditar a las democracias que suponen
su existencia ajustada a supuestas leyes naturales, lo que las hara
dignas tambin de ser denominadas _fisiocracias_. En realidad, por su
afirmacin interesada de que es menester limitar las facultades de los
gobiernos, lo que hacen es sostener el imperio de un individualismo
exagerado que mantiene a las naciones en una situacin acrtica
(_acracia_) por no decir anrquica. _Laissez-faire_ es la divisa de este
extremado individualismo que conduce a la anarqua en todo, menos en el
reforzar los derechos de propiedad existentes, divisa que se proclama en
alta voz y mantiene cegada a la opinin pblica sobre la verdadera
condicin de las cosas.

Los males existentes son grandes y serios, y comparados con ellos los
crmenes, ya declarados tales, que pudieran cometerse si no hubiera
gobiernos, seran futilezas. Todas las desgracias que resultan del
trabajo mal pagado, del exceso de labor, de las fuerzas perdidas, de las
malas condiciones de vida, de las muertes prematuras, etc., sobrepasan
en importancia y en consecuencia en un solo ao a todos los crmenes
juntos de una centuria. Este vasto teatro de males se considera por los
individualistas fuera de la accin de los gobiernos, al mismo tiempo que
se pone en accin un estruendoso esfuerzo para reducir a prisin y
castigar al perpetrador del ms insignificante de los crmenes
catalogados en los cdigos.

Los gobiernos primitivos, cuando slo imperaba la fuerza bruta, eran
bastante fuertes para asegurar una justa y equitativa reparticin de las
riquezas. Hoy da, en que la fuerza mental lo puede todo y la fuerza
fsica vale relativamente poco, estn desarmados para intervenir de esa
manera. Esto prueba nicamente que debe ser robustecida esa esencial
facultad del gobierno de proteger a la sociedad. Es enteramente ilgico
el afirmar que la ambicin y el egosmo que buscan su satisfaccin por
medio del abuso de la fuerza fsica, deben ser prohibidos mientras que
la misma satisfaccin que se busca por medio de la fuerza mental o de la
ficcin legal deba ser permitida. Es absurdo reclamar que la injusticia
cometida por los msculos sea impedida y que la cometida por el cerebro
goce de toda libertad.

Dnde est el remedio para estos males? Cmo podr libertarse la
sociedad de esta ltima conquista de la autoridad efectuada por el
intelecto egosta? Ha impedido el abuso de la fuerza bruta por medio del
establecimiento del gobierno; ha suplantado a las autocracias por las
aristocracias y a estas por las democracias, y ahora se encuentra ella
misma en las redes de la plutocracia. Escapar la sociedad de este
peligro? Necesitar, para conseguirlo, volver a confiarse a un
autcrata o debe resignarse a ser aniquilada? Ni lo uno ni lo otro.
Existe un poder y slo uno que es ms grande que el imperante en la
sociedad. Ese poder es la sociedad misma. Hay una forma de gobierno que
es ms fuerte que la autocracia, la aristocracia y la democracia y aun
que la plutocracia: es la sociocracia.

El individuo ha reinado ya bastante. Ha llegado para la sociedad el da
en que le toca tomar en sus manos sus propios asuntos y dar forma a sus
destinos. El individuo ha obrado lo mejor que ha podido y de la nica
manera que le era posible. No debe ser censurado. Aun ms, debe ser
alabado y aun imitado. La sociedad debe aprender de l la manera de
tener xito. Debe imaginarse ella que es un individuo con todos los
intereses que le son propios, y perfectamente consciente de ellos debe
proseguir su satisfaccin con la misma indomable voluntad que han
gastado los individuos.

La sociocracia ser diferente de todos los gobiernos que se han
imaginado; pero esta diferencia no ser radical hasta el punto de
requerir una revolucin. La democracia es capaz aun sin cambiar de
nombre, de convertirse suavemente en una sociocracia. Porque, aunque
parezca paradojal, la democracia que es ahora la ms dbil de todas las
formas de gobierno, puede llegar a convertirse en la ms fuerte.

La sociocracia significa el gobierno de la sociedad entera y no el de
partidos y banderas que mientras se hallan en el poder tienen al
frente otros partidos y banderas que son sus enemigos y slo aspiran a
derrocarlos para hacer una vez en el poder poco ms o menos lo mismo que
sus predecesores censurados y derribados por ellos.

En el rgimen sociocrtico la legislacin dejar de ser principalmente
coercitiva y prohibitiva, como ahora, y pasar a ser atractiva, de igual
manera que el trabajo, fundado en la necesidad de actividad que tiene el
organismo humano, no ser una condenacin sino una bendicin tambin
atractiva.


X

CONCLUSIN

Hemos llegado al fin de nuestro anlisis que no ha sido tan detallado
como lo merecera la filosofa de Ward.

De carcter enteramente cientfico y positivo, levantada sobre una
concepcin del universo exclusivamente monista, esta filosofa lleva en
s doctrinas muy alentadoras. Cualesquiera que sean las ideas del que
llegue a conocerla, debe inspirar respeto e invitar a la reflexin. No
contempla la existencia ni con el ingenuo optimismo de los
bienaventurados ni con el estril pesimismo de los dbiles y de los
fracasados. Su divisa es el _meliorismo_, el mejoramiento del mundo por
medio de la accin humana inteligente y gracias a una educacin
cientfica ampliamente difundida que haga que las ideas positivas que
hoy inspiran la mente de unos pocos lleguen a ser posesin de la masa
humana completa y procuren la existencia de un gobierno que sea la
expresin de la conciencia social entera y liberte a las democracias
actuales de las redes de la plutocracia.

Con tal fin preconiza sin duda nuestro autor la extensin de las
funciones del Estado.

El desarrollo amplio de este punto requerira muy lato examen. No ha
sido ni es posible fijar de una manera definitiva cul sea el lmite de
la accin del Estado. Algunas esferas de la actividad social han sido ya
casi generalmente sustradas a su influencia. Por ejemplo, ya
nadie--queremos decir ninguna persona culta y estudiosa--piensa que los
gobiernos puedan tener religin y al Estado se le concibe como una
entidad laica. La historia, por otro lado, nos presenta curiosos y
numerosos ejemplos de funciones que se han dejado en un principio
exclusivamente a la iniciativa individual, y que cuando ha madurado para
ellos la conciencia social y se ha formado en lo tocante a ellas una
voluntad social clara, han pasado a ser funciones pblicas. El castigo
de los crmenes y delitos en contra de las personas, empez por ser un
asunto de carcter enteramente privado; lo mismo ha pasado con la
instruccin y en menor grado con el ejrcito y la marina. Dentro de este
tpico es sugestivo lo que ha ocurrido con los cuerpos de bomberos. En
la antigua Roma eran muy frecuentes los incendios a causa del material
con que estaban fabricadas las casas y la estrechez de las calles.
Cuenta G. Ferrero en su obra _Grandeza y decadencia de Roma_, que al
conocido hombre de negocios y millonario, contemporneo de Julio Csar,
M. Licinio Craso, se le ocurri tener una bomba para apagar los
incendios. Sus agentes, bien repartidos en la ciudad, le advertan con
presteza cuando sobrevena algn siniestro. Los bomberos de Craso
acudan al sitio amagado; pero junto con ellos iba un empleado del
financista que ofreca a los propietarios de la casa amenazada por las
llamas comprar el edificio a un bajo precio. Si aceptaba se apagaba el
incendio y Craso haba dado un nuevo golpe de fortuna, y si no, los
empresarios privados dejaban que se destruyera una parte de la ciudad.
En nuestro tiempo todo el mundo considera natural que los cuerpos de
bomberos sean instituciones del Estado. Me imagino la sorpresa de
algunos individualistas al reflexionar sobre aquel estado de cosas y me
imagino ms an las protestas con que los individualistas de entonces
habran recibido cualquiera medida tendente a ponerle trmino a la
explotacin hecha por Craso.

A muchos las doctrinas del sabio norteamericano parecern en su parte
aplicada nada ms que hermosos ensueos; pero son ensueos que en
nuestro tiempo brotan por doquiera, merced al estudio, en toda mente que
considera los problemas humanos con amor, calma, ilustracin, elevacin
y profundidad de miras; brotan por la misma razn, sin el menor acuerdo
previo, con rasgos notablemente semejantes en los sitios ms lejanos y
en personas que no tienen conocimiento unas de otras; son la superior
florescencia del alma, que no respeta diferencias de climas ni de
latitudes; surgen tanto en las faldas de los Alleghany como en las de
los Andes y en las riberas del Bltico: Ward y H. Hffding, el sabio
filsofo, profesor y rector de la Universidad de Copenhague, no se
conocen, por lo menos no se citan en sus obras, y sus doctrinas son en
alto grado anlogas.

Decir que los ideales son palabrera vana y por este solo hecho
condenarlos, es ignorar el proceso de toda creacin genunamente humana,
es renunciar al distintivo especficamente racional. Hasta para ser
prctico de una manera verdadera e inteligente se necesitan ideales. No
ha habido una sola de las realidades, una sola de las cosas llevadas a
cabo racionalmente por el hombre, y no inconsciente y automticamente,
que no haya empezado por ser de un modo necesario una idea, una
concepcin expresada por palabras, un ideal. Concebir ideales es
concebir posibilidades que para convertirse en realidades esperan su
oportunidad. Lo cual no quiere decir que convenga dar por cierto un
ensueo antes de tiempo porque, aunque el ensueo en s mismo sea bueno
para impulsar a la accin, proceder as sera marchar a un fracaso
seguro. Concebir la posibilidad de tener una comunicacin expedita a
travs de los Andes en el invierno, es dar el primer paso para
convertirla en un hecho; ir a practicar luego la travesa como si ese
progreso ya se hubiese conquistado es exponerse a morir helado.

Una filosofa alentadora que nos impulsa a transformar la existencia por
medio de la accin debe ser nuestra bienvenida. Debe ser nuestro
evangelio una filosofa que nos da confianza en el progreso siempre que
no nos durmamos. Son ilusiones de la proximidad el desconfiar
amargamente de la poca en que se vive. Los hombres juzgan a su tiempo
como Gulliver a las mujeres de Brondignac: ven enormemente grandes los
lunares y defectos y no pueden apreciar la belleza del conjunto.

La voz de esta filosofa me parece la de un hombre de estudio simblico
que no tiene ambiciones, que las ha sacrificado placentero al culto de
la ciencia, con la cual ha contrado un matrimonio sublime, y que no
aspira ms que a dar calor y vida intensa a los ms hermosos frutos del
ms bello desposorio humano, las verdades; que puede llamarse a s mismo
el condensador de las mil corrientes que han seguido las almas de los
hombres y las almas de los pueblos desde los primitivos tiempos y que
lleva en s la luz que del choque de esas corrientes ha brotado para
alumbrar el porvenir. Es una voz que nos ensea a contemplar la realidad
en su plenitud inmensa; nos seala los millares de siglos que hay detrs
de nosotros y los millares de siglos que habr despus de nosotros; nos
indica cmo nos es dado admirar por un instante esta realidad grandiosa,
que en las obras cientficas que la interpretan y pintan adquiere
proporciones picas, nos impulsa a que ante el eterno todo y la eterna
nada que nos espera, asumamos los caracteres de fraternales y solidarios
cooperadores y perfeccionadores de la creacin y no dejemos que nuestra
existencia bastardee empequeecida con temores infundados, atrada
nicamente por el cosquilleo de los apetitos y tolerando que el engao
mutuo con gestos simiescos impere entre los hombres.

Es propio de los caracteres dbiles el considerar las situaciones
difciles no como difciles sino como irremediables y apresurarse a
arrojar los ideales sino se puede medrar con ellos; y es un espejismo de
la historia el imaginarse que ha habido pocas de hroes (me refiero a
los hroes de la paz y del civismo) y pocas de sibaritas que han
impuesto a los hombres un sello fatal e indeleble. No; siempre han
debido los hroes del civismo pasar al lado de las faces indiferentes o
escpticas de los sibaritas, y han debido, para cumplir con su misin,
recordando lo que dice el Poeta en el prlogo de _Fausto_, de que lo
brillante existe momentneamente y lo meritorio perdura en la
posteridad, embotar en su valor moral los resplandores de falsa
grandeza con que la vida ordinaria centellea.

Seamos capaces de librarnos de estos males del nimo, distendamos
nuestras facultades, apliqumoslas con desinters o elevado criterio a
la solucin de nuestros problemas, guiados por la aspiracin de servir
al alma de nuestro pueblo y de nuestra juventud y de infundirles una
conciencia ms clara de sus derechos y deberes.

Si nuestra filosofa ha de ser de aliento y de nobles luchas, ha de
tener tambin ilusiones. Las quimeras que impulsan a la accin elevada
son salvadoras, moralizadoras. Para la masa enorme de nuestro pueblo
ignorante que vive sumido en tradiciones contradictorias y prejuicios,
nuestra filosofa es un anuncio redentor; para las damas es un aliado
que se ha puesto al lado de ellas en la campaa emprendida con el fin de
obtener el reconocimiento de sus derechos; y como una consecuencia
necesaria que debe resultar de tomar las manifestaciones de la mente no
a modo de _diletantismo_ y pasatiempo, sino como sustancia misma de la
vida, para los hombres y los jvenes que sienten en s el superior
anhelo de gloria, el mpetu sincero de hacer que haya ms justicia, ms
progreso, ms belleza, para estos, repite los ecos mejores de la tierra
y les dice: Vosotros no estis solos. Hay hermanos vuestros no
nicamente en la falda de los Alleghany, en las riberas del Bltico, en
las orillas del Sena y del Spree, en las bellas campias de Italia y en
las tristes llanuras de Castilla; no: en todas partes hay hermanos
vuestros, almas delicadas, que suspiran noblemente por cosas mejores.
Todos compets heroicamente para cumplir con la ley histrica de
transformar y aumentar las fuerzas civilizadoras. As como la Grecia,
hija del Oriente, increment en sumo grado para bien de la humanidad, la
herencia que recibiera de sus padres y convirti en bronces y mrmoles
inmortales la arcilla y la madera de sus dioses, as tambin vosotros,
pensadores del siglo XX, debis aspirar a crear nuevas formas de vida, a
hacer de las sociedades desordenadas que os han legado las generaciones
pasadas, patrias conscientes y justas dentro de la solidaridad humana.




EL PRAGMATISMO

o la Filosofa prctica de William James.


SUMARIO

  I.--Origen del pragmatismo.--Mr. Charles Peirce.

  II.--Juicio general.

  III.--Caracteres lgicos y psicolgicos del pragmatismo.--El concepto
  de verdad.

  IV.--Crtica de esos principios.

  V.--El pragmatismo y algunos problemas metafsicos.

  VI.--El pragmatismo meliorista y voluntarista.

  VII.--ltimas observaciones.


I

En materia de ideas y doctrinas tambin hay modas: algunas, efmeras,
que resultan de un estado morboso de los espritus; otras, que duran ms
tiempo aunque carecen igualmente de fundamento slido y provienen slo
de la necesidad que tiene el hombre de cambiar de camino, y otras, por
ltimo, a las cuales puede ms bien no sentarles el nombre de modas, y
que son el fruto del sealamiento de una nueva senda, de la formacin de
alguna sntesis que viene a esclarecernos un poco los problemas de la
vida.

Las doctrinas cientficas estrictamente tales, han estado expuestas
continuamente a esta alta y baja marea de la inconstancia y de la
impaciencia humanas. Si la ciencia no ha satisfecho pronto todas las
aspiraciones del hombre, ste se hace escptico por algn tiempo para
volver a la ciencia de nuevo, despus de haber dado algunas manotadas en
el vaco.

Un caso de escepticismo semejante ha podido verse por algn motivo en el
pragmatismo y, por tal razn, los tradicionalistas, no entendindole por
completo y no exprimindole todo el jugo y la sustancia que encierra, lo
han recibido alborozados y lo han anunciado al mundo con los ms alegres
taidos de sus campanas.

El pragmatismo est a la fecha de moda en el campo de la filosofa, y es
de presumir y en parte (en cuanto rechaza todo dogmatismo) de esperar,
que no sea una moda pasajera. Las revistas traen casi en todos sus
nmeros artculos y notas destinadas a su defensa o a su ataque, libros
enteros se han consagrado a discutir sus concepciones y ha dado la
materia para acaloradas controversias en los congresos filosficos.
Hasta un mdico me deca, no ha mucho, que la ltima palabra en achaque
de curaciones era la teraputica pragmtica.

El pragmatismo se ha levantado en contra del materialismo y de la
ciencia, haciendo suyas arcaicas banderas, pues como lo dice su
principal adalid, el _pragmatismo_ es un nuevo nombre para viejas
maneras de pensar.

Su principal campen es el eminente psiclogo de la Universidad de
Harvard, Mr. William James, autor de los _Principios de Psicologa_, de
la _Experiencia Religiosa_ y de muchos ensayos filosficos.

He tomado como fuente para escribir este estudio, ocho conferencias,
dadas por Mr. James en Boston y en Nueva York, en la Columbia
University, en Diciembre de 1906 y en Enero de 1907 respectivamente, y
publicadas despus en un volumen con el ttulo de _Pragmatismo_[13].

     [13] London. Longman, Green and C..

Este trmino se deriva del griego, significa accin, su raz es la misma
de donde han provenido nuestras voces prctico y prctica. Fu
introducida por primera vez en la filosofa por Mr. Charles Peirce en
1878, quien en un artculo publicado en el _Popular Science Monthly_,
afirmaba que nuestras creencias son slo reglas para la accin y que
para comprender bien el sentido de una idea necesitamos slo determinar
qu clase de conducta ser adecuada a producir. Esta conducta es para
nosotros su nico significado. Para alcanzar perfecta claridad en
nuestros pensamientos respecto de un objeto, necesitamos considerar
exclusivamente qu efectos producir en la prctica dicho objeto, qu
sensaciones debemos esperar de l y qu reacciones debemos preparar.

Estos son los principios pragmticos de Mr. Peirce, que permanecieron
completamente desconocidos durante veinte aos, hasta que en 1898 empez
Mr. James a propagarlos.

En esta fecha, dice nuestro autor, los tiempos parecan haber madurado
para recibirlos. El trmino _pragmatismo_ se ha extendido y ahora ocupa
las pginas de todos los peridicos filosficos.


II

Las conferencias de nuestro autor dejan una impresin muy variada, y
fuera de reconocer el admirable idealismo que campea en algunas de ellas
y la sencillez de su lenguaje, no es fcil dar un juicio de conjunto
sobre todas.

Conviene distinguir entre los principios mismos del pragmatismo y las
consecuencias que el autor saca de ellos. Estas consecuencias nos han
parecido a veces demasiado tradicionalistas, y aqu se encuentra la
razn de que muchos dogmticos lo hayan recibido en palmas, sin percatar
que por otros lados encierra explosivos mortales para muchas
preocupaciones existentes.

Dentro de los principios es menester distinguir una parte lgica y
psicolgica y otra metafsica y moral.

No hay escuela filosfica ni de ningn gnero que sea capaz de
satisfacer por completo a otra persona que su propio fundador, y aun en
este caso no son pocas las veces, me parece, en que el autor mismo
critica sus obras o incurre en contradicciones manifiestas, lo que
equivale a negar alguna parte de lo que ha dicho. Hasta los creyentes de
fe ms ardiente ensanchan de alguna manera las tiranteces de los dogmas,
suavizan la severidad de algn mandamiento y modifican algo a su sabor y
comodidad los sagrados cnones de su credo.

No es posible imaginarse que el pragmatismo haya nacido con ms feliz
estrella que los dems ensayos humanos de orden filosfico o religioso y
resista el examen de los estudiosos, de los aficionados o de los
curiosos, y salga sin mcula de esta dura prueba.


III

Veamos primero el lado lgico y psicolgico de nuestra doctrina. Se
presenta desde luego con caracteres un poco vagos, cuyo primer efecto es
sorprender y extraar al lector. Tomando en cuenta nada ms que la pura
creencia, no cabe negar que las ideas pragmticas son inmejorables. El
autor se concreta exclusivamente al campo subjetivo de la simple
creencia y casi niega la posibilidad del saber objetivo. l dice que
niega la existencia de la verdad a la manera como la entienden los
racionalistas, es decir, como una entidad exterior a nosotros, como un
arquetipo, como una cosa objetiva, inmutable y eterna, respecto de la
cual nuestra misin sea tratar de conocerla.

Tales afirmaciones hacen pensar en que cierto suave vapor de
escepticismo mariposeara en la mente de nuestro filsofo; pero muchos
prrafos de sus conferencias prueban que est muy lejos de ser un
escptico en el sentido corriente de este vocablo.

Con lo que dijimos de Mr. Peirce y su manera de entender los principios
de la nueva escuela que l fund, tenemos ya algunos caracteres de lo
que es o debe entenderse por verdad.

En el curso de la obra de Mr. James se afirman estos mismos caracteres y
se disean otros. Veamos algunos.

Todas las representaciones e imgenes y todos los sistemas filosficos
dependen para nuestro filsofo de los temperamentos de los pensadores.
Probablemente en la mente del autor est el sostener que esta es una
afirmacin que tiene valor slo para la mera creencia, pero l nada dice
al respecto y su proposicin se halla establecida sin distinciones.

La historia de la filosofa es en una gran extensin la de cierto
antagonismo de los temperamentos humanos. Aunque esta manera pueda
parecer poco digna a alguno de mis colegas, tengo que tomar cuenta de
este antagonismo y explicar por l un buen nmero de las divergencias de
los filsofos. Es cierto que un filsofo de profesin trata ante todo de
ocultar el hecho de su temperamento, porque ste no se halla reconocido
convencionalmente como una fuerza dotada de razn, y funda sus
conclusiones slo en razones impersonales. Pero su temperamento tiene
una influencia ms fuerte que cualquiera de sus premisas ms
estrictamente objetivas. l confa en su temperamento. Necesitando un
universo que est de acuerdo con l, cree en la representacin del
universo que est de acuerdo con l.

Siente que los hombres de un temperamento opuesto al suyo se encuentran
fuera de la clave del carcter del mundo y son incompetentes para
ocuparse de asuntos filosficos.

Los distintos temperamentos dan lugar en filosofa a dos tendencias o
escuelas principales: los racionalistas y los empricos. Los primeros
son los partidarios de los principios abstractos y eternos, y los
segundos lo son de los hechos en toda su cruda y desordenada variedad.
(_Lover of facts in all their crude variety_).

No se puede negar que esta clasificacin es simple en demasa. As lo
reconoce tambin el autor.

No pasaremos ms adelante sin decir que no es exacto colocar al
empirismo como desprovisto de principios.

Las grandes leyes de la naturaleza son los principios del empirismo,
dentro del cual la crudeza de los hechos no impide la formacin de
grandes sntesis, que tienen el mrito de no ser _a priori_, sino
fundadas en la experiencia.

Pero estas dos corrientes tienen el inconveniente de ser demasiado
extremas; la una se aleja por completo de los hechos y queda muy en el
aire; la otra carece de espritu religioso, se pierde en la
multiplicidad de los hechos y hace del hombre un juguete de fuerzas
mecnicas inferiores.

No estar de ms tambin intercalar aqu, que dentro de las doctrinas
deterministas, empricas y cientficas el hombre no es slo un juguete
sometido a las leyes naturales, sino que por medio del conocimiento de
esas mismas leyes y formando ideales que son creaciones de su mente,
puede a su vez ser un transformador de la naturaleza y de la sociedad.
Evidentemente nuestro autor debe de referirse a un empirismo muy
restringido.

Contina Mr. James:

Lo que ustedes necesitan es una filosofa que no slo ejercite sus
poderes de abstraccin intelectual, sino que los mantenga tambin en
conexin con este actual mundo de vidas humanas finitas. Ustedes
necesitan un sistema que combine las dos cosas, la lealtad cientfica
hacia los hechos, la disposicin a tomar cuenta de ellos y el espritu
de adaptacin por un lado, y por otro la antigua confianza en los
valores humanos y en la espontaneidad que de ellos resulta. Y tal es su
dilema: Ustedes encuentran ambas partes de su _quaesitum_ separadas y
sin esperanzas de unirse. Ustedes encuentran el empirismo del brazo con
el inhumanismo y la irreligin, o la filosofa racionalista que puede
llamarse a s misma religiosa, pero que se mantiene fuera de toda
relacin definida con los hechos concretos, con las alegras y las
penas.

Este modo de presentar al pragmatismo nos choca un poco. Segn los
pragmatistas, al estudiar un sistema filosfico no se debe preguntar
uno si es verdadero o falso en sus lneas generales, sino si le conviene
o no le conviene. El pragmatista les dice a sus nefitos: yo les
recomiendo este sistema, no porque sea verdadero, sino porque es el que
ustedes necesitan. De la verdad o error objetivo que l encierre no nos
preocupamos. Es cierto que puede afirmarse que se habla de conveniencia,
en cuanto conveniencia intelectual, es decir, como de un cuerpo de
doctrinas dotado de consistencia intelectual y exento de
contradicciones.

Por supuesto, Mr. James habla ms adelante una vez de la consistencia
intelectual; pero ahora se refiere ms bien seguramente a la
conveniencia entendida en un alto y total sentido humano.

As contina:

Ofrezco esta cosa singularmente llamada pragmatismo como una filosofa
que puede satisfacer ambas aspiraciones. Puede permanecer religiosa como
el racionalismo, pero al mismo tiempo, de acuerdo con el empirismo,
puede estar en el ms fecundo contacto con los hechos.

Fuera de afirmar esos principios que envuelven una negacin de la verdad
objetiva, y sobre lo que tendremos que volver en ms de una ocasin, el
pragmatismo es muy principalmente un _mtodo_.

El mtodo pragmtico es ante todo un mtodo para fijar las cuestiones
metafsicas que de otra manera podran ser interminables. Es el mundo
uno o vario, determinado o libre, material o espiritual? Estas son
nociones que pueden ser o no ser verdaderas respecto del mundo, y
disputas sobre tales nociones no tienen fin. El mtodo pragmtico
consiste en cada caso en tratar de interpretar una nocin por las
consecuencias prcticas que pueden desprenderse de ella. Qu diferencia
podr haber para m en que esta o aquella nocin sea verdadera? Si no se
puede trazar ninguna diferencia prctica, entonces las alternativas
significan prcticamente la misma cosa y la discusin es ociosa.

El pragmatismo se aparta de toda abstraccin (no se dice si con base o
sin base), de toda solucin verbal, de las razones malas _a priori_, de
los principios fijos (no hay naturales entonces?), de los sistemas
cerrados. Busca lo concreto, los hechos (sin explicarlos por medio de
inducciones?).

Por lo dems, el pragmatismo no se interesa por ningn resultado
especial; es slo: 1., un mtodo, y 2., una teora gentica de la
verdad.

Pero si segus el mtodo pragmtico no podis considerar ningn trmino
(de estos con que se designan los grandes principios: Universo, Dios,
Materia, Razn, lo Absoluto, la Energa) como una solucin que ponga fin
a vuestras investigaciones. Necesitis sacar de cada trmino un valor
prctico (_practical vash-value_), ponerlo a la obra en la corriente de
vuestra experiencia. Es, pues, antes que una solucin un programa para
nuevos trabajos y especialmente una indicacin de cmo pueden cambiarse
las realidades existentes.

Sobre esta admirable tendencia meliorista del pragmatismo tendremos que
volver ms adelante.

Ante todo conviene que dejemos bien establecido que el pragmatismo no se
interesa (terica y especulativamente) por ningn resultado especial y
que no rechaza ninguna hiptesis si se desprenden de ella consecuencias
tiles para la vida.

Un pragmatista puede ser ardoroso socialista y otro al mismo tiempo
reposado individualista; de igual suerte no hay que admirarse si un
pragmatista es ateo y otro desta. Lo nico que est reido con lo ms
ntimo de su idiosincrasia es el dogmatismo y cuanto trabe su accin
meliorista. No puede ser dogmtico: su espritu est abierto a todos los
vientos de la experiencia, y los resortes de su actividad listos para
girar en el sentido de la mayor conveniencia humana.

Sin embargo, este es el caso de distinguir entre los principios de la
doctrina y las consecuencias que el autor saca de ellos. Estas son tan
determinadas y tan armnicas, que cuesta creerle al autor que no se
interese por ningn resultado especial.

Concluyamos de definir la concepcin pragmtica de la verdad.

La verdad significa el acuerdo de nuestras ideas con la realidad, as
como la falsedad significa su desacuerdo.

Los pragmatistas y los intelectualistas aceptan esta definicin como
indiscutible. Principian a reir slo cuando se presenta la cuestin de
qu se entiende por el trmino _acuerdo_ y qu por el de _realidad_,
tomada esta como una cosa que reclama de nuestras ideas que se
encuentren de acuerdo con ella.

Al responder a estas preguntas, el pragmatista es ms analtico y
cuidadoso, el intelectualista ms ligero, superficial (_offhand_) e
irreflexivo. La creencia popular es que una idea verdadera debe ser una
copia de la realidad a que se refiere. Los intelectualistas presumen
adems que _verdad_, quiere decir esencialmente la existencia de una
relacin esttica, inerte. Cuando habis logrado tener una idea
verdadera respecto de algo, habis llegado a un fin en cierta materia.
Usted se halla en posesin de la verdad, usted sabe, usted ha cumplido
con su destino de pensador, usted se encuentra donde deba estar
mentalmente, usted ha obedecido a su imperativo categrico y no necesita
seguir ms all de esa cima de su destino racional. Epistemolgicamente
usted se halla en equilibrio estable.

El pragmatismo, por otro lado, formula su acostumbrada pregunta. Si se
discute si una idea es verdadera o falsa, interroga l: Qu concreta
diferencia se desprender para la vida actual del hecho de que sea
verdadera o no? En qu forma se realizar esta verdad? Qu
experiencias nos resultaran distintas por el hecho de ser verdadera y
no falsa la creencia? Cul es el valor de la verdad en trminos
experimentales?

La respuesta del pragmatista es la siguiente: _Ideas verdaderas son
aquellas que nosotros podemos asimilar (?), validar, corroborar y
verificar. Ideas falsas son aquellas con las cuales no podemos hacer
esto._ La verdad de una idea no es una propiedad estacionaria, inherente
a ella. La verdad suele residir en una idea (_Truth happens to an
idea_). Esta puede llegar a ser verdadera por los acontecimientos. Su
verdad es un suceso, es un proceso de verificarse, su _veri-ficacin_.
Su validez es el proceso de su _valid-acin_.

Las voces mismas _verificacin y validacin_ significan,
pragmticamente, ciertas consecuencias prcticas de la idea verificada y
validada.

La posesin de la verdad, lejos de ser un bien en s mismo, es
nicamente un medio preliminar para otras satisfacciones vitales. Si me
encuentro perdido en un bosque y a punto de perecer de fatiga y
encuentro la huella de las patas de una vaca, es de suma importancia que
yo infiera la existencia de una habitacin humana al fin del sendero,
porque si razono as y sigo las huellas, me salvo. El pensamiento
verdadero es til aqu, porque la casa que constituye su objeto lo es
tambin. El valor prctico de las verdaderas ideas depende, de esta
suerte, primeramente de la importancia prctica que su objeto tenga para
nosotros. Los objetos o contenidos de tales ideas no son efectivamente
importantes en todo tiempo. En otra ocasin puedo no preocuparme de tal
casa, y mi idea de ella, aunque verificable, estar prcticamente
desprovista de valor y har mejor en permanecer latente. Usted puede,
pues, decir de una verdad que es til porque es verdadera y que es
verdadera porque es til. Ambas proposiciones (!) significan exactamente
la misma cosa y en particular que hay una idea que ha sido completada y
que puede ser verificada.

Las realidades son, o hechos concretos o especies abstractas de cosas y
de relaciones percibidas intuitivamente entre ellas. Adems, y en tercer
lugar, el trmino realidad quiere decir el conjunto de verdades que
poseemos en un momento dado, porque nuestras nuevas ideas deben ser
tomadas en cuenta. Estar de acuerdo con esta triple realidad quiere
decir nicamente _el poder ser guiado, o directamente hacia ella o hacia
sus inmediaciones_ (surroundings), _o el ser puesto de tal manera en
contacto con ella que sea posible manejarla a ella misma o a algo
relacionado con ella, mejor que si estuviramos en desacuerdo_. La cosa
esencial es el proceso de ser guiado.

Nuestra explicacin de la verdad es una explicacin de las verdades (en
plural), de los procesos que sirven para guiarnos y conducirnos. La
_verdad_, para nosotros, es simplemente un nombre colectivo relativo a
algunos procesos de verificacin, como lo son igualmente los trminos de
_salud_, _riqueza_, _fuerza_, que designan otros procesos relacionados
con la vida. El concepto de verdad se forma, lo mismo que los de salud,
riqueza y fuerza en el curso de la experiencia: es una abstraccin
creada por el hombre. Las verdades emergen de los hechos y reaccionan
despus profundamente sobre stos y agregan algo a ellos. Los hechos en
seguida crean o revelan nuevas verdades, y as indefinidamente. La
experiencia cambia sin cesar y nuestras proposiciones sobre la verdad
tienen que cambiar tambin.

Las teoras son instrumentos para la accin (prctica o intelectual) y
no soluciones de enigmas en que podemos descansar, (_answers of enigmas
in which we can rest_).

Las verdades, por otra parte, son simplemente el resultado de una
transaccin entre ideas antiguas y nuevas. El individuo tiene un
_stock_ de viejas opiniones. Las nuevas experiencias las obligan a
extenderse, ampliarse, dilatarse. Algunas de estas resultan en
contradicciones con aquellas, de donde proviene una perturbacin
interior que sorprende a su mente y de la cual trata de librarse
modificando su masa de opiniones previas. Salva de estas todas las que
puede, porque en materia de creencias somos extremadamente
conservadores. As, trata de cambiar primero una opinin y despus otra,
hasta que al fin alguna idea nueva logra introducirse en el antiguo
_stock_ con la menor perturbacin posible. Ideas objetivas que no estn
sometidas a este proceso no existen.

Agreguemos un ltimo rasgo para terminar con los perfiles de la verdad,
entendida segn las concepciones pragmatistas.

Con el desarrollo de las ciencias, dice nuestro autor, ha ganado
terreno la nocin de que las ms de las leyes, tal vez todas, son slo
aproximaciones. Las leyes mismas han llegado a ser tan numerosas que ya
no se pueden contar y se proponen tantas frmulas opuestas en todas las
ramas de las ciencias, que los investigadores han llegado a
acostumbrarse al concepto de que ninguna teora es absolutamente la
trascripcin de la realidad y de que todas ellas son utilizables desde
algn punto de vista.


IV

Ahora, para dar ms claridad a nuestras ideas y facilitar el anlisis de
la concepcin pragmatista resumamos en unas pocas proposiciones los
caracteres que distinguen a la nueva escuela:

1. Las creencias, las ideas y hasta los sistemas filosficos dependen
de los temperamentos de los pensadores.

2. No hay verdades objetivas en s.

3. Llegan a ser verdad aquellas representaciones que se adaptan,
amoldan, injertan en el _stock_ de las creencias establecidas; no las
que chocan con stas.

4. El toque para conocer si una idea es verdadera est en que sirva
para la prctica. Es verdadera la idea que conviene a la accin.

5. Lo verdadero es til y lo til es verdadero.

6. La idea de la verdad es una abstraccin formada y transformada por
la mente humana en el curso de la experiencia, como las de salud,
riqueza, fuerza y otras semejantes. No son cosas en s, sino creaciones
humanas que se van haciendo y modificando.

7. Las leyes cientficas constituyen slo generalizaciones
aproximativas. Las teoras no deben ser consideradas como
transcripciones absolutas de la realidad y todas (se entiende que hasta
las ms contrarias) son utilizables desde algn punto de vista.

Por suerte, al examinar estas proposiciones, no nos encontramos en
aquellos ajustados casos que eran propios de algunas dietas o asambleas
de otros siglos que deban de aceptar o rechazar en _block_ los
proyectos que se les presentaban. Podemos a nuestro agrado y sabor
comulgar con algunas y apartarnos de otras.

Empecemos por lo que es ms agradable a nuestro corazn humano; con el
acuerdo, la comunin con nuestros semejantes y veamos cul de esas tesis
nos parece aceptable.

En esta condicin se encuentra la sealada bajo el nmero 6.. All se
halla expresada la teora gentica de la verdad. La verdad es un trmino
abstracto, sin existencia real, que usamos para designar el conjunto de
las verdades ms o menos concretas y ms o menos generales que son las
que efectivamente existen. No hay, pues, una verdad inmutable. Las
verdades las formamos en virtud de la experiencia y las transformamos
por medio de nuevas experiencias. La vida intelectual entera de la
humanidad es una serie de ensayos de interpretaciones totales o
parciales del mundo, rectificados sin cesar en atencin a la percepcin
de nuevos hechos, al registro de nuevas observaciones que se ponen en
contradiccin con las representaciones anteriores. As se va verificando
una eliminacin continua de lo que va apareciendo como errneo. No de
otra manera han ido siendo reputadas falsas todas las cosmogonas
antiguas y las leyendas mitolgicas de los pueblos primitivos; as ha
sido reemplazada la teora geocntrica de Tolemeo por la concepcin
heliocntrica de Coprnico y as ha sustitudo a la hiptesis de la
creacin la de la evolucin para explicar el origen de las especies
animales. Todas las metafsicas y todas las religiones, sin excepcin de
una sola, no son ms que tentativas de interpretacin de los misterios
del mundo, que sufren a poco de haber nacido un inevitable fracaso,
porque son pequeas para la realidad y esta en su complejidad grandiosa
las rompe y rebasa por todos lados a pesar de los esfuerzos que gastan
sus adeptos para ocultar los quebrantos y roturas de su nave ideal. La
tela y la madera primitivas se llenan de parches y de correcciones
exigidas en el curso de la experiencia, y de la sustancia que fu la
medula del sistema o de la religin en un principio, apenas va quedando
el nombre.

Que as como fabricamos las verdades fabriquemos tambin la realidad, es
un aserto un tanto alambicado que volveremos a considerar ms adelante.

Las afirmaciones contenidas en los nmeros 1. y 2. expuestas con toda
su temeraria desnudez en una de las primeras conferencias, reciben
algunos retoques ms tarde, que nos hacen salir en parte del caos del
ms extremado subjetivismo en que ellas nos haban sumergido. No todas
las representaciones dependen exclusivamente del temperamento del
pensador, y es menester reconocer la existencia de algunas verdades
objetivas. El mismo Mr. James dice en la conferencia sobre la nocin de
la verdad: Hay relaciones entre ideas puramente mentales, y cuando las
creencias que a dichas relaciones se refieren son verdaderas, llevan el
nombre de definiciones o de principios. Es un principio o una definicin
que 1 y 1 son 2, que 2 y 1 son 3, y as sucesivamente; que el color
blanco difiere menos del gris que el negro, que cuando la causa
principia a obrar el efecto tambin principia. Estos son indudablemente
ejemplos de principios que no dependen de los temperamentos y que
encierran verdades objetivas. Mr. James no seala ms casos; pero no
cabe dudar de que la lista podra aumentarse con todos los hechos
comprobados y sometidos a mediciones matemticas y cientficas y que se
encuentran sustrados a la apreciacin caprichosa y subjetiva del
temperamento de cada cual.

Las proposiciones que he colocado bajo los nmeros 4. y 5., fueron las
que especialmente sobrecogieron mi nimo y me dejaron perplejo cuando
las le por primera vez. Cmo es posible, me pregunt, que la prueba
para conocer si una idea es verdadera est en que sirva para la prctica
y que sean aserciones igualmente ciertas que lo verdadero es til y lo
til es verdadero?

Tales frases las tom como las exterminadoras de la lgica y de todas
las ciencias, de una plumada. Ya, despus de esta novsima doctrina, no
hay que buscar certidumbre ni en la evidencia ni en los mtodos lgicos
y deben dejar de existir la fsica, la qumica, la biologa, la
psicologa, etc., y todas las ciencias concretas derivadas de stas, de
las cuales, a su vez, la industria de todos los pases y muy
especialmente la de los compatriotas de Mr. James, saca tan tiles y
fecundas aplicaciones. Tanta extraeza me caus esto, que pareciome una
aberracin que no poda ser tomada en serio y me di a pensar en la
suerte que habra corrido la nueva escuela filosfica si en lugar de
llevar por padrino a un filsofo de fama mundial, como Mr. William
James, hubiera llegado a los grandes centros de estudio amparada tan
slo por el modesto nombre de un pastor protestante de un pobre pueblo
de provincia. Seguramente no habra encendido las discusiones que ha
encendido, no habra provocado uno slo de los artculos de revista que
han visto la luz por ella, y los filsofos, al conocerla, habran a lo
ms y en el mejor de los casos, desplegado sus ms irnicas y
despreciativas sonrisas. Pero no ha sido as: el mundo de los filsofos
ha discutido vivamente el problema de la verdad, y el pragmatismo y el
humanismo, el intelectualismo y el racionalismo han esgrimido sus
mejores armas para obtener el triunfo.

Primeramente es menester reconocer que la concepcin pragmatista da
lugar a confusiones. Hasta ahora nosotros hemos distinguido con
fundamento y claridad las verdades propiamente dichas (que pueden ser
amargas) y errores convenientes para inducir a obrar. A un nio
embustero le podemos decir que abrigamos plena fe en su palabra (aunque
precisamente no sea as) a fin de que l mismo adquiera confianza en su
persona y no mienta. Un error sirve para la accin mucho mejor que la
verdad en este caso. A una madre que adora a su hijo no es posible
decirle la verdad de que ste ha muerto. La verdad, lejos de servirle
para la accin, podra ocasionarle un sncope o arrancarle a ella misma
la vida. El error es salvador en esta ocasin y la verdad es funesta. En
conformidad a la doctrina pragmatista la verdad sera que el hijo no
haba muerto. No es necesario insistir sobre tales naderas.

En segundo lugar, con la doctrina que analizamos se pierde todo criterio
para juzgar el pasado. Para los antiguos irneos fu de suma importancia
su creencia en Ormuz y Ahriman. Por favorecer a aqul y hostilizar a
ste cultivaron sus campos, fertilizaron las tierras estriles,
domesticaron los animales tiles y exterminaron las bestias dainas.
Nosotros no debemos decir nicamente que la fe en Ormuz fu til para
los persas sino que, pragmticamente, Ormuz y Ahriman tuvieron tanta
existencia real como, por ejemplo, el Tigris y el ufrates, cuyas aguas
utilizaron los persas cuando conquistaron la Mesopotamia. Como el
pragmatismo no cree en la existencia de verdades objetivas, quedan para
l dentro de la misma penumbra la simple creencia que es un acicate para
la accin y la representacin que, adems de impulsar la accin, va
acompaada de certidumbre objetiva.

En tercer lugar, no es posible tener una norma para juzgar nuestras
representaciones relativas a entidades o cosas que no se hallan al
alcance de nuestra experiencia. El pragmatismo renuncia al manejo de los
principios lgicos y no se inquieta por las contradicciones cuando se
trata de infundir vigor a la accin. Freno poderoso para la impulsividad
de sbditos salvajes ha de ser que crean a su reyezuelo dotado de
poderes mgicos. El pragmatismo debe decir entonces que es una verdad la
existencia de la hechicera como don sobrenatural otorgado a algunos
hombres. Para la conducta de algunos pazguatos puede ser mejor que crean
en el infierno; y el pragmatismo debe consagrar con su sello filosfico
esta creencia vulgar, sin importarle un ardite lo inconcebible que es la
suposicin de una sustancia material o espiritual que est ardiendo
eternamente sin consumirse.

En cuarto lugar. Al proferir la frase lo verdadero es til y lo til es
verdadero me parece que un eco burln repitiera lo bello es til y lo
til es bello, lo bueno es til y lo til es bueno, la lezna del
zapatero es til, la lezna del zapatero es bella. He aqu la doctrina
ideal para los abogados y rbulas, para los farsantes, para los
polticos que engaan: si conservan en algn rincn de su alma alguna
partecita de conciencia que de vez en cuando los clava para advertirles
que han mentido, deben apresurarse a aleccionarla con la nueva doctrina
y hacerla comprender que si han perseguido lo til para ellos, no han
mentido. Estas afirmaciones pragmatistas (si no son una pura tautologa)
nos precipitan en una confusin de conceptos donde los trminos se
barajan unos con otros y no es fcil entenderse sobre su significado. Si
decimos que lo til es verdadero y sabemos que la mentira es a menudo
til, llegaremos a la conclusin peregrina de que la mentira es
verdadera. A la inversa, si lo verdadero es til y sabemos cuntas
innumerables desgracias hay verdaderas, seremos conducidos a sostener
que las desgracias son tiles.

No debemos silenciar en este punto una aplicacin que el mismo Mr. James
hace de su doctrina a la teologa. El pragmatismo, dice, no tiene
prejuicios _a priori_ en contra de la teologa. Si las ideas teolgicas
resultan de algn valor para la vida, deben de ser ciertas para el
pragmatismo, en el sentido de que son buenas para dicho fin. No se
puede negar que esta es una admirable, pasmosa afirmacin. Prejuicios
_a priori_ en contra de la teologa! Decir que el pragmatismo no los
tiene y esmerarse en expresarlo, es dar a entender que otra escuela
filosfica los tiene, tal vez el racionalismo, el empirismo o el
naturalismo. Cun infundado es hablar de principios _a priori_ respecto
de ese orden de estudios! Si hay alguna disciplina que haya ido
desacreditndose _a posteriori_ es la teologa. En otros tiempos esta
seudociencia[14] ha sido un fuerte lazo de unin para todas las
inteligencias, un lazo sagrado y querido; y si se ha ido debilitando
despus hasta el punto de encontrarse casi del todo gastado, no ha sido
en virtud de ataques _a priori_, sino por medio de muy lentas enseanzas
_a posteriori_, por los descubrimientos experimentales y cientficos que
han puesto al desnudo la vaciedad e inconsistencia de sus doctrinas, por
lo menos de sus doctrinas relativas a la concepcin del mundo y de la
vida humana.

     [14] La llamo seudociencia porque no puede ser ciencia, aunque la
     designen as los telogos, ya que stos no pueden suponer como
     base de ella la ley de causalidad y el determinismo, que
     constituyen los postulados primordiales de toda ciencia.

Agregando a los puntos que estamos analizando el que se halla expresado
bajo el nmero 3. y que dice que llegan a ser verdad aquellas
representaciones que se adaptan, amoldan, injertan en el _stock_ de las
creencias establecidas, no las que chocan con estas, encontramos nuevas
objeciones que apuntar en contra del pragmatismo.

No se nos ocurre pensar qu actitud decorosa, digmoslo as, podra
haber asumido el pragmatismo ante teoras que hoy son verdades
inconclusas y que cuando recin hicieron irrupcin en la mente de
algunos genios no prometan ventajas prcticas por el momento y venan
armadas de condiciones que, lejos de plegarlas al cuerpo de ideas
existentes, las ponan en pugna con l. Para el pragmatismo esas
teoras, que para nosotros son y fueron verdades, son seguramente
verdades tambin, pero cuando recin salieron a luz debieron de ser
errores. As qu habra contestado el pragmatismo en el siglo XV cuando
se comenz a plantear el problema de si la tierra era redonda o plana, o
la tesis de si la tierra o el sol es el centro del mundo? Qu habra
contestado en el siglo XVII al hacrsele la pregunta de si la sangre
circula o no?

En problemas como estos no ha habido, en un principio, ninguna
conveniencia prctica sealada, segn se tomara un partido u otro. Ms
an, lo prctico, lo conveniente para la accin y la conducta, fu en
aquella poca mantenerse en el error. Si hubieran procedido as los
sostenedores de esas ideas, habranse visto libres de las inhumanas
persecuciones de que fueron vctimas. Si Galileo hubiera sido
pragmatista no habra desafiado las iras de la Inquisicin y hubiera
vivido en paz y oscuramente, sofocando con el manto de la fe los aleteos
de su genio. No incurrir en la injusticia de afirmar que Mr. James
pueda o tenga que aceptar estas inferencias que obtenemos exagerando un
aspecto algo vulgar y egosta que es fcil de explotar en su doctrina.
El idealismo de nuestro filsofo lo eleva hasta colocarlo por encima de
las consecuencias de sus propias premisas.

Una pregunta ms: Fueron pragmatistas o procedieron como tales los
sabios de Salamanca cuando en pleno siglo XVIII rechazaron el introducir
en los cursos de su universidad los sistemas de Coprnico, Galileo y
Newton, porque se hallaban en oposicin con la verdad revelada? No
tomaron entonces la senda ms conveniente para su conducta, para su
prctica, segn la manera de entender de ellos? No repudiaron algo que
no se avena con el _stock_ de sus antiguas creencias? Nosotros decimos
que repudiaron la verdad para permanecer en el error; pero debemos
reconocer que procedieron en un todo como pragmatistas consumados.

As el pragmatismo se presenta no slo como indiferente a la verdad,
sino que an viene a servir, retrospectivamente aplicado, de sostn a
errores manifiestos.

Acercndonos ya al fin de esta parte, examinaremos el ltimo nmero de
nuestro resumen, que dice as:

7. Las leyes cientficas constituyen slo generalizaciones
aproximativas. Las teoras no deben ser consideradas transcripciones
absolutas de la realidad y todas (se entiende que hasta las ms
contrarias) son utilizables desde algn punto de vista.

Si esto acontece con las leyes y teoras cientficas, con mayor razn y
en superior escala debe acontecer con todas las creencias y sistemas
formulados y concebidos con menos precisin que las leyes y teoras
cientficas. A los principios pragmatistas les corresponder el rango de
generalizaciones aproximativas de segundo o tercer grado, y el ser
pragmatista _a outrance_ consistir precisamente en ser pragmatista a
medias. Todava valdra la pena de oir la respuesta que dara el
pragmatista si se le preguntara si afirmar que la sangre circula, que la
tierra gira alrededor de su eje y en torno del sol, no son absolutas
transcripciones de la realidad, sino slo generalizaciones aproximativas
utilizables; o si son an utilizables en algunos casos las ideas de que
la sangre sea un lquido estancado, la tierra forme el centro de nuestro
sistema planetario y su figura sea la de una superficie plana inmvil
bajo la bveda estrellada.

No se nos ocurre que Mr. James fuera a contestar estas interrogaciones
en el sentido que implcitamente se desprende de ellas; pero la verdad
es que nuestro filsofo no distingue en sus conferencias entre leyes
probadas y leyes discutidas, entre teoras e hiptesis y arroja sobre
todo el cuerpo del saber humano el vapor difuso y confuso de su fino
escepticismo y de la desconfianza en la ciencia.

Causa mayor perplejidad ver que quien afirma que las leyes y teoras
cientficas son slo aproximaciones aproximativas utilizables es Mr.
William James, autor de unos _Principios de Psicologa_, donde ha
estampado centenares de reglas que despus en su obra posterior, cuando
habla como pragmatista y no como hombre de ciencia, declara inciertas.
En los filsofos del Renacimiento, eran frecuentes contradicciones como
estas: para librarse de las persecuciones y de la hoguera (lo que no
siempre conseguan) los pensadores se apresuraban a declarar que
aceptaban como cristianos los dogmas que rechazaban como filsofos. Pero
qu temen ahora los pragmatistas? Albert Schinz en su libro
_Anti-Pragmatisme_ presume que temen el desarrollo de una democracia
licenciosa que, falta de frenos religiosos, arrastrar a la sociedad por
pendientes imprevistas. Creo que a los que niegan la verdad y la
certidumbre de las leyes cientficas, movidos por un fantstico peligro
que amenazara a la conservacin social, se les podra preguntar si han
ahondado en sus conciencias y estn seguros de que sea un amplio y
generoso inters social el que los mueve y no algn menguado y apenas
consciente, casi instintivo, inters individual, de clase o de secta.

Un prrafo ms para terminar esta seccin de nuestro ensayo.

La concepcin pragmatista de la verdad es, como se ha dicho, gentica, y
esta parte de la nueva escuela es la que, a nuestro entender, descansa
sobre bases slidas. Es adems instrumentalista, individualista y
voluntarista, caracteres que la conducen al escepticismo.

Este ncleo lgico y psicolgico, que es la esencia de la novsima
doctrina, ha sido el que ha recibido las principales crticas de los
filsofos.

En el reciente Tercer Congreso de Filosofa celebrado en Heidelberg en
Septiembre de 1908, Mr. Josiah Royce, de la Universidad de Harvard, como
Mr. James, hizo una comunicacin sobre la materia con el ttulo de _El
problema de la verdad segn recientes investigaciones (The problem of
Truth in the light of recent research)_. En esta exposicin, el filsofo
americano ha distinguido las diferentes formas del pragmatismo y ha
mantenido contra el individualismo (o subjetivismo) y el
instrumentalismo (o la teora de que la verdad sea un simple instrumento
para la accin) la existencia de una verdad absoluta, independiente de
las necesidades y de la vida social y orgnica, aunque siempre
relacionada con la voluntad, por cuanto es la obra de una serie de
procesos de actividad. Esta doctrina de Mr. Royce tiene de comn con el
intelectualismo que admite una verdad independiente de la prctica
ordinaria y se diferencia de l en que insiste sobre los procesos
activos que su constitucin (de la verdad) supone. Mr. Royce propone
para ella el nombre de Pragmatismo absoluto.


V

Es peculiar de la naturaleza del pragmatismo no enarbolar ninguna
bandera metafsica. Ya hemos visto que no se interesa por ningn
resultado (especulativo o doctrinario) especial, quiere ser ante todo un
mtodo, una teora gentica de la verdad.

Mr. James, como buen pragmatista, empieza por declarar que, todas las
discusiones metafsicas son en s ociosas e interminables y pueden
recibir el dictado de verdaderas o falsas, segn como se coloque el
prisma con que se las mire. Mas, luego les aplica a algunos problemas
de este gnero, tales como el de la existencia de Dios, de la accin de
un designio en el universo (o sea la Providencia) el del libre albedro
y el determinismo (haciendo de esta cuestin una tesis metafsica y no
psicolgica), les aplica el infalible reactivo pragmatista y se pregunta
tan slo cul solucin sera ms conveniente para la conducta en las
tres siguientes tesis y anttesis, o dilemas: que Dios exista o no
exista; que haya un designio en el universo o no; que la voluntad sea
libre o no.

Paso a paso, en las lucubraciones de Mr. James se va cristalizando que
para obrar mejor nos interesa creer en la existencia de Dios, en la
accin de un designio en el universo y en el libre albedro. El nuevo
rbol del pragmatismo, esponjado en sus principales consecuencias, por
uno de sus ms preclaros sostenedores, va a cubrir con su sombra al
aoso tronco del tradicionalismo. Me imagino el placentero recogimiento
que producir en ciertas almas este hecho. El gran psiclogo, despus de
haber remontado la cumbre del saber por el camino de la ciencia, ansioso
de nuevos horizontes, va a buscarlos al templo proteiforme del desmo.
Adems, por su defensa del libre albedro, y de la idea de una vida
futura, en cuanto sirven para favorecer nuestra mejor conducta, y
sosteniendo que lo primero es obrar bien y que despus viene el pensar
bien, Mr. James comulga en los altares del moralismo criticista, la
tendencia que han defendido en la segunda mitad del siglo XIX Mrs.
Renouvier y Secretan.

Aunque parezca redundancia, debemos decir, con todo, que existe una
diferencia profunda entre el tradicionalismo y el moralismo por un lado,
y el pragmatismo por otro. Las creencias que hemos citado recientemente
sobre la divinidad, la vida futura, la Providencia y el libre albedro,
son para el tradicionalismo y el moralismo representaciones de cosas que
existen en s o de atributos que se hallan dotados de existencia real,
mientras para el pragmatismo son slo creencias, desprovistas de toda
objetividad, imgenes tiles para nuestra conducta, son, casi casi,
ilusiones, aagazas o seuelos destinados a darnos vigor en nuestro
bregar continuo por las variadas corrientes de la vida.


VI

Cualesquiera que sean las objeciones que fluyan en contra del credo de
Mr. James, es no obstante bello, simptico, y en parte grandioso, dentro
de sus tendencias voluntaristas, idealistas y melioristas. Estos rasgos
lo hacen marchar de acuerdo con el humanismo que predican los seores
Schiller y Dewey.

Hablando de los puntos en que se igualan los caracteres del pragmatismo
y del humanismo, dice Mr. James en sus dos ltimas conferencias:

Estas cosas (la verdad, el derecho, el lenguaje, etc.), se van haciendo
a medida que la especie humana avanza en la existencia y son creaciones
que se desarrollan dentro del proceso histrico. Lejos de ser
antecedentes que animan esos procesos, el derecho, el lenguaje y la
verdad, son slo nombres abstractos para sus resultados. Nuestras
creencias no son pues imgenes de la realidad, sino productos hechos por
el hombre. (_Man-made products_).

El mundo es como nosotros lo hacemos (_The world is what we make it_).
Es infructuoso definirlo por lo que fu originalmente o por lo que es
aparte de nosotros; no es ms que lo que se hace de l (_it is what is
made of it_). De aqu... (se infiere)... que el mundo, es plstico.
Podemos conocer los lmites de su plasticidad slo por medio de nuestros
ensayos (_only by trying_) y debemos proceder como si fuera
completamente plstico, obrando metdicamente dentro de esta presuncin
y detenindonos en el caso de que seamos decisivamente contrariados por
la experiencia.

La realidad independiente de nuestro pensar humano es muy difcil de
encontrar.

Nosotros rompemos a nuestra voluntad el flujo de la realidad; creamos
los sujetos de nuestras verdades y de nuestras proposiciones falsas.
Creamos tambin los predicados de ellos, muchos de los cuales expresan
nicamente las relaciones en que se encuentran las cosas con nuestros
sentimientos.

Tanto en nuestra vida activa como en nuestra vida cognoscitiva somos
creadores. El mundo es maleable y espera sus ltimos retoques de
nuestras manos. El hombre engendra las verdades en l.

Nadie podr negar que este papel aumenta tanto nuestra dignidad como
nuestra responsabilidad de pensadores y que da fuerzas inspiradoras al
hombre el saberse dotado de divinas funciones creadoras.

Mientras que para el racionalismo la realidad se encuentra
completamente hecha de una vez y por toda la eternidad, para el
pragmatismo se est todava haciendo y espera del futuro parte de su
complexin.

El pragmatismo es meliorista; ocupa el trmino medio entre el pesimismo
que afirma que el mundo es malo sin remedio, y el optimista que
considera el perfeccionamiento del mundo inevitable.

El pragmatismo vive en medio de un conjunto de posibilidades y se halla
dispuesto a pagar hasta con su propia vida, si es preciso, la
realizacin de los ideales que ha forjado.

Esta concepcin es grandiosamente hermosa, casi potica. El hombre,
formador y trasformador de la realidad; el hombre cooperador en la
creacin universal; y, para los destas como Mr. James, en este gran
movimiento de la vida universal, Dios es un cooperador tambin
(_helper_) y nada ms; es _primus inter pares_.

Examinando con calma la direccin del pensamiento de Mr. James, se ve de
sobra y se ha dicho ya que es voluntarista en oposicin a
intelectualista: afirma que es de ms importancia para nosotros obrar
que perdernos en disquisiciones sobre el conocimiento. Este rumbo no es
una novedad en las orientaciones del espritu humano.

A fines del siglo XIX empez una reaccin antiintelectualista, no slo
en Estados Unidos e Inglaterra, sino muy principalmente en Francia. La
conocida obra de Mr. Jules Payot sobre La educacin de la voluntad, es
fundamental en esta materia y las predicaciones pragmatistas de Mr.
James, lejos de agregar, despus de lo escrito en esa obra, algo a la
veneracin de la voluntad, sealan en parte un retroceso respecto de
ella. Los estimulantes que Mr. James indica para la voluntad en sus
conferencias, quedan reducidos a tener confianza en ella, a creer en el
_fiat_ de los librearbitristas, a esperar la cooperacin divina y
providencial en un mundo guiado por un supremo designio misterioso del
cual nosotros alcanzamos a percatar tanto como pueden percatar de
nuestros proyectos nuestros gatos y perros domsticos. No se puede
negar que esta comparacin es capaz de entumecerle las alas al hombre
dotado de ms impulsos creadores.

Mr. James no cree seguramente en tal peligro, porque mientras en una
conferencia nos eleva a la categora de cooperadores en la creacin
universal, dentro de la cual Dios, como se ha dicho, es un auxiliar
(_helper_), _primus inter pares_, en otra nos coloca respecto del gran
designio que imprime movimiento al universo, en la deprimida situacin
de animalitos domsticos.

Mr. Payot ni nos eleva ni nos abate tanto. Antes de exponer su doctrina
se hace cargo de los dos peligros extremos existentes para conseguir el
desarrollo de la voluntad: el uno lo constituye el desfallecimiento, el
desaliento fatalista, el _aboulie_ que no tiene fuerza para reaccionar;
el otro lo forma la excesiva confianza en el poder de la libertad
humana, en el _fiat_ de los espiritualistas.

Esta ltima disposicin de nimo es expuesta a fracasos irremediables.
Las dificultades no previstas de la accin o de una empresa, desalientan
hondamente al que se ha lanzado a ella armado slo de su confianza en el
valor del querer.

En medio de estos dos extremos el hombre puede triunfar estudiando el
mecanismo de su voluntad, confiando en la formacin de hbitos y
esperando obtener ms y ms relativa libertad entre los deslumbramientos
del libre albedro y las obscuridades del fatalismo, merced al
aprovechamiento de las lecciones del determinismo. Corroborando este
aserto debemos agregar que el determinismo es la nica salvaguardia,
casi el nico creador de la menguada libertad de que podemos disfrutar.
Lejos de confundirse con el fatalismo, es precisamente lo contrario. El
determinismo implica la existencia y funcionamiento de una ley de
causalidad en el orden universal. Segn ese principio, unas mismas
causas o unos mismos antecedentes producen siempre unos mismos efectos o
unos mismos consecuentes.

Nuestro obrar, o si queris hablar como los espiritualistas, el
ejercicio de nuestra libertad, consiste siempre en hacer algo, es decir,
producir algn efecto por medio del movimiento de alguna cosa. Por
ejemplo, yo me propongo ir a Valparaso esta tarde; para conseguirlo
ejecuto una multitud de movimientos, como son la preparacin de mi
equipaje, el proveerme de dinero, trasladarme a la estacin, adquirir
los billetes respectivos.

No hago ningn caudal de que la resolucin misma de mi viaje no puede
ser indeterminada. El hecho de encontrarme en nuestro puerto a media
noche es el efecto de mi voluntad; pero este no habra sido posible sin
el determinismo y la ley de causalidad.

Que una locomotora se mueva por medio del vapor de agua, que a su vez se
ha producido por medio de la combustin del carbn, son meras
aplicaciones de la ley de causalidad y del determinismo. Si os imaginis
un mundo no regido por estos principios y si sois consecuentes debis
convenir en que dentro de tal mundo, para efectuar un viaje, estaramos
en peores condiciones que los volantines de los muchachos de la calle,
cuyo encumbramiento depende de los caprichos del viento.

Concebid un mundo no regido por los principios de que hablo y sed
consecuentes: dentro de ese mundo la dosis de neurosina con que hoy
alentis a un neurastnico puede ser maana o una cosa intil o un
veneno. Las cualidades esenciales y duraderas de las cosas dejaran de
ser tales y se cambiaran al azar movidas por un hado caprichoso y loco.

Qu sera de nosotros si los mltiples antecedentes que hacen que las
golondrinas sean lo que son, no obrasen, y de la noche a la maana
pudieran convertirse en vboras de mortal picadura? Tal universo s que
sera un caos si es que alcanzbamos a vivir en l un segundo para
concebirlo as y decirlo. Si tales cosas no suceden es en virtud de la
uniformidad esencial de la naturaleza, de la ley de causalidad y del
determinismo.

He dicho que el conocimiento y aplicacin del principio determinista es
lo nico que puede aumentar la menguada y mal llamada libertad de que
disfrutamos. Es claro que si queremos hacer una cosa o evitar otra, lo
mejor es conocer las causas y los agentes que nos conducirn a esos
fines, y, lo repetimos, poner en accin esos agentes es aplicar y
confiar en el determinismo. Estamos en situacin de aumentar nuestra
libertad especialmente, cuando disponemos de tiempo para la consecucin
de nuestros objetos.

_El determinismo est en razn inversa del tiempo que falta para que se
efecte el fenmeno._ No cabe dentro de ninguna facultad el evitar que
los hijos de una familia dada sean raquticos, dbiles y torpes si
sabemos que sus padres, adems de tener complexiones enfermizas, eran
parientes muy cercanos entre s. El que nazcan nios degenerados en
tales circunstancias se halla casi fatalmente determinado; pero el
hombre tiene el poder de impedir que este mal se repita en lo porvenir
haciendo que no se verifiquen matrimonios entre parientes cercanos y que
no se liguen por los lazos del amor conyugal sino personas sanas. El
aumento de nuestra propia voluntad se verifica de la misma suerte. Si un
hombre de hbitos desarreglados, glotn y perezoso, lanza una tarde el
_fiat_ y resuelve trabajar inmediatamente despus de su almuerzo o de un
_lunch_ suculento, no conseguir nada, sino adelantarse. Pero si al da
siguiente se levanta temprano, se baa, reforma su rgimen alimenticio y
se modera en el comer y en el beber, empezar a sentir inmediatamente
mayor elasticidad en sus msculos, fuerza para trabajar, viveza de
imaginacin, ms voluntad y ms libertad.

Por todas estas razones hemos dicho que la obra de Mr. Payot corresponde
mejor a sus tendencias voluntaristas que las conferencias de Mr. James.

El voluntarismo del psiclogo de Harvard (por lo menos tal como aparece
en sus conferencias pragmatistas y en su ensayo sobre la _Voluntad de
creer_), puede no slo carecer de eficacia, sino aun ser perjudicial.

Decidle a un dispptico que confe slo en su voluntad para levantar su
nimo abatido, no le proporcionis las pcimas y rgimen adecuados a sus
dolencias y le habris infligido uno de los mayores males de su vida.

Es de advertir que Mr. James, psiclogo, no es voluntarista de la misma
manera que Mr. James, pragmatista. En los _Principios de Psicologa_
trata cientficamente de la formacin de hbitos y de la educacin de la
voluntad.

Ya he dicho tambin que Mr. James considera el problema de la libertad
como un problema metafsico y cree en ella slo por motivos morales. As
las ideas de libertad y responsabilidad pasan a ocupar la categora, no
de poderes y estados reales, sino de postulados ticos, necesarios al
educador y al moralista.


VII

Antes de concluir, permtansenos algunas ltimas observaciones. Vamos a
explotar una de las cualidades esenciales del propio pragmatismo, para
poner en claro cmo su principal caracterstica resulta ser la carencia
de carcter distintivo, cmo es un trmino general que no tiene
connotacin en sentido lgico.

Ya sabemos que se vanagloria de ser antidogmtico; y que cobija bajo sus
alas anhelantes de poder, cualquiera idea que sirva para la accin. De
aqu se infiere que, disintiendo de Mr. James, se puede, no obstante,
reclamar el dictado de ser tan pragmatista como l, siempre que el
contradictor sostenga que sus ideas, distintas de las del psiclogo de
Harvard las considera ms aptas que cualesquiera otras a robustecer su
voluntad.

Ese tercero imaginario podra decirle a Mr. James:

Aceptamos su fe meliorista; pero precisamente por creerlo ms apto, ms
eficaz, ms fecundo, ms salvador, oponemos a su meliorismo
providencialista, vago, metafsico, especie de panacea espiritual y
moral, un meliorismo humano que no est reido con el conocimiento
objetivo de las cosas y confe en las inducciones y deducciones de la
ciencia para introducir ideas nuevas y realizar obras melioristas. Este
pragmatismo reformado, por llamarlo as, cree en la verdad y descansa
exclusivamente en las virtualidades de la accin humana para transformar
al mundo.

Es menester, contina el tercero imaginario, convencerse de una vez por
todas de que la necesidad ms urgente para el hombre es mejorar la vida
de la especie, pensando por ahora nada ms que en ella misma y contando
nada ms que con sus medios humanos. Si existe un Supremo Hacedor,
dejmosle tranquilo entre lo incognoscible, en la caprichosa e
insondable sombra del misterio que envuelve el principio de las cosas.
Procediendo as estamos de acuerdo con su indudable norma de no
intervencin, porque si alguna vez ese Supremo Hacedor di dentro del
caos el primer impulso para el desenvolvimiento de las cosas inorgnicas
y orgnicas, no se puede negar que desde aquel instante dej a los
mundos entregados a la suerte que le resultara del funcionamiento de sus
leyes mecnicas, complejas e invariables; no ha vuelto a mezclarse en
el destino de sus criaturas y se ha retirado por completo a su
enigmtica mansin de lo eterno, de lo infinito y de lo misterioso.

Esta concepcin es franca y adems profundamente religiosa. Establece
la ms santa hermandad entre los hombres, liga a los hijos de esta
tierra con slidos lazos para que venzan mejor las peripecias de su
comn destino; y en lugar de las vanas palabras y pequeas formas e
imgenes, todas muy vanas y pequeas hasta ahora, con que se ha
pretendido llenar el arcano sin fondo de lo desconocido y de los
orgenes del universo, coloca sonriente al frente el trmino _Misterio_.
No adora al indescifrable Supremo Hacedor en los ros, en los mares, en
las montaas, en los templos ni en representaciones antropomrficas,
sino que lo busca donde palpita la esencia de la vida que es y de la
vida que aspira a ser ms, en el corazn de los que sufren y de los que
aman, en el alma de los ignorantes que esperan ms luz para ser tambin
conscientes cooperadores en la creacin, en las pasiones de los
extraviados y de los desequilibrados, para estudiar ensayos fracasados
de las infinitas formas de la palpitante vida, en las esperanzas locas y
en las quimeras de la juventud, que suelen constituir anuncios
inconscientes de lo porvenir, en el espritu de los msticos sinceros,
porque se olvidan de s mismos, en el corazn de los hroes, de los
genios y de los esforzados, porque viven para los dems y forman
cristalizaciones del alma popular.

Llevados en alas de esa concepcin, el tiempo que gastbamos en
invocaciones y splicas debe ir a aumentar las vigilias que consagramos
a nuestras aspiraciones y tareas melioristas, y entonces la serenidad de
un espritu verdaderamente moral y religioso se expresar diciendo:
Estoy bien en conciencia con Dios porque estoy bien en conciencia
conmigo y con los hombres; porque he tratado de descifrar la obscuridad
del destino humano, he puesto con ahinco mi alma en la solucin de este
problema y sinceramente no he encontrado otra que buscar el conocimiento
de las leyes de nuestro universo para mejorar las cosas de esta tierra y
las relaciones de los hombres entre s.

Tales seran las palabras que un espritu lgico podra pronunciar,
reclamando para ellas el calificativo de ser, por el hecho de creerlas
alentadoras de la accin, tan pragmatistas como las que pronuncia Mr.
James, que predica ideas contrarias; tales son algunas de las
inferencias que irrefutablemente cabe deducir de los principios tericos
y mtodo lgicos del pragmatismo.

Pero el pragmatismo aplicado, aplicado por el mismo Mr. James, resulta
otra cosa: es una forma de escepticismo encaminada principalmente a
apuntalar al tradicionalismo. Lo que hace que el conjunto de la obra de
nuestro filsofo resulte contradictorio, porque empieza alardeando de
antidogmatismo para concluir doblando la cerviz bajo el dogmatismo.

Esta escuela filosfica ha encontrado en la gran Repblica del Norte su
cuna y una tierra propicia para su difusin, por dos razones: una es la
primaca que tiene la actividad sobre el pensar especulativo entre los
hijos de aquella nacin, y la otra la constituyen los temores que
inspira el desarrollo de una democracia desbordada que sin freno
religioso pueda ser vctima de su egosmo y de su concupiscencia.

Como ha dicho A. Schinz[15], el pragmatismo es la escolstica moderna,
de igual suerte que la escolstica fu el pragmatismo de la Edad Media.
En ambos casos se ha sacrificado la verdad a la consecucin de fines
considerados superiores.

     [15] Antipragmatismo.

En la Edad Media la filosofa escolstica se cort las alas para seguir
los pasos de la teologa, y ahora el pragmatismo quiere maniatar a la
filosofa para hacer de ella la humilde servidora de la tica
tradicional.

En el pragmatismo hay no slo escepticismo y tradicionalismo; es un
nuevo aspecto del sutil obscurantismo. Podra verse en l tambin una
especie de decadentismo filosfico, de igual manera que el decadentismo
propiamente dicho es un gnero de obscurantismo literario.

Cabe decir que en la produccin de obras obscuras y decadentes, ya sean
filosficas o literarias, no toca toda la responsabilidad a los
escritores que las dan a luz; no: parece que una gran masa del pblico
pide, desea o fomenta tales obras. As como hay gentes que prefieren
contemplar las pequeas realidades de la vida, las realidades
cotidianas, al travs de los vapores del alcohol o del humo de los
cigarros, a pesar de que no ignoran cuan funestos son esos hbitos para
su salud y la nitidez de sus percepciones, de idntico modo muchas
otras, al tratarse de los grandes problemas de la existencia, rechazan
las ideas claras y coherentes, se niegan a examinarlas; prefieren la
confusin que no choca con la imitacin tradicional o los impulsos
hereditarios; prefieren el engao tranquilo a las inquietudes de la duda
y de la reconstruccin mental.

Felizmente no hay cuidado de que entre nosotros prendan en forma tan
amenazante tales retoos de escepticismo intelectual y de obscurantismo
filosfico. Entre nosotros ha echado bastantes races la filosofa
cientfica europea, que por nuestra parte la consideramos _positiva_, en
cuanto al mtodo, _evolucionista_ en cuanto a la ley que rige los
procesos de los fenmenos y _monista_ en cuanto supone la existencia de
una sola substancia. No es tampoco su positivismo tan estrecho que
niegue a la _psiquis_ la facultad de efectuar sntesis creadoras, de
crear formas nuevas, de ser una cooperadora de la creacin universal y
de transformarse y perfeccionarse a s misma. Esa filosofa auna y
armoniza las aspiraciones del naturalismo y del humanismo, prestando a
la accin humana la base del conocimiento objetivo y cientfico, sin el
cual el espritu humano, entregado a los inconsistentes espejismos
pragmatistas de Mr. James, sera como una ave poderosa que, entendiendo
que el aire era un estorbo para emprender un alto vuelo, saliera de la
atmsfera, y por su ilusin temeraria se viera con las alas plegadas
rodando al abismo.

La filosofa cientfica de que hablamos no se halla reida con la ms
elevada vida tica y ofrece a los hombres de estudio los ms ciertos y
fecundos mtodos de investigacin y principios slidos de interpretacin
del mundo, de previsin y de accin. En esta poca de crisis moral y
mental en que se cruzan y luchan las corrientes de ideas ms contrarias,
aparece la filosofa cientfica como el evangelio dotado de superior
eficacia para librarnos del escepticismo que nos echa en brazos de los
placeres sensuales; del diletantismo literario que seala a la
inteligencia desorientada un fin y un goce en las brillantes frases de
hueca sonoridad; para apartarnos de la superidolatra del dinero y del
pesimismo social que engendra el desnimo de la voluntad.

Y si ponemos con amor la conciencia atenta a las sagradas esperanzas
contenidas en las almas jvenes, una voz ntima nos dice que la
filosofa cientfica, que an exige luchas, es la nica disciplina
seria, es el nico mentor slido para esa juventud intelectual que busca
con agitado entusiasmo la senda que debe seguir.




LA EDUCACIN INTELECTUAL Y LA IMITACIN INGLESA


Causa placer considerar el gran inters con que se estudian y discuten
actualmente las cuestiones de educacin. La opinin pblica recibe y da
en este sentido impulsos que han de producir magnficos resultados.

Sin embargo, se ha dejado sentir en los ltimos tiempos una marcada
tendencia a sealar a la educacin rumbos exclusivamente prcticos y a
presentarnos como el perfecto modelo que debemos imitar: la educacin
inglesa. Este propsito es algo errneo y extraviado, porque nace de
ideas inexactas sobre las instituciones pedaggicas inglesas y no es
quizs ms que el resultado del deslumbramiento superficial producido
por el actual podero britnico, cuyas complejsimas causas no se
estudian detenida y hondamente, y porque revela la carencia de una
concepcin clara, propia y llena de alientos de lo que debe ser la
educacin de un pueblo nuevo que quiere dejar grabado con brillante
vigor el paso de su nacionalidad por la historia humana. Los pueblos
como los individuos han de ver ejemplos que seguir en las grandes
personalidades y naciones del pasado y del presente; pero teniendo al
mismo tiempo la serenidad suficiente para conocer los defectos de sus
modelos y nimo inquebrantable de corregirlos y afrontar la vida con
ideales superiores.

Se ha dicho entre nosotros ltimamente en la prensa, en revistas y
discursos, que la educacin que proporcionan nuestros Liceos es mala y
no corresponde a las necesidades del da, por dar sobrada importancia al
cultivo de la inteligencia y no habilitar a los jvenes para ganarse la
vida en cuanto salgan de los establecimientos de instruccin secundaria.

Naturalmente, nuestros Liceos estn lejos, muy lejos de ser perfectos;
pero son infundadas las crticas que se hacen y en parte inadecuados los
remedios que se proponen. Al criticar nuestros sistemas de enseanza se
ha cado en el juicio inexacto de ver intelectualismo exagerado donde no
existe, por la sencilla razn de que observamos muchas cosas a travs de
libros franceses. Algunos franceses, preocupados de una manera anhelante
y casi angustiada de la expansin comercial y colonial de su pas,
dominados con obsesin por la idea de la potencia abrumadora del imperio
britnico, han ido a estudiar en Inglaterra las causas de ese poder
para ver si es cosa que se puede imitar, ni ms ni menos como en tiempo
de Luis XIV observaron los procedimientos y quisieron seguir los pasos
de los holandeses que entonces tenan en el mundo la hegemona de los
mares.

Han credo encontrar esos motivos en las diferencias de educacin y han
iniciado un movimiento poderoso de reforma de su instruccin nacional. Y
han tenido en parte razn.

El programa de enseanza clsica ha consagrado diez horas semanales
durante seis aos al estudio del latn y del griego, las lenguas
modernas se estudiaban mal; apenas se ha dejado lugar para las ciencias
naturales y para la fsica y la qumica, a las cuales se ha consagrado
unas pocas horas como partes subordinadas de la filosofa que se ha
estudiado en el ltimo ao. En contra de este programa se han
levantado las voces de Lemaitre y Desmolins y en contra del
intelectualismo--excesivo tambin--las de Payot y Thomas. Pero ocurre
en Chile algo semejante? Dnde se cultiva y prospera ese
intelectualismo absorbente? Los programas actuales recargan tal vez la
memoria de los alumnos en algunas materias; pero eso no es un
intelectualismo ni defectuoso ni de ninguna clase. Lo que deberan haber
dicho los crticos de nuestra enseanza es que ella conduce al
profesionalismo, lo que es algo enteramente distinto. Precisamente,
entre otras cosas, y dicho sea esto en honor de las excepciones, que son
las que ms sufren con ello, lo que falta en Chile en alto grado es
cultura intelectual general. El mismo Desmolins en su programa de
enseanza nueva y moderna conserva en la seccin de letras el estudio
del griego y del latn y en todos los cursos de su escuela consagra
durante los seis aos cuatro horas semanales a la historia y a la
geografa, mientras nosotros slo les dedicamos tres en los primeros
aos y pronto les dedicaremos tres en todos los aos de las humanidades.
El programa de Desmolins, que es la ltima palabra de lo prctico,
reserva tiempo suficiente a estudios que nosotros o hemos suprimido o
restringido por considerarlos poco tiles. Y aun quieren que seamos ms
utilitarios.

Es igualmente un grave error histrico atribuir el colosal
desenvolvimiento de Inglaterra a la influencia de sus sistemas de
educacin prctica. Al contrario, debe pensarse, que tanto su vasto
imperio como su educacin son efectos de una complicada multitud de
causas histricas y sociales, que han obrado durante varios siglos,
causas entre las cuales es menester reconocer un valor importantsimo a
la situacin geogrfica de la Gran Bretaa y a la raza de sus
pobladores.

Qu sera esa nacin sin la posicin insular que ocupa y sin los
grandes tesoros minerales que le brinda su suelo? Aun la explotacin de
esos mismos tesoros y el aprovechamiento de su situacin han sido
precedidos de grandes movimientos intelectuales. Segn Buckle, del
desarrollo del escepticismo, a fines del siglo XVI y principios del
XVII, result en Inglaterra el amor a las investigaciones cientficas,
que produjeron el progreso constante de los conocimientos a los cuales
debe esta gran nacin su prosperidad. La poca de Bacn, que fu un
resultado del Renacimiento, que di al mundo una concepcin nueva de las
ciencias y de la vida, influy poderosamente en los descubrimientos que
se hicieron ms tarde y en el vuelo que tomaron las industrias. Todos
estos hechos no han sido efecto de una educacin que ensee nicamente a
ganarse la vida. El clima ha infludo tambin, como todos sabemos, en
las actitudes de la raza. Le ha impuesto en un principio una lucha dura
para poder vivir y ha desarrollado en ella esas cualidades de
utilitarismo, previsin y energa que le son propias. El hbito de la
resistencia y del trabajo seculares ha hecho nacer en ella, conforme a
la opinin de E. Boutmy, su cualidad caracterstica dominante, la pasin
del esfuerzo por el esfuerzo, el amor a gastar sus fuerzas con o sin
resultado. Qu sera esa nacin sin esas cualidades y otras, cuyos
obscuros orgenes es muy difcil investigar, que produjeron a principios
y a mediados de los tiempos modernos, junto con la reforma religiosa, la
concepcin de un ideal moral superior, elevadsimo, severo,
intransigente, que hizo de cada pecho una fortaleza y de cada hombre un
hroe? Al analizar el poder colonizador de Inglaterra, dice el ltimo
autor citado, es preciso pensar en la gran accin ejercida en ese
sentido por las religiones disidentes. Los puritanos, los cuqueros, los
wesleyanos, han sido colonizadores por excelencia; son personas que
ocupan en la historia un lugar preeminente por el valor moral
inapreciable que desplegaron para defender sus conciencias, donde ellos
encontraban sus ideales, su nocin de la divinidad; todo lo que puede
valorizar la vida, y las fuerzas suficientes para lanzarse a tierras
desconocidas, a climas malsanos, no arredrndose ni por los bosques
impenetrables ni por desiertos, buscando slo un sitio donde plantar de
manera inconmovible el pabelln de su independencia.

Estos acontecimientos no son consecuencia de la educacin, que se nos
presenta ahora como modelo.

Hasta el siglo XVII otras potencias superaron a Inglaterra en poder
colonial y martimo y slo en el siglo XVIII lleg a tomar esta nacin
las grandes proporciones que creciendo han formado el vasto imperio de
hoy. Si fuera la educacin la causa principal de esa gran evolucin, su
accin debera haberse manifestado claramente en aquella poca. Pero no
ha sido as: la educacin que se nos ofrece a manera de imagen, o es
muy restringida en la esfera de influencia que abarca, lo cual debe
haberla hecho incapaz de ejercer un extenso poder sobre la masa de la
nacin, o ha sido muy defectuosa y reformada slo en la segunda mitad
del siglo XIX. De suerte que antes de este tiempo tampoco se ha hallado
dotada de las virtudes que se le atribuyen.

Probmoslo.

En 1868 se nombr una comisin para que examinara el estado en que se
encontraba la llamada instruccin secundaria. Uno de los miembros de la
comisin, Mr. James Bryce, autor y profesor bastante conocido, resume
as las conclusiones de la comisin:

Las escuelas eran insuficientes en nmero y no estaban situadas donde
se tena necesidad de ellas. La instruccin era a menudo de mediocre
calidad y no existan relaciones orgnicas, sea entre los diferentes
grados de las escuelas secundarias o entre las escuelas secundarias
tomadas en conjunto, o entre stas y las escuelas primarias y las
superiores. En algunas escuelas el exclusivismo religioso haba
aumentado el mal, ya haciendo la escuela impopular, ya excluyendo de
ella toda una categora de ciudadanos. Los medios de que el poder
central dispona para vigilar o reformar eran lentos, costosos y tan
sobrecargados de formalidades legales, que eran totalmente ineficaces.
Algunos maestros eran con frecuencia incapaces y muy a menudo
positivamente iletrados; y sus enseanzas, salvo algunas excepciones,
pobres y superficiales. Algunas de estas escuelas se llamaban prcticas
para atraerse sobre todo la clientela de los comerciantes; pero
convertidas en establecimientos estrechamente comerciales quedaban muy
lejos de preparar bien a sus alumnos para los trabajos de la vida real.

A propsito de esto mismo deca el sabio Huxley en ese tiempo: La
posteridad nos infamar si no ponemos un remedio a esta situacin
deplorable. Y si nosotros vivimos veinte aos ms, nuestras propias
conciencias nos infamarn.

He aqu gran parte de la educacin inglesa de hace menos de medio siglo
juzgada por dos hombres de ciencia ilustres. Puede haber sido esta
educacin la creadora del podero del imperio britnico?

Otro error, especie de error callejero, es el que nos pone ante la vista
como tipo nico de ingls, que debemos imitar, un personaje que anda a
trancos largos, afanado en ganarse la vida y que restaura sus fuerzas
por medio del foot-ball y del cricket; personaje serio, estirado,
sincero e implacable en la lucha por la vida, que aplasta, siempre que
puede, sin inmutarse y correctamente a su rival, y que no se preocupa de
especulaciones intelectuales, desdendolas como algo vano y ftil ms
adecuado para las naturalezas afeminadas y fantsticas de los latinos.
Qu cuadro tan falso, superficial e incompleto!

Es verdad que en Inglaterra jams ha estado en boga la metafsica y que
las ms superiores inteligencias no le han dedicado a ella ni ratos de
ocios, en lo que han obrado muy cuerdamente. Pero de aqu a la
afirmacin de que en Inglaterra no ocupan un lugar preeminente las
cuestiones intelectuales entre las cosas que interesan vivamente a un
grupo selecto y al gran pblico, hay un abismo. Basta para corroborar
este aserto, recordar que ha sido la patria de hombres de ciencia y
filsofos que han ocupado puestos sobresalientes en los anales del
espritu humano por sus servicios, sus descubrimientos y estudios. Desde
Bacn y Newton en los comienzos de la edad moderna, hasta Stuart Mill,
Alejandro Bain, Herbert Spencer, Huxley, Lublock, Macaulay y muchos
otros, en el siglo XIX, la Inglaterra ha contribudo poderosamente al
progreso de las ideas y de las ciencias. Los franceses dicen que los
ingleses no tienen aptitudes para manejar abstracciones; pero esto no
significa que no sean eximios como hombres de ciencia que emplean
mtodos positivos y experimentales, ni tampoco que los que se consagran
a tales estudios dejen de necesitar la abnegacin indispensable para
renunciar a los goces y triunfos mundanos, abnegacin que slo resulta
de un desarrollo superior de ciertos sentimientos altrustas y de la
concepcin de la vida, no como un campo de lucha por la satisfaccin de
apetitos, sino como una arena de esfuerzos equilibrados en que, sin
descuidar las bases necesarias de la propia existencia, se siente el
impulso de cooperar en la obra inmensa e indefinida de la humanidad
entera. Esto es vivir vida completa, dilatar los horizontes de nuestra
conciencia, aumentar la rbita de nuestras sensaciones en el tiempo y en
el espacio y experimentar los goces ms superiores de que es susceptible
la naturaleza humana, ya que todo buen desarrollo de actividad es fuente
de placer.

Pero nada de esto nos hablan los que nos incitan a que imitemos a los
ingleses.

Las grandes Universidades inglesas son centros donde se forma una parte
distinguida de la sociedad, muy selecta por su elevadsima cultura
intelectual. Slo en una sociedad que ha llegado a un alto grado de
intelectualismo se encuentran vidas como la de James Mill, educaciones
como las de J. Stuart Mill, hijo de ste, de Macaulay, de Ruskin, etc.
James Mill era padre de una numerosa familia y careca de fortuna; los
recursos necesarios se los procuraba escribiendo artculos para los
diarios y revistas, y simultneamente encontraba tiempo suficiente para
consagrarse personalmente y con un celo digno de imitacin a la
educacin de sus hijos y para escribir una vasta y bien documentada obra
sobre la India. Ms o menos por 1840 apareci la primera edicin del
Sistema de Lgica de Stuart Mill, y un libro tan abstracto y
especulativo como ese fu agotado rpidamente por el pblico.

Tambin slo es concebible en una sociedad que goza de una alta y
general instruccin la propaganda casi revolucionaria que hacen contra
el estado actual del mundo, espritus tan sobresalientes como un
Dckens, un Thackeray, un Carlyle; y lo que es ms, esos autores
eminentes atacan precisamente la situacin actual de Inglaterra, las
injusticias sociales y los mltiples defectos de una colectividad que
han estudiado con ciencia y arte muy de cerca.

Pero de esto no se ocupan los que nos presentan a Inglaterra como ideal
intachable.

Bajemos ahora de las cumbres. El amor al estudio desinteresado, que
recrea, ilustra y eleva el pensamiento, es igualmente intenso en las
clases medias e inferiores. Algunos ejemplos sern suficientes. En
Birmingham se fund por una sociedad particular el Birmingham and
Midland Institute, que da clases nocturnas a obreros, a los cuales se
les ensea no slo qumica industrial y otros ramos de utilidad
prctica, sino tambin historia y literatura. Este establecimiento en
1886 contaba con 4.190 alumnos. Proporcionalmente Santiago debera tener
3.000 asistentes a sus escuelas nocturnas. Aquella institucin hace ir
un profesor universitario de Londres u Oxford una vez por semana a dar
conferencias.

La llamada extensin universitaria es una prueba brillante de los gustos
intelectuales de los ingleses. En 1867 existan en varias grandes
ciudades asociaciones de seoras que tenan por objeto organizar
conferencias que deban ser dadas por profesores universitarios llamados
especialmente para ello. Fu tal el xito de esta novedad, que las
personas ocupadas solicitaron de los profesores que repitieran en las
noches las conferencias dadas en las tardes antes a las seoras.
Conviene tener presente que esos profesores no hablaban gratuitamente.
Adems, no han tratado en los temas que han elegido asuntos que fuesen
ms o menos de utilidad y provecho inmediatos para su auditorio, sino al
contrario, cuestiones muy generales, casi abstractas, si se considera
que el pblico era no pocas veces compuesto en su mayor parte de
obreros. Delante de trabajadores de Sheffield han pintado el siglo de
Percles; a los tejedores de Oldham les han contado la historia de
Florencia; a los mineros de New-Castle han entretenido con narraciones
sobre la tragedia griega y la Iliada.

Los profesores, encuentran que la seriedad y el ardor con que estos
hombres escuchan y aprovechan y la precisin de su lenguaje son
admirables. Un conferencista conversaba con un grupo de mineros y se
lleg a hablar de la Historia de las ciencias inductivas de Whewell. Un
minero exclam: Ah, he ah un libro que desde hace mucho tiempo deseo
conocer. Stuart Mill lo ataca en un punto; pero, por lo que puedo
juzgar, Mill no tiene razn. Qu tal? Un minero discutiendo sobre
Stuart Mill y ciencias inductivas. Carecer de inclinaciones
intelectuales un pueblo as?

No existe pas en el mundo como Inglaterra donde el pueblo lea ms
diarios, revistas y libros, dice Max Leclerc. El ingls lee toda su
vida, no slo para distraerse, sino para instruirse aun despus que ha
salido de la escuela, porque est naturalmente penetrado de la idea de
que el hombre jams ha concludo de aprender.

_El Times_ anuncia cada da tantos libros recientemente publicados, como
todos los diarios de Pars en una semana.

Con razn ha podido decir Johnson, que Inglaterra, es el pas que
cultiva mejor su suelo y su espritu.

Todos estos detalles son seguramente muy conocidos; pero la verdad es
que en los ltimos tiempos se les ha silenciado por completo y se ha
insistido, recargando de colores los cuadros que se han hecho, en dos de
las otras cualidades de los ingleses: la fuerte musculatura y el egosmo
sincero que no miente. Se ha proclamado, en consecuencia, que es de
urgente necesidad educar a la juventud con dos fines principales:
Adquirir fuerza fsica y actitud para ganarse la vida.

Una de las razones que ms o menos expresa o implcitamente ha hecho
valer para sustentar esta propaganda, es la de que los ingleses han
obrado y han obtenido la supremaca en el mundo.

Ya se ha visto cunto de inexacto envuelve esta afirmacin, cuntas
inolvidables lecciones deberamos sacar de la educacin intelectual del
pueblo ingls y cunto podra ensear un minero de Newcastle, no digo
sobre cosas de su oficio, sino sobre la antigedad clsica, a muchos
ciudadanos de esta tierra.

En realidad, grandes ejemplos que imitar nos ofrece la Inglaterra; pero
debemos proceder a seguirlos sin desequilibrarnos.

La familia es la primera escuela donde los nios empiezan a desarrollar
el carcter que hace ms tarde de ellos verdaderos hombres. Los padres
no miman al nio, no aumentan la natural timidez infantil asustndose
demasiado por cada nuevo paso que el nio da o por algn insignificante
peligro de que se vea amenazado; acostumbran framente, y se entiende
que con cuidado, al pequeuelo a sufrir las consecuencias de que lo
hace. As ejercitan ms su actividad y lo hacen adquirir confianza en s
mismo.

En igual atmsfera de iniciativa y responsabilidad crece el joven. Puede
tener un padre millonario; pero ste goza del derecho de disponer de su
fortuna a su antojo y en aqul domina el sentimiento de que precisa
empezar por combatir solo. No pone sus ojos ni en la futura herencia
paterna ni espera surgir por medio de empeos. Respira un aire viril,
adquiere carcter, confa soberanamente en sus esfuerzos y no deja
penetrar en s aquella idea desconsoladora, germen destructor de la
voluntad, de que sin apoyos superiores nada se consigue, creencia por
desgracia demasiado difundida entre nosotros.

De tal suerte florece ese individualismo que tanto se admira y que es
efectivamente por tantos aspectos digno de admiracin. El individualismo
que consiste en el respeto exagerado de la propia conciencia sin
consideracin a nadie ni al que dirn, siempre que no se violen derechos
ajenos, que sugiere valor moral para no faltar nunca a la verdad, aunque
sean heridos con ella sentimientos de otros y perjudicados intereses
propios; y que hace que cada cual sea capaz de apreciar en s mismo el
mrito de lo que hace sin buscar el aplauso de los dems: este es un
individualismo grande y viril que debemos tratar de inculcar a nuestra
juventud.

Pero si es cierto que la actual educacin de Inglaterra contribuye a
desarrollar esas altas cualidades individualistas, tambin es indudable
que en su origen no se deben a ella. Fueron fomentadas en un principio
por la reforma religiosa y afianzadas soberanamente por la energa y
sacrificios de los puritanos, cuqueros y wesleyanos, hroes de la
libertad personal, que consagraron a la conciencia humana como el
santuario inviolable de toda autonoma, rectitud y justicia. Milton,
Jorge Fox, Penn, son algunos de los adalides de ese individualismo
elevadamente humano, puro e ideal.

Entre otros puntos que se recomiendan en la educacin inglesa, se olvida
que no son prcticas propias de ella, sino que han sido ya establecidas,
por lo menos entre nosotros, por la pedagoga alemana. El estudio del
carcter de los nios efectuado con atencin durante todos los aos que
permanecen en el colegio; el cultivo de relaciones francas, sinceras
entre los alumnos y el profesor, de tal suerte que aqullos consideren a
ste casi como un padre carioso; el cuidar particularmente de la
moralidad, no por medio de sermones, sino con ejemplos, y condenar la
mentira con severidad inflexible, constituyen principios de educacin
que han sido enseados por los profesores del Instituto Pedaggico desde
su fundacin. Desmolins en su libro La educacin nueva cuenta como un
gran rasgo de moralidad inglesa que entre los estudiantes de esa
nacionalidad se considera una cobarda no confesar una falta.
Precisamente, lo mismo nos dijo durante las lecciones del primer curso
nuestro profesor de pedagoga y nosotros con nuestro espritu ladino de
nios mal educados, nos reimos de semejante prueba de valor.

A la implantacin completa de todas esas sanas prcticas educativas, y
en lo que se refiere muy especialmente a la moralidad, se han opuesto
varias circunstancias sociales y de otro carcter, y no ha sido
ignorancia de los procedimientos lo que ha faltado. Para estudiar
detenidamente y mantener relaciones estrechas con cada alumno, es
preciso que las clases sean poco numerosas. Ahora bien, por diversas
causas son frecuentsimas en nuestros Liceos las clases con ms de 50
alumnos: he visto hasta con 70, sin que se consiguiera en todo el ao
seccionarla. La ley misma no permite dividir una clase sino cuando han
entrado ms de 50 alumnos. Con esta enorme acumulacin de nios es
absolutamente imposible dedicar a cada cual una regular atencin.

Se nos dice que una mentira se castiga en Inglaterra con la expulsin.
Con no menos severidad se procede en Alemania.

Imaginmonos el efecto que una medida de esta naturaleza producira por
ahora entre nosotros. El padre del nio expulsado, que, como muchos de
nuestra sociedad, sin ofender a nadie, considera la mentira una prueba
de ingenio, un inofensivo juego de artificio, un deleite mundano, entre
aspavientos e interjecciones enrgicas protestara delante del mismo
nio contra semejante determinacin y la calificara de injusta, torpe
e inadecuada. Pondra en seguida en movimientos sus empeos y sus
relaciones, hablara a sus amigos, algunos de los cuales pueden ser
diputados y senadores, y se cernera sobre el desgraciado rector o
profesor que haba tenido la malhadada idea de imitar a los ingleses,
sin reflexionar en qu pas se encontraba, una atmsfera de desprestigio
y se dira de l que era un sujeto sin tino, que careca de don de
gentes, y quin sabe hasta dnde se llegara si se presentara una
situacin poltica adecuada y el padre fuera un elector influyente.

Imitemos a los ingleses en fundar asociaciones que difundan la
ilustracin en todas las clases sociales. No es posible silenciar en
estos momentos una bella iniciativa tomada por algunas personas
entusiastas y emprendedoras para establecer con recursos privados un
colegio como los mejores ingleses, para lo cual una de esas personas ha
obsequiado ya generosamente el terreno adecuado en Pealolen. Que
nuestros hombres acaudalados imiten a los millonarios britnicos y echen
las bases de escuelas, universidades y bibliotecas ricamente dotadas,
que tengan asegurada en el porvenir una existencia del todo
independiente, de modo que algn da podamos decir de nuestra patria
algo parecido a lo que Johnson dijo de la suya: Ningn pas en el nuevo
mundo cultiva mejor su suelo y el espritu de su pueblo que Chile.

Me ha inducido particularmente a escribir este trabajo la propaganda
activa, constante, apasionada que se ha hecho en estos aos en contra de
la educacin de nuestros Liceos y a favor de la llamada educacin
prctica y del desarrollo corporal. Sent el temor de que se fuera a
producir un desequilibrio lamentable en la cultura de nuestra patria.
Nadie niega la vital importancia de la educacin fsica y la necesidad
de dotar a la juventud de aptitudes que la habiliten para tomar parte
con confianza y xito en los trabajos de la vida; pero insistir
nicamente en estos puntos, sea por considerar que lo relativo al
cuidado de la inteligencia ya est alcanzado entre nosotros, o, lo que
sera peor, por creer que se le ha prestado hasta ahora excesiva
atencin, es concebir de una manera muy incompleta la educacin total e
integral de un pueblo; es cerrar los ojos sobre algunas de las
exigencias ms claras de una nacin, interrumpiendo un proceso histrico
de noventa aos, muchsimo antes de que est terminado, porque la
historia de la educacin en Chile, como pueblo libre, ha sido y debe
continuar siendo la reaccin contra las herencias coloniales que viven
latentes entre nosotros, aunque a fuerza de verlas nos hayamos
acostumbrado a no notarlas, y si ese fin se ha de conseguir en realidad
en alto grado por medio de la educacin tcnica e industrial, la
educacin intelectual es indispensable tambin para elevar el nivel
general de la nacin. Hay tal vez en mi manera de concebir el porvenir
de mi patria, mucho de subjetivismo y casi de sentimentalismo al
imaginrmela como la tierra de un pueblo primeramente robusto, sano y,
por consiguiente, alegre, que sabe sacar del seno de su suelo todas las
riquezas que las transformaciones gigantescas de la naturaleza han
depositado en l; que luego procede a combinar esas riquezas primitivas
y produce las maravillosas combinaciones de la industria que esparce por
el mundo por medio del comercio; de un pueblo que de su abundante savia
reserva una cantidad importante de ella a las labores del pensamiento y
del sentimiento, a las ciencias y a las artes; de un pueblo que en los
trajines mismos del comerciante y del industrial siente refrescado su
espritu por una alegre visin de idealismo que le promete para las
horas de descanso los placeres ms puros y reales de que puede disfrutar
la naturaleza humana: sentir, amar y pensar. Y no se diga, para no
reflexionar sobre estas cosas que son fantasas. Todas las concepciones
de la mente tienen derecho a la vida; son las fuerzas que contribuyen a
disear las formas de lo futuro; los pensamientos de la conciencia
nacional, cuya nica condicin esencial para poder existir ha de ser la
sinceridad. Los ensueos tienen en s una especie de realidad particular
casi tan efectiva como la llamada comnmente realidad.

Renunciar a los ensueos que tienen una base inductiva en el pasado de
la humanidad, que es una garanta y promesa para el perfeccionamiento
posible de alcanzar, es renunciar al progreso, es destruir el nico
mundo verdadero que existe para cada hombre, el mundo de su conciencia;
es llevar el limbo por dentro y Babel por fuera; es cegarse para mirar
por los ojos de una multitud annima; es dejarse cortar las alas por los
que no las tienen.

Sent profundo pesar cuando me impuse de esa propaganda que ms o menos
ha dicho: Jvenes, preocupaos nicamente de ganaros la vida, y para
esto desarrollad vuestra musculatura, lanzaos a la refriega, acumulad
dinero y para distraeros aprended a jugar foot-ball, cricket, lawn
tennis, remad, andad a caballo; y sobre todo lo dems de cuanto existe,
bellos cuadros, hermosas estatuas, msica soadora, libros conceptuosos,
inspirada poesa, ideas humanitarias, regeneracin social, sobre todo
eso corred un denso velo, no pensis en ello y seris felices.

Me imagin la criatura que resultara de esa educacin y el pueblo que
resultara de la suma de esas criaturas. Vi un ser bien conformado, de
fuertes brazos, de amplio pecho, de andar aplastador, admirablemente
dotado para comer, beber, dormir y procrear, movido por un espritu
egosta, no con el egosmo franco y sincero de un ingls que no miente,
sino con el egosmo solapado y disimulado de un latino, y vi un pueblo
de fenicios, de vientres abultados, miradas sin brillo, y cabezas
huecas, especies de pequeos sistemas planetarios que llevaban en el
centro un astro, el oro, alrededor del cual giraban en confuso
torbellino, alumbrados por l, los apetitos.

Qu propaganda tan desconsoladora si se medita sobre el estado actual de
nuestro pueblo. Qu mal ideado ese plan de empujar a los hombres
exclusivamente a ganarse la vida, cuando al revs, gran nmero, si no
todos los defectos orgnicos de que padecemos y las desgracias sociales
que a menudo nos sacuden, tienen sus races en la falta de ideales
firmes y levantados que sirvan a los hombres de freno y luminoso gua;
cuando en medio del escepticismo reinante inevitable est ocupando con
slida base el lugar de los dioses cados y es objeto de veneracin
universal el xito, dolo cuyo carro conduce en alto a no pocos indignos
y ha destrozado a su paso a no pocos desgraciados. Enaltecer a los
hombres prcticos que son cuerpos nuevos con espritus viejos, tumbas
semovientes de las ideas de sus abuelos, nubarrones sociales que
interceptan la luz para s y para los dems, cuando nuestros pueblos
languidecen, no slo por carencia de capitales sino tambin por falta de
iniciativa, de innovaciones y de ideas nuevas.

Denigrar la educacin intelectual cuando la ignorancia general es an
tan densa como las selvas de nuestras tierras no colonizadas.

Las dos terceras partes de nuestra poblacin no saben leer ni escribir.
Hace aos se encontr en la Argentina, que en igual caso se hallaba, la
mitad de sus pobladores y allende los Andes dijeron que esta era una
cifra que marcaba para un pueblo un estado vecino al de la barbarie.
Creemos comnmente que educacin profesional es sinnima de intelectual
y que error tan completo envuelve semejante ideal.

Son notables muchos sntomas que revelan, a pesar del relativamente
crecido nmero de profesionales que poseemos, que el grado de la cultura
intelectual entre nosotros no es elevado. Por qu solo muy de tarde en
tarde visitan a nuestro pas compaas dramticas de fama? Por qu
ninguna revista cientfica o literaria costea sus gastos y a los pocos
meses muere de consuncin? Dedicarse con perseverancia entre nosotros a
las letras y a las ciencias es casi falta de seriedad. El escritor y el
hombre de ciencia no alcanzan la consideracin que logran un diputado,
un senador, un llamado hombre pblico, que son personas muy honorables
si se quiere, pero que no han necesitado para llegar a ocupar la
posicin de que gozan desplegar esa suma de virtudes, esfuerzos y
perseverancia que aqullos han menester en su carrera, siempre tambin
mucho ms fructfera que la de los polticos.

En provincia la cosa es un poco peor. A un profesional o una vez decir
con tono doctoral y convencido que los versos, se entienden los buenos,
no eran asuntos que debieran preocupar a la gente del siglo XX; eran
globos de jabn buenos para entretener a la humanidad en su infancia y
adolescencia. Un amigo me ha contado que en cierta ocasin un msico
clebre proyect dar un concierto en una de las principales ciudades de
Chile, y la persona a quien se dirigi para que le preparara todo lo
preciso le contest que desistiera de su viaje, porque haba llegado en
esos das un circo, cuya competencia no resistira ni por una sola vez.
En nuestros pueblos, a una corrida de toros, va todo el mundo; a una
conferencia, a una fiesta literaria, asisten contadas personas. Hay
mucha gente de la llamada decente que concurre con ms placer a una ria
de gallos que a un concierto. Son rarsimas las personas que leen otras
materias que diarios e insubstanciosas novelas de intriga, cuando leen
algo.

En nuestro pas no existen establecimientos en que se hagan estudios
verdaderamente superiores en el sentido que se da a estos trabajos en
otros pases, es decir, en que se estudie la ciencia por la ciencia sin
otro fin profesional que el de resolver los problemas dejados por los
predecesores en esos ramos y descubrir nuevas verdades. El Instituto
Pedaggico, que sera uno de los planteles que mejor podra corresponder
por varias razones a esa manera de comprender los estudios superiores,
slo prepara profesores, porque el tiempo no alcanza para ms. La
Universidad produce abogados, ingenieros y mdicos; pero investigadores
no se producen en ninguna parte.

Paralelamente con este estado de cosas, es posible indicar otro aspecto
de nuestra sociedad, muy relacionado con aqul: entre nosotros tampoco
existe, propiamente hablando, la carrera de profesor universitario, y si
algunos merecen por excepcin y para honra de ellos el ttulo de tales,
ha sido tal vez porque su amor al estudio, a la ciencia, y quin sabe si
a la juventud, que es la patria de maana, los ha impulsado a
consagrarse a unas labores que brindan muchos goces ntimos, pero que no
dan posicin social. La carrera de profesor universitario no ocupa casi
ningn lugar entre los que pueden asegurar el porvenir de una persona,
por la sencilla razn de que no se destinan para ella las remuneraciones
que necesitara. As tenemos en nuestros cursos de leyes y medicina como
profesores notables, abogados, jueces y mdicos; pero profesores
universitarios verdaderamente tales slo existen como distinguidsimas
excepciones.

Revelan tambin estos hechos el predominio de un intelectualismo
desmesurado?

Un notable profesor de la Escuela de Medicina, pronunciando no hace
muchos das un elocuente discurso en la velada celebrada en honor de
Virchow, se quejaba tristemente de la decadencia de nuestra vida
intelectual, mal que l debe palpar como hombre de ciencia y como
escritor; y atribua el origen de tal situacin al avance de la
democracia, que sofoca las grandes originalidades. Creo que el hbil
profesor en parte tena razn y en parte no. La tuvo al decir que
ciertas civilizaciones que favorecen la implantacin de desigualdades
sociales, irritantes, que acumulan la vida para colmar de bienes a unos
pocos privilegiados mientras las multitudes vegetan en la escasez, son
propias al florecimiento de las artes y de las letras, como se vi por
ejemplo en el Renacimiento y en la mayor parte de las pocas llamadas
antes de ahora siglos de oro. Pero no la tuvo al considerar que el
incremento de la democracia es necesariamente perjudicial al brillo de
las artes y de las letras. Yo creo que la causa de la decadencia est en
las corrientes sociales demasiado fuertes que nos encaminan por todos
lados al utilitarismo. Nos encontramos en relaciones ms estrechas que
antes con el extranjero, y en l no hemos admirado nada ms que su
potencia industrial, comercial y financiera; estamos abrumados por
nuestra pequeez econmica y desesperados con las ansias de ser
grandes. De aqu las tendencias desequilibradamente prcticas que
imperan entre nosotros. Acontece en nuestro campo intelectual lo propio
que en muchos de nuestros campos agrcolas, y en uno y otro lo que
sucede es consecuencia, no de falta de recursos o de tiempo, sino de
falta de gusto o de educacin. En esas haciendas a que me refiero, el
propietario, hombre prctico, ha pensado nicamente de sacar de su suelo
el mayor rendimiento posible y lo ha dedicado todo, todo a producir
trigo. En el sentido que se dirija la vista slo se notan colinas, lomas
y valles amarillentos, sin un rbol, sin una flor. No existe un pequeo
parque en que crezcan ciertas plantas delicadas cultivadas con esmero,
ni tampoco la selva primitiva, la suprema democracia de la flora; no
existe un sitio sombro donde sentarse a descansar, y los sentidos y el
alma no encuentran ah nada ms que la aridez de lo til.

En la agricultura y en la sociedad ese utilitarismo exagerado es
contraproducente; agota la vida y se destruye a s mismo. En los campos
arrasados, las lluvias se hacen ms escasas y las tierras se tornan
estriles, y en las sociedades la rutina embota, aniquila muchas
generosas actividades. El intelectualismo, las ideas nuevas, los
descubrimientos cientficos, son las lluvias vivificadoras, el abono
fecundante que hace surgir incesantemente formas ms perfectas y
creaciones superiores en las comunidades humanas.

Este crecido nmero de hechos prueba que la cultura intelectual general
de nuestra sociedad es baja y que es indispensable fomentarla
equilibradamente y no denigrar tanto su valor como se ha procedido en
los ltimos tiempos. No confundamos el recargo de la memoria con el
cultivo de la inteligencia, que es algo enteramente distinto, y sin
descuidar un solo instante la produccin de riquezas, aumentemos la
cultura para gozarlas y distribuirlas mejor. Dirijamos a la juventud un
lenguaje elevado en que aparezcan sabiamente unidos un utilitarismo y un
idealismo armonizados, de suerte que cada cual en su nave lleve una
sonda para tantear el camino, combustibles y bastimentos en abundancia,
un poderoso foco elctrico para disipar las sombras y para cuando est
lejos del puerto y no vean los faros plantados por los hombres, la
facultad de guiarse por las estrellas.

Digmosles:

Jvenes que estis en el dintel del mundo, que sents vuestros pechos
agitados por variados sentimientos que coloran de rosa cuanto vis, que
os hallis solicitados por contradictorias interpretaciones de la vida,
concebid vuestra educacin como el trabajo armnico que ha de hacer de
vosotros hombres en el ms perfecto sentido de la palabra. Que no se os
culpe de negligencia ni en el desarrollo de vuestro cuerpo, de vuestras
habilidades manuales, de vuestros entendimientos, de vuestra
inteligencia. Consideraos como parte integrante de una gran
colectividad, que mientras ms grande mayor ser la amplitud de vuestro
espritu, a la cual debis amar y por cuyo progreso debis esforzaros.
Pensad que si vuestra patria necesita industrias que la hagan prspera,
tambin ha menester de hombres que trabajen con la inteligencia para que
le den un lugar eminente entre las naciones civilizadas. No olvidis que
los descubrimientos cientficos son requisitos esenciales del adelanto
de los pueblos; que las letras ennoblecen la vida, son las mil voces de
los ideales individuales que llegan a convertirse en ideales sociales y
dan fuerzas que no se encuentran con los alimentos del cuerpo. No
pensis que la existencia del hombre verdadero se satisface con solo
adquirir los medios materiales de nutricin. Mirad el panorama animado
que presenta la humanidad en su marcha, fuente de lecciones eternas.
Pensad con absoluta libertad y originalidad sin dejaros encadenar por
tradiciones que vuestro juicio rechaza, que no sean vuestras ciudades
necrpolis donde aun floten y supervivan los espritus del pasado, sino
talleres de actividad infatigable donde se hermosea el presente y se
forje el porvenir, donde vosotros mismos encontris, entresacados como
productos admirables, los ejemplos de los grandes hombres de vuestra
patria que han sido vuestros compaeros espirituales, porque en su alma
vivieron con vosotros. Id por el mundo con entereza y sin desfallecer, y
si alguna vez sents que se acerca a vuestras puertas la miseria,
acordaos de que la perseverancia es la palanca ms poderosa que se
conoce, de que entre nuestras eminencias intelectuales uno, en cierta
vez, no tuvo que comer y la lectura le hizo olvidar esa necesidad. Otro
principi su vida de hombre antes de los veinte aos sin tener siquiera
cubiertos que poner en la mesa de su familia. As, si tenis amor al
estudio podris sufrir un poco, como aquellos esclarecidos escritores,
pero seris los escultores del alma nacional y recibiris aun en vida la
bendicin de los pueblos. No os dejis solo alucinar por el ejemplo de
esta o aquella nacin. Si Inglaterra tiene sus grandezas, no olvidis a
Francia y Alemania, de la cual ha dicho el gran Taine que en ella sus
sabios y pensadores han ideado y descubierto desde 1780 a 1830 todo lo
que la humanidad ha continuado pensando ms tarde hasta nuestros das,
sin agregar nada substancialmente nuevo. Y sobre todo, sin permitir que
se os deslumbre con los triunfos de otras naciones, esbozad para vuestra
patria un destino ms humano y superior a todos los que nos ofrece la
historia; haced que vuestra fantasa sea un hada benfica en que, de
todas las cualidades que han dado a conocer los pueblos, tome las
mejores para modelar con ellas el ser aun modelado de un pueblo nuevo; y
escogiendo de los sajones la energa, la pasin por el esfuerzo, la
paciencia para la investigacin, la profundidad para pensar, y la
tenacidad para luchar con la naturaleza, y de los latinos el amor a la
justicia, a las formas bellas, al ideal, a la expansin simptica que ve
en cada hombre un hermano, que procediendo as el hada benfica de
vuestra fantasa, oh jvenes, ayudada por el acerado buril de vuestra
voluntad, legue a la posteridad una nacin escogida y sensata, fuerte y
pensadora, que cubra con el vapor de sus creaciones poticas y la
armona de sus msicas el humo y el ruido de sus mquinas, que sea foco
de luz para otros pueblos y la realizadora de la felicidad ideal tantas
veces soada.




LA MISIN DEL PROFESOR

Y LA

ENSEANZA DE LA HISTORIA


Es indudable que para que la tarea de un profesor sea provechosa e
intensa, influyen ms que una serie de mximas sobre procedimientos
tcnicos, el concepto general de la vida que l tenga, una elevada idea
de su misin y un sentimiento profundo de lo que le corresponde hacer en
la sociedad.

Movidos por esta manera de pensar vamos, para principiar, a ocuparnos
brevemente de este asunto del concepto de la vida.

Aunque Spinoza y Ribot sostengan que el hombre no quiere lo que cree
bueno sino que cree bueno lo que quiere, no se puede negar que existe
una relacin de causalidad entre el concepto de la vida y la conducta.
Segn la idea de los filsofos nombrados, tanto la conducta como ese
concepto seran el resultado del temperamento, tendencias y sentimientos
del individuo y no la conducta un efecto del concepto; y, como
consecuencia ineludible, la educacin no ejercera ninguna influencia en
el perfeccionamiento del individuo. Nos parece ms acertado pensar que
la influencia de estas cosas es recproca: las disposiciones
hereditarias, el temperamento, la robustez o debilidad del organismo,
las tendencias y sentimientos influyen en el concepto de la vida, y, a
la vez, un concepto adquirido ms tarde puede reaccionar sobre las
tendencias y sentimientos.

No tenemos el propsito de desarrollar este concepto en su sentido
amplio y completo, tal como se encuentra explayado en el sistema de un
Kant, de un Spencer, de un Haeckel, sino tratar de l slo en sus
conexiones con la moral.

De este sentido amplio slo recordemos que el concepto de la vida que en
nuestra poca predomina, es positivista en cuanto al mtodo, monista en
cuanto a la afirmacin de la existencia de una sola substancia, y
evolucionista en cuanto a la ley de la formacin y transformacin de los
organismos. Es de advertir tambin que los conceptos corrientes de la
vida, conceptos al uso de las gentes de mundo, significan cierto
desconocimiento de esas nociones cientficas. El profesor debe poseer
una ilustracin cientfica general que le permita elevarse sobre las
nociones vulgares comunes, no olvidando que en estas materias el vulgo
no est formado nicamente por aquellos que andan desarrapados y mal
trajeados.

Esta elevacin intelectual y moral del profesor es en la realidad
entorpecida por la accin de varias circunstancias de carcter social.

En nuestra sociedad, y en cualquiera otra tambin, se forma cada cual el
concepto de la vida, aun aqul que baja a la tumba sin darse cuenta de
que se lo ha formado, por medio de la aceptacin pasiva de las ideas
dominantes que circulan bajo la fe de los dems, sin fundamento
cientfico ni lgico y que, por consiguiente, son slo _nociones
fiduciarias, papel moneda intelectual_. La inmensa mayora de las
personas rara vez se detienen a considerar el porqu de las cosas ms
trascendentales de la vida. Entre stas se encuentran los problemas de
la moral y los principios que generalmente se sealan como normas de
conducta. A las ideas de _deber_, _bien_, _virtud_ y otras, se les
concede una existencia real algo mitolgica, y no se piensa que son
puras abstracciones, derivadas de una elaboracin lenta llevada a cabo
por la inteligencia humana. Las personas, obedeciendo a esta concepcin
mitolgica de la tica, no hacen otra cosa que imitar, y de este modo se
van trasmitiendo los usos y creencias. As la base que en cualquiera
poca tienen las normas de conducta se encuentra en la tradicin y en
los hbitos sociales. La sociedad impone sus normas: esta es la doctrina
de la moral sociocrtica, sostenida por Levy Bruhl[16].

     [16] _La Morale et la Science des Moeurs._

Afortunadamente el espritu humano posee, adems de la tendencia a la
imitacin, el poder de invencin que permite que, como en cualquiera
otra materia de estudio o de actividad, sea capaz de llevar a cabo en la
moral innovaciones en las normas y principios tradicionales. Esta es la
doctrina de la moral filosfica defendida por Hffding[17].

     [17] _La morale._

Volviendo al concepto corriente de la vida de que hablbamos en lneas
anteriores, debemos decir que algunos de sus rasgos caractersticos son
una lamentable cortedad de vista y un _filisteismo_ satisfecho. La
sociedad es como es y ha de ser como es, se dice. Se niega la
posibilidad de la evolucin y del progreso. Se afirma la existencia, no
de un orden social que con el tiempo ha de alterar sus principios y la
situacin de sus elementos y clases, sino la permanencia del orden
social actual como algo invariable. Las ideas que llegan a formar el
ncleo de toda alma cultivada, las ideas de justicia, verdad, belleza,
sinceridad y progreso, son divagaciones para esa comprensin corriente
de la vida; dichas ideas llegan a no resistir a la accin destructora
del medio social, y en las conciencias no van quedando ms que una
tendencia imperante, una idea, un anhelo, grabados con vigor
indestructible por el ejemplo de lo que hacen y predican todos los
hombres graves, serios y prcticos: ganarse la vida.

No tenemos para qu entrar a examinar cmo entienden algunos esto de
ganarse la vida, que lo entienden de modo que otros trabajen por ellos o
que otros hayan trabajado para ellos.

Debemos notar, s, que de esa manera de entender la vida resulta la
apreciacin de los individuos y de las ocupaciones slo desde el punto
de vista econmico egostamente comprendido, y no se estiman ni el
carcter ni el talento, ni tampoco la influencia que tengan las
profesiones individuales sobre el adelanto social. Un bolsista, un
abogado y hasta un jugador, es decir, cualquier parsito que se procura
diestramente dinero en abundancia, valen ms en la sociedad que un
educador.

Los daos que de esta falsa escala de valores resultan son
incalculables. Ella aniquila la idea de luchar por el bien de la
sociedad y de la humanidad.

Pero el profesor, por la naturaleza misma de su ministerio, tiene que
darle a la vida un sentido ms elevado. Comte ha clasificado a los
hombres en dos grandes grupos: el uno lo forman los altrustas,
servidores de sus semejantes y propulsores del progreso; y el otro los
egostas, a quienes el filsofo nombrado denomina duramente
_producteurs de fumiers_. El profesor debe considerarse colocado entre
los primeros, y este slo sentimiento abrigado profundamente, vale por
algunas reglas de procedimientos tcnicos y por algunos volmenes de
erudicin. El profesor debe de ser una de aquellas personas que no
comprendiendo la vida sin obligaciones de actividad social y de accin
progresista, no se contentan con ser slo muecos correctos, tratan de
abarcar intelectualmente a la sociedad de que son miembros, en su
conjunto y en sus relaciones con las dems sociedades del orbe, hacen
comparaciones, y,--de acuerdo con aquellos _caracteres profundos_ de que
habla Goethe en sus Memorias (_Aus meinem Leben_), _que han menester
vivir tanto en el pasado como en el porvenir_,--hacen resurgir los
tiempos ya muertos, presienten el futuro, examinan las necesidades
sociales, y esforzndose en atender a ellas, procuran realizar ideales
soados por inteligencias superiores.

El profesor no puede, pues, prescindir de un juicio general sobre la
sociedad en que acta, juicio que tiene que ser al mismo tiempo una gran
sntesis que ponga de relieve la influencia de su propia misin en
relacin con los dems factores y elementos sociales.

No puede prescindir de esta sntesis, entre otras razones, porque debe
creer en el mejoramiento social producido por su accin. En este punto
se le impone el siguiente dilema: O la educacin ejerce la influencia
que esperamos, y en este caso progresaremos; o no ejerce influencia
alguna, y en este caso deban cesar inmediatamente las tareas del
educador, so pena de no continuar siendo ms que un infeliz ganapn.

Se podra preguntar todava si educamos nicamente para no retroceder;
pero sera demasiado cruel nuestro destino si tuviramos que vivir en
una sociedad amenazada de retroceso si no obrbamos, e incapaz de
adelantar si no obrbamos con vigor.

Se impone en definitiva el orientar nuestros actos en el sentido del
progreso. Para llevar a cabo esta obra disponemos de la fuerza creadora
de nuestra _psiquis_, que, acumulando y ordenando los elementos
dispersos que le ofrece el mundo o que ella misma se procura por medio
del anlisis, da a luz las sntesis que son inventos, conceptos, leyes y
procedimientos nuevos que van mejorando las formas de la existencia y
adaptndolas a las necesidades de la realidad.

Tomando en consideracin nicamente las creaciones morales y religiosas,
puede decirse que desde los tiempos ms remotos la inteligencia y el
sentimiento se han preocupado tan slo de dar vida y presentar a la
veneracin general a dioses con caracteres humanos. Pensemos que ya es
hora de crear y presentar al respeto mutuo hombres con caracteres
divinos, pensemos en realizar al revs un hermoso mito griego. Los
griegos imaginaron en un principio que los dioses vivan en el Monte
Olimpo; pero, explorado este monte, nada encontraron y concibieron
entonces la existencia de un Olimpo celeste: los dioses volaron de la
tierra al cielo. Hagamos ahora descender a los dioses o, ms bien a las
cualidades ideales de los dioses del cielo a la tierra, y soemos con
que, empleando todos los medios imaginables de perfeccionamiento, los
hombres se convertirn, por la serenidad de su nimo, la grandeza de sus
especulaciones intelectuales y la pureza de sus goces, en verdaderos
dioses.

En esta magna empresa, que puede presentarse a muchos con todos los
caracteres de un ensueo, le corresponde a los educadores una parte
principal. Que cada educador, en la modesta y reducida esfera de su
accin, se considere como un verdadero redentor intelectual y moral de
su pueblo, como un creador del porvenir; y as fortificar sus
sentimientos y su voluntad y tendr vigor para llevar a cabo sus tareas,
no como un oficinista o un sndico, sino con inspiracin sugestiva,
despertadora de inteligencias y caracteres. Realizar de esta manera una
de las vidas ms dignas que es posible concebir en nuestro planeta:
consagrarse al acrecentamiento y difusin de verdades cientficas y
artsticas, al impulso del progreso y al cultivo de las nobles y frescas
fuerzas de la juventud, rindiendo a estos ideales un culto constante de
amor y trabajo.

       *       *       *       *       *

Entrando a tratar brevemente de la enseanza de la historia, creemos que
debe empezarse por formular la siguiente pregunta que hace Spencer al
principio de su obra sobre la educacin: Para qu sirve esto?

Establezcamos primeramente que la enseanza de la historia en la
instruccin secundaria no puede servir ni para formar investigadores e
historiadores de profesin ni socilogos que, sobre los datos, hechos y
fechas aprendidas, vayan a levantar grandes inducciones sociales.

Para llegar a estas dos alturas intelectuales es menester pasar por una
preparacin metdica y tcnica especial que es propia de la instruccin
superior.

No le quedan otros papeles en la instruccin secundaria a la historia,
que el de la pintura de la vida de los tiempos pasados, comprendiendo
todas las manifestaciones de la actividad humana, a saber, la econmica
religiosa, social, jurdica, poltica, militar, intelectual, moral y
artstica; el de descripcin en sus rasgos generales,--no pintorescos,
como en el caso anterior,--del desarrollo de la humanidad; y el de
exposicin de las leyes generales que de la vida humana pueden
deducirse.

Sucede que no siempre los profesores de historia toman en cuenta los
resultados y fines posibles de la enseanza de dicho ramo, y, teniendo
en vista nicamente o los exmenes del ao o los del bachillerato,
recargan la memoria de los alumnos con una cantidad considerable de
nombres y fechas intiles. Las crticas que Spencer[18] y Fouille[19]
han formulado a este respecto son fundadas. La historia enseada de tal
manera es no slo intil, sino perjudicial. En esta poca en que, por el
desarrollo de los conocimientos, la vida es muy corta para alcanzar a
adquirir todas las nociones realmente necesarias y slidas que los
diversos ramos de estudio ofrecen, se pierde mucho tiempo en aprender
datos superfluos, que los jvenes olvidan para siempre a los dos o tres
meses de haber dejado las aulas del Liceo. Si no los olvidan, quedan
esos datos como muestra de una erudicin vana e inconexa, sin fuerza
sugestiva, y sirven a lo ms para brillar a veces en algn saln y
proporcionar fciles triunfos al amor propio superficial.

     [18] _De la educacin intelectual, moral y fsica._

     [19] _La Rforme de l'enseignement par la philosophie._

El profesor de historia,--en atencin a estas consideraciones,--debe
formularse la pregunta de para qu sirve su asignatura, que hicimos en
algunos lneas anteriores, no slo al empezar sus cursos o al trazarse
un programa, sino antes de cada materia nueva que ensea y antes de cada
clase.

Qu efecto van a llevar a cabo en el espritu de mis alumnos estos
hechos? Van a evocar con caracteres de realidad la vida del pasado y
fijar puntos de comparacin con la vida del presente? Sugerirn por sus
condiciones dramticas (como puede suceder con la muerte de Csar) una
impresin artstica y despertarn inters por estudiar ms
detalladamente algunas obras histricas y biogrficas? Harn pensar en
el lazo de unin que liga a estos hechos con otros hechos ya expuestos
oportunamente y ocasionarn as el placer de encontrar por s mismo un
encadenamiento social? Ofrecern el goce de contemplar casi de una vez
el desenvolvimiento total de la humanidad expuesto en sus grandes rasgos
y darn confianza en los destinos y esfuerzos humanos y esperanzas de un
porvenir social mejorado? Alcanzarn los alumnos a deducir por s solos
los principios generales que de estos hechos se desprenden? Se sentirn
emocionados ante el espectculo de las luchas grandiosas de tal pueblo o
de tal hombre? Experimentarn emulacin en vista del herosmo ya sea
brillante, o silencioso y modesto de tal personaje? Amarn los alumnos,
despus de lo que se les ensea, amarn ms que antes a la verdad, la
sinceridad, la justicia, el progreso, la belleza, la patria, la
humanidad, y comprendern mejor el valor de la solidaridad humana?

Estas son algunas de las formas en que, segn las circunstancias, el
profesor de historia deber interrogarse a s mismo. Tambin podr
preguntarse: O enseo tales y cuales cosas nicamente para cumplir con
un determinado programa y pasar un sealado examen, y soy, por
consiguiente, nada ms que una especie de aparato comunicante que lleno,
cual si fueran copas, las mentes de estos jvenes, para que despus de
vaciarse ante una comisin especial, obtengan con esto un ttulo y
queden tan huecas como antes?

Es menester, pues, considerar a la historia en la enseanza secundaria
no slo como una coleccin de datos, sino principalmente como un factor
importante de educacin intelectual y moral.

En la educacin intelectual puede influir ejercitando la observacin, la
atencin, la reflexin, la asociacin de ideas y el juicio. Como se
sabe, estas facultades se han de desenvolver presentando a los alumnos,
no soluciones hechas, sino cuestiones por resolver y acostumbrndolos a
dar a sus percepciones la mayor exactitud posible y hacer anlisis
completos de los mapas, cuadros u objetos que sirvan de base al
estudio. Los nios son capaces de encontrar, gracias a su propia
reflexin, las causas de muchos hechos sociales. Por ejemplo:

Origen de las diferencias de cultura entre los indoeuropeos del sur e
indoeuropeos del norte, durante toda la antigedad, a consecuencia de
los territorios mediterrneos que ocuparon aqullos, y de las tierras
del norte, de clima crudo y alejadas de todo centro importante, que
ocuparon stos despus de su salida del Asia. Tal relacin de causalidad
pueden encontrarla los alumnos con slo hacer que se fijen en el mapa de
Europa, y este procedimiento es ms conveniente y agradable que el de la
simple comunicacin de los hechos por parte del profesor.

Explicacin de la leyenda del Minotauro como un smbolo de la abolicin
de los sacrificios humanos. Por medio de una serie de preguntas
hbilmente dispuestas, y partiendo de la base de que dicho monstruo no
existi jams, y de que bien pudiera haber sucedido que por alguna
creencia de cierto carcter religioso sucumbieran todos los aos en
Atenas siete jvenes y siete nias, es posible conducir perfectamente a
los alumnos a encontrar la causa que se desea.

Explicacin de la leyenda del diluvio universal. Presentando a los
alumnos cualquier plano inclinado que represente sencillamente la
llanura de Mesopotamia, llegan ellos a hacer el mismo descubrimiento del
gelogo Suess, de que lo que se llama el diluvio no consisti en
lluvias torrenciales, como cuenta la leyenda, sino en una salida de mar.

Origen de la idea de dioses con caracteres antropomrficos.
Preguntndoles a los estudiantes si sera posible que una persona
medianamente ilustrada dijese hoy que el rayo es lanzado por un ser
llamado Zeus que tiene su asiento en tal o cual montaa y, contestando
que esto no sucedera porque se sabe en qu consiste el rayo, se llega a
establecer una de las condiciones que hacen germinar las ideas
antropomrficas en determinados estados sociales.

Con lo dicho se comprende en qu forma sera fcil continuar con otros
ejemplos.

La sugestin de asociaciones de ideas derivadas de las relaciones de
causa o efecto o de las percepciones de semejanzas y coexistencias entre
los hechos sociales, es una de las funciones ms importantes de la
enseanza de la historia para la solidez de los recuerdos, formacin de
grandes sntesis y para la amplitud y elevacin de las ideas. Como casos
de esta sugestin pueden ofrecerse los dos siguientes:

Observacin de las circunstancias y causas semejantes que en la
antigedad motivaron el paso de un gobierno monrquico a un gobierno
republicanoaristocrtico en Esparta, Atenas y Roma. En virtud de las
mismas observaciones quedan explicadas simultneamente las respectivas
leyendas.

Observacin de las semejanzas que hay entre el cristianismo y el
islamismo que hacen que las dos religiones no sean ms que retoos de un
tronco comn, el judaismo.

Como se deja ver por las opiniones y ejemplos expuestos, es preciso que
en la clase de historia los alumnos estn en actividad. Tal idea la
manifiesta tambin Rafael Altamira en su obra sobre la _Enseanza de la
Historia_, y llega a recomendar este autor,--a fin de que los alumnos no
reciban pasivamente ni las lecciones del profesor ni las del escritor de
un texto,--que debe estudiarse la historia en sus fuentes mismas, en los
documentos, monumentos, restos, etc.

Se comprende fcilmente cuntas dificultades puede presentar la
aplicacin de este mtodo en cualquier pas y ms en el nuestro, donde
los establecimientos de instruccin no tienen a su disposicin no slo
los monumentos y documentos necesarios para efectuar cursos completos,
pero ni aun cuadros en cantidad y de calidad suficientes.

Por estas razones,--y sin olvidar el principio primordial de la
actividad de los alumnos,--es menester considerar mucho todava entre
nosotros la manera cmo el profesor comunica ciertos conocimientos a sus
alumnos y trata de que stos se los asimilen.

Consideremos primeramente la narracin oral. Usada sta de una manera
exclusiva tiene que ir acompaada del trabajo de redactar apuntes, si el
profesor no habla muy rpidamente, o si sucede esto ltimo, el
estudiante llega a encontrarse sin puntos de apoyo y referencia para
refrescar sus recuerdos.

En el primero de los casos indicados ya ocurre que el profesor dicta
lentamente sus lecciones, lo que hace que la clase sea muy aburrida e
inactiva, tanto para los alumnos como para el profesor, ya sucede que
ste lleva a cabo una narracin propiamente tal y entonces los
estudiantes se ven reducidos, cuando tienen inters, a redactar, segn
sus recuerdos, algunos apuntes en sus casas. Aunque esto es menos malo
que dictar en clase, sin embargo, de todas maneras es recomendable que
no se llegue a caer en el sistema de los apuntes. stos resultan
generalmente escritos con mala sintaxis, mala ortografa, letra apenas
inteligible y muchos errores de fondo, de suerte que el estudiante los
consulta y lee ms tarde slo por necesidad, y, una vez rendido el
examen, o los arroja en un rincn o los deja en legado a otro estudiante
de curso inferior, para quien pasan a ser una calamidad aun mayor. Todo
el tiempo que se gasta en esta labor de resultados fugaces debe ser
mejor empleado.

Cuando el profesor, en el segundo de los casos anotados ms atrs,
narra con mucha rapidez y no repite lo suficiente, y los alumnos, que no
tienen a su disposicin un texto o manual adecuado, no alcanzan a tomar
o redactar apuntes, viene como consecuencia inevitable el fracaso de la
clase.

Por los motivos expuestos, creemos que lo ms conveniente es la
combinacin discreta de la narracin en clase con el uso de un buen
libro fuera de la clase.

Casi no es menester ya detenerse a decir cun censurable es el uso de un
manual o texto mal hecho, recargados de cifras y de nombres, y adquirido
principalmente para que el alumno aprenda de memoria cierto nmero de
pginas que el profesor cuida de indicar en cada clase.

La narracin ha de ser vivaz, casi artstica, evocadora de los tiempos
ya muertos, sugestiva, de modo que haga sentir que la historia es la
vida del pasado.

Para que el profesor est en aptitud de hacer narraciones en la forma
que se acaba de expresar, le es indispensable la lectura de las obras de
los grandes maestros de la historia y de obras literarias y poticas
importantes de la poca de que se ocupa, o de obras de tiempos
posteriores que se refieran a dicha poca. Ejemplos de estas ltimas
seran buenas novelas histricas.

No se puede encarecer lo bastante cun necesaria es la lectura de los
grandes autores para que el profesor de historia manifieste en su clase
el gusto, la confianza y el entusiasmo que la hacen agradable y
educadora. Ni el profesor de los primeros aos de Humanidades debe
prescindir de esas lecturas. A este respecto acuden a la memoria los
nombres de autores como Fustel de Coulanges, Mommsen, Curtius, Taine,
Renan, Macaulay, Buckle, Michelet, Lamprecht, Monod, H. Houssaye, Mitre,
Letelier, Barros Arana, Amuntegui, etc. Entre los historiadores de fama
ms reciente hay que recordar al norteamericano H. Charles Lea, que,
entre otras obras, ha escrito una _Historia de la Inquisicin en la Edad
Media_ (traducida al francs por Salomn Reinach), considerada
unnimemente por los crticos europeos como un libro monumental que en
el porvenir no podr ser superado; y al italiano Guillermo Ferrero que
lleva publicados tres volmenes (traducidos al francs) de su obra
_Grandeza y Decadencia de Roma_.

Debe ser tambin una de las ms importantes consecuencias de las clases
de Historia, que los alumnos mismos de los cursos superiores adquieran
gusto por la lectura de los autores de mrito y que han escrito
sirvindose de fuentes originales. Consiguiendo esto, no slo se ensea
sino que se educa, se encamina a los jvenes por la senda de los goces
delicados y salvadores que procura la comunin intelectual con los
grandes hombres.

Por ltimo, considerando, que en la vida es preciso no slo pensar
exactamente, sino tambin sentir y obrar de las maneras que ms
elevadamente correspondan a las justas aspiraciones individuales y
sociales y a las mutuas adaptaciones de stas,--se llega a apreciar el
valor que la Historia tiene para la educacin moral. Su influencia en
este sentido la ejerce la historia por medio de los ejemplos de trabajo,
abnegacin, constancia, valor moral, independencia y tenacidad para las
luchas legtimas que ofrecen las vidas de los grandes hombres y de los
grandes pueblos. Para que el efecto benfico de tales ejemplos obre
sobre los alumnos, es menester que el profesor sienta primero vivamente
la importancia, belleza y grandeza que dichos ejemplos contienen.




IDEALES PARA LA JUVENTUD


La Federacin de Estudiantes me ha conferido la honra de hablar en esta
hermosa velada, organizada para celebrar el Centenario de la
Independencia Argentina, y como un homenaje a la Federacin
Universitaria de Buenos Aires.

Es un honor que impone serias responsabilidades, y stas crecen cuando,
como voy a hacerlo ahora, no se ha de hablar en nombre de la Federacin
respecto de la Repblica hermana, sino a los estudiantes con motivo del
aniversario que conmemoramos.

Si de toda obra de carcter intelectual, y por consiguiente de un
discurso, se entiende en general que ha de ser la expresin sincera de
un alma y no un conjunto de frmulas huecas, propias de una ceremonia
oficial; si toda produccin que se presenta al pblico como la
manifestacin de un espritu ha de ser la expresin de lo que l tenga
por verdadero y no slo de lo que considere conveniente en ese momento
para su auditorio, en desmedro de la verdad,--es indudable que estas
condiciones se tornan ms exigentes cuando el auditorio o el pblico lo
forma la juventud de una nacin. Hablar a la juventud es practicar un
acto que revista algo de sagrado. No comprenderlo as es como tener en
sus manos el ser an informe de la patria futura y soltarlo,
abandonndole al tiempo tal como se le haba recibido, en lugar de
apretarlo con amor en sus brazos para darle los rasgos que las lecciones
del pasado y la visin del porvenir ensean, para hacerle sentir que es
el depositario dichoso de la fuerza viva ms rica, que ha de ser la
causa y el objeto de las transformaciones individuales y sociales de los
das venideros.

Por tales razones y sentimientos, esta fiesta se me presenta con
caracteres excepcionales que la realizan a mis ojos.

Que los sucesos picos de nuestra independencia sean celebrados
dignamente por la juventud que estudia, es como si los frutos del
herosmo fueran celebrados por el herosmo en flor. Si nos imaginamos,
tal vez de una manera poco precisa, que existe el alma de una raza, el
alma de un pueblo, y que en ella palpita sin cesar algo de heroico que
anda buscando personalidades en quienes encarnarse para realizar lo
grande que las necesidades de cualquier instante de la vida social
reclaman,--esa parte heroica del alma de la raza ha de tener puestas sus
esperanzas seguramente en la juventud que trabaja; en la que no deserta
de las nobles luchas; en la que, al emprender una campaa de adelanto,
no siente el miedo de perder en ella el logro de ambiciones bastardas o
las comodidades de la existencia ordinaria; en la que cree que lo bello
y lo bueno ha de amarse y que, aunque cueste, lo justo ha de hacerse y
lo verdadero ha de decirse.

La juventud, en efecto, (hablo de la que es capaz de disciplina y
esfuerzo), ocupa en la sociedad un lugar privilegiado: ha alcanzado
cierta madurez que le falta al nio, y lleva en su pecho valientes
anhelos e impulsos de que suele carecer el hombre. En el sistema de la
rotacin histrica es como un calor de medioda que apresura el
maduramiento de los frutos del progreso, que no estaran nunca en sazn
al contar slo con la indiferencia de los espritus vulgares y cansados,
que comen, miran y duermen, y creen en los descubrimientos y adelantos
slo cuando se les ponen en las manos.

Esta especie de conjuncin del recuerdo de un gran hecho del pasado
americano con la fuerza generosa de la adolescencia, impone el
considerar con reflexin lo que haremos esta noche y cul ser el orden
de ideas ms apropiadas a ella. En esta circunstancia y en la de que es
poco menos que imposible expresar algo nuevo sobre el patriotismo y la
confraternidad chilenoargentina despus de todo lo que se ha hablado y
escrito en estos das sobre el particular, se encuentran las razones
del rumbo que voy a dar a mis palabras. Al concepto dominante de este
discurso, que es un gnero de patriotismo recomendado a los estudiantes
de cursos superiores, llamadlo, a falta de otra denominacin mejor,
patriotismo intelectual, patriotismo superior o americanismo
intelectual.

Me parece, en consecuencia, que en estos instantes no basta con que nos
regocijemos al rememorar las hazaas de los padres de la patria, sino
que es menester para celebrar y comprender a los hroes, sentir en s
mismo algo de heroico. Proceder del primer modo, slo aumentando la
intensidad de los goces fciles, sera indigno de nosotros, sera como
aplaudir los triunfos de Csar y Alejandro, con las parodias de
Caracalla y de otros emperadores romanos.

Primeramente voy a concretar a un punto esta manifestacin cariosa y
entusiasta de simpata a la Repblica hermana del otro lado de los
Andes, punto que va a ser de admiracin para ella y de enseanza para
nosotros.

Hemos sido y somos en estos das viajeros que recorremos la esplndida
selva de los progresos argentinos; admirados y contentos, hemos puesto
nuestros ojos en sus rboles gigantescos y en sus frutos exquisitos.
Quin ha contado los progresos materiales de esa tierra, quin ha
entonado himnos a sus guerreros, quin ha celebrado la opulencia de su
capital, la segunda metrpoli del mundo latino! Yo, de la floresta, voy
a tomar una flor humilde, especie de violeta del campo social, y a ella
voy a consagrar mi admiracin. Esta flor es la instruccin primaria.
Aspirando su perfume y bendiciendo al suelo que la ha hecho crecer, os
digo mi sentimiento en la siguiente expresin:--Saludemos en la
Repblica Argentina a la primera democracia de la Amrica espaola, a
una democracia que tiene instruccin primaria gratuita, secularizada y
obligatoria. Saludmosla con estos dictados que nos sealan un camino y
que la honran. En efecto, la instruccin primaria de aquella Repblica
desde los seis hasta los catorce aos, y completamente secularizada, de
manera que en las escuelas no se da ninguna enseanza religiosa, a menos
que los alumnos o sus padres la soliciten expresamente, y, en este caso,
la reciben en horas extraordinarias. De esta suerte, la Repblica
Argentina ha llegado a tener una proporcin de un poco ms de un treinta
por ciento de analfabetos, mientras que nosotros contamos con cerca de
un setenta por ciento de los mismos. Estos son los resultados funestos
de un concepto de la libertad, an poderoso entre nosotros, que se
resiste a hacer compulsiva la instruccin ms indispensable al
ciudadano, libertad que, as entendida, no es otra cosa que una
desorganizacin erradamente individualista, feudal y anrquica. A los
partidarios de esta falsa libertad les dijo Mirabeau en la
Constituyente, hace ms de un siglo: Si defendis la ignorancia del
pueblo es porque os habis formado una renta con esa ignorancia.

A este respecto es de lo ms sugestivo el informe presentado el ao
pasado por nuestro conocido, el ilustre profesor de ciencia poltica de
la Universidad de Pensilvania, Mr. L. S. Rowe, sobre la instruccin
pblica en la Argentina y Chile.

El progreso de la educacin en Chile, dice el distinguido profesor, en
el _Report of the Commissioner of Education_ (1909), presenta un
contraste notable con el de la Repblica Argentina. En la Repblica
Argentina el desarrollo democrtico del pas desde 1850, ha conducido
hacia un temprano desenvolvimiento de la instruccin primaria. La
instruccin secundaria y superior han recibido poca atencin. La
organizacin social aristocrtica de Chile, por otro lado, ha encaminado
los esfuerzos hacia el desarrollo de los establecimientos de instruccin
secundaria. En consecuencia, Chile posee los mejores Liceos e institutos
de Sud Amrica. Desgraciadamente la instruccin primaria fu descuidada
por muchos aos y ha resultado de ah un grado de ignorancia tal en las
masas populares, que hace insalvable (impassable) el abismo (chasm) que
existe entre las clases sociales. El pas sufre ahora las consecuencias
de esta larga negligencia...

El problema de mayor importancia que en estos momentos afronta Chile,
es el del adelanto y expansin del sistema de educacin primaria. Slo
por medio de la educacin de las masas y el consecuente emparejamiento
del tremendo abismo que separa las clases ricas y educadas, podr Chile
retardar el aumento del descontento.

Tiene razn Mr. Rowe. La educacin contribuir a que se solucionen de
una manera suave, en una evolucin social progresiva, los conflictos
internos que han de sobrevenir. Esta previsin est fundada en la
historia entera del siglo XIX. Inglaterra y Espaa ofrecen a este
respecto ejemplos elocuentes. Ambos pueblos eran, al empezar aquella
centuria, monarquas absolutas autocrticas; pero mientras en la primera
exista desde entonces una opinin pblica educada y preparada, en la
segunda, durante el primer cuarto del siglo, un ministro de Fernando
VII, Calomarde, cerraba casi todos los establecimientos de instruccin,
y dejaba abierta, bajo los especiales auspicios de Su Majestad Catlica,
qu? una escuela de Tauromaquia en Sevilla. Las consecuencias de este
estado de cosas y de las diferencias de educacin de los dos pases son
bien conocidas: Inglaterra, en el trascurso del siglo, ha realizado una
transformacin maravillosa de sus instituciones y ha llegado a ser una
monarqua democrtica modelo, sin ninguna revolucin, y ofreciendo al
mundo los ms bellos ejemplos de luchas cvicas; y Espaa, en el mismo
lapso de tiempo, se ha visto sacudida por innumerables revoluciones
sangrientas, que han costado la vida a millares de sus hijos, no ha
logrado dar una forma slida a su Constitucin, y se debate an
dolorosamente en medio de las tendencias ms opuestas y desgarradoras.

Pero entre nosotros, no existe nicamente ese abismo entre las clases
sociales de que habla el profesor norteamericano; existe,--en virtud del
mismo hecho de la falta de educacin de una gran parte de la
poblacin,--una notable disonancia entre nuestra cultura intelectual y
nuestras instituciones sociales. Estas no corresponden al grado de
adelanto que ha alcanzado aqulla.

Estos problemas del desarrollo y expansin de la instruccin primaria y
del mejoramiento de las instituciones, son problemas que se compenetran.
Ambos requieren que se ilustre a la sociedad para transformar al Estado.
De aqu la importancia que envuelve el que la juventud se forme un
concepto cabal de la vida social y de sus exigencias de progreso, lo
cual no se consigue sin una instruccin que sea simultneamente
positiva, cientfica y filosfica.

--Qu nexo, qu relacin se deja sentir entre estos asuntos y el
centenario de la independencia argentina, o de la independencia
americana si se quiere, que celebramos en estos instantes? Hay algunos
muy esenciales y al ocuparnos de ellos llegaremos a la segunda y ltima
parte de que pienso tratar.

As como comprende y sabe amar a Jess slo el que desprecia de corazn
las riquezas y quiere a los pobres, a los humildes y a los nios; as
como comprende y estima el alma de Marco Aurelio aqul que obedece en su
vida espiritual a una austeridad benvola y a una ecuanimidad severa;
as como penetra mejor el ser de un Spencer, de un Comte, o de un Stuart
Mill el que consagra sus desvelos al estudio y a la ciencia, de igual
suerte ser capaz de apreciar y de celebrar las hazaas de los hroes de
nuestra independencia sobre todo el que tenga el nimo, como ellos lo
tuvieron, de consagrar su individualidad a un ideal humano y nacional.

Se dir, acaso, que ya pasaron los tiempos del herosmo y que las
espadas de San Martn, de Belgrano y de O'Higgins descansan en los
museos para que nosotros las miremos sonrientes y evoquemos tranquilos
el recuerdo de una edad homrica que no ha de volver?

Ah, no! Las espadas pueden descansar en los museos y quizs no sea
necesario el herosmo de la guerra (y esto aun desgraciadamente puede no
ser cierto); pero, qu hermosas jornadas nos presenta el herosmo de la
paz, cmo reclaman nuestra accin la pluma, la palabra, el laboratorio,
las masas incultas y los errores imperantes, con un apremio que parece
que aun centuplicndonos seramos pocos. As como crea John Ruskin,
all por 1860, en su bella y solitaria residencia de Los Alpes, tener su
cabeza sumida en un haz de hierbas de un campo de batalla, empapado en
sangre, y oir los gritos que se levantaban de la tierra, los gritos de
la inocencia que quera ser socorrida y los de la miseria que quera ser
consolada, as me imagino que brotan de nuestra tierra y de la Amrica
en general, voces por doquiera, voces que claman por hombres que
trabajen con fe y entusiasmo en las cosas del progreso espiritual; me
imagino que hay verdades que palpitan en el aire esperando quien con
valor las sostenga y las proclame; reformas que esperan un adalid que
las convierta en realidades; y pobrezas, dolores e injusticias que, si
no han de ser remediadas, suspiran a lo menos por la pluma atrevida de
un Galds, de un Zola o de un Dckens que, con obras de aliento, los
inmortalicen en el arte.

Este herosmo de la paz no es algo brillante y que slo requiera el
esfuerzo de un da. No; es labor modesta, a veces obscura, de energa
tenaz, de perseverancia que llega a ser un hbito; es la existencia
entera del hombre noblemente vivida; es marchar con la augusta serenidad
del estoico para cumplir sus deberes y con la fuerza propulsora del amor
para efectuar creaciones; es tener la conviccin de que en la vida
social nada se improvisa, y de que los hombres no somos ms que las
madrporas solidarias de un monumento colosal que en el mar del espacio
est construyendo la humanidad.

En el herosmo de la guerra se lanza la voz de al abordaje una o
varias veces en una o ms campaas. En el herosmo de la paz hay que
vivir siempre, como Cirano, con el penacho en alto, para combatir sin
tregua a los verdaderos enemigos del hombre: la pereza y el egosmo, el
misoneismo, los prejuicios y el dogmatismo. En el herosmo de la guerra
bajan del cielo las walkirias a coronar a los guerreros despus de las
batallas; en el herosmo de la paz llevan los guerreros las walkirias en
el alma en forma de virtudes, que celebran sus triunfos y entonan slo
para ellos himnos de aliento cuando desmayan.

Se puede decir que los esfuerzos de los hombres se encaminan al mejor
aprovechamiento y desarrollo de dos clases de energas: energas
materiales y energas espirituales y sociales. Entre nosotros, movidos
por el gran afn de las cosas prcticas, se ha gastado especial cuidado
sobre todo con las primeras. No obstante, nuestros campos y las entraas
de nuestros montes y las cadas de agua de nuestras cordilleras estn
todava casi vrgenes y encierran tesoros incalculables para los
trabajadores que a arrancarlos se consagren. No es raro que esto suceda
en Chile, cuando al decir de W. Ostwald, la explotacin de las energas
del sol y de la tierra se encuentran en la infancia aun en los pases
ms adelantados. Si es verdad, pues, que se pierden en Chile muchsimas
energas de la tierra, es preciso tambin apresurarse a reconocer que
son inmensas las fuerzas sociales que se despilfarran. El pueblo
ignorante de que hemos hablado, la mujer que por preocupaciones de casta
no sigue una profesin que le permita mantenerse, los ociosos que
podran robustecer los msculos en las fbricas, los parsitos de todas
clases que pululan en los clubs, en el foro o en los templos; los
llevados por la ventolera de la idea ramplona dominante de que en la
vida, con el dinero que bien o mal gasta, no hay otra cosa que hacer que
gozar hoy y preparar los placeres de maana; todas estas son fuerzas
sociales que se malgastan.

En la necesidad de salvar y aprovechar estas energas sociales,
necesidad que concuerda con la tendencia constante de la especie de dar
intensidad y facilidad a su existencia, radica el motivo de hacer
germinar y cultivar en la juventud un concepto superior de la vida, un
concepto armnico en que, a la base de la riqueza material, se agregue
el florecimiento de la cultura espiritual, sintetizada en una filosofa
que sea a la vez positivista e idealista evolucionista y meliorista.

Al cultivo de la ciencia y de la filosofa en Hispano Amrica quiero
llamar la atencin de las almas jvenes, considerndolo como el supremo
trabajo del herosmo de la paz, en cuanto significa la empresa ms digna
de continuar la obra de los padres de la patria, tanto por su valor
intrnseco, cuanto por la reaccin que debe operar sobre la vida
realmente prctica.

No merecen esta clase de homenaje los hroes de 1810? O es homenaje
inadecuado que tratemos de retemplar nuestro espritu con el ejemplo de
aqullos para practicar las principales formas de herosmo que las
condiciones de la poca presente permiten? O viviremos en nuestra vida
espiritual y social nicamente de imitaciones y repeticiones?

Proceder as sera decirle a la juventud que la forma en que hemos
vivido nosotros es la mejor forma de vida posible, o que la existencia
social no es susceptible de mejoramiento. Ninguna persona puede con
seguridad decir esto; y la que lo hace no ve en su pesimismo que lo que
falta no son tanto las virtudes en el corazn de los hombres, como
quizs la fuerza en su propio pecho, la fuerza generosa que sube al alma
en vapor de esperanza y de aliento.

O no tenemos tal vez los elementos para dar a las mejores enseanzas de
la ciencia y de la filosofa modernas formas adecuadas a nuestras
condiciones de pueblos nuevos, que nos permitan establecer y aplicar
principios, conceptos e innovaciones que a su vez recobren sobre el
resto del mundo?

Aunque dudemos de esta posibilidad, debemos tentarla. Como ha dicho
Hoffnidg, el que no se atreve a equivocarse no acierta jams con la
verdad.

Si queremos dar a nuestra patria y a nuestra raza personalidad en el
concierto de la humanidad, debemos esforzarnos por darle personalidad
espiritual, es decir, artstica y cientfica.

El que no nos atreviramos a esto encontrara una mengua para nuestro
carcter, as como es en cierto grado dolorosa, vergonzosa, la situacin
internacional de nuestro idioma castellano.

Nuestra bella lengua, que es el rgano de cincuenta millones de hombres,
no ocupa en el universo intelectual un lugar de primera fila, ni mucho
menos. En las aulas en que se celebran los Congresos cientficos
europeos, el espaol no resuena. Hasta en un congreso sobre educacin
moral que se verific en Londres en Septiembre de 1908, los nicos
idiomas que circularon fueron el ingls, el alemn y el francs. Y se
trataba de una materia que no exige para realizar experiencias en ella
ni institutos especiales, ni una tcnica cientfica muy complicada.

Creo que esta situacin nos apocar, nos enfermar moralmente, si nos
resignamos slo a ser siempre satlites y no encaminamos el nimo hacia
el fin de dar a la lengua castellana y a la cultura hispanoamericana un
lugar eminente y de igualdad con las primeras de la tierra. Empecemos
por sentir la necesidad de hacerlo. Al lado de los pocos que con igual
propsito trabajan en la madre patria, luchemos con constancia, con
energa de cclopes, para encender los focos de la cultura
hispanoamericana que deben marcar una nueva faz en la historia de la
humanidad.

Convenzmonos de que esos fines no los alcanzaremos nicamente con el
cultivo de las letras. Slo la ciencia nos conducir a ellos, la ciencia
que disciplina el carcter y la inteligencia, la ciencia que endereza el
espritu hacia la libertad del pensamiento y de la accin, y de la cual
ha dicho Ostwald, el sabio profesor de la Universidad de Lipzig, que es
la raz de toda cultura y al mismo tiempo su ms esplndida flor.

Las tareas de este herosmo de la paz son las que os propongo como
divisa, oh, jvenes! y podemos estar seguros de que con un movimiento
intelectual de carcter social, cientfico y filosfico, conseguiremos,
por lo menos, dos cosas: hacer algo que tenga un alto valor en s mismo,
dando a nuestras vidas orientaciones elevadas y morales, y
simultneamente recobrar sobre nuestro organismo social, arrostrando en
esta procesin de las antorchas del porvenir, a los rezagados, a los
perezosos, a los egostas, e imponiendo las reformas que reclaman el
examen racional e histrico de nuestra sociabilidad en sus relaciones
con la cultura humana general, reformas que las interminables querellas
y la ambiciosa o epicrea inaccin de los polticos, indefinidamente
dilatan.

Tales son las guilas y las banderas de las legiones del herosmo de la
paz, que sostienen el imperio de la ciencia que ya existe, y avanzan
hacia el de la justicia que existir.

Si logramos que estos sentimientos arraiguen en nuestras entraas, y, al
calor de noble entusiasmo, que nos ha agitado en estos das y nos agita
ahora, nos es dado fundirlos con nuestro ser, podremos decir que hemos
celebrado el centenario de la independencia argentina uniendo
fraternalmente a los hroes de la Repblica hermana con los nuestros, y
buscando en el recuerdo de ellos luz, fuerza moral y orientaciones para
el porvenir. Nos imaginaramos que, armados de un bagaje espiritual
digno de un dios germnico de la familia de Odin, a saber: de energa,
de valor y de sinceridad, habramos realizado una romera al templo de
la gloria para decirles a los hroes de nuestra raza:

En la sagrada cohorte de la humanidad somos los que vosotros rais al
empezar vuestra carrera, somos peregrinos del ideal. En estos instantes
consagrados a vuestros nombres, acudimos a vosotros y rememoramos
vuestras hazaas para beber en ellas las fuerzas necesarias. En estas
horas solemnes os decimos que anhelamos ser vuestros continuadores y
completadores. Os ofrecemos estos votos cual coro de voces del alma con
que acompaamos ntimamente las msicas que os ensalzan; os los
ofrecemos como flores que han de dar frutos de nuestra voluntad.

As como vosotros cortasteis, hace un siglo, las amarras que mantenan
atadas las naves de estos pueblos al tronco de una monarqua decrpita
por la falta de toda libertad, as queremos nosotros a nuestra vez
cortar las cuerdas que an atan las velas y limpiar los cascos de las
naves de las rmoras que las entorpecen al marchar. Queremos dotar a las
naves de luz propia y de recursos abundantes, y a la tripulacin ignara,
floja y timorata, disciplinarla con equidad e ilustrarla para que no la
detenga ningn ms all, para que no se detenga cuando vea que conoce
los nuevos horizontes, el cielo y los mares y sus escollos, de una
manera experimental; queremos acudir a donde nos llaman otras escuadras
ms avanzadas que la nuestra para vivir en concierto solidario y
concluir de sondar los misterios del espacio, de la tierra y de la vida
inmaterial.

As como vosotros realizasteis, hace un siglo, la que era entonces en
el terreno poltico utopa de la libertad, as aspiramos nosotros a ser
los ejecutores de las nuevas concepciones cientficas y sociales que el
espritu del tiempo nos pone por delante, como mandatos de las a veces
desconocidas, pero siempre inmortales y modestas diosas de la
humanidad: la verdad, la justicia y la belleza.




UN CONGRESO DE LIBREPENSADORES


Qu grato placer nos produjo la idea de celebrar en Santiago un Congreso
de Librepensadores.

Nos pareci que por este solo hecho ya recorriera a todo Chile en su
larga extensin de Norte a Sur, un soplo suave de vida que alegrara los
espritus y dejara tras de s una estela luminosa.

Como un pequeo eco del gran Congreso de Librepensadores celebrado
recientemente en Roma, y tambin como necesaria manifestacin de nuestra
vida propia, vendr este Congreso--si los chilenos lo queremos--a grabar
una de las mejores pginas de nuestra historia de pueblo civilizado.

Anhelamos que la noticia sola de este acontecimiento que se prepara
conmueva hondamente a cada hombre y a cada joven que se crea con alma y
le haga sentir la importancia de ese Congreso: movidos por los
sentimientos ms elevados, amor a la humanidad, amor a la patria, amor a
la verdad, acudir de los diferentes puntos de la Repblica a reunirse en
un mismo sitio, ligados por los delicados lazos de aspiraciones
intelectuales y morales comunes, para exponer los resultados de trabajos
modestos y sinceros, confortar las voluntades para las nobles luchas de
la verdad y dar generosos ejemplos a la juventud: stos son algunos de
los valores de semejante Congreso.

Si no somos capaces de pensar libremente, debemos de renunciar al
concepto de civilizados. Tendremos de la civilizacin su perfume y su
ropaje; pero no su esencia, si no tenemos fuerzas para elevarnos a la
vida superior del pensamiento.

Este Congreso viene a ser como un oasis en el camino de la vida para los
que no se contentan ni con las satisfacciones vulgares y mundanas, ni se
consuelan con las fantasas msticas que son slo errores seculares.

No hay centro importante en nuestro pas que no cuente con un pequeo
ncleo de personas ansiosas de luz, de ideal, de arte, de ciencia y de
una vida mejor y ms justa, realizada y construda en este mundo. Pasan,
es cierto, algo inadvertidos, porque en el ajetreo mundano slo se oyen
las msicas de fanfarria y no las canciones apenas rumorosas de los
soadores.

Pero, hay tambin otras personas a las cuales se puede aplicar lo que un
poeta deca de s mismo: que llevan en el corazn de hielo, como un
sepulcro, de su entusiasmo los despojos y que van a engrosar el grande
y turbio ro de las multitudes para quienes la vida es slo hacer papel
y gozar.

A aqullas, a las que an creen en ideales, a fin de que perseveren, y a
stas, a las desprovistas de entusiasmo, para que vuelvan en s, hay que
recordarles que la verdadera vida es amar, pensar obrar y luchar
noblemente; y hay que recordarles el caso referido por Darwin en su
autobiografa, para que no olviden cun importante es consagrar siquiera
cortos instantes al idealismo.

Cuenta el ilustre naturalista, que en su juventud gozaba con la msica,
la pintura y la lectura de Shakespeare; pero en su edad madura encontr
al genial dramaturgo tonto y aburridor y que no goz con la msica ni la
pintura. Se haba privado de estos goces, haba atrofiado algunas de sus
facultades por no haberlas ejercitado.

Algo anlogo acontece a todos los hombres con la facultad de pensar y de
idealizar. Movidos nicamente por el inters y el goce, pierden el poder
de elevarse a concepciones superiores a esos dos mviles. Con la
decantada experiencia que adquieren destruyen sus ilusiones, por lo que
Goethe deca que preferira ms bien no ser nunca hombre de experiencia
y continuar escuchando siempre a los grillos y ruiseores que en los
cerebros jvenes entonan los ms deliciosos cantares de la existencia.

Todo lo dicho significa, que por la propia felicidad conviene conservar
en el fondo de su ser un santuario libre de egosmo y de sensualismo
dedicado a las puras concepciones artsticas y cientficas.

En un Congreso de Librepensadores esos fuegos individuales se
confortarn y robustecern al contacto de otros fuegos semejantes.

El pensamiento desinteresado y libre es felicidad.

       *       *       *       *       *

Ese Congreso no es tampoco una amenaza para nadie.

El pensar libre es un pensar sin dogmas, pero no sin principios.

Al revs de lo que se pudiera imaginar a primera vista, es la forma ms
difcil del pensar, la que requiere ms carcter, ms precauciones y ms
ilustracin. No es el pensamiento desenfrenado, sino armado de todos los
recursos de la lgica para defenderse de los errores que con tanta
sutileza se introducen en la mente.

El libre pensamiento es lgico.

Es el pensamiento provisto de poderosos telescopios y de la precisin de
las matemticas para escudriar los misterios de los cielos; es el que
armado de balanzas, microscopios, alambiques, retortas y de cien
aparatos ms, analiza, disuelve y estudia la materia para arrancar los
secretos a la tierra; es el que para establecer un solo hecho histrico,
consulta, compara y critica centenares de documentos y monumentos; es el
que para establecer una sola ley social se basa en lo posible en las
estadsticas de todos los pases y de todos los tiempos.

El libre pensamiento es trabajo.

Es el que incorporado en Jess, en Scrates y en Jordn Bruno, los
condujo al cadalso; es el que brillando en la mente de un Galileo, lo
arrastr a las prisiones de la Inquisicin; es el que ha inspirado la
labor de un Newton en la mecnica, de un Claudio Bernard en la
fisiologa, de un Darwin y un Haeckel en las ciencias naturales; el que
produjo los esfuerzos agotadores y casi mortales de un Comte y un
Spencer en la filosofa.

El libre pensamiento es severo y heroico.

En el campo de la moral y de la conducta su accin es inmensa. Slo
ciertas inteligencias y muy contados caracteres gozan de esa libertad
superior que consiste en sustraerse a la masa abrumadora de prejuicios
que se sugieren con el uso como verdades inconclusas, a esas normas de
vida que la tradicin impone y que las muchedumbres siguen sin discutir
como reglas dictadas por su majestad annima e irresistible La opinin
pblica. Es un fruto del pensar libre concebir y practicar modos
superiores de vida que ataquen usos irracionales, que restablezcan la
verdad en las relaciones del hombre con el hombre, o del hombre con la
naturaleza, que arrojen un poco de ideal sobre la realidad y que echen
sobre esta vida surgida del enfriamiento de la corteza terrestre, el
velo embellecedor tejido con el calor del alma humana.

El libre pensamiento es creador y revela carcter.


FIN




  NDICE


  I

  LA LIBERTAD, EL DETERMINISMO Y LA RESPONSABILIDAD

  I.--Las ideas de libertad y el determinismo            2

  II.--El determinismo y su influencia sobre la
  accin humana y el pensamiento                        10

  III.--La libertad absoluta                            17

  IV.--El determinismo psquico y las ideas nuevas      26

  V.--La fuerza coordinadora de la voluntad y la
  libertad virtual                                      34

  VI.--El determinismo social y el individuo            40

  VII.--El fundamento de la responsabilidad             50

  VIII.--El sentimiento de responsabilidad y su
  educacin.--Conceptos definitivos de libertad
  y responsabilidad                                     57


  II

  EL MELIORISMO O LA FILOSOFA SOCIAL DE LESTER F. WARD

  I.--Mr. Lester F. Ward.--Sus obras
  principales.--Lo que es una filosofa social          66

  II.--La Sociologa pura.--La materia de la
  Sociologa                                            69

  III.--La sntesis creadora.--El dualismo
  csmico.--El principio de la sinerga.--Base
  psicolgica de la Sociologa.--El alma.--Las
  fuerzas sociales                                      80

  IV.--La sinerga social.--Las estructuras
  sociales.--La lucha de razas.--Origen del Estado
   y del derecho.--El darwinismo social                 93

  V.--Optimismo o pesimismo.--Meliorismo               115

  VI.--Economa de la naturaleza y economa de la
  mente                                                119

  VII.--La Sociologa aplicada.--Interpretaciones
  de la historia. Consecuencias del error              135

  VIII.--La lucha contra el error.--El genio.--La
  educacin                                            145

  IX.--La Sociocracia                                  151

  X.--Conclusin                                       159


  III

  EL PRAGMATISMO O LA FILOSOFA PRCTICA DE WILLIAM JAMES

  I.--Origen del pragmatismo.--Mr. Charles Peirce      167

  II.--Juicio general                                  170

  III.--Caracteres lgicos y psicolgicos del
  pragmatismo.--El concepto de verdad                  172

  IV.--Crtica de esos principios                      184

  V.--El pragmatismo y algunos problemas
  metafsicos                                          198

  VI.--El pragmatismo meliorista y voluntarista        200

  VII.--ltimas observaciones                          209


  IV

  LA EDUCACIN INTELECTUAL Y LA IMITACIN INGLESA      217


  V

  LA MISIN DEL PROFESOR Y LA ENSEANZA DE LA
  HISTORIA                                             249


  VI

  IDEALES PARA LA JUVENTUD                             269


  VII

  UN CONGRESO DE LIBREPENSADORES                       287


Tip. GARNIER (Chartres). 296.4.14.




      *      *      *      *      *      *




Nota del Transcriptor:

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Pginas en blanco han sido eliminadas.



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Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation information page at www.gutenberg.org


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at 809
North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887.  Email
contact links and up to date contact information can be found at the
Foundation's web site and official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org

Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit:  www.gutenberg.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For forty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.

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